El debate

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Tal vez los seis aspirantes a la gubernatura de Michoacán, o sus asesores, no han entendido que la sociedad está harta de campañas con acusaciones y descalificaciones, en las que todos, casi en estado mesiánico, aseguran ser salvadores de la entidad y contar con fórmulas para combatir miseria, inseguridad, rezagos educativos, desempleo y enfermedades, lo cual, si así fuera, habría que preguntarles por qué no lo hicieron antes, desde los cargos que cada uno ocupó.

La población no necesita que le repitan que unos y otros partidos han saqueado a Michoacán y el país porque es una práctica descarada y criminal que se comente diariamente, en todos los ámbitos, desde hace muchos años. Quienes llegan al poder, pocas veces emprenden tareas grandiosas de beneficio colectivo. La población quiere escuchar compromisos, planteamientos responsables y serios, convocatorias para cerrar las puertas a lo que le causa daño.

Anticipadamente, todos se proclaman triunfadores y poseedores de la verdad. Resulta que ahora todo cambió, como si atrás no quedaran los rastros de corrupción e injusticias cometidos por políticos y funcionarios de diferentes partidos. El rostro deforme de México recuerda el paso de incontables generaciones de políticos que se han enriquecido en perjuicio de millones de mexicanos.

Evidentemente, los candidatos, sus asesores y aquellos que les “aconsejan” al oído, deben salir a las calles, convivir con la gente que cotidianamente estudia y trabaja, palpar la realidad que lamentablemente prevalece en colonias urbanas y comunidades. Parece que solamente transitan en lujosos vehículos de sus casas a los clubes sociales y a sus oficinas, porque existe una realidad lacerante en la que millones de personas coexisten en la pobreza. Olvidaron, acaso, que los cinturones de miseria representan un riesgo para la estabilidad social, pues se trata de multitudes irritadas que tienen poco o nada que perder durante un estallido.

Hasta el momento, las campañas han sido mediocres, con más descalificaciones y juicios que compromisos y propuestas viables, y así quedó demostrado durante el primer debate e indudablemente, de continuar tal tendencia, los candidatos serán consumidos por el tiempo y la sociedad elegirá a alguno con la incertidumbre de si su decisión fue correcta.

Evidentemente, los seis candidatos tienen inteligencia y seguramente capacidad. Deben hacer a un lado a quienes les han orientado erróneamente y demostrar que son capaces de sumar a todos los michoacanos con el propósito de enfrentar los retos y propiciar el desarrollo en base a un proyecto común e integral de estado.

No convencen y eso, hay que admitirlo, representa un riesgo, porque debilita la responsabilidad ciudadana de ejercer el voto. Resulta preocupante cuando uno, al andar en un lugar y en otro y hablar con personas de diferentes estratos sociales, escucha sus opiniones respecto a los diferentes candidatos y expresan, en consecuencia, que no acudirán a las urnas o que tacharán todas las opciones como muestra de descontento. Eso resulta insano e irresponsable, ya que alguno de los candidatos deberá resultar electo gobernador, y lo mismo sucede con los aspirantes a alcaldes y legisladores locales y federales. Los ciudadanos deben ser responsables y ejercer su derecho y compromiso de elegir a sus gobernantes y representantes. Solamente así tendrán legitimidad para reprocharles en caso de que traicionen la confianza de la población.

Los michoacanos esperan no un ser humano con actitudes mesiánicas, sino una persona, hombre o mujer, con capacidad, interés y compromiso real de gobernar con honestidad y justicia social, con resultados palpables y beneficios colectivos. Lo mismo esperan de alcaldes y legisladores. Michoacán y sus habitantes lo merecen después de casi década y media de corrupción, impunidad e injusticias.

Barco al garete

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cuando uno planea y organiza un viaje prolongado en autobús, avión o barco, investiga, analiza y decide aspectos relevantes como atención, costo, garantías, itinerario, servicio y trayectoria de la línea transportadora.
Nadie con capacidad de elección contrata una empresa desprestigiada ni carente de estrategia y rumbo, y menos cuando existe el antecedente de que el camino es escabroso y habrá riesgos y tormentas.
Si el operador o capitán y su equipo son éticos, profesionales y experimentados y los pasajeros, en tanto, colaboran en el proyecto común, indudablemente sortearán los peligros y llegarán fortalecidos al destino trazado. Si alguna de las partes no colabora ni participa, seguramente habrá abusos, confrontaciones, deslealtad, engaños y traiciones, hasta atrasarse, sufrir percances o perecer en un accidente terrible.
Quizá la analogía resulta de pésimo gusto y hasta burda; sin embargo, los mexicanos se convirtieron en los pasajeros de un camión de maquinaria desfasada y costosa, y por añadidura carrocería de engañoso atractivo, con rumbo caprichoso, tambaleante y opuesto al de la mayoría de la gente que viaja sentada y parada. Es el mismo vehículo de antaño, pero con nueva presentación y la ambición de apoderarse del camino, el destino y las personas.
Hoy, a pesar de lo que argumenten los defensores de las autollamadas reformas estructurales del presidente Enrique Peña Nieto, México carece de rumbo y padece acentuados y preocupantes problemas financieros, sociales, educativos, de seguridad y todo tipo porque amplio porcentaje de quienes componen la élite política, se han dedicado a actuar con deshonestidad e impunidad, menos a gobernar para las mayorías que cada día enfrentan desempleo, falta de oportunidades, burocracia, miseria, enfermedades, inflación, quiebra de empresas, violaciones a los derechos humanos, represión, mentiras, saqueos, impuestos y medidas fiscales exageradas y complejas, asesinatos, cinismo oficial, nepotismo, corrupción y peligro.
El escenario nacional es de descomposición total. Si uno voltea al ámbito federal, el panorama es aterrador: corrupción, incapacidad para gobernar, empecinamiento en seguir políticas nefastas que solamente benefician a determinados grupos, deshonestidad en el manejo de los recursos públicos, licitaciones que favorecen y enriquecen a ciertos personajes cuyas acciones y transacciones despiertan sospechas, funcionarios y políticos acaudalados, fraudes, ausencia de respuesta a los planteamientos de la hora contemporánea y a las demandas sociales, autoritarismo y una serie de prácticas que cada día desmoronan al país.
Si uno fragmenta el mapa de la República Mexicana y contempla estados como el de Michoacán, verbigracia, recogerá pedazos cubiertos de sangre y con destino incierto. En la última administración estatal que concluirá este año, seguida de otras igual de mediocres y nefastas, los michoacanos han tenido tres gobernadores y gran cantidad de funcionarios de primer nivel en áreas de justicia, finanzas, promoción económica, política social y otros rubros de importancia. No hay rumbo. La deuda financiera es multimillonaria, determinado número de obras requirieron gran cantidad de recursos y son inexistentes, no hay dinero para pagar a proveedores, las dependencias estatales se encuentran saturadas de recomendados con puestos de asesores y secretarios técnicos que no sirven para nada que no sea percibir sueldos exagerados, los anuncios extraordinarios sólo han quedado en los discursos, falta estrategia en todo, la legislación es mediocre, prevalece la inseguridad en las calles, se pisotean los derechos humanos y todos miran el desmoronamiento de una de las entidades mexicanas más ricas del país en recursos naturales y minerales y acervo cultural e histórico.
En esa entidad, la de Michoacán, este año se desarrollarán campañas y elecciones para renovar alcaldías, diputaciones y gubernatura. Habrá que permanecer atentos para corroborar si ellos, los michoacanos, aprendieron la lección y eligen un autobús, avión o barco con rumbo y equipo ético y profesional, o si optan por continuar en los camiones destartalados cuyos choferes secuestran a sus pasajeros y los conducen a destinos inciertos e indeseados, mientras los payasos y merolicos distraen para finalmente obtener dinero.
A nivel federal, también es fundamental elegir, en su momento, a quienes operarán el barco, sí, al capitán y a sus colaboradores, porque no es posible convertir un crucero en lanchón al garete en canales de aguas pútridas. Los mexicanos deben probar sus niveles de evolución y darse la oportunidad de elegir el rumbo y la clase de compañía transportadora que desean porque no es posible seguir contratando camiones de segunda categoría con choferes deshonestos y cínicos.