Y así…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y así se va la vida, entre un suspiro y otro, como las hojas que el viento otoñal arranca una tarde de los árboles y dispersa en la campiña, en los bosques, en todo el paisaje, hasta dejarlas secas y rotas, tan quebradizas como son los minutos y las horas, los sueños y las realidades, la vida y la muerte. Y así huyen los momentos, casi sin darnos cuenta, porque el tiempo es silencioso al andar y discreto en sus actos, a pesar de que siempre deja sus huellas en lo que pisa y toca. Y así se consumen las oportunidades de vivir en este mundo, igual que el vuelo fugaz de una mariposa, las burbujas que surgen de los manantiales y revientan y las flores de efímera existencia. Y así, la gente queda sola, al ya no sentir la presencia de quienes le acompañaron en su generación, motivo suficiente para, en un descuido, naufragar en la soledad, entre recuerdos y desmemorias. Y así, uno, después de conocer la aurora y recorrer las estaciones, se dirige hacia el final del camino terrestre, al ocaso de la existencia humana, con gente, sentimientos, palabras, ideales, pensamientos y cosas que quedan dispersas, como parte de una historia inconclusa. Y así, en medio de tempestades y de calmas, los hombres y las mujeres diseñan y protagonizan sus existencias, cada uno con sus motivos, sus detalles, sus destinos y sus razones. Y así, las criaturas que alguna vez nacen, siguen su travesía irrenunciable por las rutas de la niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez y la ancianidad, hasta llegar, en cierta fecha y a determinada hora, a su cita, a la noche de su jornada terrena. Y así, uno deja bellas remembranzas o desencantos, pétalos o espinas, dulzura o hiel, alegrías o tristezas, luces o sombras, en un mundo dual que reta a aprender a vivir con maestría, en equilibrio, plenamente y en armonía. Y así, acaban las oportunidades de amar, reír, aprender, producir, hablar, hacer el bien, practicar las virtudes, ser felices, realizarse y trascender. Y así, después de vivir tanto, la gente tiene que partir a otros rumbos, cruzar fronteras y escalar, gradualmente, a la cima de la evolución, a la vida que palpita infinitamente. Y así se aprende a vivir eternamente o se muere irremediablemente.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Tardes

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Estas tardes de mi vida transcurren como un regalo, un obsequio que llega de repente y se queda a mi lado para hacer amenas mis soledades. Tardes silenciosas, quizá, por sus minutos cargados de remembranzas, que transitan del cielo azul, con horizontes amarillos, naranjas y rojizos, al celaje melancólico y plomado que antecede las noches de luceros que alumbran mi camino o de tormenta que me empapa con el propósito de que nunca olvide que en realidad he vivido. Tardes de susurros, tal vez, porque el viento suele entregar mensajes, la lluvia tiene su lenguaje y la nieve habla durante ciertas temporadas, cuando uno es joven o ya es viejo. Tardes livianas y pesadas, despues de mañanas frescas e intensas y de mediodías brillantes. Tardes que no son día ni noche. Tardes para el balance y la reflexión, antes de que caiga el telón de la noche. Tardes que, acaso, prometen retornar al siguiente día, unas veces soleadas y otras, en cambio, oscuras y friolentas, con ráfagas de aire y tempestades. Tardes de mi existencia, irrepetibles, necesarias para inspirarme y escribir, caminar por las calzadas arboladas que me encantan, convivir con quienes tanto amo, pasear, deleitarme con cada minuto que pasa y agradecer por mi historia, por la gente que siento en mi alma y por la esperanza de un infinito maravilloso. Estas tardes de mi existencia insisten en quedarse, en llegar con anticipación, previas al mediodía, y retirarse al transcurrir casi toda la noche, cerca de la madrugada,, demasiado trasnochadas, probablemente con la idea de enseñarme a vivir, seguramente con el objetivo de que haga de cada instante un prodigio. Estas tardes me enseñan el milagro de la vida. Son mis tardes.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

¿En qué momento?

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

¿En qué momento olvidé que mi estancia en el mundo es temporal? ¿A qué hora, que no recuerdo ya, me acostumbré tanto a la vida que quedé atrapado en la comodidad aparente de sus butacas y dejé de experimentarla en armonía, con equilibrio y plenamente, mientras el péndulo y las manecillas, imperturbables, continuaban su itinerario? Oh, las estaciones pasan, se suceden unas a otras y, no obstante, reconozco que traigo más cargas y liviandades en el equipaje. Parece que las cargas, por lo que significan, en ocasiones son demasiado ligeras; creo, a veces, que las levedades pesan mucho por lo que representan. ¿En qué instante olvidé que los años de la existencia son breves y que llega una fecha, en especial, en que se agotan y uno, entonces, acude puntual a su cita con el destino, en la línea del horizonte, donde se cierra la página final de la bitácora, la hoja postrera del libro? ¿En qué minuto de la mañana, de la tarde o de la noche renuncié a la alegría, a las sonrisas, a la amabilidad, y las sustituí por tristeza, enojos y aspereza? Estaba tan entretenido en los destellos y en las sombras que olvidé, supongo, las causas que provocaban los efectos. Y si uno, por el motivo que sea, se encierra en su egoísmo, en sus intereses, deja de hacer el bien y de cultivar sentimientos, ideales, esperanzas, pensamientos nobles, palabras amables, sueños y actos sublimes. Los pedazos de ayer y de vida quedaron dispersos en los caminos, en las estaciones, en rutas que ya nadie recorre. Todo va quedando a la orilla del camino, entre matorrales, piedras y escombos, acaso con la intención de que uno, al alejarse y voltear atrás, sepa que nada, excepto el bien y lo supremo, llevará al atravesar la frontera, al cruzar el umbral, al mudar de la temporalidad a un plano infinito. No quiero permanecer atado a mis ambiciones desmedidas, a mis intereses egoístas y a mis apetitos insensibles, como otros tantos lo hacen al perder su dignidad humana, al no recordar las riquezas que moran en su interior, al no reconocerse a sí mismos; deseo liberarme de la fatal caída y experimentar, en lo sucesivo, cada segundo de la vida. Prometo no olvidarme de vivir. ¿En qué momento dejé de sentir el encanto de la vida, disfrutar su prodigio y agradecer su milagro?

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Quizá

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Tal vez. Quizá, la ilusión de un gran amor motive a conquistar el mundo, emprender una hazaña, cumplir sueños que parecen irrealizables, sorprender y traducir ese hondo sentimiento en la entrega puntual y sincera de un bouquet policromado y fragante, un perfume encantador o, simplemente, una carta, una fotografía, un beso, una mirada profunda, un abrazo, una flor, la hoja de un árbol con un mensaje breve o un detalle sencillo. Puede ser. Una noche romántica, alguien puede, y es válido, prometer la luna, el universo, las estrellas, o solamente mecerse en el columpio de la ensoñación y reír mientras pasan los minutos inexorables y caen la gotas de la lluvia. Las voces y las pausas, los rumores y los silencios, en el amor, dicen y significan tanto. Probablemente es así. Sin duda, quien se enamora, tiene libertad de soñar y pedir incontables deseos, contabilizar los árboles en un bosque o bautizar los luceros. No importa si un amanecer y muchos más, él y ella, en su incorregible locura, salen a la playa y cuentan los granos de arena para depositar en cada uno la huella de su amor. Existen locuras, motivos y libertades en el amor. Un poema, en cambio, es imposible comprarlo con la intención de obsequiar sus letras, porque no es mercancía y requiere la inspiración del artista. No se le compara con las piedras preciosas ni está subordinado a caprichos o pedidos. Es espontáneo. No cualquier persona lo escribe y lo regala. Las letras que se enlazan, como enamoradas dulces y fieles, vienen del alma y no están a la venta. Aquel que escribe un poema a quien ama, un texto cautivante y sublime con todas las razones de un idilio, es porque, definitivamente, se siente profundamente enamorado. Tal vez. Quizá, aquel que es capaz de sentir inspiración con quien percibe en su alma y le obsequia un poema, sabe que el amor lleva a la inmortalidad. No hay duda.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Los amo tanto

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y alguna vez -no recuerdo si fue una mañana, una tarde o una noche de lluvia-, sentí el deseo y la necesidad de salir, correr a su lado, tomarnos las manos, formar un círculo y expresarnos, desde las profundidades y los rumores y los silencios de nuestras almas, el amor y el agradecimiento que nos tenemos, simplemente por la bendición de ser hermanos y compartir una historia terrena con el anhelo de conquistar la luz inmortal…

Los amo tanto. Somos hermanos. Desde los primeros años, los de la primavera, en el amanecer de nuestras existencias, fuimos compañeros de juegos y travesuras en un hogar maravilloso, con un padre y una madre amables, buenos, educados y amorosos. La familia, el hogar, la casa, eran nuestro pequeño mundo, un pedazo o un reflejo, quizá, de un paraíso encantador e infinito que siempre, por ventura, hemos llevado en lo más profundo del alma.

Convivimos intensamente. Fuimos gladiadores, aventureros, comerciantes, exploradores, padres, madres, hijos, hermanos, competidores, artistas, cocineros, profesores, magos, príncipes, mendigos, cantantes, atletas, músicos y todo lo que, en la imaginación y en los juegos infantiles, uno puede concebir, en un ambiente de armonía y de inocencia; aunque es innegable que, en ocasiones, surgía alguna diferencia,, cierta rivalidad, y enojábamos unos con otros, con el anhelo secreto, la esperanza y la ilusión de que pronto borraríamos, para dicha nuestra, las líneas desagradables del guión. Todo volvía a la normalidad. La gente que nos conocía, entonces, decía que éramos una familia amorosa y unida.

Compartimos una historia irrepetible, sigular e inolvidable, con todas sus luces y sombras, porque eso es la vida, en el mundo, una dualidad. Es innegable que fuimos bendecidos. Y así, la adolescencia fue una extensión de la niñez, con la suma de los rasgos de otra estación, hasta llegar a la juventud y a la edad madura..

Juntos, cada uno con su identidad y sus libertades, somos -los cinco- protagonistas de una historia que ahora, como siempre, nos identifica y enriquece, y, sin duda, lo sé, se proyectará hacia el porvenir, a otros días y planos, hasta que nuestra evolución nos lleve al infinito.

Amamos y recordamos, con amor, respeto, admiración, humildad y agradecimiento, al padre y a la madre que, en este plano, nos heredaron su ejemplo y sus principios. No podríamos traicionarlos. Honramos su memoria al seguir, a través de nuestros sentimientos, ideales, pensamientos, acciones y palabras, el legado que dejaron para nosotros. Y no hablo de dinero porque eso se queda atrás y un día se pierde todo, sino de sus valores, del tesoro etéreo que ya traían en ellos por ser más esencia que arcilla. Eso es lo que nos queda y lo que perdurará.

¿Dinero? ¿Riqueza material? ¿Lujos? No. Su herencia fue mayor. Somos inmensamente ricos por la historia que hemos compartido desde nuestros nacimientos hasta el minuto presente, por el padre y la madre que tuvimos, por los juegos y las travesuras, por la educación que recibimos, por la unidad familiar, por el hogar tan bello e inolvidable, por saber que el paso por el mundo solamente es la caminata temporal por una estación de las tantas que hay antes de cruzar el umbral de la inmortalidad.

Somos uno con diferentes rostros e identidades, pero en esencia no desconocemos que venimos de la misma fuente, de un origen grandioso, de la luz que engrandece e inmortaliza las almas. Y eso, lo admito y lo sé, es un tesoro invaluable que no se compra con riquezas materiales.

Somos hermanos. Reímos y lloramos, coexistimos entre las luces y las sombras, protagonizamos innumerables historias, estuvimos unidos en los instantes de dolor y tristeza y en los momentos de alegría y plenitud. Pertenecemos al mismo libreto, a la estirpe a la que nunca renunciaremos y que siempre llevaremos en nosotros. Deseamos multiplicar el encanto, el milagro, la bendición, el detalle sublime y la fortuna de ser hermanos y, por añadidura, llevar en la memoria los capítulos mutuos y al padre y a la madre insustituibles y magistrales que, alguna vez, aquí, en el mundo, estuvieron con nosotros, y que, indudablemente, permanecen en nuestras esencias.

Los amo tanto. No los cambiaría. Simplemente, lo confieso, somos hermanos, y eso, amigos míos, es una distinción de la luz, de la vida, una bendición que he de agradecer cada día hasta el instante postrero de mi existencia terrena, con la convicción de que, en esencia, estaremos vinculados en el pulso infinito del que formamos parte. Los amo tanto. Somos hermanos.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Jugamos a la vida

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Jugamos a la vida sin sospechar que un día, a cierta hora, se extinguen los motivos y las razones. Recorrimos las páginas de la existencia, como quien da vuelta a las hojas de un libro que tiene un principio y un final, mientras la arena del reloj solía resbalar tan callada y despacio que no sabíamos que su huida era permanente. Fuimos personajes de un guión del cual, en amplio porcentaje, perteneció a nuestra autoría. Estábamos en el tablero, donde unos elegían los casilleros que les atraían o que les parecían convenientes y otros -la mayoría, quizá- esperaban que alguien los moviera junto con las piezas que les acompañaban en la partida. Los encantos y los desencantos de la vida, ofrecieron, durante nuestra caminata, encuentros y desencuentros, dulzuras y amarguras, cargas y liviandades. Y así se sucedieron los minutos, los días y los años, unos tras otros, persiguiéndose, en su incesante carrera, cuando estábamos despiertos y mientras dormíamos, al permanecer en lo que supusimos real y en los sueños, acaso sin darnos cuenta de que nos rompíamos y quedaban nuestros pedazos en el camino. Parecíamos, entonces y hoy, árboles que se deshojaban, flores que perdían maquillaje, pétalos y textura. Algunos -o muchos- quedábamos sin aliento y culpábamos a los relojes y a los calendarios del agotamiento y del fatal derrumbe, probablemente sin notar que nosotros derrochábamos los pedazos de vida humana. Anduvimos en diferentes estaciones y pernoctamos seguros, con la idea de que se trataba de nuestra casa, tal vez sin sospechar que la morada infinita es un hogar que no se encuentra en cualquier posada. Y acertamos y nos equivocamos, una y otra vez, cuando ensayábamos la vida humana en el mundo. A veces nos sentíamos tan pequeños e insignificantes, que parecíamos absolutamente confundidos entre incontables granos de arena; en ocasiones, en cambio, creíamos que éramos deidades y manipulábamos todo. Ensayamos el juego de la vida. Y aquí estamos, ante los desfiladeros y las cimas, con la opción y la libertad de elegir la ruta.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Aprendí de los minutos y de las horas

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Aprendí de los minutos y de las horas a no tener apegos, a pasar sin la idea de apropiarme de lo que no podré cargar, a no enamorarme de las cosas temporales, a pesar de que me ofrezcan guiños y la lascivia de sus encantos. Las manecillas del reloj me enseñaron, también, que el escenario, en la carátula, podría ya no ser el mismo al completar la vuelta; en consecuencia, es prioritario aprovechar el viaje y experimentar cada instante. Me mostraron que no conviene, por ningún motivo, atorarse en los números del pasado, en las etapas que ya quedaron atrás, porque generalmente es imposible alcanzar a las manecillas en su caminata incansable y, cuando uno lo nota, ya es de noche y aparecen las sombras. Del tiempo asimilé que cada uno de sus pedazos es un lapso, un espacio para vivir en armonía y en equilibrio, plenamente, con la certeza de que los momentos desperdiciados significan oportunidades despilfarradas y arrojadas a la basura. Los engranajes, al girar, me han demostrado que nadie ni nada es insignificante y que todo, en el mundo, tiene un motivo. El péndulo, al columpiar los instantes tan diminutos, al mecer los segundos fugaces, me dio una lección al demostrar que la constancia, la disciplina y el esfuerzo resultan fundamentales, con los pequeños detalles, para obtener resultados grandiosos. Si el reloj descuidara los segundos, no conseguiría llegar a los minutos ni tampoco a las horas, y traicionaría, con su fracaso, su misión y su encomienda, hasta abandonar a la vida y a la muerte en sus faenas. Lo más extraordinario, me enseñó el reloj, se consigue con la suma y la multiplicación de pequeños detalles, igual que las manecillas consiguen, al contabilizar segundos y minutos, conquistar horas que se transforman en días y en años. De las manecillas adquirí el conocimiento de que las oportunidades y la vida pasan, y que si uno no conoce, experimenta y siente el número 1, no llegará al 2 ni a las cifras sucesivas, porque el tiempo se habrá movido y también la gente y las cosas. Aprendí de los minutos y de las horas, en el plano de la temporalidad, que antes de abrir las puertas y recorrer las rutas hacia el infinito, debo entender los ciclos terrenos. Entre los rumores y los sigilos de sus engranajes, de su péndulo y de sus manecillas, el reloj musitó a mis oídos la fórmula del tiempo y el secreto de la inmortalidad. De los minutos y de las horas aprendí tanto de la vida.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

El poema de los minutos y de las horas

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Los minutos y las horas son palabras silenciosas, péndulos que columpian pedazos de vida, lenguaje y susurros de engranajes y de maquinaria que trabajan de día y de noche, poemas que el tiempo escribe cuando se siente inspirado. Los instantes, cuando callan, dicen tanto; los momentos, al hablar, suelen ocultarse. Los segundos guardan tantos mensajes. El tiempo es un libro que uno aprende a leer cotidianamente con la idea de no extraviarse y seguir un camino, una ruta. Los minutos que otros desdeñan y malbaratan, algunos los transforman en puentes y sendas para transitar al otro extremo, a la orilla donde finaliza la temporalidad y empieza el infinito. El tiempo es un canto que escucho siempre, aunque unos y otros, por modernidad, pretendan suprimir sus manecillas infatigables. El tiempo, dicen, marca huellas en los rostros, en la piel, en la textura de las flores, en los helechos y en la arena de los desiertos y de las playas; pero nada de eso sigo yo, un artista de las letras, rebelde, porque me gusta más escucharlo, percibirlo, sentir sus caricias junto con el viento, e interpretar sus sigilos y sus rumores, oír sus enseñanzas. Cada instante es un poema, notas de un concierto magistral, luces y sombras, trozos de vida.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y si un día

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

A mis descendientes, a mi familia, a mis amigos

Y si un día ya no estoy aquí, contigo, quiero que, en vez de llorar, leas los textos que escribí, para que así me sientas cerca y sepas que te estoy hablando. Y si, en algún momento de tu existencia, percibes mi ausencia, hojea las páginas con fragancia a papel y tinta y deja que su perfume te envuelva, hasta que coincidamos en alguno de sus parajes y, juntos, caminemos por los senderos y las rutas que se encuentran en cada letra, las cuales, por contener tanto de mí, te regalarán mis abrazos y mis consejos con el amor que te tengo. Y si, en alguna hora insospechada, cae la noche y me desvanezco, cierra tus ojos y sumérgete en las profundidades de tu ser, en tu esencia, donde te estaré esperando con la intención de mostrarte el oleaje que lleva a la fuente infinita. Y si en alguna fecha incierta, al amanecer, ya no me miras ni me escuchas, no olvides que mis voces y silencios se mezclarán con el lenguaje de la naturaleza, con los códigos de la vida, con los signos de la creación. Y si alguna vez, tras concluir mi presente ciclo en el mundo, no me sientes, toca los pétalos de las flores -orquídeas, tulipanes, rosas- y, al percibir su textura, experimentarás mi cercanía y sabrás que nunca te abandonaré. Y si cierto instante sufres por las ocasiones que dejamos de convivir, desecha el arrepentimiento, la tristeza y el dolor porque cada uno, en la caminata de la vida por el mundo, tiene sus motivos, sus sendas y sus razones; pero en la esencia -y tú lo sabes-, nos amamos y compartiremos, una vez superados los destierros que nos ponen a prueba y hacen crecer, la dicha de una existencia plena e infinita. Y si una tarde, mientras llueve torrencialmente, sopla el viento y los relámpagos desgarran las nubes plomadas y ennegrecidas, sientes que te desmoronas, no llores ni sufras por lo que ya pasó y forma, en consecuencia, parte de tu historia; fortalece tu ser, sé grandioso e irrepetible, derrama el bien y la verdad, y nunca actúes con maldad ni con injusticia, para que así, al llegar a la hoja postrera del libro de tu existencia, mires atrás, feliz y satisfecho, las huellas que dejaste en el camino y los puentes y las rutas que diseñaste y construiste durante tu andar por las estaciones de la vida. Y si en determinado instante piensas que todo ha acabado, no dudes en abrir las ventanas de tu ser y de tu casa, mirar a tu alrededor y recordar que la vida es incesante. Y si un día crees que ya no estoy contigo, siénteme, en tu interior, a través de tu alma, de tu esencia inmortal, y, afuera, en los rumores del viento, en la lluvia, en los colores de las flores y en el oleaje del mar. Prometo, por así saberlo, que nuestras almas siempre permanecerán inseparables y dichosas. Y si un día.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Vete de mi lado

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

-No te quiero a mi lado. La vida humana es tan breve, que apenas uno dispone de tiempo para hacer algo grandioso, dejar huellas indelebles y evolucionar. Te equivocas conmigo. No dispongo de días para atenderte. Vete lejos, al destierro, sin causar daño. No pretendo alojarte en mí- advertí, enérgicamente, al coronavirus que, desde hace tiempo, me espía y pretende sorprenderme en la esquina, en las calles, en el parque, en cualquier sitio insospechado.

Desde su diseño y creación, en laboratorios de científicos mercenarios, patrocinados por una élite perversa que intenta apoderarse de la humanidad y del mundo, en un debut grotesco que, en 2020 y 2021, asesinó y afectó a millones de personas, el coronavirus ha intentado acercase a mí, coquetearme y tender redes mortales; pero no me simpatiza y no lo deseo a mi lado ni cerca de mi familia ni de la gente que tiene derecho a la vida. Es una porquería que se encuentra al nivel de quienes lo diseñaron, inventaron y dispersaron en la geografía mundial.

-No. Definitivamente no te quiero. Eres un criminal e invasor que, disfrazado de forastero, sirves a intereses mezquinos. Tu presencia no es grata. Regresa con quienes te inventaron y diles que aquí, en el planeta que desean saquear, todavía existimos hombres y mujeres que no nos doblegamos ni nos amedrentamos ante los fantasmas y las sombras que otros, en la oscuridad, crean con la intención e aterrorizar y convertirnos en simples marionetas sin alegría, sentimientos, ideas y sueños- le expreso, racional, al coronavirus, y le cierro las puertas y las ventanas para dejarlo sin opción de asomarse.

Y así sigo, con mi familia, mis amistades y la gente que me rodea, protagonizando una historia que anhelo sea grandiosa e inolvidable, en busca cotidiana de la fabricación de una biografía plena e irrepetible que derrame amor, bien, conocimiento, mientras el coronavirus permanece escondido en los rincones, en los pasillos, en cualquier lugar, para atacar el menor descuido. Es traidor y despiadado.

-Siento tu presencia. Sé que nuevamente te dispersaron en el ambiente. Vuelves a atacar con uno de los tantos rostros que tienes. Tu nueva versión pretende llevar, nuevamente, a incontables personas a la cremación, a la sepultura, donde yo te depositaré si intentas tocar a mi puerta- advierto al coronavirus-. Y conste que no es amenaza ni declaración de guerra. Ni siquiera te necesito para valorar y entender la vida porque la amo incondicionalmente. Sencillamente, tú tienes el descaro de acosar, invadir y enfermar a hombres y mujeres de cualquier edad, sin respeto, brutal como eres, igual que tus patrones. ¿Ya olvidaste que dos años antes te sentía venir? Retírate de nuestro camino. Nosotros elegimos un destino luminoso, un sendero grandioso; tú, en cambio, acechas, cobarde y escondido, en los caminos inciertos de la vida.

No ignoro que, en sus primeras versiones, en su presentación estelar, atentó contra las otras generaciones, las de las personas mayores, y a muchos los asfixió sádicamente y los hizo sufrir. Rompió familias. Destruyó sueños, ilusiones y proyectos. Desdibujó sonrisas. Alteró estados de ánimo, sentimientos, planes, anhelos, creatividad y pensamientos. Causó mayor cantidad de dolor, mal, estragos y desgracias que las bombas, evidentemente con el apoyo y la participación de una élite dominante y sus mercenarios y servidores los científicos, los medios de comunicaciión masivos y los líderes, entre otros.

-¿Acaso crees que permitiré que raptes la alegría, el bienestar, la salud y la vida de mi familia y de la gente que amo? ¿Pretendas que me rinda y te diga, oh, señor, ganaste la batalla, diles a tus creadores que me anoten en sus estadísticas y que de hoy en adelante he perdido la voluntad? No eres mi invitado. Tu presencia no es grata.

Escucho sus pasos y su respiración en la azotea, en el jardín, en cada espacio, acaso porque desea robar mis suspiros, probablemente en un intento de romperme y quebrantar a mi familia, quizá con la intención de que renuncie a la inspiración artística y a la tinta y al papel, tal vez por ser su función y su tarea destruir. Está hecho para causar sufrimiento.

Me persigue, como a ti, a ellos y a ustedes. Está atento a mis sentimientos, a mis palabras, a mis acciones, a mis pensamientos. Busca poros y ranuras para entrar exabrupto; pero desconoce -al fin consecuencia de la invención de seres humanos transformados en deidades- que la Mente Infinita, a la que pertenece mi alma, actúa y desvanece sus conspiraciones.

-No estoy distraído ni enajenado con la seducción de las redes, la estulticia y las superficialidades, y eso, coronavirus, no te agrada y disgusta a tus creadores. Aléjate de mi familia y de mí. No molestes a la humanidad. Somos libres y tenemos derecho a la felicidad y a realizarnos plenamente. Retorna a quienes te fabricaron. ¿Te gustaría permanecer sepultado y escuchar, en la profundidad de la tierra, el susurro del viento, el canto de la lluvia, o sospechar que afuera, en la superficie terrena, la naturaleza pinta sus paisajes con los tonos más bellos y que las flores, perfumadas, se expresan incansables? ¿Quieres ser polvo mientras la vida renace cada instante y palpita incesante al ritmo de la esencia infinita?

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright