Un artista solitario

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hace tiempo, conocí a un hombre bueno y sencillo, un artista solitario que pinta al óleo desde la sensibilidad de su alma, en la desolación y el silencio de su buhardilla. Plasma, en los lienzos, jardines de paraísos distantes, rostros sustraídos de algún sueño o de ciertos mundos paralelos, ambientes insospechados y paisajes encantadores, los matices de Dios, como si su encomienda fuera acercar los cielos y el infinito a la humanidad, a hombres y mujeres que andan en busca de la senda perdida. Mientras pinta, escucha música que lo envuelve y transporta, quizá, a fronteras inimaginables, a su ruta interior, a las profundidades insondables donde las fórmulas del arte y de la inmortalidad tienen parentesco. Es genial e irrepetible. Su obra pictórica cautiva, fascina, hechiza. Ha acumulado experiencia y conocimiento. Su plática es amena y siempre está dispuesto a dar un consejo, a relatar una historia, a enseñar algo bueno. Recientemente, coincidí con él, en alguna callejuela desierta de la ciudad. Lo saludé como un escritor y un pintor lo hacen tras mucho tiempo de ausencia -al fin artistas-, y, al notar sus ojos entristecidos y su semblante demacrado, callé con la idea de no perturbarlo; sin embargo, al ser tan observador y percibir el sentido real de mi silencio, confesó que sus obras, al inspirarse y crearlas, lo trasladan a destinos cercanos y recónditos, a la vez, y que su arte es un delirio, un estilo de vida, un ministerio, una locura, lo cual, admitió, lo hace intensamente feliz e integrarse a la arcilla, al mundo, y a la esencia, a la luz. Expresó que el arte es su vida. Con dolor y pesadumbre, dijo que había recibido los más bello de la vida y que, no obstante, dicho tesoro le parecía irrecuperable, totalmente inalcanzable, porque se trata, en realidad, de sus hijas, a las que tanto ama y por quienes sacrificaría hasta su vida, si así fuera necesario, las cuales. a pesar de los sentimientos tan intensos que les ha entregado, evitan hablar con él, lo rechazan y lo tratan mal. Sensible, derramó algunas lágrimas, llanto de un padre que ama y sufre por el desprecio de sus hijas, mientras los días de su existencia se consumen irremediablemente. Un día se habrá agotado el tiempo y será imposible rescatar la felicidad perdida. Se despidió. Sé que un ser humano con la sensibilidad de artista, con el don de crear obras que embelesan y tocan el alma, tiene capacidad de derramar un amor inigualable. Esta noche y las anteriores, desde aquel día, lo imagino en su taller, entre pinceles, lienzos, paletas de madera con residuos de matices y frascos y tubos con pinturas, entregado a su arte, a su pasión, envuelto en lágrimas y en música, inspirado, en su inacabable proceso de la creación, paralelamente, muriendo ante el desprecio y el sigilo de sus hijas, a quienes llamó tesoros. Asombroso, en verdad, que alguien que comparte las riquezas del alma y el infinito, a través de sus obras de arte, se encuentre tan solo. Es sorprendente que un artista de la pintura, un autor magistral que plasma de colores los lienzos y la vida, derrame tinta de melancolía en las horas de su existencia.

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