De Casa del Panteón y Factoría de Tabaco, a Palacio Municipal de Morelia

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Quien acude a los expedientes empolvados de la historia y revisa el álbum de estampas nostálgicas o recorre los rincones añejos y románticos del centro de Morelia, donde cada detalle arquitectónico, ya fragmentado por los rasguños de la modernidad y la inconsciencia, delata el esplendor de lo que fue Valladolid, descubre que en la nomenclatura de la ciudad, registrada durante la madurez del siglo XIX, precisamente en las horas de 1840, existía una calle llamada Factoría.
El nombre de la callejuela, que formaba esquina con la del Sombrero, se derivó por erigirse, en una de las manzanas, un monumental palacio conocido entre los moradores de la capital de la provincia de Michoacán como Factoría de Tabaco, que antaño había sido sede de las autoridades virreinales.
Fue en esa finca, hoy ocupada por el Palacio Municipal de Morelia, donde residía el factor o representante del gobierno virreinal, quien por cierto poseía gran influencia y practicaba el monopolio del tabaco, actividad que significaba un importante ingreso para la Corona española.
Narra la tradición que antiguamente, antes de la Factoría de Tabaco, existía una finca, un inmueble que pertenecía a la catedral de Valladolid y que era conocido popularmente como Casa del Panteón, hasta que fue vendido y en 1781 se inició la construcción del nuevo palacio.
Los habitantes de Valladolid, ciudad fundada el miércoles 18 de mayo de 1541 en el antiguo Valle de Guayangareo, fueron testigos de la hora postrera de la Casa del Panteón, sustituida en 1781 por una construcción palaciega que en lo sucesivo sería sede de la Factoría de Tabaco, la cual funcionó en la provincia michoacana desde 1765.
Como dato anecdótico, de acuerdo con un acta de Cabildo, correspondiente al 13 de octubre de 1781, el Ayuntamiento de Valladolid, respaldado por el dictamen del maestro alarife Diego Durán, determinó que ellos, los constructores, repusieran los arcos angulares de los corredores de la parte superior, ya que estaban defectuosos.
Según documentos de la época, la Factoría de Tabaco constaba de tres casas. En la primera moraba el factor, mientras en las otras dos, que eran de un piso, habitaban el tesorero y el contador de la Renta. Las suyas eran familias influyentes.
La construcción del palacio se solventó con las utilidades del tabaco. Su costo fue de 64 mil 804 pesos, cuatro reales y dos gramos, como consta en las referencias históricas.
Residencia de cantera, cautiva por sus detalles arquitectónicos. Cuenta con dos patios, de los cuales el principal es cuadrado, pero con una composición octagonal que ofrece una perspectiva especial; además, los arcos y corredores, junto con las monumentales escaleras que tras el descanso parten en dos rampas, hacen de la construcción colonial una morada encantadora que invita a disfrutar sus rincones.
La cornisa superior posee gárgolas y guardamalletas. Los balcones de la planta alta son de hierro forjado y permanecen como eco de los otros días, los de la Colonia, cuando la Factoría de Tabaco era eje en las actividades de la Nueva España, en Valladolid, la capital de la antigua provincia de Michoacán.
Fue en esa casona donde se proclamó la abolición de la esclavitud en la Nueva España, dictado en la ciudad por Miguel Hidalgo y Costilla durante los minutos de 1810, cuando México llegaba puntual a su cita con el destino y miraba de frente el rostro de la historia.
Si bien es cierto que la Factoría de Tabaco funcionó durante muchos años en dicha mansión de cantera, en los días de 1824 el Gobierno de Michoacán ocupó una de las plantas para oficinas y dejó otro de los niveles para desarrollo de su función original. La casona albergó, al mismo tiempo, las oficinas gubernamentales y la Factoría de Tabaco.
Consta en una nota, la marcada con el número 90 y fechada el 5 de octubre de 1846, que él, el entonces gobernador Melchor Ocampo, solicitó a la Secretaría de Hacienda la cesión al Gobierno de Michoacán de las dos casas pequeñas y la autorización para usufructuar la grande. Varios días más tarde, el 19 de octubre del mismo año, la Secretaría de Hacienda aprobó la petición.
Igual que un engranaje que avanza imperturbable, los acontecimientos estimularon otro cambio, de manera que cuando el Gobierno de Michoacán adquirió el ex seminario Tridentino de San Pedro para palacio, por decreto 157 del 11 de marzo de 1861, la otrora Factoría de Tabaco fue otorgada al Ayuntamiento, que a la vez dejó lo que se conoce como Casas Consistoriales; no obstante, algunos investigadores aseguran que el recinto se convirtió en sede municipal a partir de 1856. Independientemente de lo anterior, el Gobierno de Michoacán pagó una deuda al Ayuntamiento.
Existen otras versiones acerca de lo que actualmente se conoce como Palacio Municipal, ya que relata la tradición que Roque de Yáñez, factor de Tabaco, compró al Cabildo Eclesiástico lo que se consideraba entonces una antigua casa de modesta construcción, popularmente conocida como del panteón.
Como quien hojea un libro con viñetas irrepetibles y exquisitas, el caminante puede ingresar al Palacio Municipal de Morelia para disfrutar sus corredores con arcadas, mirar las amplias habitaciones convertidas en oficinas públicas y quedar admirado con los detalles y frescos de la Sala de Cabildo.
De estilo barroco, el Palacio Municipal asombra por su arquería, sus escalinatas, su patio, su herrería forjada y sus salones con frescos, los cuales, por cierto, son signos de otros días, los del ayer, cuando Morelia era Valladolid.