El índice de nuestra historia

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En cuanto sentí que mi amor por ella se desbordó, visité la biblioteca de Dios, consulté las páginas de nuestra historia y descubrí que se prolongan hasta los suspiros de la inmortalidad. Abracé el tomo sin final, cerré los ojos y me vi con ella en cada amanecer y anochecer, entre el sol dorado y las estrellas plateadas del firmamento

La vida es tan breve y frágil que la temo insuficiente para entregarte mi amor con mil poemas, incontables flores perfumadas y tersas disfrazadas con mis sentimientos, guiños, promesas y detalles envueltos en burbujas de cristal y nieve, abrazos y besos, sorpresas, juegos y una historia con portada de alegría y páginas de ternura y vivencias inolvidables. Es por lo mismo que diariamente toco a la puerta de tu morada, asomo a las ventanas de tu ser y al fundir tu mirada con la mía, tus latidos con los de mi alma, te invito a volar libre y plenamente en la inmensidad del cielo, siempre juntos, para sentir el viento de la inmortalidad y reconocer su itinerario, la ruta a la tierra donde el tiempo y el espacio sólo son medidas de planos temporales, tan lejanos y diminutos como la finitud. Nosotros somos más grandes. Nuestra unión en el mundo sólo es preámbulo de un guión maravilloso e inagotable, capítulos subyugantes que aparecen en un índice sin final. El destino que te ofrezco es el jardín donde alguna vez jugamos, ¿lo recuerdas? Es el patio de nuestra convivencia perenne, el recinto sin muros, la palestra en la que flotan nubes de colores inimaginables y en la que corren ríos etéreos, la buhardilla y el taller de Dios que huelen a creación, tinta, fórmulas, pinturas y música. Mi amor por ti, lo sabes y lo sientes, es inagotable, de tal manera que la estancia en el mundo, los días de la vida, parecen insignificantes; es el motivo por el que me resulta perentorio zambullirnos en las hojas de nuestra historia, descubrir pasajes entre la realidades mundanas y los sueños y la luz inextinguible. Busco el índice de nuestro libreto, el que escribió Dios para ti y para mí, con la intención de comprobar que es interminable y que la historia se prolonga hasta planos sublimes y etéreos. Tras temer que la vida, en este mundo, no alcanzará para entregarte la locura de un amor que se siente auténtico, fiel, libre, pleno, intenso, puro e inagotable -disculpa por comportarme tan descriptivo, pero es la fuerza de mi ser, la intensidad de mis sentimientos-, compruebo, al leer el inventario de los capítulos, el sumario de nuestra obra, que tu historia y la mía, juntos, tiene futuro porque continúa en ti y en mí, en la fuente más luminosa, de donde surgen, en un acto mágico, el sol dorado y las estrellas plateadas, las gotas diáfanas de lluvia, las flores que te regalo y las miradas más dulces que intercambiamos una noche romántica con velas y luceros. Estamos contemplados en esa historia. Leí el índice de nuestros capítulos. En sus páginas no encontré conceptos ni palabras relacionados con dolor, enojo, perversidad y tristeza; descubrí, en cambio, las que definen amor, alegría, luz, eternidad. La lista interminable de capítulos indica que tú y yo estamos incluidos en una obra maravillosa. Es la historia sin final.

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