Los poemas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los poemas, al escribirlos el artista, se transforman en palabras y sentimientos que deslizan suavemente, en rumores y silencios que provocan un deleite, en susurros que escapan y cautivan por su encanto. Los poemas se vuelven oleaje interminable que va y viene, hasta dejar su aliento y sus huellas en los riscos, en la arena, en el horizonte al fundirse el océano con el cielo y regalar colores mágicos y sensaciones insospechadas. Los poemas son hermandad de letras, convivencia de acentos y signos, encuentro de significados que alegran o entristecen, emocionan y arrullan. Envuelven a hombres y mujeres en burbujas de sueños e ilusiones. Los acarician dulcemente. Los poemas son la nieve que cubre el paisaje de la existencia, la lava que se vuelve piedra de formas caprichosas, el burbujeo inagotable de los manantiales, la flor que exhala fragancias bellas y gratas. Los poemas se escriben una mañana soleada, una tarde de lluvia, una noche estrellada o una madrugada sigilosa, y son para ti, para mí, para él, para ella, para nosotros, para ustedes, para todos o para nadie.. Son las letras que escapan del abecedario y a cierta hora acuden a su cita, puntuales y a hurtadillas, para abrazarse contentas, atraerse e inesperadamente enamorarse entre sí, hasta contraer matrimonio y formar palabras, palabras suaves y fuertes, palabras alegres y tristes, palabras, al fin, que traducen sentimientos e ideas y dan sentido a la vida, al mundo, a las cosas, a la gente, a las rutas. Los poemas son, sospecho, trozos del lenguaje de Dios, pedazos de susurros de mar y viento, vestigios de paraísos inimaginables, ecos del mundo. Son, parece, notas musicales que acuerdan tener correspondencia con el infinito, con la creación, con la naturaleza, con la vida, para que el hombre y la mujer se conviertan en luz y en arcilla, en cielo y en tierra, en aurora y en ocaso, en ángeles y en seres humanos. Los poemas acarician. Estoy convencido de que se trata, en el fondo, de las caricias de Dios, de un padre y una madre, de un hijo y un hermano, de un abuelo y un nieto, de alguien muy amado, de un amigo, de un amor inquebrantable. Sí. Acarician y dicen, en silencio, que uno, en verdad, no está solo.

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Relator de historias

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Te contaré la historia más bella

Estas tardes de lluvia, envueltas en neblina, me embelesan porque tienen un no sé qué, algo especial, una fragancia de madera, flores y tierra mojadas y el encanto y la sutileza de un ambiente que flota suavemente, con tanta similitud a tus perfumes. Estos períodos vespertinos, con sus minutos y sus horas que transcurren impacientes, con sus rumores y sus silencios desglosados, me parecen apropiados para abrazarte en el sillón de la sala, mientras la leña cruje en la chimenea y las gotas de la llovizna deslizan por los cristales de las ventanas. Así, al beber una copa de vino, un vaso con agua o una taza con café, chocolate o té -el sabor lo agrega uno con su alegría, la nobleza de sentimientos y el prodigio de la vida-, deseo abrazarte desde la profundidad y el sigilo de nuestras almas para tocar a la puerta de las fantasías y la imaginación, y relatarte cuentos, historias de princesas y príncipes, epopeyas de damas y caballeros, narraciones que no se olvidan porque lo convierten a uno en el personaje que da o recibe una flor, en el hombre y la mujer que cruzan el bosque umbrío tomados de las manos, entre ramas, cardos y maleza, una noche de tempestad y relámpagos, para finalmente, una mañana soleada, llegar a la cumbre y descubrir la piedra de la inmortalidad. Hoy quiero, simplemente, amarte a través de mis relatos, expresarte mis sentimientos en cada historia, hacer de los personajes un tú y un yo para que sepas que permaneces en mi realidad cotidiana y en las páginas de mi imaginación, y que en cada narración se refugia el anhelo de vivir contigo la aventura más bella y magistral, como si Dios concediera a ambos el poder absoluto de rasgar su cielo y traer ecos, destellos y pedazos a nuestro pequeño mundo. Ahora deseo contarte muchas historias de princesas y príncipes enamorados y románticos que jugaron a la vida y al amor en sus palacios, sonrientes, inmersos en uno de esos ambientes que invitan a soñar y multiplicar las cosas bellas, para así, envueltos en alguna burbuja de cristal, llegar juntos a los jardines de un paraíso sin final. A esta hora te relataré un cuento, una historia, contigo y conmigo, idéntica a nuestros sueños e ilusiones.

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Cuando no estás a mi lado

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Eres tanto de mí y yo mucho de ti, que te sueño y te siento cuando por alguna causa te encuentras lejos 

Un “te extraño” cuando no estás a mi lado, es un alivio porque libera la nostalgia que siento por tu ausencia momentánea y te transmite la idea de que tengo tanto de ti que al saberte lejos, me consuela que seas una parte de mí. Un “te soy fiel”, si te encuentras o no conmigo, es prueba de que te amo y no espero a alguien más en mi morada. Un “te necesito” las horas y los días que no estás junto a mí, no es porque pretenda utilizarte, sino por extrañar ese rostro tan tuyo y mío, to voz canora y tu mirada de espejo. Un “espero nuestro reencuentro”, me enseña a no contar los días con ansiedad, me estimula a vivirlos plenamente, con alegría e ilusión, con la esperanza de la unión en este mundo temporal y en un plano eterno, Un “te añoro estos días que no estás aquí, en la ciudad”, no equivale al dolor que se siente en una despedida porque se trata de una ausencia temporal, de una espera y del deseo de abrazarte desde el silencio y la profundidad de nuestras almas, con asombro y emoción, y besarte para llenarme de tu sabor. Un “te extraño” me enseña a amarte más, entender los signos de tu existencia, comprender tu naturaleza, admirarte cuando eres tan femenina, palpar tus lágrimas al reír y secarlas y consolarte al llorar,  interpretar el lenguaje de tu alma y la mía, cuidarte siempre, cubrir los días de tu existencia con detalles, excursionar por los parajes del mundo y explorar las mansiones eternas, saberte yo y sentirme tú,  ser caballero para resaltar tus rasgos de dama y compartir una historia de ensueño. Cuando admito que te extraño, es porque te amo.

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La certeza y el minuto postrero

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Para ti

Tengo la certeza de que cuando ande entre las tardes otoñales y las noches invernales de mi existencia, aún tendré ánimo y fortaleza para enamorarme de ti al despertar, cada mañana, o al dormir, y sorprenderme, como lo hago ahora, de tu esencia, de la magia femenina en tu forma de hacer las cosas, de tu mirada y hasta del perfume que exhalan tu piel y tu ropa. Estoy seguro de que durante las horas postreras de mi vida, repasaré y experimentaré con alegría los días que me dedicas, las ilusiones que diseñamos y envolvemos en globos de colores para después reventarlos y hacerlos realidad, los guiños a hurtadillas, los juegos que tanto provocan nuestra risa, los paseos, los instantes de silencio y los minutos de charla, los momentos en que dices que me amas y hasta cuando lo callas. Otras estaciones vendrán a mí y me orillarán al sueño, al ocaso de una estancia feliz en el mundo, quizá porque uno, cuando ama, no resbala al naufragio y siente, en algún segundo, los labios que dan el último beso, los abrazos que en silencio comunican con un alma paralela. las lágrimas que derraman los ojos alguna vez transformados en poesía y en perlas. Mi convicción es de que tú y yo -nosotros- llegaremos al puerto más recóndito de la vida, acaso con bastón o tal vez con arrugas y canas, para abordar la barca a otras rutas, a un destino superior que Dios reserva a quienes se aman. Anhelo que así sea y que la alegría e ilusión que hoy sentimos, mañana sean la paz, el consuelo, la gratitud, el recuerdo y el amor inmortal que embarguen nuestras almas y las fundan en la eternidad. Estoy convencido de que los poemas que hoy me inspiras y te dedico, los besos que transmiten nuestro sabor, los abrazos que sentimos desde la profundad y el silencio de tu alma y la mía, los detalles que me regalas y la historia que compartimos, siempre palpitarán en nuestro interior y nos mantendrán inseparables. Imagino los días de mañana, no porque haya dejado de disfrutar los de la hora presente, sino por la emoción que siento al comprobar, cuando los miro, que tus manos serán las que me acaricien y las mías, en tanto, las que muevan la silla para que te sientes y reposes o las que te cobijen al dormir. Guardo en mi memoria la primavera dorada, cuando te sentía en mí e intuía que algún día, en cierto rincón del mundo, volvería a coincidir contigo, y reservo para nuestra felicidad el amor que ahora, en el verano, disfrutamos como quien pasea al cielo; además, atesoro para el otoño y el invierno horas de dulzura y encanto, no como final de una obra, sino por lo que significarán, el prefacio de un sueño inmortal. No dudo que alguna noche fría y nebulosa o una madrugada de tempestad, a tu lado, escriba para ti el último poema, te abrace y te dé el beso postrero, platique una anécdota repetida y te invite a leer nuestra historia, descubrir atrás las huellas que dejamos juntos y la ruta hacia el destino grandioso que nos espera. Ahora que paseamos por el verano de nuestras existencias, tengo la idea de que protagonizamos y compartimos una historia intensa, sublime, bella e inolvidable y que preparamos para la noche de la vida una estación de sentimientos y ternura que conectará y llevará a ambos a casa, donde el amor decorará el firmamento con las estrellas que hoy alumbran el universo y que Dios prende con su aliento.

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Al otro lado de la puerta

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Al otro lado de la puerta, existen las posibilidades de las auroras y los ocasos. Hay, parece, ignorancia, miedo, adversidad, problemas, mediocridad, obstáculos, miseria, enfermedades, fracasos, perversidad, odio, amargura y tristeza; pero también conocimiento, valor, oportunidades, grandeza, caminos y puentes, salud, éxito, fortuna, ilusiones, bien, amor, alegría, belleza y felicidad. Prepárate para vivir. El momento es hoy porque el de ayer ya se consumió y queda en las remembranzas, en las huellas que dejaste o que el tiempo borró por ser tan débiles, y el de mañana, en tanto, no sabes si vendrá a ti. Vive. Analiza y toma las decisiones que más te convengan y a quienes te rodean, a aquellos que amas, e incluso hasta los que no conoces porque en la vida y el universo, todo lo que sientes, piensas y ejecutas tiende a retornar con mayor energía. Abre la puerta y atrévete. No dejes nada sin explorar. Intenta ser extraordinario e inolvidable, humilde desde tu ser y grandioso como persona, enérgico en tus decisiones y siempre, no lo olvides, con convicciones e ideales firmes, con un código coherente con el desenvolvimiento de tu ser. Vales mucho. Al otro lado de la puerta, es cierto, se encuentran los abismos y las cumbres, los desfiladeros y las cimas, la oscuridad y el resplandor; sin embargo, al abrirla, descubrirás la entrada a tu morada, a tu ser, a rutas y túneles insospechados, a reinos subyugantes. En ti, al otro lado de la puerta, reposan fuerzas y tesoros incalculables que sólo esperan los tomes y utilices para bien. Al otro lado de la puerta, moran tus luces y sombras, tú, ellos, nosotros, todos. Nada falta. Todo está contemplado y puedes tomarlo. Sólo basta con que te atrevas. Arriésgate, no temas, porque al otro lado de la puerta están la parte más valiosa de ti y el itinerario a lo que tú desees.

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Una perla, un cristal, una gota de lluvia

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me siento admirado cuando te miro o te escucho, al advertir tu presencia, al percibir tu palpitar y al descubrir a la dama que me transforma en caballero, a la letra que convierto en poema, al lucero que pinto en el cielo, a la nota que hago música. Soy inagotable cuando salgo al jardín en busca de tus flores, al contabilizar las estrellas a tu lado y al escuchar contigo los rumores del oleaje  marítimo un amanecer, entre arena y rocas. Experimento alegría al notar tu felicidad, al verte reír, al sentirte amarme, al volar juntos en un bosque encantado

También quiero murmurar a tu oído que el amor es mágico. Es una perla, un cristal, una gota de lluvia, un suspiro que se da y enciende las estrellas y las velas más románticas. Abre los capullos cuando uno, enamorado, entrega un ramillete de rosas con alcatraces, orquídeas y tulipanes. Mira, el amor, los amaneceres y los ocasos a la orilla del océano, quizá porque el oleaje y sus rumores tienen un encanto especial para quienes funden sus almas cuando el cielo y el mar, en el horizonte, se entregan a los crepúsculos naranjas, amarillos y dorados. Obsequia, el amor, la escalinata al cielo, a las profundidades de un azul que conduce a los luceros, a otros mundos de colores y sonidos, a fronteras inimaginables. Amarte es eso, unir las profundidades marítimas con la inmensidad celeste para que tu alma asome y se deleite con los tesoros que Dios colocó al principio en rutas donde sólo caminan descalzas sus criaturas consentidas. Nuestro amor es, en consecuencia, el copo de nieve que cubre el bosque de oyameles una noche de inverno, la lluvia que forma charcos para que tú y yo asomemos y juguemos una tarde de verano, las hojas doradas y crujientes que pisamos una mañana otoñal mientras el viento sopla y las arrastra en remolinos prodigiosos, el sol que en primavera, al amanecer, alumbra la policromía de las flores e incendia las burbujas que surgen de la intimidad de la tierra, en los manantiales, y revientan para transformar los sueños e ilusiones en realidad, en alegría, en vida. Guardo en mi memoria y mis sentimientos el amor y la historia que compartimos, como si al llegar un día a otra morada fuera la medida de mis deseos para multiplicar en la inmortalidad los días felices a tu lado. Es el amor un prodigio, una locura, un sueño y una vida que se prolongan hasta parajes infinitos. Lo eres tú, un color de mi vida, un suspiro del cielo, la fragancia de un jardín policromado, el aliento de un mundo sin final, un trozo de dama, una parte de mí, la niña mimada por Dios. Ilusionado, este día enlazo letras, coloco puntos, acentúo e inserto comas para expresarte que uno, cuando ama, toca el portón de un mundo prodigioso, donde los sueños son realidad y la vida es quimera, el día noche y el ocaso aurora, tú eres yo y yo soy tú. Ningún amor se compara con el que se vive con un tú muy mío y un yo demasiado tuyo. Amar es, parece, sentirte conmigo hasta en los días de ausencia, soñarte una e incontables noches de mi existencia, vivirte cada día y prolongarte a los otros días.

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Noches de soledad

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Mis noches de soledad son eso, un destierro voluntario, un encuentro conmigo, una fiesta por el día ganado o un paréntesis para el luto por las horas perdidas y los minutos que agonizan. Se trata del momento de entrar en mi silencio o de inspirarme para crear mis obras. Es el encuentro conmigo, con el palpitar del cosmos, con mi arte. Son mi historia, mi risa y mi llanto callados, mi alegría y mi tristeza destilados en el encierro de una buhardilla, mi locura. Es el anhelo de estar al lado de quienes tanto amo, acaso sin entender que ellos, como yo, tienen su historia y siguen su camino. Aquí estoy, como cada noche, entre libros, papeles y recuerdos, contando mis historias y diseñando amor y alegría para entregarlos al amanecer, al siguiente día, a uno y a otro, porque de eso trata la vida, parece, de dar lo mejor de sí a los demás, aunque al final, durante las horas nocturnas, uno se quede solo con el frío, el péndulo del reloj y las estrellas lejanas. Extraño, quizá, a la gente que amo, a ti, a ellos, a todos; pero mis horas de soledad son el cautiverio que me mantiene tras los barrotes de la nostalgia y las ilusiones, entre la esperanza de reventar burbujas para cumplir mis sueños y la recapitulación de cada instante de mi existencia. Aquí me encuentro, a la orilla de la soledad de cada noche, con la idea de transformar mis letras, mi amor, mi vida, mis obras, mis sentimientos y mis actos en luz que alumbre la senda de otros y dejar una flama con la intención de encender, a cierta hora, un farol para mí.

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Hoy y mañana

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hoy y mañana, en el amor, es siempre, es eternamente a tu lado

Quiero escabullir de las carátulas, los péndulos y las manecillas del reloj, y regalar los instrumentos de medición, con la idea de eliminar el tiempo y la distancia entre tú y yo, cuando se interponen por alguna causa, y así, un día, al despertar, encontrarme contigo en la eternidad. Sé que la estancia en el mundo implica días y años, fechas, capítulos, una jornada y una historia. Quizá es uno de los motivos por los que me enamoro y asombro de ti todos los días y por lo que anhelo percibirte en mi alma y sentirme en la tuya, tratarte como mi niña consentida, tomar tus manos y salir al mundo a explorar y disfrutar sus rincones, abrazarte en silencio y prolongadamente, reír mucho y consolarte si por algún motivo experimentas dolor o tristeza, propiciar que duermas feliz y despiertes alegre e ilusionada. No dudo que durante las horas de la ancianidad, experimentaremos asombro por entregarnos un amor fiel e inquebrantable. El amor, recuérdalo bien, no tiene edad. No sabemos si tú o yo, siempre juntos, necesitaremos un apoyo, un consuelo o una mirada que transmita paz, comprensión y ternura y nos ayude a dormir tranquilos, de tal manera que si hoy jugamos y reímos, seguramente mañana, al anochecer, uno y otro seremos quienes con igual encanto nos cobijaremos si tememos frío. Hoy protagonizamos la historia plena que otro día recordaremos con emoción y nostalgia. Las diferencias entre hoy y mañana serán, tal vez, la edad y los capítulos innumerables que compartiremos, con la ilusión de que cada momento sólo es eco de un mundo mágico y de ensueño, destello de un día interminable, promesa de la locura de un amor. Hoy y mañana, en el amor, es siempre, es eternamente a tu lado.

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El índice de nuestra historia

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En cuanto sentí que mi amor por ella se desbordó, visité la biblioteca de Dios, consulté las páginas de nuestra historia y descubrí que se prolongan hasta los suspiros de la inmortalidad. Abracé el tomo sin final, cerré los ojos y me vi con ella en cada amanecer y anochecer, entre el sol dorado y las estrellas plateadas del firmamento

La vida es tan breve y frágil que la temo insuficiente para entregarte mi amor con mil poemas, incontables flores perfumadas y tersas disfrazadas con mis sentimientos, guiños, promesas y detalles envueltos en burbujas de cristal y nieve, abrazos y besos, sorpresas, juegos y una historia con portada de alegría y páginas de ternura y vivencias inolvidables. Es por lo mismo que diariamente toco a la puerta de tu morada, asomo a las ventanas de tu ser y al fundir tu mirada con la mía, tus latidos con los de mi alma, te invito a volar libre y plenamente en la inmensidad del cielo, siempre juntos, para sentir el viento de la inmortalidad y reconocer su itinerario, la ruta a la tierra donde el tiempo y el espacio sólo son medidas de planos temporales, tan lejanos y diminutos como la finitud. Nosotros somos más grandes. Nuestra unión en el mundo sólo es preámbulo de un guión maravilloso e inagotable, capítulos subyugantes que aparecen en un índice sin final. El destino que te ofrezco es el jardín donde alguna vez jugamos, ¿lo recuerdas? Es el patio de nuestra convivencia perenne, el recinto sin muros, la palestra en la que flotan nubes de colores inimaginables y en la que corren ríos etéreos, la buhardilla y el taller de Dios que huelen a creación, tinta, fórmulas, pinturas y música. Mi amor por ti, lo sabes y lo sientes, es inagotable, de tal manera que la estancia en el mundo, los días de la vida, parecen insignificantes; es el motivo por el que me resulta perentorio zambullirnos en las hojas de nuestra historia, descubrir pasajes entre la realidades mundanas y los sueños y la luz inextinguible. Busco el índice de nuestro libreto, el que escribió Dios para ti y para mí, con la intención de comprobar que es interminable y que la historia se prolonga hasta planos sublimes y etéreos. Tras temer que la vida, en este mundo, no alcanzará para entregarte la locura de un amor que se siente auténtico, fiel, libre, pleno, intenso, puro e inagotable -disculpa por comportarme tan descriptivo, pero es la fuerza de mi ser, la intensidad de mis sentimientos-, compruebo, al leer el inventario de los capítulos, el sumario de nuestra obra, que tu historia y la mía, juntos, tiene futuro porque continúa en ti y en mí, en la fuente más luminosa, de donde surgen, en un acto mágico, el sol dorado y las estrellas plateadas, las gotas diáfanas de lluvia, las flores que te regalo y las miradas más dulces que intercambiamos una noche romántica con velas y luceros. Estamos contemplados en esa historia. Leí el índice de nuestros capítulos. En sus páginas no encontré conceptos ni palabras relacionados con dolor, enojo, perversidad y tristeza; descubrí, en cambio, las que definen amor, alegría, luz, eternidad. La lista interminable de capítulos indica que tú y yo estamos incluidos en una obra maravillosa. Es la historia sin final.

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Declaración de amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Al darme cuenta de la intensidad del amor que me inspira y descubrirme en su rostro, en su alma, me prometí hacerla feliz, provocar su sonrisa y abrazarla siempre. Como me percaté de que las palabras no me alcanzarían para amarla eternamente, las coloqué en una canasta con flores y recurrí a los hechos, a los detalles, a las vivencias. Así es como armamos nuestra historia, con letras y actos tan sutiles que enamoren todos los días y hagan de la vida y la eternidad un sueño hermoso

Temo no disponer de palabras suficientes para traducir y expresar mis sentimientos en el lenguaje del romanticismo, en el poemario que me inspiras, en mis declaraciones cotidianas de amor. Mi desasosiego es tal, que busco un vocablo exquisito para ti.

Elijo las letras del abecedario que prometen formar palabras capaces de tocar a la puerta de tus sentimientos y saltar la cerca que divide los jardines del mundo y el cielo, precisamente para transformar nuestro amor en poema y tus sueños e ilusiones en realidad de tu existencia. Deseo que vibres y sientas alegría y emoción.

Abro el cofre del vocabulario, las páginas del diccionario, para seleccionar las palabras más bellas y subyugantes del lenguaje. Enlazo unas y otras con la idea de entregarte cada día una burbuja mágica, un detalle, una sorpresa, y este día, en especial, declararte mi amor como la primera vez. Es una fecha significativa no porque celebremos algo específico, sino por la alegría y fortuna de vivir un amor inquebrantable.

Mido el telón de la noche con la intención de desplegar mi texto. Disperso el polvo y los destellos de las estrellas con el objetivo de escribir la declaración de amor más hermosa, cautivante y pura.

Observo los colores de la naturaleza, percibo los rumores de la vida, distingo las siluetas del universo y escucho la voz de Dios con la finalidad de desprender sus significados, traducirlos y colocarlos ante ti. La de hoy es una declaración de amor.

A una mujer se le regala una flor como símbolo de su delicadeza, un verso que le recuerde lo mucho que uno la ama, la luna para que mire su reflejo y se columpie y una estrella cual promesa de llevarla al cielo.

No quiero equivocarme con el tropel de mis palabras. Sucede que los dos parecemos criaturas de otro tiempo y lugar, dama y caballero casi extintos, y a ambos nos encantan la dulzura del romanticismo, las velas y la música de violín en la terraza, la brisa y el rumor del mar nocturno, los trazos de la pinacoteca celeste, el perfume y la textura de las flores y el sabor del queso, el pan y el vino.

Guardé mi vocabulario para este momento porque creo, por ser quien eres, te enamora y te gusta escuchar la interpretación de mis sentimientos. El suave murmullo del viento y la música me invitan a abrazarte, mirar tus ojos y besar tu frente para que sea nuestro silencio el que hable y confiese este amor.

Estoy enamorado de ti por tus ojos y tus labios, por tu sonrisa y tu ternura, por tu encanto de ser tan femenina, por tus virtudes y tus modales de dama, por los destellos de tu alma, por lo que hablas y por lo que hacen tus manos, por tu cabello y tu fragancia, por tu código y tu inteligencia, por tu historia, por sentirte en mí, por todo lo que vales y el amor, los detalles y el tiempo que me dedicas.

La declaración más bella y dulce es aquella que ofrece un amor auténtico, eterno, fiel y puro, capaz de emprender la mayor de las proezas y conquistar el mundo para llegar al cielo.

Invento las palabras que aún no se han pronunciado para confesarte que estoy enamorado de ti y que con emoción, alegría e ilusión, como la primera vez, admito que me cautivas y te amo.

Nosotros -tú y yo- sabemos que las letras forman palabras, sentimientos e ideas, y que no necesitamos, por lo mismo, inscribir el amor en un contrato. El amor es libre y pleno, se vive, se siente, se escribe cada día como parte de una historia de ensueño.

Abrazados aún, me fusiono en el mar de tu mirada para llegar hasta tu morada, al santuario de tu alma, y declararte, como todos los días, el amor más hermoso, especial, subyugante, fiel, puro e inolvidable.

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