El regalo de la eternidad

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Entré a mi casa y te encontré en la biblioteca, en la sala, en mi buhardilla de escritor. Flotabas como una musa fiel, envuelta en un amor eterno, entre mis bolígrafos y manuscritos. Asomé a los rincones de mi alma, a mi ruta interior, y ya estabas en mí. Toqué a la puerta del cielo, asomaste por el postigo y reconocí tu rostro, tu perfume, tu voz… Entonces supe que entre tú y yo no existen barreras y que aquí, en la Tierra, el tiempo y el espacio sólo son medidas, aritmética y geometría, incapaces de quebrantar un suspiro, un poema, una historia, un amor.

Un día, tras aprender que el tiempo es medida temporal, me arrojé a los desfiladeros de mi ser, me sumergí a las profundidades de mi alma, me entregué a los latidos de mi corazón, hasta percibir las voces del silencio, fundirme en el pulso de la vida y descubrirte en la flor ufana, en las gotas del rocío, en la hoja amarilla que desprende y mece el viento, en el vuelo encantador de la libélula y en mí, en mi sonrisa, en mi mirada, en mi perfil. Un día, al entender que el espacio sólo es geometría y asunto de este mundo, y que el verdadero contacto es el que mantienen las almas  paralelas, sentí que entre tú y yo jamás habrá abismos ni muros porque volamos juntos. Supe, entonces, que ni las murallas ni las tumbas separan a quienes se reconocen como el amor especial. Así caminé por senderos, en la llanura, los bosques y las montañas, y un día, cuando me sentí libre de ataduras, toqué a la puerta del cielo y en quien abrió reconocí tu rostro, identifiqué tu perfume, distinguí tus manos. Comprendí que entre tú y yo se habían desmoronado los paredones del tiempo y el espacio, y que alguien etéreo dispuso consentirnos con el regalo de la eternidad.

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Tiempo insuficiente

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El tiempo del mundo me resulta insuficiente. Necesito trozos de eternidad al estar contigo, al soñar a tu lado, al vivir esta locura, al compartir nuestra historia, al amarte

No me bastan las mañanas y las tardes para estar contigo, tomar tus manos y complacerme con la mirada de tus ojos de espejo. Te busco durante las noches y las madrugadas porque te necesito junto a mí, por ser la talla de mi vida y la dimensión de mi amor. Mis noches de insomnio las dedico a reencontrarte en las profundidades de un mundo donde los sueños y la vida significan lo mismo y en el que la esencia comienza en uno y se presiente en las cortezas de los árboles, en las flores minúsculas, en los hongos, en la grama, en la inmensidad del cielo, en ti y en mí. No me conformo con las horas rotuladas en las carátulas de los relojes ni con los días impresos en los almanaques porque me parece que sus muros de contención truncan las historias, desvanecen los proyectos e impiden la alegría, el amor y las ilusiones. No es que sea rebelde al brincar las cercas y evitar aglomeraciones y filas, es que los minutos construyen diques que estorban y obstaculizan la fluidez de los detalles y el romanticismo. Desmantelo los mecanismos de las horas, desarticulo los engranes de los días, destruyo los sistemas de medición, quizá porque en el amor y la vida me encantan los rostros de la autenticidad, el viento de la libertad y los rasgos de creatividad interminable. No me agrada la rutina. Me apasiona la originalidad. El tiempo y el espacio son medidas y trazos matemáticos para las actividades cotidianas, lejanas al delirio de un amor. Estoy enamorado de ti y te amo. Tal vez sea la razón por la que sepulto el péndulo de los segundos y borro las escalas de las cintas métricas cuando busco, cada noche, la fórmula de la inmortalidad, el mundo donde la vida y los sueños tienen la misma lectura, el puente entre el plano terreno y el círculo mágico al que pretendo llevarte.

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