Y así se me fue la vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y así se me fue la vida, coleccionando alegrías y sonrisas, limpiando la alacena y las cornisas, remendando tristezas y dolores, en el desván y en la azotea, cerca de la chimenea y afuera, zurciendo ilusiones rotas, hilvanando sueños bellos y mirando el paso de auroras y ocasos. Y así se fugaron mis días, entre un suspiro y otros más, acaso sin darme cuenta de que las manecillas deslizaban silenciosas en el rosto numerado de las horas y se columpiaban despreocupadas y risueñas en el péndulo. Y así se desvanecieron mis tiempos, protagonizando mi historia, con mi esencia y en mi arcilla, al lado de gente muy amada, con nombres y apellidos, igual que yo, solo de paso por el mundo, probándose en las novelas de sus existencias. Y así se marcharon mis años, en mis tareas y en mis ocios, en mis fatigas y en mis descansos, en escalar y en descender, en gozar y en sufrir, en nacer y en morir. Y así se agotó mi paseo, en un lado y en otro, afuera y adentro, en las cumbres y en los abismos, en la esclavitud y en la libertad, en los detalles y en la construcción de algo grandioso y sublime, y en esas cosas intrascendentes que, acumuladas, suman y multiplican edades y restan y dividen la vida. Y así se me escapó la existencia, como un árbol en el bosque, acompañado de sus retoños, que florece y se deshoja cada momento. Y así huyó aquella época de mi vida, entre una actuación y otra, con mis sigilos y soledades canoras, unas veces con mis rasgos y apariencias de barro y otras, en tanto, con el resplandor de mi ser interno, sin omitir los encantos y desencantos del camino, mis encuentros y desencuentros. Y así continúan los minutos en su tránsito implacable, aliados y cimientos de las horas y los meses, acumulándose y desmoronándose con los maquillajes y la desnudez humana, mientras yo me aproximo, cada día, a la estación postrera, en ocasiones dejando huellas y otras, en cambio, en la desmemoria de mi paso. Y así se me fue y se va mi vida -oh, mi vida tan querida-, con lo bueno y lo malo, midiéndome en cada prueba, entre la oportunidad de elegir el bien o el mal, abrir el portón a algo mayor y prodigioso o cerrarlo y perecer. Y si hoy escapan los instantes, una mañana o una tarde, una noche o una madrugada, no lo sé -conservo la dicha de desconocer la fecha de mi despedida-, mi aliento será, quizá, prófugo de mí y trataré de alcanzarlo con el anhelo de todavía no dormir. Y así se va la vida, con la sensación de que aún no completo mi encomienda, con la idea de que faltan muchos abrazos, detalles y palabras que regalen bien, sentimientos y trozos de paraíso, y rompan los desamores y fracasos. Y así camino al final del viaje, hacia los últimos años de la jornada, con un ayer, en primavera, muy intenso, mágico e inolvidable, una estancia plena en un verano inagotable, y mi futuro paso al otoño y al invierno, en la frontera entre la finitud, el barro, y el infinito, la esencia luminosa.

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No hay final

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Contigo inicia mi mañana y mi noche, mi sueño y mi vida, mi mundo y mi cielo, mi tú y mi yo…

No hay final. Un día o alguna noche, a cierta hora, inicia la historia, y uno ya es tú y yo, tu nombre y el mío, nosotros, nuestra esencia en un rostro y en otro que es el mismo en el espejo de la existencia. No hay frontera porque cada palabra es viento y poema, y un beso, una mirada y un abrazo insinúan el sabor, los colores y el perfume del cielo. En una historia de amor fiel y prodigioso, como la nuestra, no hay hora postrera porque la vida empieza cada instante. El final no existe porque entre tú y yo hay una eternidad.

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