Escalones

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La casona exhalaba suspiros callados de otros días -los del ayer- y permanecía abandonada y solitaria, herida y cubierta de polvo, como acontece a quienes se atreven a desafiar al tiempo por vivir tanto. Los balcones con herrería forjada en el calor de los yunques, testimonio, acaso, de romances huidizos y secretos, contrastaban con el portón de madera que aún conservaba una aldaba de hierro y un postigo cerrado a una hora ya olvidada. Los muros, fracturados y sucios, escurrían el sudor de años distantes y, por lo mismo, sus pieles de barro dejaban al descubierto bloques de piedra intoxicados por salitre que avanzaba incontenible y carcomía todo. Olía a humedad, a tiempo, a otra gente. Había salitre, polilla y herrumbre. Entre los paredones y las ruinas, los sigilos y los rumores, y las luces y las sombras que, a veces, en las fincas antiguas, se perciben tan cerca y lejos, había unos escalones de cantera que partían de un rectángulo inferior al nivel del piso y concluían en un muro ausente de puertas. ¿A dónde conducían las escalinatas? Había un abajo y un arriba entre los escalones, ambos clausurados. Topaban en el suelo y en el muro. Se encontraban desprovistos de rumbo y porvenir. Superficialmente y sin exploración e investigación, resultaba imposible determinar si aquellos escalones pétreos conducían a algún pasaje subterráneo o a una habitación superior al otro lado de la pared, o si su valor era ornamentario o utilitario. Al observar su triste e incierta figura, pensé que, idénticas a los escalones, innumerables personas transitan sin dirección ni sentido durante los minutos y los años de sus existencias, hasta que un día, como la mansión, envejecen y mueren. Las escalinatas de piedra carecían de rumbo, igual que tantos hombres y mujeres que caminan sin brújula ni proyectos de vida, más allá de que posean fortuna material o coexistan en la pobreza, y de que cuenten con títulos académicos o no hayan asistido a una escuela. Desconocen sus orígenes y se acostumbran tanto a los días repetidos, a sus historias insulsas, que inesperadamente, en una fecha cualquiera, desciende el telón y concluyen sus jornadas terrenas desprovistas de motivos y huellas. Se miran irreconocibles. Fueron viajeros que se conformaron con observar estaciones y no tejieron un destino. Al contemplarse frente al espejo y descubrir las ruinas en que se han convertido, sufren lo indecible y con amargura se preguntan, una y otra vez, por qué pasaron los años imperceptiblemente frente a ellos y raptaron sus alegrías, sus sueños, su lozanía, su salud, sus ilusiones, sus vidas. Si voltearan atrás, a los vestigios de sus existencias, descubrirían con asombro y pesar que, desde el cunero hasta antes de la tumba, fueron similares a los escalones de aquella casona que partían de un sitio indefinido y conducían a una pared sin acceso a otros recintos, a una muralla que bloqueaba el paso. Si volteáramos a tales escalones sin destino, quizá descubriríamos con oportunidad que los años transitan, escapan, y no disfrutamos el camino ni vamos, en consecuencia, hacia la estación correcta si carecemos de proyecto e itinerario.

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Náufrago de otro tiempo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Soy náufrago de otro tiempo, sobreviviente de días acumulados y consumidos en un paisaje y en otro, con una historia cargada de recuerdos, entre las luces y las sombras de cada momento irrecuperable, preparado, por cierto, para descubrir y recorrer nuevos caminos. Vengo de fechas que ya no existen, horas que se desvanecieron y resultaron breves por haberlas vivido mucho, tantas veces como me fue posible, entre sueños y realidades que cincelaron mi rostro y consintieron las pintara con los matices de mi alma y mi barro. Estoy aquí, en otra estación que ahora exploro, en medio de la arcilla y de la esencia, con la tierra y el cielo arriba y abajo, atrás y enfrente, a los lados, con todo y nada, pletórico de recuerdos e historias, con el anhelo de vivir y con una canasta que espera que recolecte las flores de cada instante. Soy, parece, eco y pedazo de un ambiente que ya es antaño, y me siento aventurero con incontables capítulos épicos, en espera de relatarlos durante mis noches de pláticas y silencios. Aquellos años los viví y permanecen fieles a mi experiencia, a mis recuerdos, a mi biografía; los de hoy, en tanto, me esperan en cada puerto, con una sonrisa o con un rostro fruncido, con la cara alegre o las facciones entristecidas. Tengo libertad de elegir la ruta y el destino. Soy náufrago de otro tiempo, vestigio de una hora y muchas más que apenas ayer eran hoy. No existe invierno todavía, pero entre las gotas de lluvia y las hojas doradas y quebradizas, solo hay un suspiro. Sobrevivo a otra época, como la flor de primavera que aparece entre verano y otoño, cuando los tonos y las fragancias anuncian el deseo vehemente de abrazar la vida que en el minuto presente intenta escapar anticipadamente y dejar abandonadas listas de ausencias, árboles deshojados y exceso de asientos vacíos.

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La otra parte de mi vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…hasta que un día hice un paréntesis en mi caminata y descansé en algún paraje, entendí que la otra parte de mi vida es el tesoro de un amor, la epopeya de un idilio sublime e interminable, la historia que compartimos, el reencuentro de un tú y un yo, la sorpresa de cada instante, la emoción de un sentimiento  inmortal que palpita en ti y en mí…

La otra parte de mi vida, cuando no tengo que acudir puntual a los asuntos cotidianos, es amarte, dedicar los minutos y las horas de mi existencia a diseñar y entregarte detalles que provoquen en ti una sonrisa, una ilusión, un prodigio. La otra parte de mi vida, cuando guardo la ropa de la formalidad, rompo fronteras, salto cercas y trepo por tu ventana para entregarte la belleza de un poema o el encanto de una flor. La otra parte de mi vida, si no estoy contigo, te siento en mí, percibo tu fragancia, te invento de nuevo, te reencuentro en nuestra historia. La otra parte de mi vida, cuando duermo, coincidimos en los sueños, jugamos a la existencia y al amor, corremos y hundimos los pies hasta sentir el pulso de la creación, el palpitar de la naturaleza. La otra parte de mi vida, despierto cada mañana y duermo todas las noches con la admiración de tu belleza, el asombro de la luz que detecto en tu mirada y en tu interior, el embeleso de sentirme tu y saberte yo, la fascinación de admirar tus movimientos femeninos. La otra parte de mi vida, te abrazo desde el silencio y la profundidad de nuestras almas, hasta escuchar los susurros de la creación, los rumores del viento, el lenguaje de Dios. La otra parte de mi vida,  la dedico a ti, a mí, a nosotros. La otra parte de mi vida, lo confieso, la siento tan nuestra que a veces pienso que los meses y los años únicamente son período breve de una estancia y paseo por el mundo, un pasaporte para llegar de frente al encuentro con la eternidad. La otra parte de mi vida, también la dedico a ser el caballero de una dama, fabricar para ti una silla si no existe, abrir un camino para tu paso airoso y construir un puente al cielo. La otra parte de mi vida, pienso en ti y te siento en mí, y la porción restante de mi existencia te encuentras en mis sentimientos, en la excelsitud, en mis pensamientos. La otra parte de mi vida eres tú, es tu amor, son tus detalles, es tu mirada, son nuestros silencios y voces, es el mundo y es el soplo de la inmortalidad. La otra parte de mi vida es nuestro idilio épico, es el sueño y la realidad de un amor, es la alegría de sentir el palpitar del universo en uno, es cantar y reír, es agradecer la oportunidad de un enamoramiento y evitar el naufragio entre las olas y la tempestad del mal, la ira, el dolor y la tristeza. La otra parte de mi vida y siempre, eres mi musa, color de mi existencia y mi cielo, mi inspiración, el tú de mi alma, nuestra historia y, sobre todo, mi amor.

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Momentos de la vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los días del ayer, se consumieron entre un minuto y otro; ahora son experiencia, capítulos que se desvanecen conforme anida el olvido en sus esquinas y ranuras, vestigio de tu existencia, y sólo quedan como evocación de recuerdos y suspiros que, luminosos o sombríos, forman parte de tu historia. Si no te sientes seguro de la permanencia o sucesión del momento presente o del que se aproxima, mayor es la incertidumbre ante la noche que viene o la mañana que se anunciará por tu ventanal porque desconoces, en verdad, si hoy, al oscurecer, admirarás la belleza de las estrellas que cuelgan y titilan en la galería del universo o si despertarás al amanecer con la alegría y sonrisa de quien percibe los colores, las fragancias y los rumores de la vida. El momento presente es tan fugaz, que apenas te percatas que con cada segundo ganas la oportunidad de andar por rutas que conducen a la cima o la pierdes al preferir caminos inciertos. Tú decides. No esperes iluso cortar las flores cuando apenas miras la belleza e ingenuidad de sus botones. La vida inicia cada instante. El roble fue semilla y arbusto antes de desarrollar y alcanzar su esplendor. Ese quercus robur tenía almacenado en su memoria el conocimiento de sus características y grandeza, y nunca ignoró, por lo mismo, que quizá enfrentaría noches heladas, tardes de tempestad, mañanas níveas, días calurosos, plagas, incendios, sequías o tala. Ningún miedo obstaculizó su crecimiento. Creció con la sencillez de quien se sabe grande y elegido para una misión; por eso, cada instante fue significativo. No te atores en tristes naufragios ni te hundas en el agua estancada porque al no correr, al abandonarse en lo más oscuro de un recodo, pierde su cutis diáfano y ya no refleja, como antaño, las nubes rizadas que transitan felices y pasajeras cual preámbulo de la profundidad de un cielo azul. Tampoco caigas en la estulticia de la moda de la hora contemporánea que dicta ambicionar sin medida, arrebatar, disfrutar sin responsabilidad el momento, coleccionar placeres insulsos sin tener el privilegio de amar, negarse la dicha de dar, bajo el argumento de que la vida es breve y hay que aprovecharla. Eso es estúpido. Observa a quienes optan por tal estilo. De no ser sus conquistas materiales, sus fortunas y su poder, ¿descubres signos de grandeza en ellos? Tras sus risas escandalosas, sus pasiones desenfrenadas y su andar sin itinerario, ¿demuestran su alegría y son felices? La vida se experimenta cada instante en armonía consigo y con los demás, con el universo y la creación; también se practica con equilibrio y plenamente. Sé feliz. No dañes. No importa si en el camino quedó tu riqueza bajo toneladas de escombros si a cambio salvaste una vida humana. Qué valen los juicios ajenos, la condena social, si amaste con fidelidad, si hiciste de tu casa un hogar, si caminaste hacia la morada, si te regalaste el privilegio de disfrutar cada minuto y si en vez de desperdiciar la brevedad de tu tiempo en hablar de los demás, en dañar, arrebatar y engañar, lo consumiste en tu obra existencial. Mira atrás y revisa tus huellas, tu historial. Escudriña cada día de tu vida. Ahora analiza tu presente. No te engañes. Haz a un lado la ropa elegante que portas, los automóviles que luces y deslumbran la debilidad de tu ser, la mansión donde vives y hasta los viajes, títulos, placeres, poder y cosas que maquillan tu aspecto y visten tu desnudez. Sí. Momentáneamente quita de ti toda decoración artificial. Si te enseñaron a ser muñeca de aparador o maniquí de boutique y quedaste atrapado en las redes de las apariencias, mírate al espejo y pregúntate en cuántos años aparecerán los jeroglíficos del tiempo en la lozanía de tu rostro. Ubícate en tu realidad. Todos los seres humanos tenemos derecho a ser felices, poseer riqueza, gozar la vida y desenvolvernos en el papel que hemos elegido; sin embargo, nunca pierdas el rumbo a destinos firmes. Recuerda que si bien es cierto la apariencia, la fortuna y los placeres de la vida forman parte de la condición humana en el mundo, cuando se vuelven obsesión y prioridad, y pierden su sentido, parecen inversamente proporcionales a la inteligencia y los valores. ¿Cuál es tu misión en la vida? ¿Vestir la ropa más cara y elegante para mirar a hurtadillas tu perfil y provocar que otros te envidien? ¿Conducir el auto más fino? ¿Ejercer poder y acumular riqueza en exceso mientras a tu alrededor millones padecen hambre, injusticias y enfermedades? Claro, es válido y hermoso lucir la figura física, situarse en condiciones económicas que proporcionen comodidad; sin embargo, encuentro mayores tesoros y alegría en aquellos que ríen ante cualquier condición de la vida, que renuncian a su calzado para que otros caminen, que comparten su bocado a quienes desconocen el condimento de una mesa completa. Muchos esperan la proximidad de la etapa existencial que soñaron e imaginaron, la realización de algún acontecimiento, y creen que entonces serán dichosos; sin embargo, la mayoría se queda con sus fantasías, no luchan o al contrario, destacan en lo que se propusieron, y finalmente no son tan felices y plenos como lo deseaban porque desconocen que la vida es dual y tiene un sí y un no, luces y sombras, y que la verdadera maestría se demuestra al pasar cada día ante las pruebas buenas y malas. No esperes, para ser dichoso, que el destino se apiade y toque a la puerta de tu existencia con la intención de ofrecerte una historia de ensueño, prodigiosa e inolvidable. Vive a partir de este momento. Sé feliz en el yate lujoso o en la lancha modesta, y navega hasta conseguir lo que deseas. Los días dulces y amargos te pertenecen porque los desees o no, los esperes o los rechaces, los vives; trata de protagonizar tu historia y elegir las rutas más luminosas y sublimes. No esperes el momento futuro para ser feliz porque pudiera ser el instante postrero de tu existencia. Aprovecha los días que te quedan. Realízate como ser humano, construye tu historia y conquista tus sueños espirituales, físicos, intelectuales o materiales; pero empieza ahora, inicia a partir de este segundo que pasa, con sus luces y sombras, y no olvides obsequiarte la oportunidad de amar, reír, hacer el bien, cultivar valores y transformarte en una obra maestra.

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Biografía inolvidable

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Quizá somos eco de un ayer no recordado, acaso realidad de un presente que pronto se desvanece y transforma en pasado, tal vez promesa de un futuro que entre un suspiro y otro se convierte en hoy o probablemente todo y nada porque la vida, en ocasiones, parece historia relatada por alguien o parte de un guión o un sueño. ¿Qué es la vida, pregunto, si no una serie de estaciones que se suceden unas a otras con celeridad, un amanecer y un ocaso que se repiten con sus luces y sombras, un sí y un no? Si los días de la existencia se consumen y parecen, como son, tan frágiles y efímeros, ¿por qué no experimentarlos plenamente? Cada instante que pasa ante la mirada, por cierto, resta páginas a las biografías de las personas, motivo por el que con las oportunidades perdidas se diluyen los proyectos existenciales. El momento de vivir es ahora, el minuto para ser felices es hoy, los días de epopeya empiezan en la hora presente. Mucha gente espera un día especial para comenzar su historia grandiosa y conquistar sus sueños, y olvida que sus vidas iniciaron en el cunero y terminarán en el sepulcro. Definitivamente, quienes anhelan que lleguen condiciones propicias para ser felices y vivir plenamente, quedarán desolados en un puerto abandonado y triste porque la existencia es dual, tiene luces y sombras. La maestría la alcanzan quienes aprenden a vivir, realizarse y ser felices lo mismo en un bote de remos que en un yate, en una morada de aspecto modesto que en un palacio, en las mañanas soleadas de primavera que en las tardes de lluvia torrencial de verano, en las horas vespertinas de viento otoñal que en las de la nieve del invierno. La vida ofrece etapas de alegría y ciclos de tristeza, momentos de triunfo e instantes de fracaso, porque es dual, tiene claroscuros. Hoy asomas al espejo y presumes la lozanía de tu rostro y el brillo de tu mirada; mañana, al contrario, distingues las arrugas que esculpe el tiempo y la escarcha de un invierno inevitable. Quienes aprenden a no desdeñar los segundos, que sumados componen la vida, empiezan a crecer y vivir. La vida es de aprendizaje y llega el momento en que uno, ante las pruebas, debe medirse y superar los obstáculos, empezar de nuevo o sucumbir. ¿Por qué no empezar a vivir en armonía, con equilibrio y plenamente a partir del minuto presente? ¿Qué caso tiene, pregunto, esperar algo por lo que no se lucha o que quizá no llegue? Si alguien desea transitar por el mundo con alegría y alcanzar el desenvolvimiento de su ser para trascender a fronteras superiores, tendrá que aprender a vivir con los contrastes del mundo y a ser la luz que resplandezca incluso en las sombras. Si uno, por añadidura, deja huellas, retira la enramada y las piedras del camino y da de sí a los demás, aunque llegue a su destino con llagas, innegablemente habrá protagonizado una historia grandiosa y será, por lo mismo, autor de una biografía inolvidable.

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Qué dulce sueño es la vida…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Todo estaba inscrito en mi vida, en mis sueños, en mi historia; por lo mismo, simplemente la invité a acompañarme, compartir una locura, flotar en burbujas y fundirnos en una estrella, en el hechizo y encanto de resplandecer e incendiar el mundo y el universo con las tonalidades de un amor mágico e inagotable…

Qué dulce sueño es la vida que con frecuencia me regala los minutos y las horas que compartimos un día y otro. Cuán relato tan precioso es la existencia que en sus páginas te incluye a mi lado, libre y feliz, con el amor más fiel y pleno que haya experimentado cualquier ser en el mundo. Qué hermosa es la vida, insisto, que si algún momento distante de mi niñez, adolescencia y juventud te presentí y extrañé tanto, ahora eres mi realidad. Cuánta grandeza existe en la creación que nos concede la dicha de flotar en burbujas diáfanas y esferas de colores, idénticas a nuestros sueños e ilusiones, para reventarlas y volar a realidades prodigiosas. Cuán sabia es la vida que nos acercó cuando más deseábamos amar y mayor era la necesidad de acompañarnos, enlazar nuestras manos y caminar juntos entre claroscuros. Cuánta ternura detecto en la existencia que ha permitido que mezclemos nuestras lágrimas al reír tanto y acercarnos uno al otro, y también -qué maravilla- enjugarlas cuando por alguna causa los tintes del dolor y la tristeza las provocan. Qué consuelo tan grande es la vida que ofrece, a cambio de seguir sus códigos, la esperanza del reposo y la felicidad en una morada donde el principio es final y el ocaso es aurora. Qué sueño excelso e inolvidable es la vida, repito, que nos concede hacer del amor un estilo, una medida, un destino, una historia. Qué misterio encierra la vida que me sientes en ti y te percibo en mí, como si fuéramos las criaturas predilectas y consentidas de Dios.

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TROZOS DE VIDA… Instantes

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los cuentos y las historias suelen ser reales cuando uno ama y cree, como tú y yo

Cómo reímos cuando a hurtadillas te entrego una servilleta de papel con la frase “te amo” y la besas antes de guardarla en tu bolsa, al mirar nuestros reflejos en el cristal de un aparador, al posar graciosamente con una prenda en alguna boutique y al descubrir aquí y allá que la vida es maravillosa e irrepetible. Arrancamos instantes a las manecillas para ser felices. Tal vez uno de los secretos en la vida no sea robar minutos al tiempo porque al esconderlos y más tarde pretender disfrutarlos, seguramente se habrán diluido; se trata, parece, de experimentarlos plenamente. El tiempo es la distancia que se acorta conforme avanza el furgón de la existencia. No tiene tregua. Atrás deja orillas, gente, juventud, oportunidades, cosas y recuerdos muy queridos. Por eso es que tú y yo, al amarnos, decidimos convertir los instantes pasajeros en detalles, convivencia, alegría y capítulos de una historia irrepetible y maravillosa que siempre, aquí y en la eternidad, latirá en nuestros corazones. Al desprender momentos fugaces del tiempo inexorable, los transformamos en oportunidades para amarnos y explotar los yacimientos de la felicidad, el desenvolvimiento de nuestros seres y la práctica del código que marca la diferencia y la señal en nosotros, hasta que se convierten en peldaños intangibles que conducen al firmamento, donde incontables luceros guían a la eternidad. Hoy, al disfrutar juntos los días de la vida, convertimos la estancia terrena en encuentro y paseo inolvidable, preámbulo, es cierto, de nuestra unión en el cielo. Con los instantes que ambos compartimos aquí, en el mundo, construimos, mi musa amada, nuestro alojamiento en la eternidad.

No temas…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

No temas enamorarte, expresar palabras tiernas, regalar flores como muestra de tus sentimientos y compartir tus días con un amor auténtico; tampoco olvides reír, permanecer alegre, ser intensamente feliz. Sé amable, honesto, leal y agradecido. Si no sabes bailar ni cantar, inténtalo una y otra vez, no te quedes con deseos de hacerlo, porque nada perderás y sí, en cambio, habrás explorado otras posibilidades humanas. No tengas miedo de agitarte o sudar porque significará que estás vivo, que sientes, que andas aquí y allá, activo y contento. Si enlodas el pantalón o el vestido y salpicas la camisa o la blusa, sonríe, que no sea motivo de enojo ni de enturbiar los minutos de tu existencia. No te enfades si un día, al andar de la mano con quien amas, encuentran una fuente en medio del camino. No la maldigan. Miren el agua que contiene porque reflejará sus rostros y atrás de ustedes, en las alturas, la belleza indescriptible del cielo. No tiene caso portar un rostro de desagrado ante circunstancias pasajeras y superficiales, ni exhibir arrogancia y desprecio al mundo, porque es un espejo que reproduce y devuelve las imágenes que proyectas. La vida pierde sentido cuando olvidas el silencio interior y escondes los tesoros de tu corazón, a cambio de preferir las luces de los reflectores, los maniquíes de aparador, la acumulación de dinero y bienes, los apetitos fugaces y carentes de sentimientos, y todos los actos inhumanos e intrascendentes que acumulados, consumen la armonía de tu ser y aceleran la hora postrera de la existencia. Camina, diviértete, sonríe, corre y acuéstate sobre el césped, bautiza los árboles y las estrellas con los nombres de quienes amas, sueña, permite que las mariposas posen en tu cabeza, báñate en el río o en mar, escucha música, acepta las caricias del viento y los ósculos de la lluvia. No te detengas, por temor, una noche de relámpagos y tormenta, porque tal vez entre las gotas y el cielo desgarrado surgirá la respuesta de lo que buscabas o la oportunidad de descifrar algunas incógnitas de la vida. Vive. Escala y sigue adelante. No te atormentes, recuerda que la mayor parte de los abismos, barreras, desfiladeros, fantasmas, fronteras, grilletes y prisiones se trazan y procesan en el corazón y la mente. Respira profundamente y siente el hálito de la creación en ti. La vida es muy breve como para diluirla en asuntos baladíes y temporales. La existencia inicia con una inhalación y concluye con una exhalación y un suspiro. Llora cuando sea necesario y tu ser lo requiera para aligerar la carga y sentir alivio; aunque procura que tus lágrimas sean por reír con frecuencia y no por remordimientos ni tristeza. Agradece las bendiciones al Creador y no te avergüences por ningún motivo de tu espiritualidad. Experimenta los años de tu existencia libremente, sin ataduras, guiado por un código de valores auténtico, acorde al pulso de la creación, no impuesto por los intereses de otros. No te masifiques. Demuestra que estás hecho de una arcilla diferente. Ama y respeta tu cuerpo, y no temas que tu piel sea rasguñada por las varas en un paraje natural mientras caminas, ni te mortifiques si el sol aplica su maquillaje en tu rostro y tu espalda o si al tomar la rosa te espinas. Inténtalo. No te desanimes. Si tienes familia, ámala, cuídala y disfrútala porque es un regalo celeste; si posees amigos, consérvalos y fortalece los lazos. Si amas a alguien, entrégale lo mejor de ti, cultiva sus días de detalles, sé fiel y dale felicidad. Toma en cuenta que todo, en el universo, es dual y que tienes libertad de elegir entre la luz y la sombra, el sí o el no, el bien o el mal. No sientas tribulación ante el ocaso porque siempre existe la esperanza de una aurora. Una noche de rayos y aguacero puede significar, horas más tarde, un amanecer bello y espectacular. Un día acalorado o turbio puede, igualmente, representar, en la noche, un firmamento hermoso e imponente. Con cada instante que registran las manecillas del reloj, huyen los destellos de la vida y la oportunidad de amar, reír, ser feliz, soñar, materializar los planes e ilusiones y convertirse en el personaje grandioso y principal de la trama. Recuerda que en tu vida, sí, en los días que te corresponde experimentar y probar en el mundo, tú serás el principal actor. Nunca causes daño ni humilles a los demás; al contrario, que tu paso por el mundo sea de alivio, restauración y crecimiento. Actúa y vive con sencillez y virtudes. La enfermedad, la tristeza y la muerte solamente responden a la ausencia de salud, alegría y vida. No mires ni frecuentes los desagües con su acumulación de basura; contempla y disfruta los ríos cristalinos y la alfombra de intensa policromía que se extiende a sus orillas. Entiéndelo y tendrás vida eterna. Pierde el miedo y transfórmate en el faro de la humanidad, en la luz del mundo. Así, cuando una noche tu cuerpo se sienta cansado y te acuestes sereno en tu lecho, ausente de remordimientos y en paz interior, sin duda despertarás, a la siguiente mañana, en una morada sublime y luminosa. Ante ti resplandecerá el cielo más subyugante, pero al voltear atrás, al camino que terminaste de recorrer, descubrirás incontables flamas que te guiaron a casa. Esas luces minúsculas que unidas formarán el resplandor más hermoso e intenso, serán resultado de tus sentimientos y acciones durante la jornada terrena. No temas descorrer el telón y actuar de acuerdo con tu esencia. La vida es sublime e interminable.