Hoy llevo conmigo, en un morral, el abecedario

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hoy llevo conmigo, en un morral, el abecedario, con sus letras en mayúsculas y en minúsculas, con el objetivo de dispersar palabras que alivien el desamor y la soledad, el miedo y la tristeza. Quiero hilvanar sonrisas, tejer sentimientos, coser abrazos. Mi deseo consiste en fabricar ideas, un oasis en la inmensidad del desierto, para descanso y refugio de los caminantes que sientan fatiga. Anhelo diseñar rutas, tender puentes, trazar senderos, porque la felicidad y la plenitud se construyen diariamente, cada momento, entre una aurora y un ocaso. Regalo letras, entrego palabras, comparto poemas, derrocho textos, porque sé que curan desamores y congojas, soledades y tristezas, odios y crueldades. He buscado un lenguaje parecido a las caricias del viento, a los susurros de la lluvia, a los rumores del cielo. Un idioma que entiendan todos, pletórico de significados de amor y sentimientos nobles, alejado del mal y cercano al bien, que abrace y vuelva hermanos a quienes lean y escuchen los mensajes. Sé que por cada letra que cultive, germinarán palabras, sentimientos e ideas con fragancias de plantas y colores y texturas de flores. Hoy llevo conmigo, en un morral, la dulzura de un abecedario, el encanto de las palabras que alguien me dictó anoche, mientras dormía.

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Con estas letras, con estas flores…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Con estas letras, compenso las horas y los días de ausencia, y con las flores que hoy te regalo, envueltas en burbujas de cristal, te entrego mi vida entera, pintada de colores e impregnada de perfumes, para que me sientas contigo y sepas que nunca renunciaré a ti. Estás presente en mis sueños, en mi vida, en mis ilusiones, en mis locuras. Con estas palabras que hoy escribo, retorno de mis ausencias recurrentes, de mi existencia tan rara, de las estaciones desoladas y distantes, de los viajes a mis profundidades. Vengo de mis delirios por ti, por tu mirada, por tus alegrías y tu risa, por tus ocurrencias y tus enojos, por ser tú tan mí y yo poseer tanto de ti. Escribo mi amor. Mis sentimientos son palabras que trazo, enamoradas entre sí, para que se atraigan y te encanten. Siéntelas en el alma y percibe los latidos de tu corazón, como los de los enamorados cuando miran la luna plateada y se mecen todas las noches en su sonrisa de columpio. Con estas letras, con estas flores, estoy contigo, enamorado de ti, en un delirio que cualquiera piensa termina en el horizonte, cuando el cielo dorado besa al mar y lo incendia de tonos mágicos, acaso sin sospechar que la imagen se replica en el infinito porque el amor es un poema que nunca muere.

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Búscala

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El viento dijo: “si la amas, impregna tus palabras en el ambiente, y se las llevaré envueltas en mis ráfagas”. Él creyó en el aire y expresó el delirio de su amor. La llovizna lo abrazó y lo invitó: “si la extrañas tanto, deposita en cada gota un deseo, un instante, un motivo, un detalle, y yo, a cualquier hora, derramaré el agua con tu perfume”. Él aceptó con la esperanza de que ella, al percibir su fragancia, emocionara y asomara a la ventana con la mirada y la sonrisa que solo dibujan el enamoramiento y la ilusión. El arcoíris se aproximó a él y le ofreció llegar hasta ella con la idea de pintar sus días de alegría. El frío, igualmente, llegó y prometió cubrir el paisaje de nieve para que él la abrazara siempre. Llegó la vida hasta la morada de él y advirtió: “no pierdas los días en posibilidades. Actúa. Protagoniza una historia cautivante, maravillosa e inolvidable. Búscala y demuéstrale lo tanto que la amas. Un día pueden encantarle un guiño y una sonrisa; otro, en cambio, quizá le sorprenda la belleza y la fragancia de una flor; uno más, tal vez, le guste que la cargues y gires dichoso y feliz con ella en los brazos; alguno, probablemente, le fascine caminar a tu lado, en el parque o no sé dónde, y beber contigo un café, acaso derramarlo accidentalmente y reír, hasta recibir una servilleta de papel con el dibujo de una flor y su nombre unido al tuyo. No esperes a que las historias ocurran y te excluyan o te destinen papeles secundarios. Invéntalas y vívelas. Los días de la existencia son un milagro y están compuestos de detalles. Sorpréndela con el prodigio del amor”. La vida se retiró y él, reflexivo y silencioso, comprendió que los días y los años son tan cortos que apenas alcanzan, en el amor, para dar lo mejor de sí y crear el más bello y prodigioso de los cielos. Entendió que los minutos y los años de la existencia son trozos de paraíso y de infierno, y que cada instante, uno elige ser intensamente feliz o cargar voluntariamente una losa compuesta de desdicha. Y fue por ella para entregarle su más profundo amor.

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Cuando se va un amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, que eres tan especial en mi vida... simplemente, la otra parte de mí

Cuando se va un amor, el alma queda desierta, ausente de sí, en alguna estación abandonada y vieja. Cuando se va un amor, de pronto la luna se vuelve real y pierde el encanto de su sonrisa de columpio. Cuando se va un amor, las lágrimas duelen y se convierten en tempestad interminable que envía al naufragio y, finalmente, ahoga. Cuando se va un amor, y era tan querido, ninguno otro lo suplanta. Cuando se va un amor, quedan las evocaciones, el desconsuelo y la melancolía. Cuando se va un amor, los pétalos de las rosas marchitan prematuramente y el perfume de las flores se disuelve irremediablemente, hasta que es imposible vivir y soñar en el diseño y la creación de un bouquet traído de los jardines del paraíso. Cuando se va un amor, las imágenes, las remembranzas y las cosas que fueron de uno y otro, envejecen y agonizan. Cuando se va un amor, se acabó una historia y todo entristece. Cuando se va un amor, las espigas del trigo pierden el dorado al alumbrarlas el sol y los amaneceres ya no ofrecen colores ni porvenir. Cuando se va un amor, las letras y las palabras, construidas diariamente en la libreta, se desmoronan, pierden sus colores inconfundibles y es imposible armar otros poemas. Cuando se va un amor, uno se siente enclaustrado y solo, triste y muerto, en el hogar que construyó con ilusión y estaba reservado a alguien especial. Cuando se va un amor, el caminante descubre que a los lados y adelante ya no hay huellas paralelas y que los senderos permanecen solos y yertos. Cuando se va un amor, la mirada se apaga y resulta imposible contabilizar las estrellas, poner nombres a los árboles y abrazar a alguien, girar y caer al pasto sonrientes y dichosos. Cuando se va un amor, las páginas quedan en blanco, el pentagrama aparece desolado y los pinceles son incapaces de deslizar e impregnar la policromía en el lienzo. Cuando se va un amor, se siente la ausencia del tú y el yo, asoma la muerte y los días pierden sentido. Cuando se va un amor, alguien, a la distancia, ya lleva mucho de uno. Cuando se va un amor, un amor que era real, se pierde la entrada al cielo. Cuando se va un amor, los ojos se nublan, la voz se apaga y el corazón no late más. Cuando se va un amor, los sueños y las ilusiones caen inevitablemente, igual que los árboles en otoño que miran a la hoja postrera en su fatal caída… por eso, nunca te alejes de mí ni dejes de latir en mi corazón, en mi vida, en mi memoria y en mis sentimientos. Te amo en pretérito, en presente y en futuro, en este mundo, en otros más y en paraísos insospechados.

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Hoy, las flores amanecieron más contentas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hoy, las flores amanecieron más contentas y sus colores parecen menos tristes que ayer. Platiqué con las orquídeas, los tulipanes, las gerberas y las rosas, en el jardín, con la idea de compartirles un secreto que mis letras, cuando en las noches las acaricio y convierto en arte, conocen desde hace tiempo. Entienden que un día y muchos más, a cierta hora, he prometido cubrir tu existencia con sus pétalos fragantes y de intensa policromía. Ya saben, a partir de esta mañana, que deseo que su textura fina sea alfombra en los caminos que recorras. También invité a los claveles, dalias, lirios, margaritas, narcisos, hortensias y crisantemos, y lo mejor de todo es que aceptaron destilar sus aromas, plasmar sus matices y dispersar sus pétalos en alegrías y detalles, en pedazos de cielo e ilusiones, en realidades y sueños, en un día feliz y tantos más plenos e inolvidables. Hoy, las flores del jardín y de los bosques, forman parte de la historia que tú y yo protagonizamos cada día. Prometieron, y sé que cumplirán, perfumar tus días, maquillarlos con los colores que traen en su memoria y recuerdan paraísos bellos y prodigiosos. Y a las flores se sumaron, también, las gotas de lluvia, las ráfagas de aire y las hojas de los árboles. Hoy, con ayuda de la naturaleza, he firmado un pacto y ya tengo, por lo mismo, el poema más cautivante y hermoso, el lienzo sublime, el concierto magistral, el cielo y el mundo, las nubes y el mar, mis letras y tu mirada. Hoy, mis letras ya no permanecerán solitarias en las páginas desiertas de mi libreta. Tendrán la compañía de la lluvia que desliza en tu rostro, en tus manos, en tu piel; del viento que juega, incesante, con tu cabello; del sol que alumbra tu mirada de niña bonita; de la luna, con su sonrisa de columpio, que te invita a mecerte conmigo todas las noches; de las estrellas que se cuentan por millones y quieren alumbrar tu camino al paraíso; de los copos de nieve que se extienden en el bosque, en los parques, con el objetivo de que patines y cumplas tu anhelo de la infancia; de las flores que desprenderán sus pétalos con la intención de regalarte cada día la belleza e inocencia de sus colores, el deleite de sus perfumes y la delicadeza de su textura, hasta unirse a los rumores y silencios de nuestras almas al abrazarnos, en detalles, en sueños que ilusionan y realidades que emocionan. Hoy, simplemente, es lo que te ofrezco.

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La cita

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Quiero una cita, en sueños y en mi vida de día y de noche, en primavera y en verano, en otoño y en invierno, con la idea de asomar a tu mirada y descubrirme enamorado de ti, como la primera vez que te vi, arrobado, al coincidir en el sendero. Anhelo un encuentro contigo, de esos que se dan todos los días, en alguna ruta, con una flor, un abrazo y una sonrisa, con lo que llaman detalles cuando regalamos los pétalos y, al cabo de los días y los años, forman ramilletes, jardines y paraísos. Deseo mirar tu nombre y el mío anotados, simplemente, en los días de todos los calendarios, en la libreta del amor, en la memoria de la vida, en la agenda de Dios.

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¿Y si hoy cambiamos el mundo?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

¿Y si hoy cambiamos el mundo? ¿Y si, al amanecer, sonreímos amablemente y saludamos a la gente que coincida en nuestros caminos? ¿Y si al despertar, sentir las caricias de la vida y percibir las fragancias de la naturaleza, agradecemos un día más y, contagiados de alegría y emoción, plantamos un árbol, sembramos plantas y admiramos la policromía de las flores? ¿Y si retornamos a la inocencia perdida? ¿Y si abrimos paréntesis con la idea de dar lo mejor de nosotros a quienes más lo necesitan? ¿Y si entendemos que la riqueza material, encadenada y presa tras barrotes y celdas, es pútrida si carece de proyecto humanitario? ¿Y si aprendemos que los sentimientos, las cosas, las palabras, los pensamientos y las acciones no solo son de uno, sino para el bien que se pueda hacer a los demás? ¿Y si llegamos a la orilla, al final del camino, no con los dedos de las manos repletos de anillos de brillantes y oro, sino desgarrados por haber salvado a otros de morir en el fango, rescatar a aquellos que estaban atorados en pantanos y alumbrar a los que permanecían extraviados en parajes oscuros? ¿Y si multiplicamos las tareas nobles? ¿Y si somos buenos? ¿Y si sepultamos la envidia, el odio, la soberbia, el miedo, la falsedad, el enojo, la ambición desmedida, el mal y las superficialidades? ¿Y si rescatamos la verdad, el bien y la justicia? ¿Y si nos atrevemos a volar libres y plenos? ¿Y si, por fin, reconocemos que el principio de la inmortalidad se encuentra en nosotros y en la luz que irradiemos y no en la oscuridad que proyectemos?

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El sí y el no

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

¿Y si el concierto de las aves y los susurros del aire son fragmentos de las notas de Dios? ¿Y si todo es signo de una partitura magistral y, en consecuencia, es voz de la misma sinfonía? ¿Y si las palabras escritas y pronunciadas, a cierta hora, son ecos de música, pedazos de matices, trozos de formas? ¿Y si tu voz y la mía pertenecen al lenguaje de otros? ¿Y si las flores, las cortezas enlamadas y las frondas de los árboles, al reflejarlas los lagos y las represas, parecen lienzo raptado del mismo paraíso? ¿Y si los seres humanos solo se disgregaron y su familia son las plantas, los animales, los abetos, las orquídeas, los tulipanes? ¿Y si los pétalos y las espinas se complementan y también se integran a la piel, a las escamas, a las texturas? ¿Y si los rumores son silencios y los sigilos, en tanto, susurros interminables? ¿Y si el océano y las tormentas tienen parentesco con la pinacoteca celeste? ¿Y si la finitud únicamente es rostro desprendido de la eternidad? ¿Y si los sueños son la otra parte de la vida? ¿Y si existen mundos paralelos en los que, nosotros, somos buenos y malos? ¿Y si el bien es la luz, el agua diáfana, las gotas que brotan de la fuente inagotable, y el mal, en cambio, es oscuridad y mezcla de líquido estancado con tierra? ¿Y si los niños, adolescentes y jóvenes son las personas maduras que transitan por el mundo y los ancianos que reposan en sus asientos de remembranzas? ¿Y si el titiritero de la humanidad es cada persona? ¿Y si las mujeres traen consigo la receta de los hombres, y ellos, en cambio, poseen las fórmulas de ellas? ¿Y si los colores son fragancias y sabores? ¿Y si el sí y el no de la vida nadan en la misma corriente? ¿Y si alguien pertenece a cierta familia, a un grupo evolutivo, y, a la vez, a una generación y a todas las que han transitado y vienen? ¿Y si la piedra, el mineral y la arena se encuentran dispersas, en sus ambientes, y sienten el paso de la lluvia, el viento, la nieve, el calor y el frío? ¿Y si el día no se manifiesta sin la presencia anticipada de la noche? ¿Y si la enfermedad, la muerte, el odio, la tristeza y el mal son ruinas y sombras, exclusivamente, de la salud, la vida, el amor, la alegría y el bien? ¿Y si el mundo y otros planos se desprendieron de un cielo infinito? ¿Y si la muerte y la vida se parecen tanto y solo se trata de un viaje previo a la inmortalidad? ¿Y si la arcilla resulta animada por la esencia y el alma, a la vez, es destello de Dios? ¿Y si solamente es preciso escuchar los murmullos y sigilos que provienen del interior y conciliarlos con los apuntes de Dios para ser uno con el todo y ya no sufrir ni morir tantas veces y sí, en cambio, disfrutar la corriente etérea que fluye? ¿Y si en vez de pisar charcos con reflejos, decidimos sumergirnos en las profundidades del ser y descubrir las riquezas inconmensurables? ¿Y si de pronto, al unir las piezas, cada uno descubrimos que somos algo más que seres humanos?

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¿Estamos preparados?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

He mirado a aquellos que una mañana, una tarde o una noche lloran tristes y desconsolados ante un ataúd, acaso por el amor y la nostalgia que experimentan al reconocer y sentir la ausencia de quienes han partido a otras fronteras; pero también he observado, a hurtadillas y con pesar, a los que derraman lágrimas y se sienten rasgados por el dolor que proviene del arrepentimiento, la indiferencia, el rencor, el olvido y los remordimientos, con un “te amo”, “perdóname”, “gracias por todo”, que no fue pronunciado con oportunidad por la ceguera de la altivez, los sentimientos negativos, el descuido y la superficialidad. Los primeros, alivian su dolor y tristeza porque se sienten libres de los barrotes y las celdas que imponen el odio, el rechazo y el remordimiento. Los segundos, en tanto, aunque lo rehúsen, permanecen encadenados a su incapacidad de no haber demostrado amor, interés, respeto y atención a los que transitaron a otros planos. Me pregunto, ¿estamos preparados, espiritual y mentalmente, para despedir a quienes de improviso pasan por la transición, con el dulce recuerdo de las luces y sombras compartidas, o seremos iguales a aquellos que, al morir alguien, miran con congoja que forman parte de grilletes que los encadenarán y martirizarán toda la vida? ¿Somos de los que regalamos detalles a la gente, cuando vive, o de aquellos que movidos por el desconsuelo y el arrepentimiento llevan flores que se marchitan en el olvido y la frialdad de un sepulcro?

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Con las flores y las gotas que recolecto en mi mochila y en mi canasto de artista

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La flor que una mañana, en su cielo, Dios pintó con los matices de su paleta de artista y perfumó antes de plantarla y regar sus hojas, sus raíces y su tallo, asoma un día cualquiera, en el jardín, a la hora que recolecto gladiolas, orquídeas, tulipanes y rosas en mi canasta de escritor, en mi mochila de poeta, con la idea de armar letras con los pétalos y formar palabras dulces. Así es como fabrico los poemas que un minuto y otros más, en cierta fecha -hoy y siempre-, me inspiras. La corriente que serpentea el paisaje abrupto y refleja el cielo y las frondas de los árboles, hasta navegar tonos azulados y verdosos sobre su piel de agua, me regala sus faenas y sus pausas, sus murmullos y sus sigilos, en un acto de correspondencia con la vida, con la naturaleza, para que mis poemas, al entregártelos, te salpiquen gotas diáfanas y comprendas y descubras que el amor se siente y que existen otros paraísos en uno. El viento que sopla y llega de rincones lejanos, de mundos insospechados, lleva consigo, en sus alas etéreas, incontables mensajes, los que te escribo cada momento, cuando pienso en ti y te siento en mí. Los colores de primavera, los perfumes de verano, la música del otoño y los rumores y silencios del invierno, se presentan en mi tintero, en mi libreta de apuntes, en mi pentagrama, en mi lienzo, con el objetivo de fundirse y acompañarme durante mis horas de creación, los instantes de magia e inspiración, cuando la locura de este amor se apodera de mí y escribo para ti. Salto las cercas del paraíso, frente a la casa de Dios, y desprendo pedazos de cielo, ecos y reflejos del infinito, con la intención de que sepas, al recibirlos, que existen un lugar y una inmortalidad para nosotros -los de ayer, los de entonces, los de hoy, los de mañana, los de siempre-, con un tú y un yo muy nuestros.

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