Conmigo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Detrás de mí hay remembranzas, incontables días del ayer, una historia intensa, no una gran mujer; ella, la dama extraordinaria de mi vida, eres tú, y te encuentras a mi lado, siempre conmigo

Hay palabras y frases que alguien escribió o pronunció cierta ocasión, en el pasado, y quedaron grabadas en la memoria colectiva, quizá por responder a las tendencias de una época o tal vez por quedar atrapadas en las modas populares.

No me agrada, verbigracia, la afirmación que el actor, humorista y escritor estadounidense Julius Henry Marx, mejor conocido como Groucho Marx (1890-1977), expresó en el sentido de que “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”. Me parece, por sí sola, una frase desafortunada e ingrata. Habría que desmenuzarla y darle una interpretación.

Una de mis aspiraciones, tú lo sabes, es conquistar el mundo para los dos, transformar nuestros sueños e ilusiones en vida y fundir las existencias de ambos en la dulzura del encanto y la ensoñación, construir un puente y una escalera para llegar al cielo y compartir la historia más grandiosa, irrepetible, plena e inolvidable. Este anhelo implica emprender hazañas, traspasar las fronteras humanas, romper esquemas y abrir boquetes para que la luz penetre.

No dudo que la gente exclamará, como me lo ha transmitido cuando obtengo éxito con alguna de mis obras literarias, que seguramente detrás de mí existe una gran mujer, a lo que siempre responderé que no es así, que percibo cierta imprecisión en sus opiniones.

Atrás de mí no existe una gran mujer. Eso es totalmente falso. La mujer que me ama y acompaña es una dama extraordinaria, un ser humano femenino que definitivamente nunca estará detrás de mí, por más celebridad que alcance, porque ella eres tú y tu sitio es a mi lado, siempre libre y plena, con tu identidad.

Cuando recibo algún reconocimiento por mi arte, sé que eres la mujer que se encuentra conmigo, no atrás, perdida en la oscuridad. No muestras tu rostro porque no eres persona pública; sin embargo, aunque no aparezcas en el escenario y sea yo quien reciba los elogios, las palabras de aliento, las ovaciones, siempre estás junto a mí y mi triunfo te pertenece.

Creer que permaneces detrás de mí al conquistar el éxito, equivaldría a relegarte, convertirte en algo oculto, cuando eres mi luz, el color de mi vida, un trozo resplandeciente del cielo. Siempre estás a mi lado, atenta a las cosas de mi vida.

Evidentemente resguardo en el anonimato tu identidad, tu rostro, para no exponerte a los riesgos de la vida pública; pero al ser la dama que late en mi interior, el ente femenino que suaviza e ilusiona mis días, siempre estás a mi lado, junto a mí, conmigo, no en el asiento posterior.

Atrás de uno pueden quedar los bellos recuerdos, las sombras de los otros días, la historia, pero no una gran mujer. Una dama siempre está al lado, en la misma medida, porque uno y otro somos tú y yo.

Me alegra e ilusiona voltear atrás y descubrir una historia que compartimos desde hace tiempo, mirar a mi lado y sentirte conmigo, observar adelante y distinguir el camino y el horizonte que ambos elegimos. No te encuentras detrás ni adelante; estás junto a mí, siempre conmigo, con la luz y los colores de la alegría, el amor y la vida.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright