Un poema

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La musa inspira al artista, pero si éste la busca en el éter, en el cielo, en el mar, en el mundo, en los sueños, en la vida, en el todo y la nada, para enamorarse de ella y entregarle sus obras, innegablemente descubre y siente el amor que trasciende las fronteras del espacio y las murallas del tiempo, detiene las manecillas del reloj y se abren las compuertas del infinito con la alegría e ilusión que sólo conocen aquellos que atraen la mirada de Dios 

Un poema, cuando es de amor, se escribe con los sentimientos, con los teclados y las octavas del universo, con la pasión del arte que desmorona fronteras y abre caminos. Un poema, cuando es de amor, se diseña y construye una noche estrellada y silenciosa, entre papeles, retratos y velas consumidas por las flamas de las horas, o una madrugada desolada y de tempestad, cuando la gente duerme arrullada. Un poema, cuando es de amor, se compone una mañana, cerca de las gotas del rocío que deslizan suavemente en los pétalos de exquisita fragancia y textura, o una tarde en alguna banca, junto a los rumores de la fuente y las frondas acariciadas por el viento otoñal, en un paisaje alfombrado de hojas amarillas, doradas, naranjas y rojizas que crujen ante los pasos del caminante y los enamorados. Un poema, cuando es de amor, se plasma en cualquier parte porque es una joya que brota del alma, que viene del cielo y que va a los sentimientos. Un poema, cuando es de amor, no se dedica a cualquiera porque tiene destinatario, y no importa que un día quede atrapado entre las hojas de un libro o en el baúl de recuerdos, porque siempre será constancia de una historia mutua, de una unión inolvidable, de un encuentro, un rumbo y un destino. Un poema, cuando es de amor, poda las tristezas, tala las sombras y sesga cualquier dolor, porque presenta, por sencillo que sea, un jardín de belleza incomparable. Un poema, cuando es de amor, es inspirado por alguien, por una musa, y no tiene precio por tratarse de una perla que forma parte del collar que lleva a fronteras y parajes inagotables. Un poema, cuando es de amor, no se entrega a cambio de una noche cualquiera, en una posada, para más tarde seguir la caminata en busca de otra estación, porque se escribe inspirado por los sentimientos más excelsos, por el palpitar que sólo experimentan aquellos que tienen la dicha de enamorarse fielmente. Un poema, cuando es de amor, lo escribo para ti con la idea de abrazarnos prolongadamente y en silencio, leerlo suavemente y sentir la brisa del cielo, escuchar las voces del universo, percibir el palpitar de la vida y sabernos felices. Un poema, cuando es de amor, lo escribo para ti con el enamoramiento, la alegría y la ilusión de cada instante. Un poema, cuando es de amor, está dedicado e inspirado en ti.

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Trozos de vida… Reflejos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, con la alegría e ilusión de quien comparte a tu lado la más bella historia de amor

Me gusta caminar durante las noches, cuando llovizna, quizá porque al transitar por las calles y avenidas céntricas, envuelto en mi abrigo, repaso nuestras horas de ensueño y miro a hurtadillas, como hoy, el cristal de un aparador que reflejó las siluetas de dos enamorados sonrientes, abrazados o de la mano, que asomaron y se diluyeron entre los claroscuros de la tienda que exhibe maniquíes con ropa, fantasías e ilusiones de colores. Coincido, adelante, con el charco que se formó en las baldosas de la plaza, donde contemplamos, horas antes, nuestras caras de niños juguetones y traviesos. Me parece que al regresar a la plazuela con bancas y árboles, descubro en el charco las imágenes disueltas de lo que pronto se convirtió en ayer, con la agradable sensación de que alguna vez nos vimos retratados y compartimos instantes pasajeros. Al caminar, más tarde, por el callejón donde los faroles de luz ámbar alumbran las casonas somnolientas de piedra, topo con la fuente de incansable rumor que retrata la luna y las estrellas, y horas antes, cual fotografía fugaz e inolvidable, a ti y a mí, nuestros rostros iluminados por la alegría, el enamoramiento y el sol de las horas vespertinas. En todo reflejo te descubro conmigo, me observo contigo, y sonrío al imaginarnos juntos, como siempre, con la ilusión del amor más bello y sublime. Los reflejos me recuerdan que existe una historia compartida y que uno, al andar por el mundo, deja ecos de su alegría o desdicha, y tú y yo, musa mía, tenemos la fortuna de que las imágenes son sólo eso, destellos, fragmentos de nuestra felicidad y locura, porque la historia, la realidad, el destino común hacia la inmortalidad, reposa en nuestros corazones. Ahora entiendo que la vida se compone de trozos irrecuperables que sólo quedan en el corazón y la memoria, con la condena de lamentarlos siempre o con la bendición de ser el puente a la eternidad. Los tuyos y los míos son, para fortuna nuestra, evocaciones de capítulos que forman parte de una historia maravillosa e interminable.

TROZOS DE VIDA… El reflejo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Lo mejor de todo es que nuestro amor es real

Tras la lluvia de la tarde veraniega, tomamos nuestras manos y caminamos por las baldosas húmedas del parque, entre bancas, calzadas, árboles, plantas y flores. Traviesos y ocurrentes, reímos y asomamos a los charcos y a las fuentes con la intención de mirar nuestros reflejos trémulos e imprecisos y detrás, en las alturas, la belleza y el resplandor del cielo, como si existiera un mensaje oculto que pretendiera revelarnos que si tú y yo permanecemos envueltos en el amor, la felicidad y los sentimientos sublimes, ante tu alma y la mía se tenderá un puente de cristal para sortear la temporalidad y llegar a los jardines de la morada eterna.