Repaso

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Un caballero no olvida el detalle de sorprender a su dama con una canasta pletórica de flores y la promesa de hacer de cada instante un motivo de alegría

Hoy recorro, felizmente, las rutas del amor, entre paisajes al natural y otros de luces y cristal, donde te miro conmigo, me veo contigo, en el sutil encanto de dos miradas que son una. Abro las páginas de nuestra historia y, en cada línea escrita, con sus mayúsculas y sus minúsculas, sus acentos y su puntuación, doy lectura a tus capítulos y a los míos, a lo que somos y hemos construido, hasta comprobar que tenemos un ayer compartido, poseemos un hoy que hacemos prodigioso y aseguramos, por lo mismo, un mañana sin final. Repaso, a tu lado, igual que dos patinadores sobre hielo -ella y él, tú y yo-, las horas y los días, los callejones y los remansos, los sueños y las vivencias de un amor que descubre nuestros rostros en notas de colores, en matices, supongo, parecidos a los que Dios utiliza cuando pinta los sentimientos que nos regala. Rescato de fechas lejanas momentos irrepetibles, instantes dichosos, que ilusionan, dan alegría e invitan a convertirlos en cimientos y puentes a un hoy esplendoroso y mágico, cautivante e inolvidable, entre tú y yo.

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El muchacho

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Qué tristeza y cuánto dolor significa arrancar, en la campiña o en el jardín de la casa, la flor que apenas crece, los pétalos que aprenden, por su edad, a segregar los perfumes de la vida, la criatura de bella inocencia y deliciosa textura por la que deslizan las gotas del rocío. Cuán doloroso es mirar el ocaso de la gota de agua que recién brota de la intimidad de la tierra, en el manantial, y qué lamentable es presenciar la agonía de una tarde matizada de colores y envuelta en fragancias primaverales… Duele la muerte espontánea, lastiman las despedidas que no se esperan, hieren las ausencias que se presentan de improviso. Hoy siento nostalgia. Derramé algunas lágrimas. El muchacho, el joven amable de la tienda, murió en un accidente. Me enteré esta tarde. Era un hombre de aproximadamente 25 años de edad, sonriente y educado. Estudiaba una licenciatura en la universidad y trabajaba en una tienda de comestibles. Cerraba el establecimiento a las 10 de la noche; sin embargo, de acuerdo con sus obligaciones laborales, permanecía dos horas extras en el local con el objetivo de efectuar corte de caja, limpiar los anaqueles, colocar mercancía y llenar los refrigeradores con jugos, refrescos y sodas. Una vez que concluía, marchaba a su departamento, en el centro histórico de la ciudad. Se trasladaba en su moto. Un día y otros, mientras me atendía, platicaba que vivía solo y que tenía aspiraciones y la ilusión de concluir sus estudios universitarios y ser un hombre dedicado a hacer el bien a los demás, triunfar en su profesión y formar una familia bella y unida. Sonreía mucho. Nunca lo vi enojado. Era respetuoso, tolerante y educado. A diferencia de amplio porcentaje de tenderos malhumorados, este joven, cuyo nombre desconozco, era bueno, agradable, sencillo. Irradiaba honestidad y buenos sentimientos, y lo demostraba en su trato diario con los clientes. Algunas veces le di consejos y otras, en tanto, intercambiamos comentarios, anécdotas y hasta sonrisas. Era uno de esos muchachos alegres y bien intencionados a los que uno bien podría expresar: “eres grandioso. Te felicito. Mereces ser intensamente feliz. Te entrego el mundo con la intención de lo que mejores. Personas como tú, necesita la humanidad. Aporta lo mejor de ti, lo que te corresponde. Sé que no me decepcionarás”. No obstante, un accidente fatal, a una hora infausta, provocó su fallecimiento, y así, con tristeza lo declaro, los seres humanos perdimos a uno más dentro de la gente buena. Duele tanto.

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Es momento de contagiar a la gente

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es momento de contagiar a la gente, a millones de hombres y mujeres, en todo el mundo, que apenas hace rato, quizá ayer, cantaban y reían felices e ilusionados, alrededor de la vida, y hoy, irreconocibles, temen a las sombras de la muerte que amenazan entintar los días de sus existencias con matices luctuosos. Es perentorio escapar de los barrotes y las celdas que hemos creado egoístamente, salir del estado de comodidad aparente que equivale más a irresponsabilidad que a razón, y transmitir a otros -familia, amistades, vecinos- auténticas dosis de alegría, fe y optimismo. No hay que esperar a que alguien enferme para llorar, mortificarse y contabilizar uno más dentro de la lista de ausencias. Es momento de formar una cadena humana con innumerables eslabones, todos unidos entre sí, atentos y solidarios, no con la intención de encadenarnos, sino con la idea de fortalecernos y ser auténticos, libres y plenos. Desde hoy, es aconsejable llamar por teléfono a los familiares, a los amigos, a los vecinos, a los contactos más próximos, con la intención de animarlos, preguntar por su salud, recomendarles se cuiden, recordar historias y días felices, planear futuros encuentros, alegres y sanos, para celebrar el milagro de la vida. Es urgente que ellos, a la vez, marquen a otras personas y las saluden igual. Las emotividades presenciales deben reservarse para otras fechas. En ocasiones, las apariencias y las superficialidades, emparentadas con la ansiedad, el consumismo, la soberbia, la necedad y la ignorancia, provocan que la gente no entienda y cometa imprudencias que propician mayores problemas y complicaciones. Es indispensable contagiar a los demás, aquí y allá, ahora y siempre, con sentimientos, ideales, deseos y pensamientos nobles, evidentemente con amabilidad, entrega, sinceridad y sonrisas. El aislamiento y las mascarillas, confinan, aprisionan, a pesar de las recomendaciones en su uso; mas no son excusa para transformarse en criaturas burdas, groseras y malvadas. Es tiempo de demostrar que tú, yo, ellos, nosotros, ustedes, somos mejores y superiores a grupúsculos perversos que causan tanto daño a la humanidad en su afán de reprimirla y dominarla para apoderarse de las riquezas del mundo. Si una élite poderosa, en complicidad con gobiernos serviles y corruptos, militares irracionales, científicos mercenarios y medios de comunicación sin escrúpulos, entre otros, diseñó, formó y dispersó un virus criminal que ha enfermado y asesinado a incontables hombres y mujeres, en el planeta, no olvidemos que Dios colocó un alma en cada uno, sentimientos e ideales, pensamientos y sueños, que se demuestran con la mano generosa que da a otros lo mejor de sí, con palabras de aliento, con una sonrisa, con una mirada comprensiva. Es hora de contagiar a la humanidad.

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Con estas letras, con estas flores…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Con estas letras, compenso las horas y los días de ausencia, y con las flores que hoy te regalo, envueltas en burbujas de cristal, te entrego mi vida entera, pintada de colores e impregnada de perfumes, para que me sientas contigo y sepas que nunca renunciaré a ti. Estás presente en mis sueños, en mi vida, en mis ilusiones, en mis locuras. Con estas palabras que hoy escribo, retorno de mis ausencias recurrentes, de mi existencia tan rara, de las estaciones desoladas y distantes, de los viajes a mis profundidades. Vengo de mis delirios por ti, por tu mirada, por tus alegrías y tu risa, por tus ocurrencias y tus enojos, por ser tú tan mí y yo poseer tanto de ti. Escribo mi amor. Mis sentimientos son palabras que trazo, enamoradas entre sí, para que se atraigan y te encanten. Siéntelas en el alma y percibe los latidos de tu corazón, como los de los enamorados cuando miran la luna plateada y se mecen todas las noches en su sonrisa de columpio. Con estas letras, con estas flores, estoy contigo, enamorado de ti, en un delirio que cualquiera piensa termina en el horizonte, cuando el cielo dorado besa al mar y lo incendia de tonos mágicos, acaso sin sospechar que la imagen se replica en el infinito porque el amor es un poema que nunca muere.

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Cuando se va un amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, que eres tan especial en mi vida... simplemente, la otra parte de mí

Cuando se va un amor, el alma queda desierta, ausente de sí, en alguna estación abandonada y vieja. Cuando se va un amor, de pronto la luna se vuelve real y pierde el encanto de su sonrisa de columpio. Cuando se va un amor, las lágrimas duelen y se convierten en tempestad interminable que envía al naufragio y, finalmente, ahoga. Cuando se va un amor, y era tan querido, ninguno otro lo suplanta. Cuando se va un amor, quedan las evocaciones, el desconsuelo y la melancolía. Cuando se va un amor, los pétalos de las rosas marchitan prematuramente y el perfume de las flores se disuelve irremediablemente, hasta que es imposible vivir y soñar en el diseño y la creación de un bouquet traído de los jardines del paraíso. Cuando se va un amor, las imágenes, las remembranzas y las cosas que fueron de uno y otro, envejecen y agonizan. Cuando se va un amor, se acabó una historia y todo entristece. Cuando se va un amor, las espigas del trigo pierden el dorado al alumbrarlas el sol y los amaneceres ya no ofrecen colores ni porvenir. Cuando se va un amor, las letras y las palabras, construidas diariamente en la libreta, se desmoronan, pierden sus colores inconfundibles y es imposible armar otros poemas. Cuando se va un amor, uno se siente enclaustrado y solo, triste y muerto, en el hogar que construyó con ilusión y estaba reservado a alguien especial. Cuando se va un amor, el caminante descubre que a los lados y adelante ya no hay huellas paralelas y que los senderos permanecen solos y yertos. Cuando se va un amor, la mirada se apaga y resulta imposible contabilizar las estrellas, poner nombres a los árboles y abrazar a alguien, girar y caer al pasto sonrientes y dichosos. Cuando se va un amor, las páginas quedan en blanco, el pentagrama aparece desolado y los pinceles son incapaces de deslizar e impregnar la policromía en el lienzo. Cuando se va un amor, se siente la ausencia del tú y el yo, asoma la muerte y los días pierden sentido. Cuando se va un amor, alguien, a la distancia, ya lleva mucho de uno. Cuando se va un amor, un amor que era real, se pierde la entrada al cielo. Cuando se va un amor, los ojos se nublan, la voz se apaga y el corazón no late más. Cuando se va un amor, los sueños y las ilusiones caen inevitablemente, igual que los árboles en otoño que miran a la hoja postrera en su fatal caída… por eso, nunca te alejes de mí ni dejes de latir en mi corazón, en mi vida, en mi memoria y en mis sentimientos. Te amo en pretérito, en presente y en futuro, en este mundo, en otros más y en paraísos insospechados.

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Ya no están aquí

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Ya no están aquí, cerca de nosotros, para acariciarlos y expresarles nuestro más profundo amor y la gratitud que sentimos por ellos. Se ausentaron. Ya no están aquí, familiares y amigos, compañeros y vecinos, para conversar con ellos, compartirles una sonrisa y comentarles que, felizmente, son parte de nuestras historias. Dejaron suspiros y hondos vacíos. Ya no están aquí, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, que provocaban risa o coraje en nosotros, y, después de todo, siempre se mantuvieron presentes, muy fieles, en las mañanas soleadas, los mediodías de lluvia, las tardes de viento otoñal y las noches invernales. Abandonaron sus nombres, apellidos y todo lo que eran. Ya no están aquí los de nuestra generación, los de ayer y los de hoy. Sus asientos permanecen vacíos. Ya no están aquí los que estiraron sus manos para recibirnos durante nuestros primeros pasos, aquellos que entregaron lo mejor de sí para hacernos muy felices y enseñarnos las lecciones y los secretos de la vida. Abordaron el furgón en alguna estación abandonada y vieja. Ya no están aquí, minúsculas y mayúsculas, en femenino y en masculino, con sus sonrisas y sus enojos, sus sueños y sus ilusiones, sus luchas y sus desencuentros, sus triunfos y sus fracasos. Se fueron y quedamos solos. Ya no están aquí, ellos, quienes nos enseñaron que el mundo solo es un paseo que conviene disfrutar con el sí y el no de la vida, en armonía, con equilibrio, plenamente y con dignidad, y que el sendero hacia el infinito, a los cielos sin final, principia en el alma y está más próximo cuando uno es otro, más esencia que arcilla, y los sentimientos, palabras, acciones y pensamientos son nobles y resplandecen con la luz interior. Viajaron, sin duda, a los paraísos que tanto anunciaron. Ya no están aquí, con nosotros, aquellos que nos acompañaron durante nuestras jornadas terrenas. Algo sucedió con ellos. Ya no están aquí, en el mundo, los que nos amaron tanto y los que sintieron envidia y odio contra nosotros. Ni a unos les expresaremos nuestro amor ni a otros los perdonaremos de manera personal. Ya no están aquí los que igual que tú, yo, ellos, nosotros y ustedes, protagonizaron minutos y años existenciales. Algo los deshilvanó. Ya no están aquí, entre nosotros, seres humanos con identidad, para amarlos, solicitar su perdón o disculparlos. Partieron de improviso, cuando las noches parecían tan silenciosas y alguien tocó a sus puertas. Ya no están aquí los que crecieron a nuestro lado. Oh, presagio de que nos estamos yendo y de que el árbol se deshoja sin que nos demos cuenta. Ya no están aquí los que se mantuvieron presentes en nuestras vidas. Todavía, a pesar de los dolores de las ausencias, hay gente a la que podemos expresar nuestro amor, pedirle olvide y perdone nuestros errores y ofensas, abrazar y sentirla desde la profundidad y el silencio de nuestras almas. Ya no están aquí los de antes y los de ahora. Nos vamos quedando solos, o, tal vez, ya lo estábamos desde que preferimos las apariencias y no la esencia, a partir del momento, quizá, en que elegimos lo inmediato, lo desechable, y no lo perenne. Ya no están aquí los que apenas hace rato o ayer nos regalaron una sonrisa, algunas palabras o la calidez de un abrazo. Solo quedan los recuerdos que alguna vez, a cierta hora, se volverán olvido y el viento dispersará como las hojas que desprende del árbol. Ya no están aquí.

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Gracias por ser quien eres

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, con amor, por ser quien eres

Gracias por ser quien eres al permitirme colocar tu mirada, tus suspiros y tu voz en los poemas que me inspiras y te escribo. Gracias por ser quien eres al aparecer en mi vida y en mis sueños, en mis realidades y en mis quimeras, en mis auroras y en mis ocasos. Gracias por ser quien eres al dibujarme en tu mirada de espejo, al aceptar mis manos y al escuchar mis confesiones y las palabras que a una hora y otra pronuncio con la idea de que recuerdes que alguien, en este mundo -yo-, te ama de día y de noche. Gracias por ser quien eres al llevar un tanto de mí y regalarme mucho de ti. Gracias por ser quien eres al reír y llorar, al alegrarte y enojar. Gracias por ser quien eres al correr a mi lado mientras llueve y las gotas deslizan por nuestros rostros y brazos. Gracias por ser quien eres al convertir los días de mi existencia en un deleite y hacer de nuestro mundo un paraíso. Gracias por ser quien eres y por las historias de ayer y de hoy, y también por las que planeamos para el amanecer. Gracias por ser quien eres en mi esencia y en mi arcilla. Gracias por ser quien eres cuando nos mecemos en la luna con sonrisa de columpio. Gracias por ser quien eres al preparar tus recetas de dama y aceptar las mías de caballero. Gracias por ser quien eres, con tus ocurrencias y mis locuras, con el amor que nos tenemos y por la historia que compartimos. Gracias por ser quien eres tras comprobar mi delirio por ti, la locura que siento por este amor. Gracias por ser quien eres al permanecer sumergida en tus silencios, en tus cavilaciones, y al emerger con tus rumores y tus palabras de niña bonita. Gracias por ser quien eres al contagiarme con tu alegría y los sentimientos que destilas. Gracias por ser quien eres al esperarme en alguna estación, mientras retorno con mi mochila de caminante y trotamundos, cargado de detalles, historias y regalos. Gracias por ser quien eres cuando siento, al escribir, que cada letra es un trozo de ti. Gracias por ser quien eres al acercarte a mí, abrazarnos desde la profundidad y el silencio de nuestras almas, y así, inseparables, en vuelo libre y pleno, compartir el pulso del amor y de la vida, el palpitar del infinito y de la temporalidad, la sutileza del cielo y la textura del mundo. Gracias, sencillamente, por ser quien eres.

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Los poemas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los poemas, al escribirlos el artista, se transforman en palabras y sentimientos que deslizan suavemente, en rumores y silencios que provocan un deleite, en susurros que escapan y cautivan por su encanto. Los poemas se vuelven oleaje interminable que va y viene, hasta dejar su aliento y sus huellas en los riscos, en la arena, en el horizonte al fundirse el océano con el cielo y regalar colores mágicos y sensaciones insospechadas. Los poemas son hermandad de letras, convivencia de acentos y signos, encuentro de significados que alegran o entristecen, emocionan y arrullan. Envuelven a hombres y mujeres en burbujas de sueños e ilusiones. Los acarician dulcemente. Los poemas son la nieve que cubre el paisaje de la existencia, la lava que se vuelve piedra de formas caprichosas, el burbujeo inagotable de los manantiales, la flor que exhala fragancias bellas y gratas. Los poemas se escriben una mañana soleada, una tarde de lluvia, una noche estrellada o una madrugada sigilosa, y son para ti, para mí, para él, para ella, para nosotros, para ustedes, para todos o para nadie.. Son las letras que escapan del abecedario y a cierta hora acuden a su cita, puntuales y a hurtadillas, para abrazarse contentas, atraerse e inesperadamente enamorarse entre sí, hasta contraer matrimonio y formar palabras, palabras suaves y fuertes, palabras alegres y tristes, palabras, al fin, que traducen sentimientos e ideas y dan sentido a la vida, al mundo, a las cosas, a la gente, a las rutas. Los poemas son, sospecho, trozos del lenguaje de Dios, pedazos de susurros de mar y viento, vestigios de paraísos inimaginables, ecos del mundo. Son, parece, notas musicales que acuerdan tener correspondencia con el infinito, con la creación, con la naturaleza, con la vida, para que el hombre y la mujer se conviertan en luz y en arcilla, en cielo y en tierra, en aurora y en ocaso, en ángeles y en seres humanos. Los poemas acarician. Estoy convencido de que se trata, en el fondo, de las caricias de Dios, de un padre y una madre, de un hijo y un hermano, de un abuelo y un nieto, de alguien muy amado, de un amigo, de un amor inquebrantable. Sí. Acarician y dicen, en silencio, que uno, en verdad, no está solo.

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Relator de historias

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Te contaré la historia más bella

Estas tardes de lluvia, envueltas en neblina, me embelesan porque tienen un no sé qué, algo especial, una fragancia de madera, flores y tierra mojadas y el encanto y la sutileza de un ambiente que flota suavemente, con tanta similitud a tus perfumes. Estos períodos vespertinos, con sus minutos y sus horas que transcurren impacientes, con sus rumores y sus silencios desglosados, me parecen apropiados para abrazarte en el sillón de la sala, mientras la leña cruje en la chimenea y las gotas de la llovizna deslizan por los cristales de las ventanas. Así, al beber una copa de vino, un vaso con agua o una taza con café, chocolate o té -el sabor lo agrega uno con su alegría, la nobleza de sentimientos y el prodigio de la vida-, deseo abrazarte desde la profundidad y el sigilo de nuestras almas para tocar a la puerta de las fantasías y la imaginación, y relatarte cuentos, historias de princesas y príncipes, epopeyas de damas y caballeros, narraciones que no se olvidan porque lo convierten a uno en el personaje que da o recibe una flor, en el hombre y la mujer que cruzan el bosque umbrío tomados de las manos, entre ramas, cardos y maleza, una noche de tempestad y relámpagos, para finalmente, una mañana soleada, llegar a la cumbre y descubrir la piedra de la inmortalidad. Hoy quiero, simplemente, amarte a través de mis relatos, expresarte mis sentimientos en cada historia, hacer de los personajes un tú y un yo para que sepas que permaneces en mi realidad cotidiana y en las páginas de mi imaginación, y que en cada narración se refugia el anhelo de vivir contigo la aventura más bella y magistral, como si Dios concediera a ambos el poder absoluto de rasgar su cielo y traer ecos, destellos y pedazos a nuestro pequeño mundo. Ahora deseo contarte muchas historias de princesas y príncipes enamorados y románticos que jugaron a la vida y al amor en sus palacios, sonrientes, inmersos en uno de esos ambientes que invitan a soñar y multiplicar las cosas bellas, para así, envueltos en alguna burbuja de cristal, llegar juntos a los jardines de un paraíso sin final. A esta hora te relataré un cuento, una historia, contigo y conmigo, idéntica a nuestros sueños e ilusiones.

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Cuando no estás a mi lado

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Eres tanto de mí y yo mucho de ti, que te sueño y te siento cuando por alguna causa te encuentras lejos 

Un “te extraño” cuando no estás a mi lado, es un alivio porque libera la nostalgia que siento por tu ausencia momentánea y te transmite la idea de que tengo tanto de ti que al saberte lejos, me consuela que seas una parte de mí. Un “te soy fiel”, si te encuentras o no conmigo, es prueba de que te amo y no espero a alguien más en mi morada. Un “te necesito” las horas y los días que no estás junto a mí, no es porque pretenda utilizarte, sino por extrañar ese rostro tan tuyo y mío, to voz canora y tu mirada de espejo. Un “espero nuestro reencuentro”, me enseña a no contar los días con ansiedad, me estimula a vivirlos plenamente, con alegría e ilusión, con la esperanza de la unión en este mundo temporal y en un plano eterno, Un “te añoro estos días que no estás aquí, en la ciudad”, no equivale al dolor que se siente en una despedida porque se trata de una ausencia temporal, de una espera y del deseo de abrazarte desde el silencio y la profundidad de nuestras almas, con asombro y emoción, y besarte para llenarme de tu sabor. Un “te extraño” me enseña a amarte más, entender los signos de tu existencia, comprender tu naturaleza, admirarte cuando eres tan femenina, palpar tus lágrimas al reír y secarlas y consolarte al llorar,  interpretar el lenguaje de tu alma y la mía, cuidarte siempre, cubrir los días de tu existencia con detalles, excursionar por los parajes del mundo y explorar las mansiones eternas, saberte yo y sentirme tú,  ser caballero para resaltar tus rasgos de dama y compartir una historia de ensueño. Cuando admito que te extraño, es porque te amo.

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