El arte… el arte abre las otras puertas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El bolígrafo que desliza suavemente sobre las hojas de papel, es el pincel que traza y pinta colores y formas en el lienzo, el arco que acaricia las cuerdas del violín, el martillo y el cincel que esculpen la piedra yerta. En cada movimiento percibo rasgos similares, algo que es tan propio de los artistas y sus obras. Existe, parece, una correspondencia sutil en el arte, como si cada expresión -las letras, la pintura, la música y otras- perteneciera al mismo linaje, a una casa solariega, a una hermandad luminosa e infinita que emula los amores y las pasiones de Dios. Entiendo que el arte no es del mundo, pero lo envuelve al provenir de cielos inmortales que están en uno y en todo. Es para los humanos, a quienes presenta, sintetiza y asimila la creación, la vida, las ilusiones, los sueños y las realidades. Son burbujas que exploran y regalan lo que los sentidos materiales no captan. Enseñan a la humanidad lo que a veces, por sus distracciones, no mira ni escucha. Al dibujar letras y palabras con el lápiz o el bolígrafo, o al oprimir teclas para registrarlas en una pantalla, en un aparato, el escritor es el pintor que crea algún cuadro y el músico que cubre el ambiente con los rumores y silencios de un paraíso mágico. El arte es un mundo infinito, rico e inacabable. Creo que al formar el mundo, Dios hizo incontables paréntesis y dejó espacios, trozos ausentes de sonidos y matices, listas con faltantes, para que sus discípulos, los artistas, los completemos con los materiales que cargamos desde tierras lejanas y tiempos distantes. Dejó palabras incompletas, paisajes a medios tonos, silencios y piedras informes con el objetivo de que los escritores y poetas, inspirados, regalemos las historias y los versos más cautivantes, los pintores obsequien colores, los músicos repartan conciertos supremos y los escultores ofrezcan formas cautivantes. Nadie debe apagar las voces de los escritores y poetas, borrar la policromía y los trazos de los pintores, callar el lenguaje de los instrumentos musicales y destruir las formas cinceladas y fundidas, porque equivaldría, en consecuencia, a derrumbar la entrada a otros recintos, a profundidades hasta ahora insondables, donde se encuentran vetas, tesoros grandiosos, secretos y la fórmula de la inmortalidad. Hay quienes denigran, escupen y encadenan al arte porque saben que tiene alas y luz, y transporta, por lo mismo, a la libertad, a la plenitud. Otros, en tanto, con capacidad y talento de artistas, se transforman y solo aparecen cuando hay butacas ocupadas, reflectores y cámaras, como si las obras fueran mercancía fabricada en serie. El arte es superior porque viene del alma, del ser, y emula el poder de la creación, retrata el sí y el no de la vida, explica lo que casi nadie entendería de otra manera, y acerca, definitivamente, a paraísos, mundos e infiernos, como para que todos conozcan cada sitio y elijan la esencia y las flores o los cardos. El arte es clave, signo, llave. Abre las puertas del alma, del cielo, del mundo.

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Nuestro amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es tuyo y mío, con el secreto de lo que significa para nosotros

Nuestro amor es expresión de sentimientos que brotan del alma como un manantial diáfano o una fuente de polvo de estrellas, y no se basa, por lo mismo, en el uso de aparatos de comunicación. Nuestro amor es de detalles espontáneos, no de horarios forzosos. Nuestro amor es libre y pleno, no resultado de convenios y tratos. Nuestro amor es de tú a yo, de mí a ti, y por eso es fiel y no necesita intermediarios. Nuestro amor es regalo del cielo, no concesión de algunas personas. Nuestro amor son sentimientos sublimes y encanto, no apetitos pasajeros. Nuestro amor es cielo y mundo, vida y sueño, no muerte ni desolación. Nuestro amor es alegría e ilusión, no dolor ni tristeza. Nuestro amor es dulzura, ensueño e inmortalidad, no amargura, pesadilla o caducidad. Nuestro amor somos nosotros, tú y yo, los de siempre, en la materia y la esencia. Nuestro amor es tu alma y la mía, por fin en una, en un palpitar eterno.

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Ya lo sabía

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Ya lo sabía. El médico se lo anunció un par de semanas antes. Moriría, quizá en un mes o tal vez en cinco o seis semanas, no más. El pronóstico del especialista se cumpliría porque tenía en sus manos el diagnóstico de la paciente. “Nada, nada es permanente”, pensó ella mientras observaba en el espejo la belleza de su juventud que gradualmente se desvanecía. Los cuatro primeros días, tras recibir la noticia, permaneció encerrada en la habitación. Enojada con la vida, entristecida, colérica e impotente, arrojó objetos al suelo y contra el ventanal, uno de los espejos y los muros. Posteriormente, agotada, golpeó una y otra vez el colchón donde se recostó. Lloró y sintió ahogarse. Lloviznaba. El cielo gris impedía definir la profundidad azul y las tonalidades de las flores, las gotas diáfanas y las frondas de los árboles. Todo, en su vida y a su alrededor, le pareció impregnado de amargura y con un tinte sombrío. Sufrió lo indecible. Se supo totalmente desolada. Sintió una carga enorme. Su presente resultaba incierto y no existían las posibilidades del mañana. En ese momento pensó que cambiaría su hermosura y su bienes materiales por tiempo extra, por la salud y la vida que se consumían ante la caminata de las horas. Se percató, entonces, de que había invertido el sentido de la existencia y que hizo de la apariencia física y del dinero sus prioridades, la base de su éxito. Comprendió que la belleza es sintomática, un reflejo pasajero, un sueño breve del que uno, a cierta edad o ante determinadas circunstancias, despierta abruptamente, y que con frecuencia, cuando se le transforma en deidad, es cáscara, se vuelve inversamente proporcional a la inteligencia y a los valores porque se estima más el aspecto que la razón y los sentimientos. Observó la carátula del reloj de pared y escuchó el tañido de sus campanas cada hora, hasta que reaccionó al reflexionar que moriría enclaustrada en su habitación y sin oportunidad sus sentimientos e ideas. Respiró profundamente. Fue a la ducha y cambió su ropa. Maquilló la palidez de su rostro, sonrió y se dijo “te perdono”. Salió en busca de sus padres y hermanos con la intención de abrazarlos, expresarles su amor y agradecimiento, convivir con ellos y compartir detalles, momentos, alegrías. Visitó a su familia, a sus amistades, a sus compañeros de antaño, a la gente que caminó a su lado y con la que compartió incontables capítulos. Recorrió las calzadas con bancas, fuentes y árboles. Percibió el trinar de las aves y el rumor del viento. Descalzó y anduvo en el césped, hasta que abrazó un árbol que le habló en el silencio y le transmitió el palpitar de la vida, el pulso de la creación. Lloró y sintió estremecer porque de pronto recordó que había dedicado los días de su existencia al maquillaje, a apetitos pasajeros, a las apariencias, a aquellas cosas intrascendentes que acumuladas, consumen la vida. Se dio cuenta de que no había vivido, motivo por el que minutos más tarde, al llover, alzó los brazos y recibió las gotas que deslizaron por su rostro y su piel y empaparon su cabello. Escuchó los murmullos de la vida. el lenguaje de la naturaleza, los susurros del silencio y los rumores de la gente. Corrió, a pesar de su debilidad, y al siguiente día se acercó a una fuente y a otra más, donde se mojó como una niña inocente que ensaya el juego de la vida. Se perdonó a sí misma y a los demás. Entendió que la vida es una estancia breve y que cada instante es irrepetible. La vida, pensó, se experimenta en armonía, con equilibrio y plenamente, siempre con amor y alegría, con respeto a uno y a los demás, no en las prisiones de deseos carnales y vicios que pregonan quienes con estulticia aseguran que la existencia es corta y hay que aprovecharla de esa manera. La vida es algo más que carne y debilidades, concluyó. Aprendió a dar de sí, a no arrebatar, porque el amor y las cosas no sólo son para uno, sino para el bien que se puede hacer a los demás. Lo practicó. Compensó lo que alguna vez obtuvo y disfrutó. Esos días, los postreros, ella vivió intensamente y cumplió sus deseos internos. Se atrevió a ser ella y a emprender una gran historia, sin olvidar que en el otro extremo de su vida, como le anunció el médico, la muerte llegaría puntual a su cita. El encuentro era impostergable. Dialogó, compartió, sonrió y convivió con su familia, sus amigos y la gente que le rodeaba. Una noche, ya muy agotada, retornó a su casa y decidió dormir. En la oscuridad y el silencio de la habitación, repasó sus experiencias de las últimas semanas. Sonriente y en paz, cerró los párpados. Soñó la luz y al despertar, sintió fluir la vida en ella.

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Es amor…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Eres tú

Es amor cuando uno siente alegría e ilusión de enamorarse todos los días. Es amor desde el instante en que la capacidad de asombro no cesa, la vida parece el encanto de un sueño y las burbujas de cristal que encierran tantas ilusiones, semejan los capítulos de la existencia. Es amor cuando uno, a su lado, experimenta admiración y respeto. Es amor al ser fiel, al saber uno que ya no espera a alguien más, al enamorarse de la belleza del rostro y de la hermosura del alma, al sentirse cautivado por sus detalles femeninos. Es amor al acompañarle en sus horas de dolor y tristeza, secar sus lágrimas y darle fortaleza. Es amor al compartir y disfrutar su sonrisa, la amenidad de su conversación y hasta sus momentos de silencio, como un contagio que colecciona un día, otro y muchos más la dicha de volar a su lado, correr por el parque durante una tarde de lluvia, remar en un lago tranquilo que refleja la profundidad del cielo y el verdor de los abetos que lo rodean o admirar la decoración celeste una noche romántica. Es amor cuando uno le tiene confianza y siente orgullo por ser quien es. Es amor cuando se le toma de la mano, se pronuncia su nombre y se le integra a una gran historia. Es amor cuando se le acompaña en los minutos de alegría y tristeza. Es amor cuando con ella se siente que el mundo es cielo, que el paraíso inicia en el alma y que algo hay en la jornada terrena que recuerda la morada infinita. Es amor cuando tu nombre y el mío se perciben en los susurros de Dios, en los rumores del viento y en el perfume de las flores y la tierra humedecida por la lluvia. Es amor cuando tú y yo, enamorados, ya somos uno, poseemos un guión escrito desde la eternidad y nuestro interior, andamos de una estación a otra y reconocemos que venimos de un plano mágico. Es amor cuando eres yo y soy tú, cada uno con su identidad y su vuelo libre y pleno, y con sorpresa descubrimos que somos regalo del cielo.

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Una nota bella y el encanto de una vida y un sueño llamados amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me cautivan tus detalles porque me comunican un amor genuino y fiel que traspasa las manecillas del reloj y mi estancia en este mundo, quizá porque contigo me siento en el cielo; pero a veces, no te miento, necesito algunas palabras dulces, como las que sueles expresarme en ciertas horas de alegría, enamoramiento e ilusión, seguramente por aliviar y compensar mis días de soledad e indicarme que es verdad tu compañía que percibo en mi alma cuando no estamos juntos

Una palabra tuya es una nota bella en un concierto matinal o en una sinfonía nocturna, el susurro del viento que llega de mundos distantes, los murmullos del oleaje que empapa la arena y arrastra secretos y trozos del fondo del océano, los rumores de los sueños y la vida, el poema que se dice una tarde de romance. Tu mirada es la luz de un paraíso que intuyo excelso, un espejo de dulce encanto que refleja la beatitud y hermosura que debe existir en la morada de donde venimos. Y tus caricias, en tanto, las siento como la textura de una flor cuando las gotas del rocío deslizan suavemente sobre sus pétalos y desprenden aromas celestes y mágicos que cautivan los sentidos. Ojos tan bonitos los tuyos, con pestañas de niña consentida e inolvidable, y labios que me regalan el sabor del cielo y la esencia de tu alma. Ya no hay nada que describir con las palabras cuando el amor es el encanto que te arrulla conmigo aquí, en la finitud del mundo, y allá, en la casa, en el palacio, en la morada infinita, donde siempre nos sabremos tú y yo, nosotros.

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Sólo para ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Para ti, tú lo sabes, por ser el poema de mi amor, mi vida y mi alma

Mis poemas tienen mucho de ti, como el arcoíris ofrece los colores del paraíso, la mariposa muestra el vuelo de la libertad y la lluvia y el viento poseen la frescura y el perfume del cielo, acaso porque eres un tanto de mí, quizá por ser los dos un tú y un yo inseparable, tal vez por saberte la musa que me inspira en la buhardilla. Inserto en las palabras algo de ti, un trozo de mí, con la idea de dejar en cada fragmento poético tu fragancia y la mía, las huellas y la constancia de un amor que es locura y destino, talla y delirio, estrella y ministerio, sueño y vida. En cada letra y palabra descubro que a veces fueron tus manos y en ocasiones las mías, autoras de este poemario, probablemente cuando acariciaste mi rostro o seguramente al abrazarte desde las profundidades y el silencio de nuestras almas y saberte yo y sentirte tú. Ideas las mías que son las tuyas. Grabo en cada línea escrita las octavas de nuestras voces al susurrar con el aire los secretos de un amor prodigioso e inextinguible. Nadie imagina que al ser mi musa y yo tu amante de la pluma, fundimos nuestros sentimientos en un poema y en una historia inolvidable y excelsa. Aquí y allá, en el mundo y en otros planos, seremos muy ricos porque tenemos una historia que enlaza e identifica nuestras almas y un amor que ya es tuyo y mío y palpita, por ser fiel y puro, en el oleaje de la eternidad.

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Eres mi sueño

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Sabía que un día, en alguna estación de mi existencia, la definiría entre los viajeros, y así fue, la descubrí a unos pasos de mí, entre el mundo y la eternidad, con un estilo y una luz que me parecieron tan suyos y míos, que me apresuré al reencuentro. La reconocí. En mi infancia dorada, cuando la presentía en mí, entendí que los sueños son reales cuando uno cree y que alguien muy bondadoso, quizá en la morada de la creación, se encarga de cumplirlos si son puros y sinceros. Creí en nuestro encuentro y ahora es mi musa, color de mi vida, promesa de un cielo sin final, mi poema y mi amor. ¿Es sueño, vida o ambos? Es, simplemente, un sueño que cada instante se convierte en realidad. Es todo. Nada la desvanece. ¿Acaso mueren las estrellas cuando uno, en el mundo, contempla el amanecer?

Eres mi sueño, no porque todas las noches, al dormir, me encuentre contigo en un mundo prodigioso, en un plano mágico, sino por despertar y saberte real, por retornar de mis quimeras y sentirte conmigo, por abrir los ojos y saberme acompañado durante mi jornada terrena. Eres mi sueño, no por considerarte fantasía, poema, quimera e ilusión; es por ser la imagen que descubro al mirarme en el espejo, por el rostro que defines al ver tu reflejo, por nuestras sonrisas retratadas en el agua de la fuente y en los remansos cristalinos. Eres mi sueño, por tus detalles y ese estilo especial y tan tuyo, por tus riquezas interiores y tu belleza. Eres mi sueño por ser compañera y protagonista de nuestra historia, por dejar la actuación de personaje incierto y convertirte cada día en color de mi vida y promesa de un cielo esplendoroso. Eres mi sueño porque haces los guiones a un lado y te transformas en ti, en mí, en nosotros, auténtica y feliz. Eres mi sueño porque estás aquí y ahora, conmigo, con la idea de disfrutar una eternidad compartida. Eres mi sueño por ser mi realidad. Eres mi sueño porque no me agradaría que fueras proyecto inconcluso. Eres mi sueño porque así traes abrazos, juegos y risas a nuestra unión. Eres mi sueño porque cuando los días de la existencia tienen una alegría, un motivo, una ilusión, son de mayor dulzura y parecen más cercanos al alma y a Dios. Eres mi sueño porque un día y otro de mi infancia dorada, pregunté por ti, te percibí en mis noches de somnolencia y te supe sustraída de un cuento de hadas y princesas. Eres mi sueño porque un día apareciste en mi sendero, en una de las estaciones de nuestras existencias, como te presentí, igual a la niña con la que otrora jugué en salones palaciegos y en jardines edénicos, y te reconocí al descubrirme en tu mirada. Eres mi sueño porque te encontré en el perfume, la textura y la policromía de las flores, y en el azul tan profundo del cielo y del mar, en las burbujas de los manantiales, en las gotas de la lluvia, en las caricias del viento y en las tonalidades de las hojas. Eres mi sueño porque la realidad tiene algo de fantasía y las quimeras e ilusiones se vuelven reales cuando uno cree. Eres mi sueño, no por haber escapado de una morada infinita y permanecer refugiados en un terruño temporal, sino por caminar y volar juntos, tomados de la mano, libres y plenos, con el sí y el no de la vida, con sus claroscuros, hacia la ruta donde el agua es etérea y fluye incesante. Eres mi sueño porque así, como eres, pedí a Dios vivir la dulzura y profundidad de un abrazo sin final. Es cierto, eres mi sueño porque finalmente tú y yo entendemos lo que significa vivir con un estilo distinto y especial, más próximo al deleite y la excelsitud infinitos que a los rasguños de la superficialidad. Eres mi sueño porque sabemos los dos que un encuentro pasajero es sepultado en el olvido, y que un abrazo, otro y muchos más, envueltos en la dulzura y el silencio de quienes se aman y perciben las voces de sus almas y los rumores celestes, son las perlas de un collar que lleva a un paraje magistral, a la unión que inspira la luz y alumbra el universo con luceros de cautivante hermosura. Eres mi sueño.

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Inolvidable para ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Siempre entendí que se trataba de ella, la pequeña que presentí durante mi infancia dorada y sustraje de mis sueños, la niña consentida de Dios, la musa que inspira mis obras y que al amarla, al saberla real, provoca que la admire, que sienta asombro hasta de mi enamoramiento y que hoy viva la locura de un amor que me lleva a las estrellas, al polvo cósmico, a la luz eterna. Prometí amarla y ser inolvidable para ella. Si lo soy y un día, una tarde o una noche, ella o yo cruzamos el umbral, la frontera entre el mundo y la morada celeste, no dudo que en algún instante, si acaso existe el tiempo en el palacio de Dios, su alma y la mía se reconocerán de inmediato para unirse en un romance sin final…

Quiero ser inolvidable para ti, no por el perfil de mi rostro, sino por la brillantez de mis ojos cuando te miro, por la dulzura de mis palabras al hablarte, por la alegría de mi sonrisa al estar contigo, por el sabor de mis labios al besarte. Quiero ser inolvidable para ti, no por la ropa que porto ni por la loción que utilizo, sino por el aroma de mi piel, los abrazos de amor y consuelo que te doy y lo que mis manos hacen por ti cuando ríes o sufres. Quiero ser inolvidable para ti, por los caminos que recorremos, los puentes que cruzamos y los sitios que visitamos; pero también, no lo niego, por las huellas que dejamos, la ruta que trazamos, los capítulos que compartimos. Quiero ser inolvidable para ti, por las horas que robamos a las manecillas del reloj, por los días que hacemos nuestros y restamos a los almanaques, por los años en el mundo y las promesas de un amor más pleno en la eternidad. Quiero ser inolvidable para ti, no por las superficialidades que están de moda, sino por mi amor fiel, por esta locura que me provoca admirarte tanto y sentirte como un tú muy mío sin arrebatar tu identidad ni ensombrecer tu vuelo. Quiero ser inolvidable para ti, por mis poemas y detalles, por nuestros sueños y realidades, por las ilusiones que atrapamos en burbujas que solemos reventar, cuando jugamos, para tornarlas en vivencias. Quiero ser inolvidable para ti, por la oración de cada día, por el asombro de un amor extraordinario, por los actos cotidianos, por el sí y el no de la vida. Quiero ser inolvidable para ti, de tal manera que sientas emoción, alegría e ilusión cuando exprese suavemente en tu oído, mientras te entrego un poema y un bouquet de flores perfumadas y de dulce policromía: “me cautivas. Estoy enamorado de ti. No espero a alguien más porque mi alma te ha reconocido. Eres tú. Te amo fielmente”. Quiero ser inolvidable para ti, al grado de que sientas el cielo durante los días de tu existencia en este plano y las cosas del mundo, el universo y la creación se confabulen a nuestro favor, hasta abrir las compuertas de un cielo que inicia en nuestras almas y se proyecta al infinito cual ensueño interminable. Quiero ser inolvidable para ti, por la historia que protagonizamos y compartimos, por los sueños e ilusiones, por las vivencias, por nuestros juegos, por los momentos de silencio, por lo sencillo y complejo, por la risa y las lágrimas, por las luces y sombras, por el tesoro que prometimos entregar a Dios. Quiero ser inolvidable para ti, lo confieso, para que el día que retornemos a la morada de las almas, la tuya y la mía se reconozcan y permanezcan abrazadas y felices en el arrullo de la eternidad.

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Mi secreto

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me prometí, al mirarla por primera vez, que todos los días renovaría mi amor y me enamoraría de ella, sentiría asombro, experimentaría alegría y emoción al sentirla, al verla, al escucharla, al percibir su fragancia, al descubrir sus movimientos femeninos y sutiles, al saberla dama, al ser su caballero, al llevar el sabor de sus besos. Le llamé musa porque inspira mis obras, cuando escribo, y mi vida al soñar. Un amor así no se traiciona ni macula. Un amor como este se enaltece con sentimientos fieles y puros, con detalles, con actos extraordinarios, con los sueños y la vida, con el mundo y el cielo

Mi secreto se basa en soñarte cuando estoy despierto y en sentirte conmigo al permanecer dormido, porque mi existencia tiene un tanto de ti y se convirtió, sin darme cuenta, en medida de los dos, en destino tan tuyo y mío. La fórmula consiste en enamorarme de ti todos los días, en sentir admiración cuando estoy contigo, en ser tú sin aprisionar mi libertad, en que te conviertas en mí con tu propia identidad. Mi plan es fabricar detalles e ilusiones para ti, diseñar y elaborar burbujas para reventarlas juntos y agregar a los sueños trozos de vida y a la existencia, en tanto, obsequiarle fragmentos de fantasías e ilusiones. Mi proyecto es caminar contigo, volar a tu lado, sumergirnos juntos en las profundidades silenciosas del océano, en nuestro interior, en el mapa de un mundo prodigioso. Mi idea, en el amor,es enamorarme de ti cada instante, anticiparme a las horas pasajeras, adelantarme al reloj, a su péndulo y a sus manecillas imperturbables, con la intención de ofrecerte mis sentimientos y detalles, mi vida y mi obra, ingredientes para armar puentes y escaleras y fundir nuestras almas. Mi confesión es, simplemente, enamorarme de ti, sentir asombro contigo, decirte en cierto instante y en determinado lugar que te amo. Te pregunto a una hora y otra, en un sitio y en muchos más, si ya te expresé mi amor, quizá sin percatarme de que así construyo un sendero, una ruta, un destino, nuestra historia, o tal vez por tratarse de mi estrategia, mi secreto, mi táctica, en esta locura que ya es tan nuestra.

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Un día, a cierta hora…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

No es sueño, es vida. No es alguien más, es ella. No es destello de una noche, es luz de un firmamento. No son otros, somos tú y yo con un destino, una historia, un delirio

Un día, a cierta hora, asomé a su mirada, descubrí los tesoros de su interior y quedé maravillado ante el destello de su ser; comprendí, entonces, que no son los maquillajes los que embellecen a la gente ni las conductas, la fortuna material y la ropa de maniquí las que la hacen interesante, la enriquecen o la visten, sino algo más, esa sutileza inherente de dama, los rasgos naturales de su feminidad, la sonrisa de su rostro y los pequeños detalles que forman su grandeza. Otro día, enamorado, volví a la profundidad de sus ojos y comprobé su forma de mirarme. Escuché los rumores de su voz y el significado de su lenguaje, besé sus labios tan diferentes y tiernos, sentí sus manos y percibí los latidos de su corazón que me comunicaron su forma especial de amar, su fidelidad natural, su anhelo de ser feliz. Entendí, al llevar conmigo su fragancia y su sabor, que no son las formas las que enamoran, sino el interior, ese código que llevan consigo algunos seres extraordinarios e inolvidables y que parece ser la señal de las criaturas que Dios consiente. Me di cuenta de que si los sentimientos más bellos y sublimes se cultivan cada instante y uno renueva su enamoramiento todos los días, innegablemente, como ella, también soy consentido por quien diseñó la creación porque de otra manera, pregunto, ¿cómo es que tengo la dicha de amar al color del cielo, al agua de la fuente sin final, al cristal del palacio? Un día, a cierta hora, asomé a los secretos insondables de su mirada y me definí con ella en una historia interminable, como un destino feliz y una locura capaz de hacer de la vida el arrullo de un sueño y de las quimeras e ilusiones, un amanecer prodigioso.

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