En el amor…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Por cierto, ¿sabes qué hora es? En este momento y donde te encuentras, ¿te he dicho cuánto te amo?

En el amor, las palabras son maquillaje que resalta la dulzura y el encanto del romanticismo, perlas que dan alegría a los enamorados, atuendos que embellecen los sentimientos, arrullo que mece suave y tiernamente, perfume que ilusiona, ornamento que se convierte en color, poema, canto y música. Los actos son timón que conducen los sueños e ilusiones a un feliz encuentro entre quienes se aman. Quienes comparten una historia genuina de amor, la decoran con palabras, es cierto; sin embargo, saben que el verdadero sentido de su relación se encuentra en los hechos, en lo que uno hace por el otro, en los detalles, en ser caballero o dama, en comprenderse y, por lo mismo, proporcionarse todo el apoyo y respeto. Escribir una historia de amor inagotable, bella, sublime, mágica e inolvidable no solamente plantea bolígrafo y papel; requiere, tú y yo lo sabemos, compartir instantes y capítulos, coincidir un día y otro, acompañarse ante los claroscuros de la vida, volar juntos sin que alguno intente apoderarse de la identidad de quien ha decidido permanecer a su lado, diseñar un destino común y esplendoroso. Resulta cautivante recibir una carta, un poema o una servilleta de papel con palabras tiernas; pero si carecen del sustento que dan los actos, se volverán tan fríos como una tarjeta impresa o una postal. En el amor, las palabras escritas y pronunciadas se diluyen cuando presentan ausencia de pilares y faltan, en consecuencia, fidelidad, comunicación, detalles, respeto, confianza, emotividad, ilusiones, sueños, realidades y espontaneidad. Un texto, por más poético y subyugante que parezca, o las palabras dichas al oído con ternura, alcanzan su verdadero significado cuando uno, en el amor, es auténtico y congruente en los hechos y ante las pruebas de la vida. Las lágrimas que provocan la felicidad y la risa son gotas que se cristalizan y transforman en luceros bellos y resplandecientes; las que se derraman en los momentos de aflicción y desconsuelo, las comparten, igualmente, quienes en verdad se aman, y son perlas que jamás se olvidan. No es justo ni válido, en el amor, estar al lado de alguien por los beneficios materiales o placenteros que le pueda significar, porque cuando dos almas vuelan en niveles mágicos y de ensueño, identifican su esencia sutil y se unen eternamente. En el amor, siempre hay que estar presentes. Si las palabras expresan la belleza de un romance, los hechos son la embarcación que lo conduce a rutas insospechadas, al océano inexorable donde todo es inicio y fin, amanecer y ocaso, música que arrulla, columpio que mece y lucero que embelesa. En el amor, insisto, las palabras coronan las acciones, y uno puede, entonces, compartir la historia más conmovedora y sublime. Por cierto, sólo a ti te lo digo, ¿te confesé este día que me cautivas y te admiro?  Exactamente a esta hora del día, ¿ya te dije que te amo?

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