Emociones y motivos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Para ti, con la promesa de la locura de un amor sin final

Me gusta que en las mañanas, al despertar, encuentres en tu almohada una flor blanca o fucsia, como las que te encantan y sueñas cada noche mientras te arrullo, para que sepas que estuve a tu lado y que nunca te olvido. Me fascina dispersar pétalos de textura deliciosa para que al andar descalza, sientas mis caricias. Me emociona admirar a tu lado el celaje nublado y pintar sueños, promesas e ilusiones que se transforman en realidad al deslizar las gotas de lluvia en nuestros rostros y piel. Me interesa construir puentes de cristal para diluir contigo las horas y los días más románticos del reloj y el calendario. Me enternece que al abrir el ventanal de tu habitación, el viento suave te envuelva, desordene tu cabello y te entregue mis abrazos y la fragancia de mi perfume; me alegra que al contemplarte en el espejo, definas mi rostro y mi silueta junto a ti porque significa, entonces, que compartimos una historia; me enamoran tus detalles, tu sonrisa y tus bromas de niña tierna, quizá por indicarme que te hago feliz, que te sientes ilusionada y que estás viva. Me deleitan tus rasgos femeninos, tu figura de dama, con todo lo que vales. Me cautiva tu mirada de ensueño, tal vez por la belleza de tus ojos, quizá por ser paso al cielo, acaso por reconocerme en tu reflejo. Me embelesas y siento emoción, dicha e ilusión al expresarte mi amor y admiración, igual que la primera vez. También me conmueve llamarte mirada de cielo, nombre de ángel, ojos de espejo, musa, primera flor y detalle de mujer. Me fortalece bromear y jugar contigo, probar tu sabor en un beso tierno, reír y protagonizar capítulos incontables, porque quiere decir que desconocemos el aburrimiento, la cotidianidad y la rutina. Me agrada que ambos coincidamos en el mundo, los sueños y el cielo, siempre con algo diferente y la promesa de un amor inagotable, con detalles cotidianos. Me gusta que siempre hay un motivo para ser felices con la locura de este amor que siento en ti y en mí. Me sorprende que Dios pinte arcoíris, bancas, jardines y luceros en nuestro sendero, como si le complaciera acompañarnos. Con tantas burbujas pletóricas de emociones y motivos, ¿no acaso el amor engrandece, es fiel y no se aburre?

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