Usted es tan real

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Usted es tan real, aunque a veces suela callar y su nombre permanezca guardado en el botón de algún tulipán, envuelto en una gota de cristal, escondido en el romance de un poema. Usted, con su mirada de espejo, es tangible, y yo, para comprobar si existe y si su amor no es imaginación ni locura mía, la busco en cada línea impresa en las páginas de los libros, en las planas de los diarios, en las hojas escritas por mí cada mañana y tarde. Entro a las obras literarias, a los cuentos, a las novelas, a los poemas, con la idea de comprobar que usted no es mi imaginación, que es real, que no aparece como musa de otros artistas, que es quien inspira mis delirios, mis letras, mis motivos. Usted es tan genuina, que no necesité diseñarla como lo hago con mis personajes, en cada historia que imagino y escribo, y hasta escapa,, traviesa e inquieta, de mi arte, de mis obras, cuando me ama y me detesta, si ríe o llora, al abrazarme y al enojar, durante los instantes nebulosos y fríos y en las tempestades Usted es tan real que, ahora, al no estar aquí, conmigo, esta tarde de lluvia, asomo por la ventana con la esperanza de descubrirla en cada gota que revienta. Abro la puerta con la idea de recibirla y que ocupe el sitio que le corresponde porque, si recuerda bien, sabrá que no espero a alguien más. Usted existe, es auténtica, es irrepetible, y no es imaginación mía. Incontables momentos, me pregunto, inquieto, por qué, si es tan real y es mi musa, resulta imposible romper tantas cosas para impregarme de usted y regalarle una flor cada mañana, al despertar, como es su anhelo y su sueño, y es mi deseo y mi proyecto. Usted es tan real que, a veces, supongo que viene de un sueño, de algún sitio de mi alma o de cierto remanso apacible, donde las musas son gotas de cristal y estrellas que cuelgan en la bóveda celeste. Tiene tanto de mí y yo de usted, que sé, por lo mismo, que no se trata de una casualidad ni de un encuentro temporal, porque somos reales y, a la vez, destellos de sueños y vidas, ecos de cielos y mundos, trozos de hojas y flores, personajes de un idilio sin final. Usted es tan real.

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Los colores y los lápices grises

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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En el morral del artista, cuando pinta sus lienzos, conviven la armonía, el equilibrio, la mezcla adecuada, la profundidad, el dominio de la técnica, la destreza, el estilo, la originalidad, los espacios, el ritmo, la creatividad, los colores, la inspiración, los detalles, las pausas y los compases, elementos que se abrazan fraternalmente y se hermanan con el amor que no desperdician y que se comparten siempre, hasta componer una obra bella y magistral, un cuadro sublime. Los pinceles deslizan, aplican y mezclan la pintura sobre la tela. Los colores son tan prodigiosos y encantadores, que, juntos, forman parte de la obra maestra que cautiva. Lo mismo acontece, en realidad, cuando los seres humanos destierran sus enojos, intereses egoístas, odio, rivalidades y diferencias para sumar y multiplicar el bien, debilitar la ignorancia y fortalecer la convivencia armónica y el progreso integral. La ecuación es sencilla y los resultados, en tanto, grandiosos. No obstante, entre las élites privilegiadas a nivel global, dueñas del poder y de fortunas incalculables, aferradas en aniquilar a millones de seres humanos y enajenar, controlar y dominar a quienes sobrevivan, para así apropiarse del mundo y de sus riquezas, existe la tentación perversa de separar los colores y enfrentarlos por las diferencias de sus tonalidades. Así, azul, verde, amarillo, rojo, café, rosa, naranja, violeta, morado, crema y los demás tonos, ya no se acompañan, se aborrecen, se traicionan, se matan. Abandonaron la misión de crear. Confundieron su encomienda. Están cegados y se odian. Con el respaldo de gobernantes corruptos, militares incapaces de sentir y pensar, científicos, intelectuales y medios de comunicación mercenarios, a los que se suman aquellos que manipulan las redes sociales como instrumentos de distracción, control y enajenación, esa clase dominante -no son numerosos y sí, en cambio, abominables y peligrosos- está separando los colores y provocando, en cada uno, antagonismo, competencia desleal, odio, rivalidad. Están quitando el encanto de los colores para producir, en serie, lápices grises con puntas quebradizas. ¿Quién impedirá que desaparezcan los colores, tus creencias y las mías, los gustos y las preferencias de cada uno, la naturaleza individual y el sentido colectivo, la creatividad, el encanto de las sonrisas y la magia de los sueños y la imaginación, los sentimientos nobles y la inteligencia, los valores, la familia y todo lo que sentimos tan nuestro?

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Y es que el arte, parece, es eso

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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…Y es que el arte es el lenguaje de Dios, su oficio, su esencia y su forma, la expresión magistral y sublime de su creación. Es un artista que crea. Es, parece, la primera flor que cultivó, alguna vez, en los jardines de un paraíso infinito. Siempre elige a algunos hombres y mujeres con la intención de que recorran el mundo y regalen flores transformadas en letras, poemas, matices, formas, notas, y, así, recordarles a las almas que forman parte de la más hermosa y magistral de sus obras… Creo, por lo mismo, que no solamente se trata de sembrar flores que decoren espacios fugazmente. Es importante enriquecer la tierra, removerla, depositar las semillas con amor y cuidado, proporcionar el agua y los nutrientes indispensables, multiplicar para bien, y, una vez que las plantas brotan y las flores expresan sus más exquisitos y ricos perfumes, texturas y colores, hay que acariciarlas, hablarles dulcemente, cuidarlas, escuchar sus rumores y sus sigilos, acaso por ser manifestación de Dios, quizá por tratarse de criaturas que sienten y sonríen, tal vez por los enigmas que trae la vida. El jardinero cuida las flores y hasta aporta sus habilidades para que tengan un sentido real. Lo mismo ocurre con el artista, quien no únicamente recibe la encomienda de escribir, pintar, esculpir o componer y ejecutar música o crear la obra más grandiosa; también comparte la responsabilidad de sumar a su estética, a las fórmulas de los sentimientos, la belleza y la razón, un mensaje, un código que, como el viento al agitar las flores, los dientes de león y el follaje, remueva conciencias, despierte a la arcilla empeñada en permanecer en mazmorras lóbregas e invite a participar en la luz, sí, en el bien y en la verdad, para así trascender y fundirse con el polvo estelar.

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En la buhardilla

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Refugiado en la soledad de mi habitación, en mi destierro voluntario, entre naufragios de épocas pasadas, recuerdos, caídas, períodos de esplendor, itinerarios y planes de viaje a otras rutas, al lado de los rumores y de los silencios de mi existencia, acompañado de mis luces y de mis sombras, de lo que soy en medio de estaciones desoladas ante tanta ausencia, lloro, a veces, en el desconsuelo canoro de los instantes que huyen y de las notas supremas de piano o violín, mientras pienso que definí mi destino desde la infancia, cuando me enamoré, irremediablemente, de arte, de las letras del abecedario y de las palabras que pertenecen a un idioma que me envuelve y deleita. Escribo, inagotable, en compañía del arte, el arte que es letra, el arte que es pintura, el arte que es escultura, el arte que es música, el arte que es, para mí, motivo, vida, rumbo y destino. Escucho el lenguaje de mi alma, en mi interior y afuera, con las voces del arte, los rumores de la vida, los susurros de mi historia. Y no significa, tal condición de escritor, que desdeñe el paseo por la vida que me fascina tanto; al contrario, cada momento tiene algo de mí, pedazos de mi biografía, fragmentos de mi perfume, las huellas que he dejado un día, otro y muchos más al caminar y al detenerme. En ocasiones, la gente pregunta si no me agota y fastidia escribir diariamente, permanecer atrapado en el encierro, en mi taller, entre la inspiración y la creación, planteamiento al que respondo, casi de inmediato y sonriente, que las letras, impregnadas de arte, de sentimientos y de razón, de esencia y de arcilla, de cielo y de mundo, son mi pasión, mi encomienda, mi ministerio, mi destino, y que, sin renunciar a su proceso, también experimento los instantes y los años de mi existencia con mi propio estilo. Nadie entendería, quizá, que renuncio a innumerables asuntos cotidianos y hasta superficiales con la idea de dedicar el tiempo a escribir, evidentemente sin olvidar que la epopeya que ofrece la vida merece experimentarse plenamente. Aquí estoy, en mi buhardilla, en mi ambiente de letras y palabras, con la música que me arrebata lágrimas que vienen de la emoción, el asombro y la inspiración, dispuesto a interpretar el lenguaje de Dios y los códigos de la naturaleza y de la creación. Solo soy eso, un modesto escritor que plasma letras y palabras con aroma a sentimientos e ideas, con la esperanza de que a alguien inviten a leerlas e interpretar sus mensajes. Aquí estoy, en mi taller de artista.

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Dicen…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Dicen que, por usted, despierto a las letras y desvelo las ideas y los sentimientos que cada noche y madrugada plasmo en hojas de papel, con el objetivo de que, al otro día, al amanecer, aparezcan en las páginas de mi poemario, al lado de las flores que, desde temprano, recolecto en el jardín y coloco en su almohada, mientras duerme y sueña no sé qué historias. Dicen que lo mío es un tanto de usted mezclado conmigo, con dos nombres y un par de rostros inconfundibles, en un vuelo libre y maravilloso hacia rutas insospechadas, horizontes infinitos, rumbos cautivantes y prodigiosos. Dicen que permanezco atrapado en los extravíos de la razón, pero desconocen que mi delirio es por usted, y tiene nombre porque le llamo la locura de este amor. Dicen que el arte es mi cómplice, un viejo amigo y compañero de incontables alegrías e inspiraciones silenciosas y estridentes, y que usted es mi musa y la responsable de mis desvaríos y ocurrencias. Dicen, en privado y en público, que usted ordenó mi armario y mi vida, mi alacena y mis horarios, mi cordura y mi demencia, mis amaneceres y mis anocheceres. Dicen que, ahora, mi arte y mis letras huelen a usted, a usted y a mí, a los dos y a cada uno, con el encanto que tienen los perfumes cuando revelan la identidad de la gente y de quienes se enamoran. Dicen que cuando la miré por primera vez, con asombro me vi reflejado; pero no saben que, simplemente, al descubrirme en sus ojos, definí pedazos de cielo y paraísos, una historia inagotable a su lado. Dicen que mi itinerario cambió desde el minuto en que usted y yo coincidimos, y no es así, lo confieso, porque solo enriquecí mi caminata y le di un sentido más bello, como aquel jardinero que cultiva flores y planta árboles. Dicen tanto y nada de nosotros, que saben y desconocen lo mucho y lo poco de nuestra historia, repiten y olvidan el idilio que vivimos y soñamos, prolongan y resumen lo que imaginan hablamos y jugamos, y, quizá, hasta cuentan, emocionados o intrigados, los encuentros y los desencuentros que suponen enfrentamos. Dicen, eso sí, que usted y yo ya poseemos una historia, un recuerdo, un ayer, un porvenir, la locura de un amor.

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Arte e inspiración

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La inspiración es tan amorosa, detallista y sorpresiva, que suele tocar a la puerta con la idea de visitarme y permanecer conmigo, diariamente, a cualquier hora, en la mañana y en la noche, en la madrugada y en la tarde, con lluvia o con viento, con calor o con frío, en la arena y en la nieve, como una enamorada feliz y plena que regala, fielmente, el más bello y cautivante arreglo de flores. Y cuando llega de improviso, a veces no cargo la libreta de apuntes ni el equipo móvil o de cómputo, situación apremiante que me obliga a escuchar e interpretar su lenguaje y escribir en una bolsa, en un trozo de papel, en alguna publicidad, en un boleto. Así es como el arte y la inspiración me abrazan en cualquier momento y construyo algunas de mis obras.. En el arte, la inspiración habla, lo despierta a uno, se encuentra presente en los sueños y en la vida, en el descanso y en las labores, en las comidas y en los viajes, ente el sí y el no de la existencia y en el palpitar del alma, de la creación, de la temporalidad y del infinito. Cada línea, al escribirla, tiene un motivo, una historia, como lo poseen, igualmente, los signos en el pentagrama, los matices en el lienzo y las formas en el material yerto. Así se construyen algunos fragmentos de arte y hasta obras completas.

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El encanto de un libro

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El encanto de un libro es su esencia y su forma, su contenido y su textura. Desde que surgen las ideas y el artista e intelectual las escriben, con la magia y el aroma de las letras que se convierten en palabras -nobles y crueles, dulces y amargas, profundas y decorativas-, hasta la conclusión de la obra, tras momentos de inspiración en la buhardilla, en el jardín, en la antigua estación, el proceso creativo parece una emulación, en pequeño, de las tareas de Dios, de la labor incesante de la naturaleza. Y así, con todas las historias que el autor vive y calla, es concebido un destello del cielo y nace un ser de letras y palabras, sentimientos e ideas, capaz de transformar y conmover el sentido humano, cambiar el destino de la gente y llevarla a las rutas de la imaginación y a la realidad, a los sueños y a los hechos, a mundos insospechados. De la creación literaria, el documento transita al diseño editorial, donde le es aplicado el maquillaje y el atuendo que embellecerán su forma, su imagen, hasta ir, finalmente, a la imprenta, con sus perfumes de tinta y papel, donde ellos, los célebres duendecillos, suelen hacer travesuras. Cada libro cuenta con una historia, un motivo, un pedazo de vida. Las obras literarias son arte que ofrece las llaves del cielo y del infierno -con libertad de elección-, el paseo interminable por la vida y el infinito, el alma y el cuerpo reunidos en fiel comunión o en terrible contradicción y desencanto, enseñanza que abre puertas y derriba murallas. Un libro, al hojearlo, al leer las palabras impresas en sus páginas, segrega los aromas del alma y el cerebro, las fragancias del papel y la tinta, los perfumes de la creación, la libertad y la inspiración. Un libro es la vida misma. Espera en las librerías, en las bibliotecas, en cualquier espacio digno y humano. Su encanto consiste, tal vez, en que nos descubrimos en sus letras.

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En la otra esquina de la buhardilla

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y aquí estoy de nuevo, solo, como antes, igual que siempre, acompañado de mis letras, rodeado de mis recuerdos y mis suspiros, entre mis pausas de silencio y mis notas de sonidos. Miro el violín, callado, irreconocible, quieto, sobre algún mueble, también sigiloso e inmóvil. En la otra esquina, el caballete exhibe un lienzo, una pintura que espera nuestra cita, la hora del encuentro nocturno, para sentir los pinceles deslizar sobre su piel de tela y recibir los matices de las horas de inspiración y entrega, mientras mis lágrimas, al escuchar música, brotan incontenibles. Los libros permanecen acomodados en los anaqueles, en la mesa de trabajo y en el suelo, algunos abiertos y otros con separadores y hojas con anotaciones. Cuelgan, en la pared, retratos viejos, amarillentos, que definen a personajes de linajes distantes, con nombres y apellidos que nadie busca ni recuerda. Entre los papeles revueltos, asoman algunos pétalos desolados, marchitos como los años consumidos y las historias disueltas, náufragos, por cierto, de otros días. Escribo en una época en la que la lectura es escasa y pocos, en verdad, la aprecian; no obstante, tengo la esperanza de cultivar letras que germinen y se transformen en palabras bellas, en sentimientos e ideas, en realidades y en sueños, en libertades y en vuelos, en amores y en ocurrencias, en alegrías, en mundos y en cielos. El arte es irrenunciable. Lo lleva uno en el alma, en los latidos del corazón, en los pensamientos, en las vivencias, en los sueños, en los sentimientos, al hablar y al actuar. Un día, cuando era demasiado temprano, lo abracé y prometí no renunciar a su amor fiel. Y aquí estoy, envuelto en mi existencia e historia de artista, en mi ambiente creativo, en mis letras, feliz y pleno, como me encanta vivir. Cierto que los días de mi existencia forman parte de una historia intensa que nadie imagina por creer que escribir significa cargar una losa pesada, pasar los minutos y los años tras los barrotes de una celda voluntaria o sufrir un martirio indecible a una hora de la tarde y otra de la noche. Solo quien consagra su vida al arte, a la creación, entiende el significado de cumplir la encomienda en la otra esquina de la buhardilla.

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En busca de un poema

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

¿Cómo escribir el más cautivante y bello de los textos y un poema admirable, encantador y asombroso, si no es desde la profundidad y el silencio del alma -en el cielo inimaginable-, donde el artista, entregado a su delirio e inspiración, navega inagotable y recoge letras, palabras, signos? ¿De qué manera se construyen los textos, las obras literarias, la poesía, si no es impregnando en cada pétalo la fragancia de los sentimientos y las ideas, hasta emular un jardín como los del paraíso? ¿A qué hora escribe el artista, si no es raptando instantes al reloj, deleitando a las manecillas con cantos y narraciones e invitando al tiempo a ser cómplice en el arduo y maravilloso proceso de la creación? ¿En qué momento escribe el artista, si no es en las horas y los días de su existencia, mientras las primaveras cantan y pintan los escenarios de colores, los veranos regalan las gotas diáfanas de sus tempestades, los otoños deshojan los árboles y decoran las alfombras de la naturaleza seca y los inviernos ornamentan de blanco los abetos y los techos? ¿Existe otra fórmula más eficiente, al componer un texto, un verso, que limpiar la casa, deshojar los capítulos de superficialidad y arrojarlos a la basura, con el objetivo de sustituirlos por un ambiente de bien y entrega a lo sublime? ¿Cómo traer hasta el cuaderno, la libreta o el equipo, las letras, los signos, las palabras, si no se es capaz de escalar y conquistar las escarpas y las cumbres, descender a abismos insondables, trazar rutas a cielos inconmensurables y a mundos insospechados y tender puentes a sueños y realidades? Los ladrones, tan acostumbrados a raptar obras literarias -nombres hay muchos, disfrazados en la celebridad y ocultos en el anonimato-, construyen, al entregarse a su rapiña, los barrotes y las celdas donde finalmente permanecerán encerrados, mientras aquellos que han enloquecido por lo baladí, las luces artificiales de los aparadores y la locura de las apariencias, y no equilibran su esencia y su arcilla y olvidan el bien y la verdad, desdeñan el encanto y la magia de viajar, por medio de las letras y las palabras, hasta los mares, la lluvia y la morada de Dios. Renuncian a su encuentro consigo. ¿Cómo escribe el novelista?, ¿cómo el poeta?. ¿cómo el artista? Algo hay de cielo y mundo en él, en ella, que va y viene con sus letras, con sus obras, con la intención de construir bancas, fuentes, calzadas con jardines, miradores, torres y palacios que ofrezcan un paréntesis a los caminantes con la finalidad de que recuerden que las estrellas, los granos de arena, los pétalos de las flores, las hojas de los árboles, los helechos y las gotas de los ríos y las cascadas son pedazos de historias y poesía, trozos del infinito, igual que ellos y todo lo que palpita en su interior y afuera. Es una invitación a regresar a casa, al alma, sin olvidar la vida en el mundo.

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Inspiración

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cada noche -no sé dónde-, espero a la luna con su sonrisa de columpio, para mecerme y escribir poemas e historias, letras y palabras que trazo con amor y pasión. Todas las noches, desde algún lugar secreto, miro la pinacoteca celeste y acudo puntual a mi cita con las estrellas, con los luceros que alumbran mi vida, mi historia, mis papeles. En las noches, cuando todos duermen profundamente, despierto y escucho, en la soledad, los rumores del silencio, y percibo, igualmente, el sigilo de cada murmullo, como si, transformados en filamentos etéreos, sus voces provinieran de las honduras de mi alma y de las arterias del cielo. Esta y las otras noches, he contemplado la geometría del universo, las siluetas del mundo y mi figura que deambula, aquí y allá, quizá en espera del amanecer. La noche me abraza y me enseña a no temerle, a entender sus signos y que es la otra parte del día, y que tiene, por lo mismo, su encanto y reserva sorpresas para nosotros, los caminantes, en cada estación. Me columpio en la luna sonriente y brinco a las estrellas, salto a otros mundos, recorro y exploro rutas sidéreas, hasta que descubro que me encuentro en mí, en océanos muy profundos, de donde extraigo las letras que escribo a una y otra hora. Cada noche, al entregarme al arte, recojo ideas, letras, palabras, que anoto en en mi libreta de apuntes, en cualquier sitio, con la intención de regalar poemas e historias. Todas las noches, escapo un rato del mundo, paso por rendijas estrechas y secretas, y me introduzco a grutas que resguardan fórmulas y tesoros que uno toma y plasma, ya de regreso, en hojas de papel, en espacios que parecen vacíos y que uno, como artista, llena y cubre de vida, en un acto de emulación a quien un día, a cierta hora -si acaso existe el tiempo-, dio lenguaje y significado a todas las expresiones que concibió, esculpió y pintó. Cada noche, llevo conmigo mi mochila de explorador, donde guardo los pedazos de inspiración que recolecto durante mi caminata.

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