Collar de diamantes y perlas

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Alguien me preguntó, hace poco, el motivo por el que diariamente, sin molestar, saludo con tanto amor y emoción a mis familiares más cercanos. Sonreí. Amablemente, respondí que los miembros de una familia son como las cuentas de un collar de diamantes y perlas, las cuales, por sí solas, poseen belleza y valor. Son genuinas e irrepetibles. Se les ama y se les protege como el más querido de los tesoros. Contrariamente a los argumentos de innumerables personas en el sentido de que a la familia no se le escoge, creo y pienso -y así lo siento- que desde antes de tener la dicha de nacer, Dios me dio oportunidad de elegir, para mi aventura terrena, las almas más bellas de la creación. ¿Cómo podría, entonces, despreciar y olvidar a los integrantes de mi familia cercana? Cada uno tiene su propia identidad, sus libertades y sus motivos, con un valor que trasciende fronteras, porque se trata, precisamente, de almas, de esencia infinita, de ellos y yo en una unidad con diferentes rostros. Para mí, es un honor, una bendición y un privilegio, saberlos almas gemelas e inseparables, compañeros amorosos de toda la eternidad y sustancia con algo de arcilla y mucho de esencia. Todos forman el collar más bello y sublime. ¿Cómo no amar y cuidar los diamantes y las perlas del collar que atesoro en mi alma?

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Entre la tierra y las nubes

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Camino descalzo, en el césped y en la tierra de la que surgen aromas, colores y texturas con formas de helechos, flores y plantas, hasta que llego al río diáfano que trae pedazos del deshielo, en lo más alto de la montaña, donde me introduzco y hundo mis pies en el fondo arenoso. Abrazo uno de los árboles que crecen frondosos en la orilla y siento la textura rugosa de su corteza. El viento sopla, juega con mi cabello y torna carmesí mis mejillas. Al abrazarlo, cierro mi mirada física y abro los ojos de mi interior, la percepción de mi alma. Y así siento el palpitar de la creación, el pulso de la vida, como si el árbol y yo formáramos parte de la misma fuente. Al abrazar el tronco, escucho las voces y los sigilos que vienen de mis profundidades y de las hendiduras de la tierra, de las rocas y del bosque. Descifro su lenguaje. Me doy cuenta de que abajo, sepultados por tierra y piedras, abundan los minerales que enriquecen a los seres humanos durante su paso temporal por la estación llamada mundo. Miro arriba, más allá de las nubes, el cielo de azul profundo, y me doy cuenta de que el universo es grandioso. Cuántos mundos y estaciones. Reflexiono, en sentido metafórico, que ese cielo es infinito y está conectado a mi alma, a los suspiros del aire, a las gotas de lluvia, a la sonrisa de la infancia, a todo. Entiendo que el mundo, con sus bellezas, sus tesoros y su grandiosidad, es una estancia temporal, parte de la ruta al infinito. La ecuación, parece, consiste en vivir en armonía, con equilibrio, plenamente, dentro de un proceso ininterrumpido de amor, bien y evolución. Solo así dejaremos de ser el hermoso y cautivante barro del que nos enamoramos y ser parte de la esencia infinita. Es maravilloso.

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Y si mañana, cuando amanezca otra vez, descubre usted que no fue un sueño…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Y si mañana, cuando amanezca otra vez, ¿descubre usted que nuestra historia no fue un sueño ni terminó al despertar? ¿Y si se convence de que, en un amor como el nuestro, el guión no tiene final y sí, en cambio, posee continuidad y se renueva cada instante? ¿Y si le platico a usted que el amor viste distintos colores en cada estación, siempre con tallas a nuestra medida y con los estilos que compartimos y deseamos? ¿Y si, tras mucho soñar, despertamos en un paraíso con flores, como las que, a hurtadillas, dejo cada mañana en su almohada impregnada de su exquisito perfume y de su encantadora presencia? ¿Y si, al abrir la ventana y asomar al jardín, mira las hojas del árbol y se da cuenta de que, en cada una, hay una palabra escrita, letras que se abrazan, como usted y yo al contemplar una noche estrellada o al mojarnos una tarde de lluvia, hasta formar el más bello y romántico de los poemas? ¿Y si esta noche, al dormir, usted se sumerge en las profundidades de su alma, y yo, igual, con la intención de reunirnos en los sueños y, juntos, despertar, al amanecer, para jugar a la vida y al amor? ¿Y si, después de leer mis textos, se encuentra e identifica en cada letra y palabra que le escribo? ¿Y si mañana, al despertar, usted se da cuenta de que los sueños son estaciones, paréntesis, descansos, regalos de Dios, para seguir viviendo en el mundo y en algún paraíso que se intuye desde el interior? ¿Y si mañana, al despertar, asoma al espejo y me descubre en su mirada?

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Qué bella es la vida

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Qué bella es la vida, al despertar de los sueños y contemplar el amanecer, los colores y las luces que diluyen las sombras nocturnas, los fondos ennegrecidos de la noche cargada de luceros. Qué bella es la vida, al sentir las caricias del viento en el rostro, en las manos, con los perfumes que arrastra de rutas lejanas, con los rumores y los silencios que trae consigo. Qué bella es la vida, al llover y deslizar las gotas diáfanas sobre mi piel y sentir que existo, en realidades de arcilla y de esencia. Qué bella es la vida, al comprobar que a mi lado hay seres humanos a los que amo tanto y con los que comparto una historia, un destino, una encomienda, una temporalidad y un infinito. Qué bella es la vida, al saberme amado y al devolver tan sublime y maravilloso sentimiento. Qué hermosa es la vida cuando, al anochecer, admiro con embeleso las estrellas y los mundos distantes; pero también al escuchar las voces de las lechuzas, los grillos y las cigarras. Qué bella es la vida, al abrazar un árbol y sentirla que pulsa en el agua, en las cortezas, en los follajes, en los helechos, en las plantas, en las flores. Qué bella es la vida cuando uno tiene familia y la considera su tesoro, al contar con amigos y al saberse rodeado de incontables afectos. Qué bella es la vida al quedar uno cautivado con el oleaje del mar jade o turquesa, al observar los amaneceres y los atardeceres, cuando, en el horizonte, el océano y el cielo se abrazan y se besan, hasta reflejar matices de incomparable belleza, como acontece al sentirse en armonía la textura con la esencia. Qué bella es la vida cuando uno se reconcilia consigo, con los demás, con todo, y comienza a experimentarla con amor, libertad, sentimientos nobles, justicia, bien y verdad. Qué bella es la vida cuando, finalmente, uno descubre que no termina con la jornada terrena y que la inmortalidad la alcanzan quienes evolucionan. Qué bella es la vida al amar, al hacer el bien, al dejar huellas, al sonreír, al enseñar, al romper cadenas y al tirar fronteras. Qué bella es la vida, en verdad.

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Lo que se da

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Los pequeños actos de amor, son pedazos de cielo que algunos seres humanos, en mayúsculas y en minúsculas, en femenino y en masculino, tienen el don de regalar a otros, en un sentimiento auténtico y puro. El bien y sus detalles son, innegablemente, flores que la gente afortunada trae de paraísos que se sienten en el alma, en el interior, y que se extienden al infinito. El conocimiento que se imparte, las lecciones que se dan pedir algo a cambio, son frutos exquisitos que vienen de otras rutas y saben a la fuente creadora. Las sonrisas genuinas, recuerdan el equilibrio y la armonía con la vida. Resulta maravilloso coincidir, durante la caminata, con alguien que ya trae consigo los ingredientes de su esencia y que, como el agua que fluye y reparte vida, reproduce el bien infinito.

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Y quien no se atreva…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Y quien no se atreva, finalmente, a abrazarse a sí mismo y a la gente que le rodea, se condenará a permanecer roto durante el resto de su vida. Amar y entregar lo mejor de sí, no significa rebajarse, perder la libertad o humillarse; al contrario, se trata de actos y gestos que denotan la grandeza interior de las personas. Y quien no tome la decisión de quitarse los maquillajes de la superficialidad, el ropaje de las apariencias, el pelaje de la avaricia y de tantos odios, sentimientos negativos y miedos, utilizará muletas y vendajes toda su existencia para desplazarse dentro de su enorme o pequeño infierno. Cada ser humano, en masculino o en femenino, en minúsculas o en mayúsculas, construye sus paraísos y sus infiernos, aquí, en el mundo, como anticipo de lo que anhela dentro de la escala del infinito. Y quien no borre de su rostro los gestos de arrogancia, tristeza, amargura, intolerancia, desdén, resentimiento, desamor, indiferencia y ausencia de sentimientos nobles, dibujará en su semblante lo que realmente es, sin importar su aparente y pasajera belleza física ni su cuantiosa fortuna, y menos su poder. Es legítimo trabajar y reunir una fortuna, mostrar una apariencia agradable e incluso hermosa, y disfrutar los banquetes y los placeres de la vida, evidentemente sin olvidar que solo se trata de estaciones pasajeras y de momentos que se diluyen, porque lo más valioso y permanente es, sin duda, el tesoro que se trae en el interior y que se expresa para bien de uno y de los demás. Y quien no vacíe sus manos de cosas inservibles con el objetivo de dedicarlas al servicio del bien, la verdad y la justicia, cargará liviandades y pesos innecesarios durante la jornada. Y quien no se atreva a amar, a aportar lo mejor de sí al mundo y a las criaturas que coexisten en sus parajes, a retirar la piedra y la enramada del camino para que otros pasen, a hacer el bien, a derrumbar los muros y las fronteras del mal, a enseñar la verdad y a construir puentes de armonía, libertad, desarrollo integral y paz, en algún instante, cuando más lo requiera, se descubrirá atrapado en su propia celda. Cada uno diseña, en consecuencia, el oasis y el paraíso que desea o el desierto y el infierno que le es propio por su nivel evolutivo y su vibración. Uno traza y edifica cielos o infiernos para sus vidas y sus sueños. Y quien no se atreva…

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Despierto de una historia llamada año pasado

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Amanece. Despierto de una historia llamada año pasado. Vengo de realidades y de sueños que, inesperadamente, envejecieron y se desvanecieron o que, a pesar de su longevidad, deambulan en el camino, entre silencios y rumores. Las persianas del año que apenas ayer permanecían abiertas y por las que entraban la luz y las sombras -oh, cuán breve es la vida-, cerraron la posibilidad de saltar por la ventana y entrar. Habría que romper los vidrios. Apenas hay rendijas que permiten asomar a hurtadillas, igual que cuando uno, nostálgico, descubre y remueve las huellas y las remembranzas ocultas en los escombros del pasado. No es recomendable entrar a esas habitaciones clausuradas si no se está preparado. Cualquier neófito enfrenta, al ingresar a tales recintos del ayer, el riesgo de extraviarse en los laberintos intoxicados de penumbra y tristes suspiros. Del ayer, parece, solo hay que recolectar las lecciones, los recuerdos hermosos; pero uno debe continuar su andar por la senda porque hasta la flor más cautivante, de textura fina, policromía mágica y perfume delicioso, se marchita. Es preciso seguir la ruta, a pesar de las ausencias y de las presencias, de la miel y de la amargura, de los pétalos y de las espinas. Durante la caminata, uno descubrirá otras ventanas cerradas y abiertas, con el sello inconfundible de cada año; pero resulta perentorio llegar temprano, ser puntual, en la cita con la vida -la vida terrena y la vida infinita-, antes de que los furgones, en la estación, partan a otros rumbos, a destinos insospechados. Vengo de un tiempo que ahora es, simplemente, ayer, pasado, historia. No conviene permanecer inmóvil en la esquina del tiempo, en las avenidas y en los cruceros del ayer, del hoy y del mañana, porque la vida humana podría sufrir, en cualquier momento, un descalabro. Advierto que la ventana del año que recién inicia, se encuentra abierta e invita a pasar, a disfrutar y a experimentar los encuentros y los desencuentros con la vida, las dulzuras y las amarguras que destila la existencia, los motivos y los destinos que uno elige y que a veces se presentan. Sé que la vida, en mundo, consta de un período, está marcada por una caducidad; en consecuencia, he decidido saltar por el balcón, entrar por el ventanal junto con la luz del amanecer y el resplandor de las estrellas, con la idea de gozar los días y las noches de mi existencia. Desconozco cuántas ventanas quedan reservadas para mí, con cada año marcado; sin embargo, estoy dispuesto a entregarme al oleaje de la vida para sentirla en armonía, con equilibrio, plenamente, y así llegar a otra orilla sublime y paradisíaca, hermosa e infinita. Entro por la ventana del año que, humanamente, ha nacido, con un canasto pletórico de experiencias, dispuesto a hacer de mi biografía una historia maravillosa e inolvidable. Los invito a entrar por la ventana y a salir, conmigo, antes de que llegue la noche y caiga el cortinaje tan pesado.

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Eso es la vida, parece…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Eso es la vida, parece, ciclos que inician y períodos que terminan, amaneceres que alumbran y tardes o anocheceres que cobijan. Son pedazos de tiempo que, una mañana o una noche, al mediodía o en la madrugada, se desvanecen y se llevan trozos de nosotros, con fragmentos de las historias que protagonizamos y que reprimimos, las cargas y las ligerezas que portamos a una hora y a otra, con sus motivos y sus imprevistos, sus rumores y sus silencios, sus razones y sus delirios. Eso es la vida, entiendo, un sueño y una realidad, una cordura y, a la vez, una locura, que suelen vestirse de formalidad o, simplemente, desprovistos de solemnidad. Eso es la vida, creo, un lapso de tiempo, con sus minutos y sus años que no voltean atrás para evitar apegos y romances, afectos y hospedajes extras. Es el tiempo, tan forastero y desarraigado, que se va y no vuelve más. El tiempo que solo queda en los registros que dan constancia de nacimientos, bodas, muertes y otros acontecimientos personales y colectivos. Se le mira en los almanaques, en los documentos que un día envejecen y que el polvo cubre, igual que las lápidas cuando son olvidadas y permanecen en el abandono de los que cierta ocasión derramaron lágrimas y se dieron abrazos de consuelo. Todo pasa. Nada es permanente. La gente, las vivencias, las ilusiones, los sueños y las cosas se extravían en la desmemoria, en el hondo vacío, en la amnesia infausta o ante las ausencias crecientes. Y se consumen los minutos, y se desvanecen las horas, y se desmoronan los días, y los años abandonan y dejan huellas y marcas, y renuncian a permanecer aprisionados. A los días, a los meses y a los años les desagradan los candados, los barrotes y las celdas. Escapan, pero cada momento tiene algo desconocido que deja huellas y marcas de su paso. Eso es la vida, supongo, instantes que se acumulan y se diluyen, oportunidades que abren las puertas y las ventanas o las cierran, alegrías y tristezas, escalones y rutas para trascender o desfiladeros para caer irremediablemente. Y cierta fecha inesperada, el mundo puede cruzar umbrales y destruirse, en consecuencia, su gente, su flora y su fauna, sus cosas inertes, hasta quedar la interrogante, ¿existen, en verdad, el tiempo y la vida, o solamente se trata de pedazos que se reflejan desde el infinito? Por eso, a ti, que me lees, te aconsejo que abandones la habitación oscura donde te refugias con tus ambiciones desmedidas, tus egoísmos, tus superficialidades, tus rencores, tus miedos, tus apetitos insaciables y tus perversidades, y asomes a tu interior conectado a la inmortalidad, salgas a los jardines de la vida y te mezcles en el amor, el bien y la verdad. Eso es la vida, parece, un lenguaje del infinito, una nota del paraíso, una gama de cielo, un ensayo para retornar digno y libre a casa, con sabor a Dios. Vive, ahora que te es posible. Disfruta tu estancia en el mundo, la brevedad de tu paseo, con sus dulzuras. sus sinsabores y sus amarguras, porque otro día, a cualquier hora, concluirá el viaje y renunciarás a lo que creíste tan tuyo y nunca lo fue. Vive en armonía, con equilibrio, pleno y seguro, contigo en tu interior y en tu exterior, con tu familia, con la gente y las criaturas que te rodean. Este año se fuga. No volverá. Experimenta la vida lo mejor que puedas, antes de que sea tarde. Eso es la vida, parece.

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Distancias y cercanías

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Las distancias también tienen sus cercanías. Hay proximidades que se perciben muy lejanas. Unas y otras son tan parecidas y disímiles. Tienen sus encantos y sus desencantos. A veces, la gente se encuentra en otros rumbos, separada por llanuras, océanos, montañas y ciudades -vida y materiales yertos, parece-; pero siente la cercanía porque los detalles, a la distancia -un mensaje, una llamada telefónica, un saludo-, son para no olvidar, a pesar del espacio y del tiempo. En ocasiones, las personas están unas al lado de otras y no se dan cuenta, acaso por ser tan ajenas entre sí, probablemente por su egoísmo, quizá por su indiferencia, seguramente por encontrarse distraídas y ocupadas, tal vez por tantos motivos. Hay quienes coexisten en medio de tantos seres humanos y parecen alejados, a pesar de sus excentricidades, opulencia, poder y fama, casi inexistentes, hasta que naufragan en la desmemoria, mientras otros, en cambio, encontrándose en regiones apartadas o ya ausentes del mundo, se sienten muy cercanos, como si algo especial, en ellos, pulsara en los demás, indudablemente por tratarse de seres de amor, bien, sentimientos nobles, ideales justos, pensamientos profundos, humildad existencial y obras pequeñas o grandes a su paso. Me encantaría que, cerca o lejos, la gente me sienta consigo por lo bueno que pueda hacer por ellos y por otros. Creo que es parte de la receta para hermanarse con toda la humanidad, la senda a la fórmula de la inmortalidad, el camino a Dios.

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Fiel a usted

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Soy fiel a usted. Me encanta en sus alegrías y en sus enojos, cuando me abraza o me condena al destierro, al reír y al llorar, en sus rumores y en sus silencios, acaso porque me siento con mucho de usted y la percibo con un tanto de mí, en una fórmula matemática que me traslada al infinito, con una receta poética que la hace mi musa y me convierte en el escritor del amor. Soy fiel a usted. No buscaría otras miradas y rostros que no fueran el suyo, probablemente por ser tan especial e irrepetible, o quizá porque ante su ausencia me sentiría igual que el forastero en una casa desierta y sola. Soy fiel a usted. ¿Tendría sentido buscarla en alguien más, sentirla en diferentes texturas, escucharla con otra voz, abrazarla con el dolor de la ausencia? Oh, me sentiría traidor. Temería estar al lado de alguien que es impostor. No reconocería sus latidos ni descubriría mi reflejo en sus ojos. Soy fiel a usted. Es imposible reemplazar a alguien tan inolvidable, dibujada y modelada por Dios en su taller. Soy fiel a usted. La llevo en mis letras, la acompaño en sus jornadas, mientras compartimos y protagonizamos una historia. Soy fiel a usted. Si la buscara en alguien más, perdería mi esencia y mi locura, y no me gustaría permanecer encerrado en la cordura ya sin usted. Soy fiel a usted. La espero, como cada día, en casa. Usted tiene la llave. Nadie más puede entrar. Soy fiel a usted.

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