Alegría y libertad

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

La alegría y la libertad, parece, se refugian en las auroras y en los ocasos de otras fechas, cuando apenas ayer éramos poema y viento, lluvia y arena, cascada y río, y no sabíamos, por estar tan distraídos, que nuestra ruta conducía a destinos inciertos.

Por alguna causa -y muchas más-, la alegría y la libertad se volvieron encanto de apariencia irrecuperable -al menos es lo que pretenden que creamos quienes intentan atraparnos-, fantasías y sueños, añoranzas y suspiros, jeroglíficos indescifrables, piezas de museo, y ahora, desolados y tristes, los miramos naufragar y hundirse, lejos de nosotros.

Sin notarlo -así son las dosis de veneno cuando se aplican gradualmente, con cierta intencionalidad-, alguien -y muchos más- atrapó nuestras alegrías y libertades, presas desnudas y ultrajadas que padecen angustias y tormentos indecibles. Compramos, sin notarlo, promesas incumplidas, apariencias y trampas.

La alegría y las sonrisas, agotadas y rotas, son desdibujadas. Alguien -y otros más- las borra de nuestros rostros, las debilita de la naturaleza humana, las desmantela por completo, las desconecta del alma. Ante nuestras miradas de asombro y la pasividad de seres cansados por la monotonía y los acontecimientos terribles que se suceden unos a otros, propiciados por los titiriteros del circo humano, alguien -y muchos más- elimina lo que somos y lo que parecía de nosotros.

Ellos -y alguien más-, quieren que las personas -en masculino y en femenino, en mayúsculas y en minúsculas- destierren las voces y abracen los gritos, sepulten la alegría y las sonrisas, y coloquen epitafios dolorosos y tristes sobre sus ruinas y sus nombres. Pretenden que las multitudes desprecien la luz y la sustituyan, entre sombras, por lámparas que finalmente romperán o fundirán.

Alguien -y otros- sabe que si esclaviza la libertad, mientras enferma, aterra, enfrenta y mata a la gente, la dignidad, los sentimientos nobles, la originalidad, el amor, la verdad, el bien, la inteligencia, la creatividad y todo lo maravilloso de los seres humanos -luz y arcilla, alma y cuerpo-, se exraviarán y solo flotarán despojos mediocres, desgarrados, incapacs de restaurarse, transformados en maniquíes y en títeres en serie.

No obstante, si alguien -y otros más- pretende y ambiciona cortar y destruir nuestra alegría y libertad, con todo lo que significan, nosotros aún poseemos capacidad y fortaleza para cerrarles las puertas y las ventanas e impedirles el paso. Somos más, en número y, aunque no seamos dueños de fortunas inmensas que corrompen gobiernos, ejércitos criminales, redes sociales perversas y medios de comunicación mercenarios, tenemos capacidad de resurgir de los escombros, valorarnos y enfrentar las guerras, los ataques y los ensayos actuales con fórmulas pacíficas. Ellos -y alguien más- temen a los valores, a los sentmientos, a la razón, al despertar, a las familias, al amor, al bien, al conocimiento masivo, a los ideales. Poseemos los elementos para derrotarlos y parar su locura, sin necesidad de violencia.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Un día, a cierta hora…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Una mañana incierta, de improviso, ya no calzaré mis sandalias para andar contigo, con ustedesm con ellos. Mis huellas no quedarán registradas más en caminos sucesivos, en rutas nuevas, y quedarán, empolvadas, en antiguos trayectos. Quizá al mediodía, a partir de alguna fecha desconocida, ya no beberé ni comeré a tu lado, entre ellos, frente a todos, porque andaré, sin olvidarlos, en busca de ricos manjares. Una tarde -acaso cálida, probablemente nevada, quizá de lluvia, tal vez de viento-, mi bolígrafo y mi libreta de apuntes quedarán desolados, entre los sigilos y los rumores de lo que escribí, resignados, seguramente, a permanecer sobre el escritorio, en mi taller de artista, presos en alguna caja o sin duda en la basura, en un naufragio extraño, en un delirio patético ante el naufragio, la desmemoria y la ausencia de autor y la falta de poemas. Una noche postrera de mi existencia -desconozco cuál-, finalmente callaré y no habrá letras ni palabras. Mis textos hablarán por mí a quienes deseen escucharme y recordar lo que soy, lo que fui. Una madrugada -aún no la identifico-, ya no soñaré que vivo en un mundo que fue paraíso y mi casa, al lado tuyo y de ellos, de los que más he amado. Un día, a cierta hora, sabré, finalmente, si gané o si perdí la batalla, si llegué a la cumbre o si resbalé a los desfiladeros, si alcancé la luz o si quedé en las sombras. Un día de este mundo, en la temporalidad, partiré y, al siguiente, en la inmortalidad, permaneceré en algún remanso, en un paraíso, feliz de esperarte, contento de aguardarlos, encantado del reencuentro y de la fusión. Y mientras llega la hora, el minuto que posiblemente navega en algún océano, el instante que desembarcará en un puerto, sonreiré a tu lado y al de ellos, caminaré con ustedes, descalzaré, hundiré los pies en el barro, abrazaré los árboles, sentiré el pulso de la vida y disfrutaré este regalo tan grandioso del cielo.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Éramos tan felices

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Éramos tan felices, y transcurrieron los años, y pasaron las estaciones, y unos se fueron y otros llegaron, y cuando reaccionamos, algo había pasado y ya no nos reconocíamos. Éramos tan libres, jugábamos y reíamos, dialogábamos y paseábamos, y transcurrió el tiempo, y una mañana, distraídos y sin sospecharlo, despetramos amordazados y con cadenas, simplemente porque a alguien no le agradó nuestra felicidad y decidió, con otros, hacernos enemigos entre sí y rompernos con todo lo que significaban el mundo y la vida para nosotros. Éramos familia, amigos, compañeros, vecinos, colegas, habitantes, y si a veces reñíamos y teníamos diferencias, ganaban el amor, el perdón y el respeto, y volvíamos a reír y a abrazarnos, hasta que alguien, con otros más, nos enajenó, distrajo, enfrentó y dividió para borrar nuestros recuerdos, historias, sueños, ilusiones, creatividad y parentescos. Éramos, y así lo sentíamos, trozos de cielo, suspiros de Dios, y hasta anhelábamos, una fecha incierta, retornar a paraísos encantadores y prometidos; pero alguien, con otros, repitió que somos basura, que nuestro destino es caótico y que somos peores que las bestias, y así andamos ahora, insensibles, materialistas, interesados en saciar apetitos y en arrebatar. Éramos gente con auroras y ocasos, con el sí y el no de la vida, y planeábamos entregar a niños, adolescentes y jóvenes un mundo feliz y mejor que como lo encontramos; mas alguien, y muchos más, enseñaron que el sentido de la existencia es consumir hasta saciarse, acumular, competir insanamente, ser rival y entregarse a lo baladí y a la estulticia, y así caímos en trampas horribles. Éramos moradores de un planeta matizado de vergel, y hasta fuimos engañados al sentirnos deidades y superiores a las criaturas que nos acompañaban, y de esa manera asumimos que animales y plantas, carentes de sentimientos y raciocinio, simplemente eran parte de la naturaleza, y caímos en la equivocación, en la crueldad, en la soberbia, y alguien, con otros, al envenenarnos y mantenernos cautivos para quebrarnos, debilitarnos y enfermarnos más, montó espectáculos que mostraban, de un día a otro, la invasión de las especies que maltratamos, a las calles, a los parques, a los jardines. Éramos tan fuertes, que durante miles de años y centurias enfrentamos adversidades, problemas y retos, y triunfamoss; no obstante, alguien, con otros más, acordó el momento de aplicar cambios graduales y monstruosos con el propósito de exterminar a millones de hombres y mujeres, borrar sentimientos y valores, automatizar a la gente, explotar a los pueblos y apoderarse de las riquezas naturales y minerales de la Tierra. Éramos tan infantiles, que discutíamos por ser los primeros, ganar los juegos, obtener las mejores calificaciones y recibir los aplausos, las miradas de orgullo y la admiración, y todo pasaba y volvíamos a abrazarnos y compartir, y ahora rivalizamos y somos capaces de alegar, reñir y matarnos, simplemente por una “a” o una “o” que definen el género, muestra total de ignorancia, contradicción, rivalidad, odio e intolerancia. Éramos tan diversos y gozábamos tanto, que ni siquiera notamos que algo había cambiado y que parecíamos criaturas de asfalto, plástico y petróleo, antítesis de la naturaleza, negación del sentido humano. Éramos un milagro y ahora, por decisión de alguien, y otros más, parecemos seres condenados al sufrimiento. Éramos tan irresponsables, y lo somos aún, que permitimos que alguien, y muchos más, actuara y decidiera por nosotros, y no para bien común, sino de una élite perversa. Éramos tan vanidosos, casi dueños del universo, que ahora somos incapaces de reaccionar e impedir que una mafia se apodere de nosotros y de nuestro mundo. Éramos tan falsos y superficiales, que ahora descubrimos quiénes son, en realidad, a nivel de control global, los científicos, los gobiernos y sus políticos, los líderes religiosos y sociales, los dueños de las fortunas inmensas, las personas disfrazadas de artistas e intelectuales, todos ellos mercenarios y despiadados, de tal manera que busco entre la niñez, la adolescencia y a la juventud a quienes han de enfrentar a la mafia internacional con armas inteligentes -amor, bien, conocimiento, libertad, valores, respeto, dignidad, proyectos integrales, unidad, armonía-; pero con tristeza noto que muchos ya forman parte de una generación perdida, y me duele porque cada instante, entre un suspiro y otro, perdemos algo de nosotros y de mundo. Éramos tan felices, y no nos dábamos cuenta.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Sueño de amor

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Lo escribí para usted, tras despertar de un sueño de amor

Los sueños de amor son colección de los enamorados. Se entiende que significan citas nocturnas y encuentros tan anhelados, huellas indelebles que quedan cual constancia del paso de dos locos y ocurrentes que desafían el cortinaj de las horas, miradas silenciosas y palabras pronunciadas en algún puente de cristal. Los sueños de amor son exclusivos de quienes se saben uno con el otro, libres y plenos, con identidad propia y con las llaves de paraísos infinitos. Como que tienen el permiso de Dios. Pertenecen a los enamorados que pasean en una estación y en otra, en primavera y en invierno, en verano y en otoño, cuando uno vive y duerme en el mundo y en las estrellas, en el cielo y en las piedras que cubren los riachuelos, en el paraíso y en las nubes. Son, a veces, las olas impetuosas que besan la arena y los riscos con frenesí, tras sus jornadas marítimas, y, en ocasiones, el viento suave que canta, toca y arrulla las flores y las hojas. Se trata, parece, de pedazos de historias que llegan a la orilla con un tanto de uno y mucho de otro, ecos de capítulos que dos comparten a cierta hora, una mañana o una tarde, o quizá una noche, sí, trozos de un idilio consumido en algún instante del ayer, fragmentos de un romance que ambos reservan para el futuro, una mañana, al amanecer, o, tal vez, una tarde lluviosa o una noche estrellada y silenciosa. Un sueño de amor es un encuentro, casual o planeado, entre usted y yo, un alma y otra que se reconocen en un solo palpitar; es un poema sin final, la letra, el color y la música que expresan sentimientos que brotan del interior y que no pueden explicarse de otra manera. Un sueño de amor es la cita diaria, en las noches prodigiosas -tan nuestras-, entre usted y yo, con el encanto de mirarnos con la alegría y la emoción de la primera vez, ante el resplandor de los luceros que cuelgan de la bóveda celeste para alumbrar la banca que elegimos y el camino que seguimos. Un sueño de amor, seguido uno de otro, es el encuentro entre usted y yo, con la invitación a vivir una historia inolvidable y maravillosa, ahora y mañana, durante nuestra estancia en el mundo, y posteriormente, en la travesía y la estancia en un jardín infinito y sin fronteras. Un sueño de amor somos usted y yo, inseparables, dichosos, con la ilusión de vivir el mejor guión de una historia inagotable.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Por favor

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Por favor, cuando mi cuerpo permanezca yerto, ausente de alma, ya sin esencia, faltante de mí, no desperdicies un día completo en mirarme inmóvil ni en cavar en los años, en el tiempo, para llegar a alguna orilla del ayer, casi olvidada, buscar mis pedazos y recordarme. Las flores se marchitan y quedan abandonadas en los sepulcros, mientras las lágrimas de arrepentimiento, dolor y tristeza, en tanto, secan al amanecer y son olvidadas, cuando el sol pinta los jardines y el paisaje con matices de alegría, y los asuntos de la vida asoman cotidianamente con su sí y su no. La gente que se va y los recuerdos, quedan atrás, al expresarse el siguiente día. Parten de estaciones desoladas a rutas insospechadas. Prefiero que la mañana y la noche, la madrugada y la tarde, que indudablemente me dedicarás alguna vez, en una fecha desconocida y a cierta hora, las diluyas en instantes, en momentos con detalles, para que en verdad convivamos y, al final de nuestras existencias, resplandezcamos con ese tesoro grandioso y tan nuestro, y, ya sin llanto ni remordimientos, prevalezcan la alegría, las evocaciones felices, igual que cuando uno, contento y pleno, lee todo el libro y da vuelta a la página postrera. Prometo que haré lo mismo contigo y con la gente que amo y con la que aún no conozco. Repartiré detalles, motivos, instantes. No importa si es un mensaje instantáneo, si es una carta, si es una llamada o si es una visita. Lo importante es no sabernos ni considerarnos solos, compartir nuestras alegrías y tristezas, los triunfos y los fracasos que tenemos, la sonrisa y el llanto, porque de tales encuentros y desencuentros, sin duda, surgirán historias inolvidables, bellas e irrepetibles. Y si a los minutos que repartimos, agregamos el bien que podamos hacer a los demás, fundirnos en una cadena hacia determinados propósitos nobles, y enseñar a los que no saben, construir puentes y caminos que salven de caer a los abismos, seguramente, al despedirnos, no será en salas velatorias ni en hornos crematorios, ni tampoco en sepulcros. Nos recordaremos de manera idéntica a la de las personas que se aman, cuando se despiden tras una visita feliz y armónica, con la promesa de volver a encontrarse. Y así es. La jornada existencial solo es un paseo, una acumulación de años, para más tarde, si acaso existe el tiempo en otros planos, entregarse a la conquista, por méritos propios, del infinito. Por favor, evita, como lo haré yo, la pena, el dolor y la tristeza de mirar mi cuerpo ausente de mí, ya sin esencia, porque más que cavar una tumba que exhale hondos suspiros y cargar un ataúd en su despedida final, en el cementerio, me gustaría, contigo y con los demás, utilizar la pala para cerrar heridas y construir momentos grandiosos, vivencias inolvidables, oportunidades para hacer el bien y aliviar el dolor de otros. Más que cargar pesos innecesarios, abracemos a quienes están a nuestro lado, a aquellos que necesitan, por sus condiciones, una mano que dé, oídos que escuchen, miradas que vean con benevolencia, palabras de aliento que aconsejen y enseñen. No cavemos ni despediciemos los minutos y los días de la existencia en soportar tanto peso. Perdonemos el mal que nos causamos, si así ha sido, y repongamos la vida perdida -los segundos y los años componen los períodos de la existencia, en este mundo- con sentimientos, palabras, pensamientos y acciones nobles. Por favor, cuando sepas que mi cuerpo permanece con un faltante -yo, mi alma, mi esencia-, lleva alegría, buenos recuerdos, y continúa por la senda que diseñamos como seres humanos dichosos e íntegros. Dejemos las flores no para cubrir ni rodear ataúdes y sepulcros, decoración marchita de los cementerios, sino con la idea de cultivarlas, embellecer el mundo, alegrar a la humanidad y dispersar sus pétalos en los caminos, en las rutas a donde el paraíso, simplemente, inicia y parte de nosotros, de nuestro interior, de cada alma que palpita aquí y allá, en la arcilla y en la luz.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Capacidades e incapacidades

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Estamos rotos. Pertenecemos a la generación perdida. Hace años, durante postrimerías del siglo XX, escribí, una y otra vez, sobre mi percepción de un mundo fragmentado, antítesis del bien, dedicado más a satisfacer apetitos, caprichos y vanidades que a aliviar dolores y necesidades. Más que construir, la destrucción es una tendencia en las sociedades. El mundo agoniza. Naufragamos en una vorágine de personas que han perdido el sentido de la vida y que creen y piensan que la inmediatez, lo baladí, la estulticia y lo pasajero justificarán sus presencias nocivas, inserevibles y tóxicas. Muchos hombres y mujeres, en mayúsculas y en minúsculas, disponen de energía, dinero y tiempo para actuar cual marionetas cómicas y aberrantes que causan lástima. Hoy, somos capaces de pagar cantidades millonarias por el gusto y el placer de volar en lo que llamamos espacio y contemplar, en un sueño fugaz de austronauta, el planeta azul que ambicionamos conquistar y saquear, y que, a la vez, destruimos; en contraparte, parecemos incapaces de acudir a un hospital de pobres, donde la gente padece enfermedades terribles y hasta mortales, o a los asentamientos en los que las familias carecen de agua y de servicios básicos, con la intención de aliviar el dolor y contribuir al bienestar colectivo. Cotidianamente, dedicamos horas a enviar y recibir mensajes, a través de celulares y de equipos digitales, en amplio porcentaje, por cierto, estúpidos y superfluos; pero carecemos de tiempo para escuchar a quienes nos rodean y necesitan la sensatez de un consejo. ¿Qué se puede esperar de alguien que extiende la mano para colocarse una joya de lujo y no, en cambio, con la intención de dar de sí a aquellos que tienen hambre, que requieren un medicamento o que se encuentran desgarrados tras luchar tanto sin conseguir resultados? Los he visto. Son hombres y mujeres que se transforman al abordar un automóvil, al entrar a un restaurante lujoso o al transitar en las plazas comerciales, en los espacios públicos, para que otros, los que menos oportunidades de desarrollo tienen, los miren como se adora o se envidia un ídolo de piedra ataviado de alhajas. Algunos, incluso, disponen de recursos económicos y de tiempo para despilfarrarlos con alguien más, en un romance pasajero o en una ronda de amigos, y hasta pagan bebidas embriagantes y alquilan posadas de una noche; sin embargo, sus asientos permanecen ausentes en sus casas, sus parejas no reciben un solo detalle y sus hijos carecen de sus consejos, su presencia y su convivencia. Hay quienes duermen cómodamente, entre el lujo, después de participar en exquisitos banquetes, sin recordar que afuera, no muy lejos, otros duermen en el suelo, debajo de periódicos y cajones, o en colchones incómodos y viejos, con el anhelo de un lecho mullido, y comen lo que otros desprecian y tiran. Es una pena que mentes brillantes hayan inventado la televisión y la ciencia digital, y que la mayor parte de la humanidad -acaudalados y pobres, académicos y analfabetos- las utilice como si se tratara de cajas de resonancia de estupideces, violencia y superficialidades, en las que el mal se normaliza y el bien se aplasta y se ridiculiza. Todo ser humano tiene derecho a enriquecerse, a disfrutar las cosas materiales, a gozar lo mejor de la vida. Lo criticable es cuando la esencia es sepultada y los instintos, la ambición desmedida, el mal y la estulticia coronan a las personas que se sienten triunfadoras. Estamos vacíos. Algo falta. Se perciben innumerables ausencias. Poseemos tantas capacidades, pero la realidad demuestra, lamentablemente, que abundan más las incapacidades. ¿Algún día, en cierta fecha, demostraremos que poseemos mayor capacidad que incapacidad para presentarnos honorablemente con el resplandor del bien, el conocimiento, la justicia, los valores y la libertad? Me atrevo a formular tal interrogante porque volteo atrás, adelante, a los lados, y descubro con asombro que existe mayor cantidad de gente capaz de vivir con mediocridad, desequilibrio, tonterías, irresponsabilidad, proyectos temporales, desdicha, violencia, egoísmo, apariencias, deshonestidad y ambición desmedida, que con armonía, plenitud, alegría, sentimientos nobles, ideales, rectitud y pensamientos auténticos. ¿Cuánto valemos? Lo sabremos en cuando midamos de lo que somos capaces e incapaces ante las pruebas de la vida.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

La diferencia

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

La diferencia entre recibir, desde temprano, el saludo de la alegría o el desdén de la amargura, se basa, simplemente, en abrir la ventana y asomar contentos, agradecer lo bello y lo grandioso de la vida y admirar el encanto del amanecer, percibir los matices y los perfumes de las flores y las plantas y admirar cada detalle del paisaje, o, al contrario, fijar la atención y concentrar los sentidos en el agua pútrida que quedó estancada en las orillas, buscar los abrojos e identificarse con la basura y los escombros dispersos en el camino. Así, cada uno, en masculino o en femenino, en minúsculas o en mayúsculas,construye los minutos y los años de su existencia con materiales completos o rotos, con felicidad o con desencanto, y transita, en consecuencia, hacia sus propios cielos o infiernos.

Derechos reservados conforme a la ley/Copyright

Mujeres de siempre: Anna Waldherr, dama y escritora, abogada y defensora de los pobres

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley

Nuestra sociedad está enamorada de la riqueza y la fama. Idolatramos a los multimillonarios. Mientras tanto, la brecha entre ricos y pobres está creciendo. Pagaremos un alto precio por esta inequidad. El talento se desperdicia a medida que aumenta la inquietud. Los demagogos, dispuestos a explotar la división para sus propios fines, incitan a la violencia. A menudo descartamos las vidas de las llamadas personas comunes. Pero la gente común es la columna vertebral de la sociedad. Ellos pelean las guerras, apagan los incendios, dan personal a los hospitales, construyen las casas, cultivan los campos, manejan las fábricas, transportan las mercancías y mantienen todo. desde las alcantarillas hasta las torres de telefonía celular de las que depende la sociedad …” Anna Waldherr

Hay seres humanos que enfrentan, en alguna etapa de sus existencias, historias, momentos, experiencias y acontecimientos desgarradores que, más tarde, tras sus luchas para no permanecer rotos ni sucumbir tras los barrotes y las celdas de sus fantasmas, y sí, en cambio, superar las adversidades y el daño que alguna vez les causaron manos despiadadas, comparten con valentía, a otros, sus lecciones de vida y así diseñan y alumbran rutas para compartir la alegría, los valores, la dignidad, el bien, la verdad, la plenitud y la libertad.

Se trata de hombres y mujeres que sufrieron pobreza, dolor, soledad, abusos e infortunio, y que, lejos de empequeñecer y quedar atrabados detrás de los muros del miedo, desafiaron a los monstruos y las sombras que se les presentaron y repitieron a una hora, a otra y a muchas más, hasta liberarse de ataduras, recuperar la felicidad y la vida que parecían desvanecer y convertirse en seres grandiosos y ejemplares.

Anna Waldherr es, ante todo, mujer y dama, escritora y abogada, y algo más, uno de esos seres humanos extraordinarios que dan de sí y piensan en los demás, en los que sufren, en los pobres, en la gente maltratada. Irradia amor, sentimientos nobles, y aplica sus conocimientos y su experiencia en la justicia.

Reseña que nació en Manhattan y creció en Bronx, uno de los suburbios más empobrecidos de la ciudad de Nueva York, en Estados Unidos de Noreamérica, en la década de los 50, en el cautivante, grandioso e inolvidable siglo XX. Recuerda que vivía con sus padres en un vecindario de clase trabajadora; pero reconoce, igualmente, que todavía en la actualidad hay zonas, en Bronx, que se encuentran sumergidas en la indigencia.

Envuelta en sus recuerdos y en sus sentimientos, rodeada de sus libros y de sus experiencias, junto a los años que se han consumido, Anna admite que ellos, sus padres, eran inmigrantes, trabajadores y refugiados que se conocieron en un campo de desplazados al concluir, en 1945, la Segunda Guerra Mundial.

Repasa las páginas de su historia, dispersas en los muchos días del ayer, hasta que expresa que sus padres “llegaron a este país -Estados Unidos de Norteamérica- con poco más que la ropa que llevaban puesta. Desafortunadamente, no pudiron terminar su educación debido al conflicto armado” que marcó a la humanidad y destruyó tantas cosas y trajo otras más.

No obstante, sus progenitores trabajaron arduamente y se las ingeniaron para comprar una pequeña casa y adquirir un negocio. Transmitieron a sus hijos “su ética de trabajo, lo cual impulsó mi éxito profesional, igual que el valor otorgado a la educación. Mi padre y mi abuela, en tanto, me transmitieron su fe cristiana”.

Al navegar por las rutas de su memoria, se encuentra a sí misma, con una Anna Waldherr en minúsculas, pequeña, en la primavera de su existencia. Se descubre en la infancia consumida por los días y los años, y habla de lo que para otros, menos fuertes, podría significar quebranto y tristeza, dolor y llanto, malestar e infortunio: “mi padre abusó sexualmente de mí durante toda mi infancia…”

Tras un lapso de silencio, respira profundamente y argumenta: “el abuso sexual terminó en mi adolescencia, etapa demasiado complicada para mí en diversos aspectos, conflicto al que se sumó la ausencia de mis abuelos, cuya presencia en casa, en la vida familiar, “había funcionado como amortiguador. Ya no estaban con nosotros. La ira de mi padre, definitivamente no se contuvo. Aumentó su enojo considerablemente. Nosotros, sus hijos, éramos, en ese momento, lo que se conoce como niños con llave”.

Por lo anterior, Ana Waldherr está convencida de que “los padres y las madres, preocupados y responsables, deben permanecer involucrados en las vidas de sus hijos e informarse acerca de los signos del abuso infantil, cuando desgraciadamente lo hay. Con demasiada frecuencia, los progenitores consienten que sus hijos miren televisión, películas y material en línea, sin supervisión. Los menores acceden a las redes sociales, medio que aprovechan los depredadores sexuales”.

Y agrega la escritora y abogada: “Los niños solitarios son más vulnerables que aquellos que tienen diálogo y relación abierta y permanente con sus padres. Los adolescentes, en tanto, están totalmente expuestos a imágenes sexualmente gráficas e incluso se encuentran en riesgo de intentar la emulación del comportamiento de los adultos”.

Ana Waldherr -la escritora, la mujer, la abogada, el ser humano-, ha acumulado experiencia y conocimiento, y se nota cuando declara que los padres deben elegir con cuidado y responsablemente a los adultos confiables que pueden estar al lado de sus hijos. Y en el caso de las madres solteras, es fundamental que sean más cautelosas. Es prioritario que todo padre y madre permanezcan atentos a las señales de abuso infantil, mantener abiertas las líneas de comunicación con sus hijos, fortalecer la confianza y reaccionar con madurez y sensibilidad si ocurre el acoso o la violación”.

No olvida que, en primer término, las víctimas de abuso infantil deben sentir que no fueron responsables de la violación. Reconoce que con frecuencia, las víctimas sienten culpa y vergüenza persistentes. Es indispensable, en consecuencia, que sepan que no están solos, recomienda.

Denunciante y autora de una diversidad de artículos relacionados con abuso infantil, miseria e injusticias, admite que es común que las víctimas se hayan sentido abandonadas y rechazadas; no obstante, “millones de persomas experimentamos la misma violación, y millones, también, estamos listos para extender una mano amiga. Los sobrevivientes de abuso sexual, generalmente presentan las cicatrices de lo que enfrentaron: ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático, disfunción sexual y una serie de afectaciones preocupantes”.

Con un sentido humano, esta mujer de siempre, manifiesta que “las víctimas de abuso sexual no deben sentirse contaminados ni disminuidos. Son dignos de amor y valiosos a la mirada de Dios. Sus existencias pueden resultar significativas. Uno entiende la ira que sienten por el abuso. La amargura no es una estrategia últil a largo plazo; al contrario, resulta corrosiva para todo ser humano. Esas personas merecen algo mejor”. Recuerda al poeta George Herbert, quien escribió “vivir bien es la mejor venganza”.

La maestría existencial tiene un precio. A veces hay que pagar el costo de la experiencia y del conocimiento, las lecciones por las que uno pasa, y así es ella, Anna Waldherr, una dama, una mujer, un ser humano firme y sensible, dedicada al bien, preocupada por los que sufren, dispuesta a ayudar.

Opina que los otros, “los abusadores, anteponen sus propios deseos egoístas, sus apetitos, a los derechos y a las necesidades de los niños. Y no es de extrañar que amplio porcentaje de tales personas, también hayan sido violadas en algún momento de sus existencias. Evidentemente, esto no significa que los sobrevivientes de abuso sexual estén destinados a convertirse en violadores. De hecho, la mayoría de quienes han sufrido abusos, nunca los cometen”.

Lamenta que los seres humanos tiendan a repetir patrones familiares. “La ausencia de buenos modelos a seguir, exacerba el problema”, asegura la especialista, quien invita a los adultos, una y otra vez, a permanecer en comunicación con sus hijos, establecer canales de diálogo, y ofrecerles toda la confianza.

Y agrega, preocupada y reflexiva: “la motivación de la gente que comete atrocidades e injusticias contra los demás, varía de acuerdo con la clase de maltrato infantil, que lo hay por negligencia, sexual, fisico, emocional. Muchos de quienes enfrentan maltrato físico o emocional, desahogan sus frustraciones y sentimientos de impotencia, lo cual, por cierto, no justifica el abuso. De hecho, existen formas y mecanismos más saludables y apropiados para que los adultos se estabilicen y sanen, en la medida de lo posible, sin que descarguen su ira contra los niños indefensos”.

Autora de dos libros y fundadora de un par de blogs, Anna habla con mortificación de aquellos seres humanos que padecen y opina que “la negligencia puede resultar de narcisismo, depresión severa y/o consumo de drogas. El abuso sexual es otro tema. Algunos abusadores de niños se engañan a sí mismos al manifestar que, simplemente, están instruyendo a un pequeño en el sexo y que la violación a un menor es en realidad un acto amoroso. Nada más lejano de la realidad. Otros más son sádicos sexuales, cuyo placer se centra en destruir la inocencia de un niño”. Todo es aberrante en esa clase de depravados.

Considera que “los depredadores son más que culpables y, en consecuencia, no escaparán a la justicia de Dios, en este mundo o al morir. Esto puede sonar duro, pero creo y respaldo la castración química de los depredadores. La Psiquiatría no ha demostrado una eficacia absoluta en muchos casos. El impacto del abuso sexual en los niños, suele ser devastador y puede durar toda la vida, motivo por el que es fundamental tomar medidas estrictas para evitar que los depredadores sexuales interactúen con los infantes”.

De hecho, la escritora, abogada y defensora recomienda que “a los depredadores sexuales se les impida el empleo con los niños o cerca de ellos, y menos se les debe autorizar vivir próximos a escuelas, centros de cuidado infantil u otros espacios donde se reúnan menores de edad”.

Anna Waldher, mujer con autoridad en los temas que expone, piensa que, “como sociedad, debemos presionar con el objetivo de lograr regulaciones y sanciones más severas contra los abusadores y traficantes. Debemos destinar fondos suficientes a la aplicación de la ley y a los servicios sociales. Es preciso enjuiciar a los abusadores sin diferencia a la riqueza o posición”.

Y dice: “ciertamente, se pueden implementar salvaguardas. Los controles de empleo se deben ejecutar en posibles contrataciones; las puertas de la escuela se pueden mantener cerradas. Los niños pueden recibir instrucción sobre la seguridad corporal y la denuncia de abusos, entre otros temas que refuercen su integridad. El mal, sin embargo, comienza en el alma. Solo si los corazones se vuelven nuevamente hacia Dios, podemos esperar que disminuya el abuso infantil. La resiliencia puede, hasta cierto punto, ser innata. También implica una elección la determinación de seguir adelante, a pesar de los obstáculos. En mi caso, admito que, efectivamente, el amor -especialmente de mi madre, mis abuelos y mi hermana- fue un elemento clave para mí. También recibí esperanza y aliento de los libros”.

Anna Waldherr ama la vida, protege a los débiles y a los que sufren, deja huellas de bien, y así, acaso sin darse cuenta, se transforma en una mujer de siempre, en un ser humano extraordinario, inolvidable y valioso. Sabe que “cada niño es único. El trabajo escolar de la mayoría de los niños sufrirá en la medida que enfrenten abuso o descuido. Algunos, sobresalen en la escuela, a pesar de los abusos”.

Es verdad, asegura la especialista, que “incontables niños abusados, encuentran consuelo en la fantasía, la música, el arte, la naturaleza o los deportes. Algunos son más capaces que otros al compartimentar el abuso y continuar con sus vidas. Infortunadamente, los efectos del abuso, finalmente surgen. En mi expereiencia personal, el asesoramiento fue importante para enfrentar los efectos de una situación tan negativa. Lo recomiendo mucho. Me fue útil lo que llaman desensibilización y reprocesamiento del movimiento ocular. Evidentemente, los antidepresivos son otra opción, pero estos medicamentos tan potentes suelen provocar efectos secundarios negativos. Deben tomarse con precaución y bajo supervición médica”.

Habla. Responde preguntas. Reflexiona. De memoria ágil, explica pausadamente que “escribir es tanto un medio para aclarar mis sentimientos como para expresar mis pensamientos. Siempre me han gustado los libros, por lo que escribir fue algo natural en mí desde una edad temprana. Cuando era niña, disfrutaba escribiendo asignaciones; posteriormente lo hacía en un diario. Como adulto, escribir fue una parte integral de mi trabajo como abogada”.

Agrega: “publiqué dos libros: The Rose Garden – A Daughter’s Story, sobre el abuso que sufrí y mi recuperación, y un evangélico de izquierda sobre la política de la religión y el lugar de la fe en la vida pública. Desafortunadamente, mi editor enfrentó un quebranto y los libros ya no se imprimen. Quería compartir las lecciones de mi abuso con otros sobrevivientes”.

También deseaba expresar mis preocupaciones sobre la pobreza y los asuntos de conciencia. Por esa razón, tengo dos blogs: A Voice Reclaimed -https://avoicereclaimed.com, que trata acerca del abuso, y A Lawyer’s Prayers -https://alawyersprayers.com-, que aborda la religión, la política y los problemas de justicia social. Bloguear me ha dado la oportunidad de conocer a sobrevivientes de abuso en todo el mundo. Son un grupo notable: hombres y mujeres que triunfaron sobre un sufrimiento insoportable cuando eran niños, y que estaban traumatizados en un nivel profundo, pero prevalecieron. Los supervivientes de abusos han tenido éxito en todos los campos de la actividad humana. Un número sorprendente, encuentra una salida a su dolor en la creatividad. Su fuerza y ​​coraje son una inspiración”.

Busca en las profundidades de su memoria, en su historia, en la biografía que le corresponde, en los confines de su alma: “practiqué la abogacía durante 25 años, hasta que mi salud falló. Inicialmente, me convertí en socio de una empresa privada, en un corporativo; luego, gestioné oficinas legales y supervisé litigios en toda la geografía de Estados Unidos de Norteamérica. No obstante, me siento muy orgullosa de haber cofundado una clínica legal gratuita para los pobres. La injusticia me preocupó desde que era niña. Desafortunadamente, encontré que el trabajo, en nombre de los niños maltratados, me volvía a traumatizar, y no pude seguir adelante. En cambio, mi práctica se centró en lesiones personales, incluida la negligencia médica, la responsabilidad por productos y los litigios por agravios tóxicos”.

Es humana, es dama, es mujer. Reconoce que “cada uno de nosotros recibe dones únicos de Dios. Si bien la cultura no siempre ve a hombres y mujeres como iguales, Dios sí. Eso debería animarnos a encontrar oportunidades para usar nuestros dones. Me estoy acercando a los 70 años de edad. En estos días, paso tiempo con familiares y amigos, sirvo a mi iglesia y apoyo un centro local de defensa de los niños. Más que cualquier otra cosa, la felicidad y el bienestar de los seres queridos me hacen dichosa; pero me siento profundamente agradecida cuando algo que he escrito toca o ayuda a un lector”.

Indica que “como cristiana que soy, creo en la Regla de Oro, que debemos tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran. Si todos viviéramos de acuerdo con ese estándar, éste sería un mundo mejor. Sin embargo, solo cuando Cristo regrese, dejará de ser una utopía. Los seres humanos, por supuesto, ocupan las necesidades básicas de la vida: comida, ropa, refugio. Más allá de eso, las cosas materiales no pueden proporcionar una felicidad duradera. Para ser verdaderamente dichosos, los seres humanos necesitan dar sentido a sus vidas. El psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, Viktor Frankl, escribió en Man’s Search for Meaning, que el amor, el trabajo y el sufrimiento pueden dar sentido a la vida. Agregaría fe a esa lista. Hay un vacío con nosotros que solo Dios puede llenar”

“Nuestra sociedad está enamorada de la riqueza y la fama. Idolatramos a los multimillonarios. Mientras tanto, la brecha entre ricos y pobres está creciendo. Pagaremos un alto precio por esta inequidad. El talento se desperdicia a medida que aumenta la inquietud. Los demagogos, dispuestos a explotar la división para sus propios fines, incitan a la violencia. A menudo descartamos las vidas de las llamadas personas comunes. Pero la gente común es la columna vertebral de la sociedad. Ellos pelean las guerras, apagan los incendios, dan personal a los hospitales, construyen las casas, cultivan los campos, manejan las fábricas, transportan las mercancías y mantienen todo, desde las alcantarillas hasta las torres de telefonía celular de las que depende la sociedad. Se necesita una enorme devoción para realizar un trabajo ingrato, año tras año, para alimentar y vestir a una familia. Hay pocos aplausos para ese tipo de sacrificio. Pero Dios reconoce su valor. La Biblia nos dice: así que los postreros serán primeros, y los primeros postreros (Mateo 20:16). Al final, la balanza de la justicia se equilibrará. Hasta entonces, debemos luchar por la justicia y la igualdad en un mundo imperfecto”, concluye la plática.

Anna Waldherr cierra, por el momento, el libro que contiene las páginas de sus reflexiones, su vida entera, con la historia que le ha tocado protagonizar, con lo que ha aprendido y experimentado, y con lo que comparte, principalmente, a favor de los que menos tienen y más sufren. Y eso, sencillamente, es ser grandioso y, por lo mismo, una mujer de siempre.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

  • Agradezco a Anna Waldherr la confianza que ha tenido en mí al autorizarme una entrevista sobre su vida. Es una dama honesta y valerosa que comparte sus experiencias infantiles y aporta consejos, experiencia y conocimientos a favor de quienes han sufrido abuso infantil. Gracias, Anna, por ser quien eres. La humanidad necesita personas como tú, siempre dispuestas a ayudar a los pobres y a los que más sufren. Tienes mi amistad, gratitud, admiración y afecto. Gracias por sr quien eres, una mujer de siempre.

Venimos de un mundo feliz y mágico

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Venimos de un mundo feliz y mágico, un paraíso que alguna vez olvidamos y sepultamos en nuestras profundidades, donde Dios se renueva y disuelve todos los días, si acaso existe el tiempo, en amaneceres y en atardeceres dorados, en mañanas decoradas con flores y en noches ornamentadas con luceros que cuelgan en la pinacoteca celeste, en fragancias y en texturas de delicado y fino encanto. Venimos de fronteras que parecen tan lejanas y, simplemente, se encuentran en nosotros, donde los susurros son prolongados e interminables sigilos enigmáticos y los silencios parecen murmullos sin final. Venimos de algún sitio prodigioso, un lugar cautivante, donde la vida fluye y es inagotable. Venimos, parece, de un resplandor que no se extingue, de un amor que no muere, de una corriente etérea que derrama luz y vida. Venimos de aquí y de allá, de ayer y de mañana, desde profundidades insondables que hoy, confundidos, desechamos y cambiamos por la inmediatez y las cosas que halagan los sentidos por un rato y hacen creer que somos poderosos, que poseemos tanto y que valemos lo que hemos perdido. Venimos de nosotros mismos, de una esencia que naufraga en la desmemoria y a la que es imposible renunciar, desprender de su linaje y abandonar la fuente de su origen, aunque nos empeñemos en malbaratarla. Venimos del bien y del mal, de la vida y de la muerte, de la aurora y del ocaso, donde cada pescador elige aquello que vibra consigo y desea para construir su destino.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Tal vez…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En los desayunos familiares, mi padre solía expresar: “tal vez somos muy ricos y no lo sabemos”, Mis hermanos y yo, en minúsculas, envueltos en capas infantiles, escuchábamos los argumentos, las explicaciones y los conceptos paternos. Años más tarde, mi madre recordaba aquellas palabras: “tal vez somos muy ricos y no lo sabemos”. Ambos tenían razón. Como bien entenderá quien interprete el significado del mensaje, había una enseñanza, una invitación a buscar la felicidad y el sentido real y pleno de nuestras existencias. Éramos más ricos de lo que imaginábamos porque los integrantes de aquella familia, estábamos vivos, teníamos salud, compartíamos un ambiente de amor y valores, disfrutábamos cada momento, aprendíamos y coexistíamos en un medio digno, libre y respetuoso. Aquel encanto, en nuestras vidas, era un acontecer cotidiano y natural al que estábamos acostumbrados y considerábamos una bendición. Ahora, muchos años después, analizo los escenarios local, regional, nacional y mundial, amenazados por contaminación, hambre, coronavirus, guerras, odio, violencia, escasez de agua, deshumanización, crecimiento de la miseria versus la concentración de la riqueza y el poder en un grupo reducido que dicta políticas y estrategias perversas, entre otros elementos, y llego a la conclusión de que mi padre y mi madre, cada uno en su momento, tenían razón al expresar: “tal vez somos muy ricos y no lo sabemos”. Lo fuimos. Era una exhortación al amor, al bien, a los valores, a la realización, a la felicidad. Hoy, entre pedazos de humanidad y trozos de mundo, aún somos ricos porque seguimos con vida y tenemos oportunidad, cada instante, de rescatarnos, comenzar de nuevo y ser extraordinarios como seres humanos. Quizá hemos perdido las cosas materiales, pero aquí estamos, en medio del destino y de la vida, dispuestos a construir biografías auténticas, libres, dignas, dedicadas al bien, dispuestos a hacer de nuestra estancia en el mundo un paseo maravilloso e inolvidable.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright