Cuando escribas…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Cuando escribas un cuento o una novela, nunca olvides hacerlo como si se tratara de ti. Entrégate al arte con inspiración, sin prisas ni facetas superficiales, como una sinfonía con sus diferentes movimientos, unas veces pausados, otras equilibrados y algunas más con intensidad. Transmite emociones, sentimientos, ideas. Consigue el milagro de que tus lectores sientan y vivan tus relatos.

El escritor genuino se consagra al arte, a las letras, a las palabras, y no renuncia, por ningún motivo, a su pasión, a su encomienda, a sus motivos. Sabe que su destino y su misión, durante su jornada terrena, es escribir, crear obras, transmitir sentimientos y también pensamientos, conocimiento y mensajes que no podrían impartirse de otra manera.

Si eres escritor, no abandones el delirio, la locura, la pasión. Dedícate a escribir en serio. No le seas infiel al arte. La deslealtad, la traición y la mentira, en las letras, no son perdonadas. El arte literario exige atención, disciplina, entrega, constancia e inspiración. No se puede ser escritor a medias. Es un estilo irrenunciable de vida.

Muchos de quienes nos dedicamos al arte, sabemos que, a veces, se presenta como una dama etérea, demasiado celosa, que exige atención completa. No tolera que uno le sea infiel ni le interesa que pierdas todo. Exige mucho. Y hay que entregarse íntegramente.

El escritor nato no condiciona su arte. Sabe que el arte desconoce treguas. La inspiración puede tocar a la puerta inesperadamente, escapar del ser en cualquier momento, durante la mañana, al mediodía, en la tarde, durante la noche o en la madrugada. El proceso de la creación es permanente.

No esperes, para escribir, un momento tranquilo y de soledad porque, quizá, podría no llegar a tu vida. Tienes, como escritor, la responsabilidad de escribir en cualquier lugar y hora. Muchas de las grandes obras fueron escritas en situaciones adversas, complejas e incómodas.

Vive. Aprende, reflexiona, siente. Sé auténtico y libre. Equilibra tus sentimientos y tu razón. Experimenta. No temas expresar tus ideas, a través de las palabras escritas, porque, después de todo, existe libertad de hacerlo bien. Explora todos los escenarios. Sé creativo, original e innovador. Nunca plagies obras. La deshonestidad literaria es deleznable en cualquier ser humano.

Y si en la hora contemporánea, marcada por las herramientas digitales, no dispones de equipos, recurre al lápiz, al bolígrafo y a la hoja de papel. Cuántas obras, antes de publicarse y ser magistrales y reconocidas mundialmente, fueron escritas en cuadernos o en trozos de papel. No desdeñes los materiales. Escribe. Sigue el camino de las letras y las palabras escritas con fidelidad. Se trata de tu tesoro. Llévalo siempre contigo. Es inseparable. Compártelo a la humanidad. Lo que escribas, quedará vibrando aquí, en el universo, en la creación.

Escribir, por cierto, es emular el proceso creador de la naturaleza, de la vida, de la creación. Es, si así lo piensas, acercarse un poco a lo que hace Dios, la Mente Infinita, en el sentido espiritual, físico y mental, durante sus lapsos de creación. No rechaces los sueños, la creatividad, el ingenio, la originalidad y la innovación.

Mientras exista un escritor en el mundo, un artista pleno, la humanidad se salvará y tendrá oportunidad de volar y transportarse a fronteras grandiosas e insospechadas. Cuando escribas novelas, cuentos, poemas o relatos, no inhibas la inspiración que surge de las profundidades de tu ser y conquista los sentimientos, los ideales y los pensamientos de tus lectores. Regálales el milagro de la creación.

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Al escribir

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Al escribir, uno intenta abrir otras puertas -las del alma, las de la mente, las de la imaginación, las de los sueños, las de la vida, las del infinito-, quizá por amor y humanismo, probablemente por tratarse de una encomienda, acaso por ser una pasión o tal vez por apresuración al notar que, aquí y allá, en cada rincón del mundo, hay quienes pretenden cerrarlas e instalar barrotes y candados con la intención de que la gente se sienta hacinada, con odios y resentimientos, enojada y triste, encadenada, ausente de bien y de sentimientos nobles, vacía y en el destierro. Uno, al escribir cuentos, novelas, relatos y poemas, desea mostrar a hombes y mujeres que aún hay llanuras y desiertos que esperan ser cultivados con flores, plantas y árboles frondosos, capaces de expresar la vida desde sus más diminutos rostros hasta sus figuras colosales, e inventar y crear ríos cristalinos de encantadora hermosura. Al narrar historias, uno quiere ofrecer escenarios prodigiosos, el milagro de la vida, el valor de los detalles y la belleza del paisaje. Uno, en el ejercicio del arte de las letras, invita a un lector y a muchos más a experimentar la multiplicidad de facetas que existen durante la excursión terrena. Lo mismo se presenta, en las obras, al mendigo que al príncipe acaudalado, al solitario y al incorregible amiguero, al aventurero y al sedentario, al bondadoso y al malvado, al sabio y al ignorante, al tierno y al bruto, al idealista y al inhumano, al amoroso y al que odia, al alegre y al triste, en medio de historias que susurran insondables secretos entre líneas. Al escribir y abrir las puertas, asoman la luz y el viento a las habitaciones e invitan a experimentar mil vidas en una sola existencia. Las letras hacen ángeles y demonios de las personas. Enseñan a vivir y a morir. Y uno, como los demás, muere un día, a cierta hora y en determinada fecha, con la satisfacción y la dicha de legar huellas indelebles y dejar llaves mágicas para abrir los cerrojos que marcan los límites entre el cautiverio y la libertad y la plenitud. Cuando uno escribe, abre puertas y ventanas.

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La tinta

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La tinta que derramo sobre las páginas del cuaderno, son letras enamoradas unas de otras, palabras que, a veces, expresan tanto, y, en ocasiones, callan porque esconden sus íntimos secretos entre líneas. La tinta que utilizo, al escribir, se convierte en huellas que los caminantes siguen un día y otros más con el objetivo de descubrir sentimientos, ideales, sueños, experiencias y pensamientos. La tinta que se vuelve trazo e idea, es, simplemente, una alternativa, una propuesta, un sendero, una ruta a otras fronteras, a escenarios enriquecedores e insospechados que reciben al alma con abrazos. La tinta que plasmo en las hojas de papel -mi perfume, mi deleite-, reúne mis motivos, mi encomienda, mis pasiones, mi ministerio, y se traslada, gradualmente, a un plano digital que, sin duda -y así lo espero-, no omitirá puntuaciones, y menos suprimirá ideas y quimeras, porque, de ser así, las palabras se rebelarían para destrozar cadenas, patíbulos y barrotes, y volar hacia la libertad. Las letras y las palabras que hoy escribo en el papel que aún queda aquí y allá, en el mundo, y que más tarde publico y difundo en el plano digital, son leales y forman historias, campos floridos, sendas a destinos mágicos e irrenunciables. La tinta que se transforma en letras y en palabras, es mi esencia, mi sangre, mi nombre, mi linaje, mi perfume. La tinta fragante es la misma con la que intento diseñar y construir un vergel en cada página desértica. Es la tinta de mis letras.

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Un artista de las letras, un escritor

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Eres artista de las letras cuando, en el sendero de tu vida, ya no te concibes sin escribir y sabes que se trata de tu encomienda, tu motivo, tu delirio, tu locura, tu pasión, tu destino. Cuando las letras y las palabras son tu inspiración y las conviertes en poemas, cuentos, novelas y relatos, en una producción creativa genuina, sin copias de obras ajenas ni plagios a otros autores, eres, en verdad, un escritor. Un día aprendes que ser artista no consiste en apariencias ni en poses, quizá porque el escritor no es maniquí que espera aplausos, luces y proyectores, ni tampoco vendedor de baratijas ni mercenario de obras, y menos bufón o político en busca de seguidores; es, ante todo, un creador, un ser que trae consigo la fórmula de la inmortalidad, una criatura que expresa, sin duda, sentimientos, ideales, sensaciones, experiencias, situaciones y pensamientos que difícilmente podrían experimentarse o vivirse al mismo tiempo. Sus líneas contienen enseñanza profunda. Y lo mismo, en una sola existencia, el autor es intelectual, aventurero, viajero y protagonista de incontables historias. Nace, muere, viaja, conquista, se deleita, sufre, ríe, llora, ama, vuela, se arrastra, investiga, reflexiona, enloquece y muestra todas las alternativas humanas. Es personaje multifacética y presenta, en las letras, en las palabras, la experiencia humana y la trama de la vida. Hasta parece que, más allá de las musas, es Dios quien lo envuelve e inspira para que transmita el arte que viene de las profundidades del alma. Es, el artista de las letras, mensajero de todo. Inagotable, escribe cuentos, poemas, relatos, novelas, textos, que, indiscutiblemente, tocan a la puerta de los sentimientos y de las ideas. Tú ya sabes que el escritor, como todo artista, consagra los minutos y los años de su existencia a su encomienda, a la creación, a sustituir los espacios vacíos, en las páginas, con letras y palabras, y ese ministerio, nadie lo duda, exige creatividad, talento, disciplina, entrega, trabajo, dedicación, originalidad, conocimiento de la vida y de la muerte en todas sus facetas, distinción entre la realidad y la fantasía. El escritor es un mago, un profeta, un maestro. No solo se trata de sentirse inspirado; hay que ensayar todos los días y escribir a cualquier hora, en la soledad o entre la multitud. Las ideas pueden anclar y desembarcar en la mañana, a mediodía, en la tarde, en la noche o en la madrugada, a cualquuer hora, mientras duermes, realizas tus tareas, estás en la regadera o paseas, y hay que anotarlas. El arte de escribir no es por una época. El arte, cuando es auténtico, desconoce pago de horas extras, apetitos y otras distracciones; es muy celoso y abandona si quien le es infiel, lo condiciona o lo mide. A diferencia de otras actividades, la creación artística, la producción de obras literarias, no dispone de vacaciones ni planea jubilarse. Es un estilo de vida. Por eso, resulta un quehacer muy complicado para aquellos que se sienten atraídos por su misteriosa vocación y se distraen o lo consideran juego y fantasía. La labor de escribir no es una carrera desbocada; es arte, algo que tiene un valor intrínseco y no se compara con los tesoros materiales más preciados por los seres humanos. El cuento, la poesía, el relato y la novela, cuando son auténticos, traen la voz de la creación, de la vida, de Dios. Si estás dispuesto a explorar y vivir con intensidad la aventura de escribir toda tu vida, abraza el arte y sé su digno representante y ejecutor a través de tus obras. Los días y los años de la existencia apenas alcanzan para hacer algo y dejar huellas indelebles. Sé un escritor maravilloso e inagotable. Sé un digno artista de las letras.

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La letra que inicia y la que concluye

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Una letra es, apenas, un trazo, un proyecto, el esbozo que, sumado y multiplicado, aspira convertirse en una palabra y en otras más que se agregan a un cuento, a una novela, a un texto, a un poema. Se encuentra en el nacimiento, en la formación de una idea que, innegablemente, expresará tanto. Otra letra es una enamorada que se une a su compañera inseparable para el nacimiento de un significado. Incontables letras se enlazan o se separan para formar palabras, sentimientos, ideas. Son silencios y rumores que dicen y enseñan lo que, de otra manera, no podría expresarse. Así surgen las obras literarias, cuando el artista, inspirado, escribe sus historias durante aquellas soledades repetidas e incansables que no cualquiera acepta. El bolígrafo y el papel, o el equipo digital, son herramientas y un crisol que reciben el material, el tropel de letras que llegan de repente desde las profundidades del ser, el abecedario con sus acentos y sus signos, que se transforman en arte literario. La letra, al unirse a otras, adquiere una personalidad, un rasgo, una dirección, un sentido. Una letra es el inicio, el intermedio o el final de una obra que toca a la puerta de los sentimientos, que abre las ventanas de la reflexión, igual que un acompañante fiel que se vuelve inseparable. La letra que inicia es, sin duda, el principio de una historia grandiosa; la postrera, en cambio, marca el final y la despedida. Una letra es, apenas, el comienzo de algo que puede ser noble, hermoso, sublime y profundo. Una letra y muchas más.

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Perfume de escritor

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Alguien dijo, una vez, que huelo a papel, a libro, y a tinta, a bolígrafo, a páginas impresas, mezcla que forma, inevitablemente, el encanto de una fragancia, especial que no tiene precio porque se trata, simplemente, de perfume de escritor. Y es que, a pesar de que conozco y manejo la tecnología de la hora contemporánea, soy un artista de las letras, muy romántico, proclive a escribir mis textos en un cuaderno o en una libreta, antes de transcribirlos en la computadora y publicarlos. En ocasiones, por la dinámica cotidiana, me resulta imposible tomar el bolígrafo y escribir sobre una hoja de papel; entonces recurro, directamente, a los equipos modernos y me entrego al arte. He escrito fragmentos de mis obras en servilletas, pedazos de cartón, trozos de papel, boletos y comprobantes de pago de las tiendas, porque la inspiración toca a la puerta en el momento inesperado, y se marcha cuando uno la desatiende y le es infiel. El perfume de escritor no solamente implica el ejercicio de trazar letras y tener contacto con el papel y la tinta, práctica que, sin duda, algunos podrían aprovechar como una oportunidad de pose y de lucimiento; significa entregarse al proceso de la creación de obras, a la composición de novelas, cuentos, historias, relatos, poemas y textos cautivantes e insíradores. Oler a libro, a papel, a tinta, equivale a transpirar letras y palabras, sentimientos e ideas, narraciones e historias, y derribar muros y fronteras, abrir las puertas y los ventanales, explorar caminos y acercar el mundo a paraísos insospechados. El perfume de escritor es una esencia que no se consigue fácilmente por ser escasa y selectiva. La fragancia del arte no se impregna en los impostores, acaso por estar reservada y ser exclusiva para quienes aman la encomienda de crear obras, como lo hacen la naturaleza y, siempre, Dios.

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Los papeles hablan

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Los papeles hablan. Permanecen envueltos en silencios y en rumores. Contienen lecturas que uno, a veces, no comprende, mensajes que de pronto aparecen y de inmediato se diluyen al mezclarse con las letras y los signos a los que pertenecen. Son hojas que expresan sentimientos e ideas. A mí me ha ocurrido. Conozco los libros y los documentos desde la infancia, cuando, a veces, dejaba los juguetes en el armario y mi mirada, mi atención y mi mente se concentraban en cada línea escrita. Por cierto, desde hace años, consulto páginas amarillentas y quebradizas, escritos apenas legibles, palabras que dicen mucho y que callan tanto. La gente que me conoce, dice que huelo a tinta y a papel. Todos reconocen mi perfume. Escribo y leo. Soy escritor, artista de las letras; pero también leo documentos y libros sobre diferentes temas. Me encuento entre libros añejos y nuevos. Últimamente, rescaté, en copias, más de trescientos documentos y registros de mis antepasados, para lo cual, admito, fue primordial conocer la genealogía e historia familiar. No fue tarea sencilla. Es una labor a la que he dedicado una parte significativa de mi existencia. Estoy acostumbrado al olor a tinta y a papeles viejos. Conozco la sensación de tocar hojas quebradizas que un día lejano dieron sentido a tantas vidas humanas y que, más tarde, ante la caminata de las horas y de los años, se convirtieron en páginas con datos irreconocibles, escritos a mano, para dejar constancia del paso de la gente, personas que tuvieron identidad. He consultado libros de antaño en archivos, cementerios, oficinas y templos. Tras leer, en letra manuscrita, nombres, apellidos, fechas y acontecimientos de hace cien o doscientos años, me he dado cuenta de que, entre un suspiro y otro, la gente muere y se acaban sus anhelos, sus realidades, sus sueños, sus historias, y llegan otras generaciones que, también, en algún momento, cederán su espacio a más personas. Por eso es que, ahora, mientras revisaba tantos registros de antaño, las letras susurraron a mis oídos: «ellos vivieron el período que les correspondió. Protagonizaron sus biografías. Partieron a otras fronteras. Se probaron un día y muchos más. Nacieron, crecieron y pasaron por todas las etapas existenciales, desde el cunero, la niñez, la adolescencia, la madurez, la ancianidad y el minuto postrero, con sus luces y sombras, y tuvieron, como tú, anhelos, ideales, sueños, ilusiones, sentimientos, motivos y pensamientos. Ya no están. Ahora te corresponde vivir y escribir, en los hechos, una vida grandiosa y ejemplar. No olvides experimentar cada instante en armonía, con equilibrio, plenamente y con intensdad. Los registros que lees, corresponden a otra gente, a personas de tiempos distantes; a ti te toca vivir lo tuy, con lo bueno y lo malo. Vive».

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Mis citas con las letras

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Acudo, puntual, a mi cita, a mi encuentro cotidiano con las letras, en la esquina del cuaderno de notas, al centro de la pantalla, en cualquier parte, sin importar el minuto, la hora y la fecha, porque, en un idilio, como el mío con el abecedario, sus puntuaciones y sus signos, es preciso entregarse por completo. Así, entre soledades y compañías, rumores y silencios, tareas y descansos, ausencias y presencias, cargas y liviandades, me fundo en las letras, armo palabras, compongo obras, textos que son pedazos de mí, expresiones de mi inspiración, fragmentos de lo que siento y pienso. No quisiera marcharme, una noche o una mañana, una tarde o una madrugada, con impuntualidades en mis encuentros con el arte, porque, entonces, sería un escritor infiel, un caminante que no deja huellas a su paso. En el arte, las citas suelen presentarse inesperadamente, sin agendar ni programar, quizá porque es libre y toca a los sueños, acompaña día y noche, en la vida y en la muerte, en la temporalidad y en el infinito. Me despierta la inspiración, me llaman las letras y las palabras, me acompaña el arte. Desde el amanecer, entre una inspiración y otra, en medio de mis tareas, alrededor y dentro de cualquier actividad, me presento entero ante las letras, el papel y la tinta, en un acto de amor puro que concibe textos y obras. Acudo, puntual, a mis citas irrenunciables con el arte, a mis momentos de amor las letras.

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Te encontré

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Te encontré en las letras que trazo, en las palabras que escribo, en las anotaciones, en los relatos, en las historias y en los poemas que compongo. Te descubrí hasta en la puntuación y en los acentos de mi prosa, en mis locuras y en mis razones, resguardada en expresiones que delatan, también, mis sentimientos e ideas, mis detalles y motivos. Te vi, a hurtadillas, en mis apuntes, entre papeles y tinta, en páginas interminables -electrónicas y de papel-, con tu aliento mágico que sopla con el aire y que recibo con la lluvia en burbujas de inspiraciones. Te miré en mis letras, abrazada de las palabras, y entendí, en consecuencia, que siempre estarás conmigo, simplemente porque una musa jamás abandona a su escritor ni un artista renuncia a quien le inspira sentimientos y razones, al escribir y al soñar, al andar y al vivir.

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Somos artistas, escritores, poetas

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Somos de papel y de tinta, de letras y de palabras; pero también, no lo olvidemos, de sentimientos y de ideas, de sueños y de realidades. Traemos el lenguaje del paraíso y del infierno, de la temporalidad y del infinito, para describirlos en una novela, en un cuento, en un poema, en un texto, que nuestros lectores recolectan con sus sentires y sus pensamientos, con sus motivos y sus razones, en la búsqueda de sí mismos y de las cosas que no podrían explicarse de otra manera. Hablamos con Dios, con el bien y con el mal, con la sonrisa y con el enojo, con la alegría y con la tristeza, con los seres humanos -los de antes, los de entonces, los de hoy y los de mañana-, con personajes reales y ficticios, con las luces y con las sombras, con todas las criaturas, para deleite de nuestro público, dentro de lo que la gente llama tiempo y espacio. Bebemos agua del manantial; a veces, al contemplar el mundo, padecemos sed. Vivimos y morimos para enseñar a otros el prodigio de existir. Relatamos. Somos coleccionistas y relatores de historias. Artistas, escritores, poetas, eso somos felizmente. Entramos a la morada de Dios, a la fuente de luz infinita, a los recintos más desolados y sombríos, a los hogares de la gente, a las casas de todos los seres de la creación, con el respeto que nosotros, los artistas, recibimos. Somos monarcas y pueblo, libres y esclavos, aire y tierra. Experimentamos todo con la intención de sentirlo y transmitirlo a la gente, a los lectores, con vibración intensa. Miramos, al caminar por el mundo y al final de la jornada, a la gente que parte con sus cargas y sus liviandades, con lo bueno y con lo malo, mientras nosotros, los artistas, los escritores, los poetas, comprobamos, por añadidura, el cumplimiento de nuestra encomienda. Y es que, sin nuestros delirios, parece, no habría estrellas. Somos de papel y de tinta, de esencia que fluye y de textura arcillosa, de agua y de arena, de cristal y de piedra. Somos eso, artistas, escritores, poetas.

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