Momentos de la vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los días del ayer, se consumieron entre un minuto y otro; ahora son experiencia, capítulos que se desvanecen conforme anida el olvido en sus esquinas y ranuras, vestigio de tu existencia, y sólo quedan como evocación de recuerdos y suspiros que, luminosos o sombríos, forman parte de tu historia. Si no te sientes seguro de la permanencia o sucesión del momento presente o del que se aproxima, mayor es la incertidumbre ante la noche que viene o la mañana que se anunciará por tu ventanal porque desconoces, en verdad, si hoy, al oscurecer, admirarás la belleza de las estrellas que cuelgan y titilan en la galería del universo o si despertarás al amanecer con la alegría y sonrisa de quien percibe los colores, las fragancias y los rumores de la vida. El momento presente es tan fugaz, que apenas te percatas que con cada segundo ganas la oportunidad de andar por rutas que conducen a la cima o la pierdes al preferir caminos inciertos. Tú decides. No esperes iluso cortar las flores cuando apenas miras la belleza e ingenuidad de sus botones. La vida inicia cada instante. El roble fue semilla y arbusto antes de desarrollar y alcanzar su esplendor. Ese quercus robur tenía almacenado en su memoria el conocimiento de sus características y grandeza, y nunca ignoró, por lo mismo, que quizá enfrentaría noches heladas, tardes de tempestad, mañanas níveas, días calurosos, plagas, incendios, sequías o tala. Ningún miedo obstaculizó su crecimiento. Creció con la sencillez de quien se sabe grande y elegido para una misión; por eso, cada instante fue significativo. No te atores en tristes naufragios ni te hundas en el agua estancada porque al no correr, al abandonarse en lo más oscuro de un recodo, pierde su cutis diáfano y ya no refleja, como antaño, las nubes rizadas que transitan felices y pasajeras cual preámbulo de la profundidad de un cielo azul. Tampoco caigas en la estulticia de la moda de la hora contemporánea que dicta ambicionar sin medida, arrebatar, disfrutar sin responsabilidad el momento, coleccionar placeres insulsos sin tener el privilegio de amar, negarse la dicha de dar, bajo el argumento de que la vida es breve y hay que aprovecharla. Eso es estúpido. Observa a quienes optan por tal estilo. De no ser sus conquistas materiales, sus fortunas y su poder, ¿descubres signos de grandeza en ellos? Tras sus risas escandalosas, sus pasiones desenfrenadas y su andar sin itinerario, ¿demuestran su alegría y son felices? La vida se experimenta cada instante en armonía consigo y con los demás, con el universo y la creación; también se practica con equilibrio y plenamente. Sé feliz. No dañes. No importa si en el camino quedó tu riqueza bajo toneladas de escombros si a cambio salvaste una vida humana. Qué valen los juicios ajenos, la condena social, si amaste con fidelidad, si hiciste de tu casa un hogar, si caminaste hacia la morada, si te regalaste el privilegio de disfrutar cada minuto y si en vez de desperdiciar la brevedad de tu tiempo en hablar de los demás, en dañar, arrebatar y engañar, lo consumiste en tu obra existencial. Mira atrás y revisa tus huellas, tu historial. Escudriña cada día de tu vida. Ahora analiza tu presente. No te engañes. Haz a un lado la ropa elegante que portas, los automóviles que luces y deslumbran la debilidad de tu ser, la mansión donde vives y hasta los viajes, títulos, placeres, poder y cosas que maquillan tu aspecto y visten tu desnudez. Sí. Momentáneamente quita de ti toda decoración artificial. Si te enseñaron a ser muñeca de aparador o maniquí de boutique y quedaste atrapado en las redes de las apariencias, mírate al espejo y pregúntate en cuántos años aparecerán los jeroglíficos del tiempo en la lozanía de tu rostro. Ubícate en tu realidad. Todos los seres humanos tenemos derecho a ser felices, poseer riqueza, gozar la vida y desenvolvernos en el papel que hemos elegido; sin embargo, nunca pierdas el rumbo a destinos firmes. Recuerda que si bien es cierto la apariencia, la fortuna y los placeres de la vida forman parte de la condición humana en el mundo, cuando se vuelven obsesión y prioridad, y pierden su sentido, parecen inversamente proporcionales a la inteligencia y los valores. ¿Cuál es tu misión en la vida? ¿Vestir la ropa más cara y elegante para mirar a hurtadillas tu perfil y provocar que otros te envidien? ¿Conducir el auto más fino? ¿Ejercer poder y acumular riqueza en exceso mientras a tu alrededor millones padecen hambre, injusticias y enfermedades? Claro, es válido y hermoso lucir la figura física, situarse en condiciones económicas que proporcionen comodidad; sin embargo, encuentro mayores tesoros y alegría en aquellos que ríen ante cualquier condición de la vida, que renuncian a su calzado para que otros caminen, que comparten su bocado a quienes desconocen el condimento de una mesa completa. Muchos esperan la proximidad de la etapa existencial que soñaron e imaginaron, la realización de algún acontecimiento, y creen que entonces serán dichosos; sin embargo, la mayoría se queda con sus fantasías, no luchan o al contrario, destacan en lo que se propusieron, y finalmente no son tan felices y plenos como lo deseaban porque desconocen que la vida es dual y tiene un sí y un no, luces y sombras, y que la verdadera maestría se demuestra al pasar cada día ante las pruebas buenas y malas. No esperes, para ser dichoso, que el destino se apiade y toque a la puerta de tu existencia con la intención de ofrecerte una historia de ensueño, prodigiosa e inolvidable. Vive a partir de este momento. Sé feliz en el yate lujoso o en la lancha modesta, y navega hasta conseguir lo que deseas. Los días dulces y amargos te pertenecen porque los desees o no, los esperes o los rechaces, los vives; trata de protagonizar tu historia y elegir las rutas más luminosas y sublimes. No esperes el momento futuro para ser feliz porque pudiera ser el instante postrero de tu existencia. Aprovecha los días que te quedan. Realízate como ser humano, construye tu historia y conquista tus sueños espirituales, físicos, intelectuales o materiales; pero empieza ahora, inicia a partir de este segundo que pasa, con sus luces y sombras, y no olvides obsequiarte la oportunidad de amar, reír, hacer el bien, cultivar valores y transformarte en una obra maestra.

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La historia que compartimos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, con la locura de un amor capaz de dispersar pétalos en tu senda y construir un puente de cristal a mundos de ensueño

La historia que compartimos, es nuestra, la cargamos en la memoria, la llevamos en los recuerdos, la sentimos al abrazarnos, la repasamos con un beso, la reinventamos al amanecer y durante la noche, la vivimos y la soñamos. La historia que tenemos, aparece en nuestras agendas, está marcada en los almanaques, la esperamos siempre. Jugamos a nuestra historia, la escribimos, le reímos y le lloramos, la descubrimos en ti y en mí, en la luna y en el sol, en las estrellas y en cada rincón prodigioso del mundo y del alma. La historia que protagonizamos tú y yo, la escuchamos en el susurro del viento, la recordamos con el murmullo del océano, la oímos al mojarnos durante las horas de lluvia, la experimentamos libre de horarios. Enmendamos el guión de nuestra historia, le agregamos capítulos y hasta escondemos las manecillas del reloj con la intención de añadirle tiempo. Cantamos y bailamos en las estaciones de nuestra historia, paseamos alegres e ilusionados sobre sus líneas, la acentuamos, le colocamos comas y puntos, le damos énfasis. Coloreamos nuestra historia, la esculpimos, le ponemos música. La historia de tu vida es mi biografía, es la trama de nuestro amor, es un rumbo y un destino para dos, es la locura que nos envuelve y da sentido a la ruta que seguimos. La historia que disfrutamos es el sueño y la vida, aquí y allá, en la que despertamos y dormimos en un mundo bello y en una morada prodigiosa. La historia que compartimos, insisto, es la que escribimos todos los días al amarnos, al reír, al andar juntos por la misma senda, al reventar burbujas de ilusiones, al sentirnos, al pasear cada instante con las luces y sombras de la existencia, al experimentar la vida terrena y sentir la brisa de la eternidad en nuestro interior. La historia nuestra inicia cada instante, en primavera o en invierno, en verano o en otoño, a la luz del día o la oscuridad de la noche, cuando miro tus ojos y me me descubro en ti, al abrazarte en silencio y escuchar nuestras voces y el susurro de Dios, la música del universo y el canto del amor.

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Una perla, un cristal, una gota de lluvia

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me siento admirado cuando te miro o te escucho, al advertir tu presencia, al percibir tu palpitar y al descubrir a la dama que me transforma en caballero, a la letra que convierto en poema, al lucero que pinto en el cielo, a la nota que hago música. Soy inagotable cuando salgo al jardín en busca de tus flores, al contabilizar las estrellas a tu lado y al escuchar contigo los rumores del oleaje  marítimo un amanecer, entre arena y rocas. Experimento alegría al notar tu felicidad, al verte reír, al sentirte amarme, al volar juntos en un bosque encantado

También quiero murmurar a tu oído que el amor es mágico. Es una perla, un cristal, una gota de lluvia, un suspiro que se da y enciende las estrellas y las velas más románticas. Abre los capullos cuando uno, enamorado, entrega un ramillete de rosas con alcatraces, orquídeas y tulipanes. Mira, el amor, los amaneceres y los ocasos a la orilla del océano, quizá porque el oleaje y sus rumores tienen un encanto especial para quienes funden sus almas cuando el cielo y el mar, en el horizonte, se entregan a los crepúsculos naranjas, amarillos y dorados. Obsequia, el amor, la escalinata al cielo, a las profundidades de un azul que conduce a los luceros, a otros mundos de colores y sonidos, a fronteras inimaginables. Amarte es eso, unir las profundidades marítimas con la inmensidad celeste para que tu alma asome y se deleite con los tesoros que Dios colocó al principio en rutas donde sólo caminan descalzas sus criaturas consentidas. Nuestro amor es, en consecuencia, el copo de nieve que cubre el bosque de oyameles una noche de inverno, la lluvia que forma charcos para que tú y yo asomemos y juguemos una tarde de verano, las hojas doradas y crujientes que pisamos una mañana otoñal mientras el viento sopla y las arrastra en remolinos prodigiosos, el sol que en primavera, al amanecer, alumbra la policromía de las flores e incendia las burbujas que surgen de la intimidad de la tierra, en los manantiales, y revientan para transformar los sueños e ilusiones en realidad, en alegría, en vida. Guardo en mi memoria y mis sentimientos el amor y la historia que compartimos, como si al llegar un día a otra morada fuera la medida de mis deseos para multiplicar en la inmortalidad los días felices a tu lado. Es el amor un prodigio, una locura, un sueño y una vida que se prolongan hasta parajes infinitos. Lo eres tú, un color de mi vida, un suspiro del cielo, la fragancia de un jardín policromado, el aliento de un mundo sin final, un trozo de dama, una parte de mí, la niña mimada por Dios. Ilusionado, este día enlazo letras, coloco puntos, acentúo e inserto comas para expresarte que uno, cuando ama, toca el portón de un mundo prodigioso, donde los sueños son realidad y la vida es quimera, el día noche y el ocaso aurora, tú eres yo y yo soy tú. Ningún amor se compara con el que se vive con un tú muy mío y un yo demasiado tuyo. Amar es, parece, sentirte conmigo hasta en los días de ausencia, soñarte una e incontables noches de mi existencia, vivirte cada día y prolongarte a los otros días.

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Biografía inolvidable

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Quizá somos eco de un ayer no recordado, acaso realidad de un presente que pronto se desvanece y transforma en pasado, tal vez promesa de un futuro que entre un suspiro y otro se convierte en hoy o probablemente todo y nada porque la vida, en ocasiones, parece historia relatada por alguien o parte de un guión o un sueño. ¿Qué es la vida, pregunto, si no una serie de estaciones que se suceden unas a otras con celeridad, un amanecer y un ocaso que se repiten con sus luces y sombras, un sí y un no? Si los días de la existencia se consumen y parecen, como son, tan frágiles y efímeros, ¿por qué no experimentarlos plenamente? Cada instante que pasa ante la mirada, por cierto, resta páginas a las biografías de las personas, motivo por el que con las oportunidades perdidas se diluyen los proyectos existenciales. El momento de vivir es ahora, el minuto para ser felices es hoy, los días de epopeya empiezan en la hora presente. Mucha gente espera un día especial para comenzar su historia grandiosa y conquistar sus sueños, y olvida que sus vidas iniciaron en el cunero y terminarán en el sepulcro. Definitivamente, quienes anhelan que lleguen condiciones propicias para ser felices y vivir plenamente, quedarán desolados en un puerto abandonado y triste porque la existencia es dual, tiene luces y sombras. La maestría la alcanzan quienes aprenden a vivir, realizarse y ser felices lo mismo en un bote de remos que en un yate, en una morada de aspecto modesto que en un palacio, en las mañanas soleadas de primavera que en las tardes de lluvia torrencial de verano, en las horas vespertinas de viento otoñal que en las de la nieve del invierno. La vida ofrece etapas de alegría y ciclos de tristeza, momentos de triunfo e instantes de fracaso, porque es dual, tiene claroscuros. Hoy asomas al espejo y presumes la lozanía de tu rostro y el brillo de tu mirada; mañana, al contrario, distingues las arrugas que esculpe el tiempo y la escarcha de un invierno inevitable. Quienes aprenden a no desdeñar los segundos, que sumados componen la vida, empiezan a crecer y vivir. La vida es de aprendizaje y llega el momento en que uno, ante las pruebas, debe medirse y superar los obstáculos, empezar de nuevo o sucumbir. ¿Por qué no empezar a vivir en armonía, con equilibrio y plenamente a partir del minuto presente? ¿Qué caso tiene, pregunto, esperar algo por lo que no se lucha o que quizá no llegue? Si alguien desea transitar por el mundo con alegría y alcanzar el desenvolvimiento de su ser para trascender a fronteras superiores, tendrá que aprender a vivir con los contrastes del mundo y a ser la luz que resplandezca incluso en las sombras. Si uno, por añadidura, deja huellas, retira la enramada y las piedras del camino y da de sí a los demás, aunque llegue a su destino con llagas, innegablemente habrá protagonizado una historia grandiosa y será, por lo mismo, autor de una biografía inolvidable.

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El índice de nuestra historia

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En cuanto sentí que mi amor por ella se desbordó, visité la biblioteca de Dios, consulté las páginas de nuestra historia y descubrí que se prolongan hasta los suspiros de la inmortalidad. Abracé el tomo sin final, cerré los ojos y me vi con ella en cada amanecer y anochecer, entre el sol dorado y las estrellas plateadas del firmamento

La vida es tan breve y frágil que la temo insuficiente para entregarte mi amor con mil poemas, incontables flores perfumadas y tersas disfrazadas con mis sentimientos, guiños, promesas y detalles envueltos en burbujas de cristal y nieve, abrazos y besos, sorpresas, juegos y una historia con portada de alegría y páginas de ternura y vivencias inolvidables. Es por lo mismo que diariamente toco a la puerta de tu morada, asomo a las ventanas de tu ser y al fundir tu mirada con la mía, tus latidos con los de mi alma, te invito a volar libre y plenamente en la inmensidad del cielo, siempre juntos, para sentir el viento de la inmortalidad y reconocer su itinerario, la ruta a la tierra donde el tiempo y el espacio sólo son medidas de planos temporales, tan lejanos y diminutos como la finitud. Nosotros somos más grandes. Nuestra unión en el mundo sólo es preámbulo de un guión maravilloso e inagotable, capítulos subyugantes que aparecen en un índice sin final. El destino que te ofrezco es el jardín donde alguna vez jugamos, ¿lo recuerdas? Es el patio de nuestra convivencia perenne, el recinto sin muros, la palestra en la que flotan nubes de colores inimaginables y en la que corren ríos etéreos, la buhardilla y el taller de Dios que huelen a creación, tinta, fórmulas, pinturas y música. Mi amor por ti, lo sabes y lo sientes, es inagotable, de tal manera que la estancia en el mundo, los días de la vida, parecen insignificantes; es el motivo por el que me resulta perentorio zambullirnos en las hojas de nuestra historia, descubrir pasajes entre la realidades mundanas y los sueños y la luz inextinguible. Busco el índice de nuestro libreto, el que escribió Dios para ti y para mí, con la intención de comprobar que es interminable y que la historia se prolonga hasta planos sublimes y etéreos. Tras temer que la vida, en este mundo, no alcanzará para entregarte la locura de un amor que se siente auténtico, fiel, libre, pleno, intenso, puro e inagotable -disculpa por comportarme tan descriptivo, pero es la fuerza de mi ser, la intensidad de mis sentimientos-, compruebo, al leer el inventario de los capítulos, el sumario de nuestra obra, que tu historia y la mía, juntos, tiene futuro porque continúa en ti y en mí, en la fuente más luminosa, de donde surgen, en un acto mágico, el sol dorado y las estrellas plateadas, las gotas diáfanas de lluvia, las flores que te regalo y las miradas más dulces que intercambiamos una noche romántica con velas y luceros. Estamos contemplados en esa historia. Leí el índice de nuestros capítulos. En sus páginas no encontré conceptos ni palabras relacionados con dolor, enojo, perversidad y tristeza; descubrí, en cambio, las que definen amor, alegría, luz, eternidad. La lista interminable de capítulos indica que tú y yo estamos incluidos en una obra maravillosa. Es la historia sin final.

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Sueños y vivencias

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Descubrí la posibilidad de fundir tu esencia con la mía y los capítulos más bellos de nuestros sueños y vivencias para diseñar y compartirte un guión de primera categoría, una historia inagotable, maravillosa, feliz, intensa e inolvidable. Se trata, sospecho, de la fórmula de la vida, la dicha y la inmortalidad, el mejor regalo del amor

De todos mis sueños, mientras duermo, recolecto las ilusiones más dulces, las quimeras que me hacen feliz, las fantasías que me deleitan, las historias en las que apareces enamorada y sonriente conmigo, para coleccionarlas, unirlas a las tuyas y, de paso, trasladarlas, al despertar, a nuestras vidas, a los días de estancia en el mundo, a cada instante, y así dar alegría y sentido a las existencias de ambos entre un suspiro y otro. Llevo, igualmente, mis emociones y momentos bellos, también contigo, al plano de los sueños, para disipar cualquier noche de bruma o tormenta durante nuestra travesía a rumbos grandiosos y seguir un itinerario esplendoroso. Al fundir las remembranzas sutiles de nuestros sueños e ilusiones con los mejores trozos de tu vida y la mía, creo el escenario más hermoso para ambos. Somos protagonistas de una historia tejida con hilos de estrellas y filamentos de flores. Nos damos los papeles estelares porque merecemos inventar nuestra propia historia, enmendar el guión si acaso contiene páginas borrascosas y suprimir la hojarasca, las piedras que impiden la caminata, la hiedra que obstruye la luz. Al experimentar esta locura que forzosamente me conduce a un destino -tus brazos, tu mirada de espejo, tus besos, tu morada-, no me queda duda de que mi entrega es la de un hombre de primera clase, un artista inspirado en la musa transformada en su delirio, un amor épico y sublime que uno lee, cautivado y enamorado, cuando es joven, en las historias más bellas y románticas de la humanidad. El mío, con mis obras, mi vida y lo que soy, es un amor de epopeya y primera categoría, dedicado a una mujer, igualmente, grandiosa y resplandeciente. Horado tus sueños y los míos, cuando dormimos, y la realidad terrena, mientras vivimos, para diseñar nuestra historia feliz y transferirla, si es posible, a otras fronteras, a rutas donde el sol es luna y las estrellas, en tanto, día interminable.

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El libreto

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

… entonces pensé que tenemos oportunidad de remar hasta la línea donde el cielo y el mar se funden en el más bello acto de tonalidades y reflejos. Pescaremos, el viento jugará con tu cabello, reiremos, miraré tus ojos de espejo, jugaremos, te daré un beso, admiraremos el firmamento y contaremos las estrellas, te abrazaré las noches de tormenta, disfrutaremos los amaneceres y un día, el menos esperado, sentiremos la brisa de la eternidad

Desconozco si el libreto fue escrito por Dios, si ya existía o si nosotros, al mirarnos y descubrirnos uno al otro, tendremos que componer y protagonizar una historia inagotable, extraordinaria e inolvidable para ser felices, realizarnos plenamente y transitar juntos a planos superiores. No sé si somos resultado de algo que aconteció hace mucho y hoy reflejamos igual que una estrella distante, o si en realidad somos actores del momento presente. Seguramente estamos inmersos entre la realidad y los sueños o tal vez despertamos en este mundo para escribir y vivir una historia. Acaso somos eco, fragmento, o quizá estamos aquí enteros, para fundirnos en la vida, con todos sus claroscuros, acompañarnos, ser dichosos y probarnos cada instante. De lo que estoy seguro, porque así lo siento y experimento cada momento, es de la autenticidad de mi amor por ti, de tal manera que estoy dispuesto a construir un puente de cristal, con vivencias e ilusiones, hasta el cielo, a las puertas de un paraíso que se sospecha está conectado al alma y pulsa en todo, en el agua, en la tierra, en las plantas, en el aire, en el fuego, con la intención de prolongar el encanto y la magia de nuestro enamoramiento. Si es así, te invito a escalar el tronco más alto, confundirnos entre el follaje, sentir los copos que descienden de las alturas y sentarnos en una hoja para que el viento la desprenda y volemos lejos por el mundo, hasta llegar a los confines del universo y transformar cada sueño, fantasía e ilusión en realidad, en vivencia. Ignoro si la trama de nuestras existencias ya estaba escrita. Ahora sé que la estancia en el mundo es breve, que cada instante es fundamental, y que apenas disponemos de tiempo para entregarnos al deleite de la vida, fundir nuestras miradas y amarnos siempre. Los abismos, las celdas y los fantasmas sólo existen en las mentes veleidosas e inseguras, en los corazones tambaleantes, en los seres que no se atreven a ser felices ni a desafiar las adversidades y los prejuicios e intereses de la humanidad. Casi nadie se arriesga a cumplir sus sueños e ilusiones, unas veces por temor, ignorancia o condena, y otras ocasiones por preferir estar sumidos en la somnolencia. Si uno desea un palacio, hay que soñarlo, dibujarlo y conquistarlo; los grilletes y las prisiones no necesitan esfuerzo para llegar, están presentes y condenan al dolor y la tristeza a quienes esperan a que la felicidad los alcance hasta su naufragio y los rescate en un yate lujoso. Por eso es que ahora te invito a borrar las planas que no nos agraden y a escribir capítulos maravillosos y sublimes porque el libreto es tuyo y mío, tenemos la dicha y libertad de compartirlo juntos, aquí y ahora, y también allá, en la morada donde cada amanecer y anochecer es el inicio de una jornada y un sueño sin final.

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Primera llamada

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La primera llamada, en teatro, es un anuncio para que el público que se encuentra reunido en el vestíbulo se prepare y disponga a entrar a la sala y ocupar sus butacas, al mismo tiempo que ordena y marca el tiempo de los actores.

Esta vez, me atrevo a titular Primera llamada al presente texto, cuya intención es informar a quienes me favorecen con sus lecturas, que desde hace tiempo escribo un libro relacionado con historias de familias y personajes de antaño, es decir de 1920 hacia atrás.

La idea de la obra es rescatar datos e historias reales, ya que lamentablemente la vorágine de la hora contemporánea ha propiciado que se pierda mucha información relacionada con el pasado, al grado de que los puentes entre el ayer y el hoy parecen encontrarse en ruinas, con el desconocimiento de quiénes somos y de dónde venimos.

Algunas familias poseen datos, documentos, fotografías e información sobre sus antepasados, los cuales, por cierto, enfrentan el riesgo de perderse ante la caminata de los años y no contribuir, por lo mismo, a enriquecer la historia de la humanidad.

En consecuencia, mi convocatoria se orienta a solicitar copias de documentos y fotografías antiguas, junto con alguna reseña de la historia familiar, a quienes dispongan de esa clase de datos.

La condición es que las historias sean reales y respeten la dignidad humana. Evidentemente, dedicaré un capítulo a cada familia. Procesaré y redactaré la información que tengan a bien enviar, de manera que la obra sea rica en historias auténticas.

Evidentemente, como autor de la obra, respetaré los nombres y apellidos de los personajes de antaño, junto con sus respectivas biografías. Las historias están orientadas, principalmente, a México; sin embargo, si pertenecen a otras regiones del mundo y son interesantes y verídicas, y datan del pasado, dispondrán de un capítulo en el libro que estoy escribiendo.

Con relación a las personas que colaboren con el envío de documentos, fotografías, datos e información, sus nombres aparecerán en una sección dedicada a los agradecimientos. Les solicito que en el correo que envíen con la información, por favor me autoricen a publicar el capítulo correspondiente a sus antepasados.

Toda la información relacionada con este tema puede enviarse al siguiente correo: familiasdeantes@gmail.com. La obra, como todos los libros que he editado y los textos que escribo y publico en este espacio, estará protegida con los respectivos derechos de autor, lo cual le dará la formalidad que merece.

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La historia habla

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La historia habla. Da lecciones a cada generación. Solamente aquellos que desconocen el método para descifrar e interpretar sus mensajes, resbalan una y otra vez y quedan presos en los errores del pasado. Son pueblos que, como el de México, no entienden que sus gobernantes, los que durante décadas los han controlado y manipulado, diseñaron y tejieron una historia falsa, casi con santos y demonios, en la que es más importante memorizar nombres, fechas, acuerdos y batallas que comprender el sentido de los hechos y la realidad nacional.

Existen ciertos personajes históricos en México que son intocables. Supuestamente representan un patriotismo grandioso y los ponen de ejemplo para millones de personas; sin embargo, bastaría con escudriñar sus vidas, sus acciones, para entender lo que en realidad fueron. Así, si a la clase política le conviene enseñar que cierto presidente repartió la tierra en beneficio de los campesinos, y no explica que fue para arraigar a las turbas y evitar que se sumaran a un nuevo movimiento armado, con los consecuentes daños a la productividad agropecuaria al cuadricular los terrenos y propiciar resentimientos y pleitos comunitarios, o si sólo destaca que el hombre, casi un ángel, arrancó el petróleo de manos extranjeras y no delata los abusos que cometió al favorecer a sus descendientes, no le importa distorsionar la historia porque finalmente le es primordial tener las condiciones propicias para continuar saqueando al país. Efectivamente, una nación sin historia ni civismo.

Si a ellos, los que integran la élite del poder, les interesa más resaltar la grandeza de los revolucionarios y colocarlos en el nivel de paladines, sin mencionar que en su mayoría, ya libertinos y resentidos, actuaron como bandoleros, saqueadores, borrachos y violadores, a cambio de hundir la figura de un presidente que se convirtió en dictador, con sus luces y sombras, al que paradójicamente emulan al favorecer políticas que dañan a millones de familias, en realidad no los importa el destino nacional porque están empeñados en abusar y enriquecerse desmedidamente.

Antes, las mayorías andaban descalzas, no sabían leer ni escribir, se condenaban en las tiendas de raya, coexistían entre enfermedades y miseria, con trabajos infames; ahora, en el tercer milenio de nuestra era, la gente compra automóviles, posee tarjetas de crédito, adquiere celulares y equipos de cómputo bastante caros y sofisticados, acude a los clubes y aparenta lo que no es, sin percibir que continúa en la misma situación de mediocridad que hace más de una centuria.

Con una moneda transformada en chatarra, que no vale nada y proyecta el basurero en que se ha convertido México, y que ya ni siquiera presenta las imágenes de los héroes nacionales ni ideales patrióticos, los habitantes de este país están atrapados en las consecuencias de no haber asimilado las lecciones históricas. Una y otra vez cometen los mismos errores, y las consecuencias son, precisamente, gobernantes corruptos, políticas demenciales y progreso nulo..

La historia habla. Nunca miente. Hoy, la sociedad mexicana tiene un gobierno con tendencias autoritarias, represor, corrupto, insensible a las necesidades mayoritarias, falso, derrochador e injusto, más proclive al espejo, a la ropa cara, a las reuniones con la nobleza europea, a coquetear y prostituirse con la comunidad internacional, que a reaccionar y trabajar por el desarrollo de innumerables personas que coexisten en la pobreza.

Y si esta clase política mexicana se ha empeñado en distorsionar y ocultar la verdadera historia del país, su ambición e ignorancia la conducen a perderse por olvidar u omitir las consecuencias del abuso de poder. Los gobernantes, funcionarios y políticos siguen empeñados en su ceguera, en su irresponsabilidad histórica y social, sin recordar, acaso, que los síntomas de descontento social no son solamente notas periodísticas que generalmente pueden callarse a cambio de dinero y prebendas, sino una realidad creciente que al final desencadenará un estallido con lamentables consecuencias para todos.

El pueblo mexicano, históricamente sometido al capricho y a los intereses perversos de quienes lo han gobernado, no solamente enfrenta las consecuencias de políticas y acciones erróneas, sino la obstinación de sus gobernantes en que todo marcha bien, a pesar del escenario internacional, junto con la creciente descomposición que ha intoxicado casi todas las instituciones, desde la familia, que es el núcleo de la sociedad, hasta las más altas esferas del poder.

La historia habla y se repite. Actualmente, el menú no ofrece grandes alternativas. Alguien se adueñó de la cocina, del horno, de la alacena. La mesa está servida con todos los platillos e ingredientes que irremediablemente conducirán al caos. El mandatario nacional critica a quienes hablan mal del ejercicio y los resultados de su gobierno, y hasta da ejemplo de inversiones, generación de empleos e inflación supuestamente controlada -claro, todo estampado en estadísticas-, cuando bastaría con que saliera a la calle sin escoltas ni acompañado de los señores y señoras encargados de transformar los escenarios en los que se realizan las giras presidenciales, donde todo está fabricado con la intención de ocultar la verdad lacerante de las mayorías, para que descubriera que no es lo mismo que su esposa e hijas viajen al extranjero a comprar vestidos carísimos y rodearse de superficialidades, que ser uno más de los incontables mexicanos que diariamente coexisten en una realidad desafortunada.

Mientras los mexicanos continúen indiferentes a las condiciones que ya atentan contra su integridad, sus familias, sus patrimonios y su nación, alimentarán de manera permanente a quienes se han apropiado del país con el objetivo de beneficiarse económicamente. Sin duda, a pesar del malestar social contra la corrupción e impunidad crecientes, las injusticias, la represión, la inseguridad, los abusos y la incompetencia gubernamental, entre otros síntomas de descomposición, la actual gestión presidencial quedará como un capítulo más dentro de la oscura historia, igual que yacen en el olvido las administraciones nefastas de Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo y Pacheco, Miguel de la Madrid y otros.

Cierto, los capítulos se repetirán y formarán parte de un grueso volumen de historia salpicada de infortunios para millones de mexicanos que tienen en su memoria -así se los inculcaron- las imágenes de héroes y traidores, buenos y malos, santos y demonios, como si se tratara de una religión. Aquí, en la realidad mexicana, la gente tiene mayor interés en oír la estridencia de los bufones de la televisión y mirar el teatro futbolero, las telenovelas, los chistes y morbosidades que abundan en las redes sociales, beber la copa, que escuchar los susurros de la historia que anticipan que algo anda demasiado mal en este país.