Un amor fiel

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Eres tú, soy yo, somos nosotros

Un amor fiel es la flor blanca que crece alegre en el jardín, en la campiña, entre las rocas, en las montañas o en las barrancas, donde los abrojos son incapaces de herir la delicadeza de sus pétalos. Es la fragancia de las rosas, los tulipanes y las orquídeas. Un amor fiel es intocable porque se trata del tesoro más bello y sublime que comparten dos, uno más otro, tú y yo, nosotros. Es el mundo y es el cielo. Un amor fiel es la dama, es el caballero, son ambos. Un amor fiel somos nosotros cuando estamos juntos o nos encontramos lejos. Es la aurora y es el ocaso. Un amor fiel es libre y pleno; no se encadena a contratos ni a horarios, y menos a que se le espíe y ofenda con sospechas. Un amor fiel es tan luminoso que aleja a la hiedra y evita las sombras. Es el sueño más hermoso y es la vida. Un amor fiel da la llave a la morada eterna. Es el alma y es la inmortalidad. Un amor fiel, eres tú, soy yo, somos nosotros.

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Al amarte

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La vi de frente, sin atuendos ni máscaras, y quedé asombrado por amar a la niña con quien jugué, en otro ciclo, en el patio del cielo. Supe, entonces, que esta vez fundiríamos nuestras almas en la fragua de Dios para alumbrar y decorar el firmamento 

No necesitaste, para enamorarme de ti, la superficialidad de los atuendos ni la aplicación de maquillajes artificiales; bastó mirarte al natural y de frente, como eres, con el dibujo de tu sonrisa, el destello de tus ojos y tus labios de niña, para llegar hasta tu alma. No ocupaste, para fijarme en ti, carcajadas ni gritos; me cautivaron tu silencio, la sutileza de tu voz, al hablar y reír, y el encanto de tus sentimientos. No requeriste, para atraerme, la posada de una noche; me embelesaron tus detalles de mujer, tu alegría y orgullo de ser femenina, tu estilo tan especial. No utilizaste, para despertar mi admiración, mentiras ni trucos; me fascinaron, desde el principio, tu autenticidad y tu código. No fueron necesarios, para demostrarte mi fidelidad, contratos ni grilletes; a una dama se le entrega el amor más sublime y puro. No hizo falta, para ofrecerte burbujas de alegría, vivencias e ilusiones, entregarte cual mercancía; un caballero da su amor a una mujer extraordinaria y se siente dichoso cuando ella es feliz y se desenvuelve libre y plena. Al amarte, supe que Dios me entregó una joya, y un tesoro, musa mía, se conserva siempre con el más dulce, puro y fiel encanto.

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Secreto de un amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

De nadie podría ser amante de la pluma porque sólo tengo una musa, y eres tú. Compartimos un gran secreto

El secreto de este amor consiste en despertar y dormir enamorado de ti, como si cada día fuera el primero y el único para abrazarte y sentir los latidos de nuestros corazones, besar tus labios y llevar conmigo tu sabor, mirar tus ojos y descubrirnos juntos, tomar tus manos, impregnar tu fragancia y percibirte a mi lado. Es sentirte conmigo, ser fiel y pensar en ti, aunque en ese momento cada uno permanezca ocupado en sus tareas. Es llegar a tu encuentro con la misma emoción, alegría e ilusión del día en que te declaré mi amor. Es cerrar la puerta a la rutina, el enojo, la infidelidad, el resentimiento y las dudas. Es decorar tu existencia con detalles, procurar tu alegría, reír contigo y limpiar tus lágrimas y retirar las piedras del camino si es preciso. Es admirarte y respetarte. Es convertir tu felicidad en la mía. Es construir escalones, caminos y puentes con la intención de conectar al mundo con el cielo para así compartir una historia sin final. Es diseñar esferas con sueños e ilusiones, pero también liberarlos con el objetivo de transformarlos en vivencias, realidades, anécdotas. Es acompañarnos siempre. Es hacer de nuestros días jornadas maravillosas e inolvidables, y del destino que anhelamos un sueño conquistable. Es nacer cada instante. Es darse cuenta de que aunque mi vida podría continuar sin ti, siempre te dibujaría e inventaría porque ya formas parte del pulso de mi ser. El secreto de este amor consiste en que eres mi musa y yo, en tanto, tu amante de la pluma, fórmula que sólo tú y yo entendemos y sentimos.

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Reservo los colores, la risa y los juegos…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…Y si un día, ya en la ancianidad, te pregunto una y otra vez si ya te dije que te amo, no lo haré porque me sienta acosado por la carga y demencia de los años, ni tampoco por la inseguridad que experimentan quienes dudan de la fidelidad de una dama; será, creo yo, porque los sentimientos desafían abismos y fronteras al confesar secretos al oído…

Tu sonrisa es la alegría de mis años. La he invitado a ser mi huésped permanente para que me acompañe hoy y durante mis días de ancianidad. Me ofrece matices para deslizar los pinceles sobre mi rostro y pintar armonía y felicidad, sueños y realidades, esperanzas e ilusiones, promesas y suspiros.

El color de tu mirada de espejo forma parte de mi paleta de artista porque con tus ojos también me descubro, miro al mundo y contemplo el cosmos y la eternidad, o atrapo imágenes de noches románticas de lluvia o de estrellas en el firmamento, el brillo de las luciérnagas, la profundidad del océano y la intensidad del cielo.

Atesoro tu voz porque la reencuentro al escuchar los rumores de las cascadas, el trinar de las aves, el concierto del mar, los gritos de la vida y del universo, el lenguaje del aire al volar sobre las montañas y las palabras de los ángeles.

Me encantan tus besos porque me transmiten el sabor de tu alma, la dulzura del amor que me entregas, el encanto de tus sentimientos y la pureza de una existencia consagrada a bordar detalles y tejer la senda a nuestra morada.

Obtengo de tu esencia las fragancias de mi vida. Percibo el encanto de tu perfume en las orquídeas, los tulipanes y las rosas. Detecto tu bálsamo en el rocío, en el embeleso de una mañana primaveral, en el ambiente de una tarde de lluvia, en las hojas que el viento arranca de los árboles y acumula en alfombras doradas y quebradizas, en los copos de un día o una noche invernal. El aroma del mundo, al mezclarse con el efluvio del cielo, me recuerda el aroma de tu ser.

Ahora que eres cristal y lluvia, reconstruyo y evoco tu lozanía primaveral, cuando atravesabas puentes, corrías por la llanura, reías con la inocencia de una niña y arrancabas flores minúsculas y dientes de león como para enviarme, a través del tiempo, sus filamentos y perfumes cargados de amor.

No es que me apodere de los minutos que el reloj cuenta impaciente; es que se trata de instantes que coinciden en nuestra historia, momentos que compartimos, segundos que Dios derrama sobre nosotros para experimentar los sentimientos que nos unen y vivir el sueño y la ilusión de un gran amor.

Guardo en mi memoria el recuerdo de las vivencias, los juegos, las risas, el tiempo juntos, los paseos, la convivencia y nuestra historia. Son nuestros. Siempre me recuerdan la emoción, alegría e ilusión del amor que siento por ti. Impiden que alguien más ocupe el sitio de quien es yo.

Extiendo mis brazos este verano y los que siguen, con la promesa y garantía de que durante el viento otoñal y las ráfagas de invierno no te soltaré porque a alguien especial y sublime se le ama no por la belleza y lozanía de un ciclo transitorio, sino por su resplandor interno, por los tesoros de su alma, por la ruta que sigue, por ser quien es.

La locura de un amor no surge por un saludo casual, una coincidencia o un encuentro fugaz y placentero, ni tampoco por la obsesión de encadenar una mano, el latido de un corazón y el vuelo libre y pleno de la otra parte de uno, y menos por confinarlo en un documento o un coctel social; es un delirio que expresan dos almas al compartir y protagonizar una historia sublime, maravillosa e inolvidable, como esas que Dios suele escribir y regalar a quienes consiente tanto.

Imagino, y así te lo prometo, que mañana, cuando el invierno talle su lenguaje en mí y en tu rostro, en el tono de tu voz, en tu cabello, habré guardado en el armario de mi ser los colores de la alegría y los juegos que me regalaste, el arrullo de los sueños e ilusiones que bordamos, la emoción de las vivencias que protagonizamos, la compañía y fidelidad que únicamente experimentamos quienes desbordamos nuestro amor en un delirio, en un encanto, en un destino.

No sé si el tiempo, en el mundo, me alcance para compartir y disfrutar tu ancianidad; pero debes saber que mis manos te pertenecerán, mis ojos se fusionarán con los tuyos y mis brazos calentarán tu lecho y tus horas.

Ahora entiendo la razón por la que el amor no muere cuando es tan auténtico, fiel y puro. El invierno y la noche son insuficientes para ahuyentarlo o debilitar su intensidad. Los años, respaldados por una historia grandiosa, son basamentos y columnas que lo sostienen porque al dejar atrás la lozanía juvenil, los reflejos de la aurora, se presentan las pruebas que miden su autenticidad. Yo quiero, en mis días postreros, consentirte, llenar tus momentos de detalles y preguntarte una y otra vez, aunque pienses que la mía es demencia de viejo, si ya te dije que te amo tanto.

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