En cada sitio y momento

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

¿Cómo olvidar cada instante y rincón, si a tu lado ya me parecen momentos y sitios de ensueño que forman parte de nuestra historia? Si compartir la locura de este amor en el mundo resulta un deleite, ¿cómo será en las moradas donde la mañana es ocaso y la noche es aurora?

Hay sitios especiales por el encanto que tienen, rincones que guardan secretos inconfesables, horas que no se borran, fechas memorables, signos que hablan un lenguaje común y silencioso para dos seres, recuerdos que uno desea preservar en vitrinas de cristal para que el tiempo y el olvido no los deformen ni transformen en ruinas. Cada lugar, en el mundo, ha sido escenario de un encuentro, un paseo, una conversación, un secreto, una promesa, un detalle, una historia. Son espacios y momentos de dicha y ensueño que pulsan en nuestro interior, en tu corazón y el mío, en la memoria de ambos. Instantes que uno vive y comparte, tan fugaces y delicados como un suspiro. Cascadas de minutos que huyen indiferentes, acaso sin que la mayoría de la gente entienda que la cuenta de la vida pasa ante la ceguera colectiva y que tú y yo atrapamos en redes con la finalidad de experimentarlos plenamente, sustraer el encanto y la maravilla de cada uno, conectarlos a un plano donde el amanecer es ocaso y el anochecer es aurora porque no hay inicio ni término. Todos los lugares -la banca, la fuente, la callejuela, el jardín, la tienda, el océano, el restaurante- contienen nuestro aliento y, a la vez, significan instantes compartidos con la emoción, alegría e ilusión de un amor que se renueva cada segundo por su riqueza e intensidad. ¿Cómo olvidar, entonces, la mesa donde bebemos café, el lugar que ocupamos para sentir las caricias del aire, los escenarios de nuestros capítulos? Son los sitios, parece, que un día y otro, cuando el aliento de la ancianidad cubra nuestros rostros, miraremos con una mezcla de alegría, satisfacción y nostalgia, acaso por el recuerdo de los encuentros mágicos, quizá por las horas y los años de juegos y risa, tal vez por los capítulos acumulados en una historia romántica e irrepetible. ¿Cómo desvanecer de la memoria o desalojar de las moradas del ser lo que ya vivimos? Cada espacio y minuto recuerdan nuestro romance, la locura de un amor incomparable. Me pregunto, cuando observo a mi alrededor, si aquí, en los paisajes terrenos, descubrimos trozos de los encuentros que protagonizamos y del enamoramiento que sentimos, con sus convivencias, paseos y anécdotas, ¿cómo será el amor que tú y yo compartiremos en las mansiones infinitas, donde el tiempo y el espacio no existen? Si resulta un deleite mantener en los archivos de la memoria los capítulos felices de nuestro delirio de amor, ¿cómo serán los que experimentaremos juntos entre el polvo de estrellas, la brisa del universo y el resplandor de la eternidad? Empiezo a vivirlo cuando escucho los latidos de tu corazón y los identifico en el mío, al percibir las voces de tu interior en mí, al reconocerme en tu mirada y al entender, por fin, que cuando el amor penetra hasta las almas y las funde, los muros y fortalezas del tiempo y el espacio son demolidos y surge el destello de un cielo que se siente aquí y allá.

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El minuto que reservo para ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El minuto que reservo para ti se acumula a nuestra historia, te pertenece y puedes conservarlo como quien guarda una flor muy querida entre las páginas de un libro o las cartas de un romance que no se olvida; la eternidad que anhelo para ambos, la construimos cada instante y no dudo que al tocar la aldaba, alguien abrirá el portón e invitará a pasear y recrearnos en jardines insospechados, sonreír y mecernos en un columpio inagotable, donde los sueños e ilusiones serán completamente vida, y la realidad, en tanto, las quimeras que diseñamos

Reservo mi locura para los días que estoy contigo, acaso porque al mirar los cristales de los aparadores descubrimos el reflejo de dos figuras sonrientes, quizá por sentirnos inseparables dentro de un cuento de ensueño o tal vez por experimentar emoción al volar juntos y recibir el aire de la libertad. Reímos como dos pequeños que deciden recorrer el mundo por primera vez y todo, a su alrededor, es emoción, asombro, alegría e ilusión. Guardo el delirio de este amor para nuestras horas de encuentro y los días de juegos, ocurrencias y risa. Nos agrada experimentar en cada minuto de convivencia el hechizo y la magia de un capítulo diferente, especial e intenso porque así es nuestra historia, el guión que diseñamos. Conservo nuestros capítulos pasados en un relicario, en una caja mágica, donde guardaré los del futuro; mas disfruto la hora presente a tu lado, precisamente para agregarla cada día a la historia que compartimos. Resguardo tu mirada, tus labios, tu fragancia, tu cabello, tus manos y tu voz, igual que un niño que custodia sus juguetes más queridos, seguramente por el significado que tiene para mí cuando te nombro “tesoro del cielo”. Si por alguna causa no estoy a tu lado, abro el pequeño baúl para percibir tu perfume, escuchar tu voz y sentir tu compañía; si sufres o entristeces, extraigo abrazos y besos, instantes de alegría, palabras de amor y consuelo. De alguna manera atesoro la fórmula mágica para fundir esmeraldas, diamantes y perlas que inserto en el universo con el objetivo de que cada noche pletórica de luceros sea romántica e inolvidable, y tejo lienzos con la idea de colocarlos en la altura para que cuando retornes del embeleso de tus sueños, descubras la excelsitud y profundidad de un cielo especial. Deposito tu nombre en mi corazón para que mis latidos lo repitan cada segundo e impregno tu rostro en mis ojos con la finalidad de que siempre aparezcas retratada en mi mirada. Atrapo con mi red los instantes que compartimos, los días y las horas juntos, la historia que protagonizamos; sin embargo, no corto tus alas porque me encanta volar a tu lado, percibir las ráfagas de la libertad, navegar plenamente y sentir que las olas mecen nuestra embarcación. Un amor como el nuestro, tú lo sabes, nunca ha necesitado convenios ni grilletes porque es fiel y libre. Cada día reservo para ti lo mejor de mí porque estoy convencido de que si no hubiera un asiento para una dama, habría que fabricarlo; si no existiera la lluvia, tendría que inventarla para mojarnos y pisar los charcos. Los detalles no se acumulan para una fecha especial que podría no llegar; se entregan con la alegría y emoción que provocan el deleite de una flor de textura exquisita, un bouquet fragante, una sonrisa, un poema, una palabra, un guiño o un paseo. En el amor, las sorpresas no se almacenan para utilizarlas en algún momento especial. El encanto consiste en hacer magia cada instante, en no cansarse jamás de un romance especial, en iniciar cada día el embeleso del amor como si se tratara de la primera vez. A tu lado he aprendido a dar color y fragancia a las flores, contemplar el firmamento y descubrir sus ventanas, bautizar cada árbol y hoja con un nombre, sonreír y hacer de los días que para la mayoría son comunes, una historia de alegría, ocurrencias y bendiciones con episodios inagotables, supremos e inolvidables porque estar contigo es sentir la brisa del cielo.

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El minuto que se va

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los instantes suelen transformarse en el grito adolorido de la existencia, en la angustia y el drama de algo que se fuga y no vuelve más, quizá porque al diluirse se llevan algo de uno, parte de la lozanía distante, la historia de una vida.

Con el paso de los minutos y las horas, se clausuran unas puertas y ventanas y se abren otras, tal vez porque el momento actual se convierte en pasado con celeridad, en ayer, en otros días, mientras el futuro llega cual forastero a una estación solitaria y se marcha presuroso hasta perderse en el horizonte.

El tiempo esculpe jeroglíficos en los rostros. La caminata, en el mundo, concluye con una despedida, de tal manera que entre el cunero y el sepulcro existe un hilo sutil, igual que la hoja que el viento desprende y mece suavemente hasta colocarla en una alfombra que barre y dispersa al soplar con mayor fuerza. Entre el alba y el anochecer se teje un puente tan endeble que en cualquier momento se desprende.

La vida es breve. Sería una locura desarticular la maquinaria del reloj, impedir que el péndulo se balancee o distraer la atención de las manecillas para que sean infieles y no cumplan el contrato que firmaron con el tiempo.

Es innegable que la idea de la finitud resquebraja todos los esquemas, sin embargo, incontables personas, aquí y allá, en todo el mundo, optan por no atormentarse con temas ontológicos y lejos de encontrarse a sí mismos para descubrir sus insondables secretos y diseñar y protagonizar una vida auténtica y plena, prefieren que sus días transcurran en asuntos baladíes, entre reflectores y ruido, hasta que los guiones de sus existencias se convierten en una serie de páginas vacías e insípidas.

La mayoría teme al silencio y a la soledad porque significan el verdadero reencuentro consigo, el descubrimiento y conocimiento de sí, asomar al espejo de la verdad y coincidir no con los antifaces ni con los rostros maquillados ante los demás, sino con los semblantes de quien realmente es uno. Allí encuentra uno su belleza y fealdad, no en los rostros y cuerpos que finalmente se marchitan.

Por eso es que millones de personas justifican su estancia en el mundo con asuntos cotidianos, con la somnolencia de la rutina, con el encanto de las apariencias y las superficialidades, siempre con el argumento de que la vida es corta y, por lo mismo, hay que disfrutarla lo mejor que se pueda.

No obstante, confunden los gritos de júbilo con la alegría auténtica y permanente. Gozar la vida no equivale a dedicar un día, una noche y muchas horas a apetitos pasajeros y trivialidades. Definitivamente no es el camino de la evolución humana, y quien no lo crea, que recorra su entorno y el mundo para que se percate de los niveles tan ínfimos de vibración en que late la humanidad.

Como hijastros y nietos de la radio, televisión e internet, nodrizas responsables de “normalizar” las debilidades, estupideces y pasiones humanas, innumerables hombres y mujeres creen que vivir se justifica con su devoción a los apetitos, a la acumulación de riquezas materiales y a la consagración de vicios. ¿Eso es la vida?

Vayan a los cementerios y escuchen las voces del silencio, los rumores de la muerte, o acudan a los hospitales, a las camas donde agonizan hombres y mujeres que enfrentan padecimientos indecibles, o a los asilos, al lado de ancianos enfermos y abandonados que cargan el peso de los años e historias similares y aburridas, y pregunten cómo vivirían si tuvieran oportunidad de nacer o retornar al ayer, a sus años juveniles. ¿Qué respondería el canceroso si le preguntaran a que dedicaría su vida si tuviera oportunidad de retroceder a los muchos días del ayer?

Cada instante que se consume es irrepetible y resta momentos y capítulos a la gente. Casi nadie se atreve a ser grandioso y singular porque las cadenas del temor, los prejuicios, las creencias que les han impuesto, las costumbres, las apariencias, la seguridad relativa, el conformismo, la pasividad, las modas de la época y la ausencia de convicciones y valor, los condenan a permanecer atrapados en las mazmorras de la mediocridad, y así, al paso de los años, cerca del término de sus existencias, lamentan los segundos que partieron indiferentes. Pocos, en verdad, se atreven a protagonizar una epopeya.

La vida y el tiempo parecen adversarios irreconciliables, muy ajenos e indiferentes a las necesidades humanas; sin embargo, se trata de un lapso de conciencia terrena y de momentos que contabilizados, plantean a hombres y mujeres experimentar sus días con la dicha del amor, la alegría, la libertad y un proyecto integral que conduzca a horizontes plenos.

Escuchen los gritos de la vida en las flores minúsculas que decoran la campiña, en las gotas de lluvia que se transforman en fragmentos de cristal y espejo al acumularse en charcos, en el concierto de las aves, en el oleaje que baña los granos de arena de las playas, en las nubes que transitan pasajeras, en la luna con su maquillaje de plata o su sonrisa de columpio, en el musgo que crece en las cortezas de los árboles, en el río que corre.

Los días de la existencia transcurren raudos e indiferentes, se fugan entre un suspiro y otro, y cómo se lamentan los instantes perdidos, la vida que se dedicó a nada. La noticia para quienes creyeron que vivir significa consagrarse a brincar de una experiencia sexual a otra, acumular riquezas materiales y entretenerse en estulticia y trivialidades, es que compraron el boleto equivocado y asistieron, en consecuencia, al espectáculo más grotesco del planeta.

Dentro de una escala de valores, permanecen encarcelados en las mismas tendencias que llevan a cabo los animales y las plantas, con la diferencia de que cumplen y justifican su misión, mientras hombres y mujeres no transitan a la evolución. Igual que otras manifestaciones, comer, beber, aparearse y pelear por el poder se han convertido en prioridades de millones de personas. Cuán burdo es permanecer atorados en situaciones tan primarias y en base a esa estrechez mental y espiritual, incluso hasta física, consumir la vida.

No he condenado esas necesidades primarias en todo ser viviente, pero sí que los esquemas se hayan tergiversado y que las prácticas que hasta las moscas y cucarachas llevan a cabo por instinto, sean primordiales en las historias de la humanidad.

Cuando uno mira a los bufones de la televisión, escucha las estupideces de no pocos locutores en la radio, oye los contenidos de innumerables canciones, analiza amplio porcentaje de páginas de internet y escudriña los guiones de algunas películas y la trama existencial de no poca gente, concluye que todo responde a un proyecto maestro, dentro del poder, para idiotizar, masificar y ejercer control.

Quienes dedicamos la vida al arte, sabemos que la consecución de una obra equivale a haber dedicado muchos años a perfeccionarla, y eso implica disciplina, esfuerzo, dedicación, sacrificio, trabajo. Se inicia temprano para concluir en la noche de la existencia y ofrecer así una obra magistral.

¿Dónde están quienes sostendrán y guiarán al mundo durante las próximas décadas? ¿En los bares, en los moteles, frente al televisor, entre los gritos de las multitudes y en las redes sociales? ¿O serán los profesionistas que pretenden enriquecerse a través de las actividades que desarrollan, al pisotear la salud de la gente, prostituir la justicia y las leyes, manipular los datos y mentir?

Busquemos en nosotros, en nuestro entorno, en el país, entre la humanidad, a quienes verdaderamente están haciendo algo por mejorar el mundo. ¿Se encuentran entre los políticos, ministros, profesionistas, jueces, empresarios o trabajadores? ¿Dónde están?

Ser grande no es sinónimo de poseer mayor número de conquistas sexuales, comer en los mejores restaurantes, tener los mejores automóviles y la residencia más ostentosa, trasladarse a cualquier región del mundo o hablar estupideces.

La grandeza inicia en uno, en la humildad de espíritu, en el proyecto de vida que se diseña y en las huellas que se dejan. Pregunten a los moribundos de qué sirvieron sus locuras. ¿Qué se llevarán? ¿La añoranza de sus locuras repetidas durante tantos años?

Independientemente del estilo de vida de cada uno, es innegable que el minuto presente huye para ceder su espacio a otro que tendrá similar destino. La vida es, parece, una serie de números con una cuenta regresiva en la que cada segundo es el aliento que escapa, la lozanía que se fuga, la salud que se diluye.

La vida es breve. En latín, por si no se comprende: vita brevis. Así de leve y pesado. No se pueden atrapar los días felices ni desechar los momentos tristes e inciertos. Vienen y se van con el mismo compás. Son luces y sombras, auroras y ocasos. La existencia está matizada de claroscuros. La sabiduría consiste en evolucionar y probarse a sí mismo.

Quien no se acepta como es físicamente, verbigracia, se condena a ser infeliz toda la vida porque sus rasgos, su perfil, le acompañarán hasta el instante postrero. Hay quienes parte de sus existencias reniegan por su aspecto, su nombre, su familia, sus condiciones, y lo más sorprendente de todo es que se trata de personas con salud y seguramente capacidad para superar la mayoría de las pruebas y trascender.

Lamentablemente, las tendencias del mundo de la hora contemporánea son la estupidez y la superficialidad. Millones de seres humanos vibran a una frecuencia tan baja que se impresionan por la apariencia física de hombres y mujeres, rinden culto a sus apetitos sexuales y a las cosas materiales. Su trama existencial carece de valores e interés. Es un modelo muy generalizado que se repite entre una generación y otra, hasta que desciende el telón de la comedia.

El minuto presente se fuga como lo hizo el que lo antecedió y lo llevará a cabo el que lo sucederá. Con cada instante, la vida se reduce junto con las posibilidades de ser dichosos, libres, plenos y diferentes.

Tal vez por dedicarme al arte de las letras, relaciono la historia de la vida con un cuaderno con las páginas en blanco, un pentagrama o una piedra de mármol preparada para esculpirse.

Uno, ante una libreta de apuntes, tiene oportunidad de escribir y protagonizar una historia épica, un guión irrepetible, bello, excelso e inolvidable, como dibujar, en el pentagrama, los signos de una sinfonía magistral o una serie de notas discordantes.

Hay que atreverse a romper los barrotes de las apariencias, el miedo, las costumbres, los prejuicios y las creencias impuestas. No importa enfrentarse a la opinión generalizada si a cambio se descubre el vuelo pleno y libre que conduce a la luz.

Quien no se atreve a materializar sus ideales, por absurdos y ridículos que parezcan o por resultar contrarios a las creencias y convicciones de las mayorías, se condena a sacrificar la oportunidad de vivir una historia maravillosa.

La vida es bella, es cierto. Merece experimentarse en armonía, con equilibrio y plenamente, siempre acompañada de un proyecto auténtico, de valores y de decisión de ser libre y conseguir que los sueños e ilusiones se transformen en realidad, en vida, a pesar de que parezcan imposibles u opuestos a los intereses colectivos.

Uno es maestro de su existencia, con capacidad de hacer de los sueños e ilusiones un encanto, un estilo de vida. Sólo hay que atreverse a lograrlo con decisión y sin temor. Al final de los días existenciales, la mayoría de las personas se arrepienten de no haber luchado por lo que soñaron, y hasta admiten que no hubiera importado romper esquemas y enfrentarse a los prejuicios sociales. Temieron y no se atrevieron a protagonizar el encanto de una historia de ensueño.

El minuto presente se va y no vuelve. Atrévanse a soñar, a dar vida a sus anhelos, ilusiones y sueños. No se condenen por miedo o prejuicios a la oscuridad de las celdas. La vida es algo más y eso corresponde experimentarlo a cada ser.

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Recuerdos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los recuerdos son pedazos de un ayer, fragmentos de otros días, ecos de algo que sucedió en algún rincón, en cierto momento, y que cada instante parece más lejano. Son bloques de la barda que los rasguños del aire y los años se empeñan en derruir. Parece que tiene como rivales al tiempo, la muerte y el olvido, tres contrincantes muy poderosos, capaces de dejar constancia de su paso. Transcurren los minutos, las horas, los meses, los años, y cada vivencia se transforma en recuerdo, en la posibilidad pasada de un sí o un no, en la aurora o en el ocaso, en la alegría de haber luchado por un ideal o en el dolor y la tristeza de que pasó la oportunidad sin un esfuerzo para conquistar la felicidad y realización que uno merece más allá de costumbres, esquemas, opiniones, creencias e intereses. La vida es una. Es tan breve que parece consumirse en un abrir y cerrar de ojos, en un suspiro, hasta que todo se convierte en añoranza, en recuerdo que carcomen cada instante la finitud terrena y la amnesia. No pocas veces, cuando alguien se encuentra en el final del camino y voltea atrás, a los muchos días de antaño, descubre que los capítulos de su historia fueron monótonos e insípidos, que la sinfonía de su existencia resultó un cúmulo de notas discordantes, y que lo que entonces le parecía absurdo o imposible, era tan fácil de conseguir porque sólo se necesitaba algo de valor e iniciativa, probarse a sí mismo y disposición de luchar a pesar de la oposición y los intereses de los demás. La vida es una. Cada instante cuenta mucho, pero también es innegable que todos los momentos se convierten en trozos de un ayer, hasta que la muerte, el tiempo y el olvido los borran, los extinguen como cuando una estrella distante en la pinacoteca celeste no aparece más. Cada uno tenemos la alternativa y libertad de protagonizar una historia grandiosa e inolvidable, y también, es verdad, la opción de que en los recuerdos quede la dulzura o se impregne la amargura de lo que se pudo hacer y no se llevó a cabo por debilidad y temor. Para resplandecer en otros planos, es primordial brillar en este mundo, y no necesariamente en las cosas materiales, sino en el desenvolvimiento del ser y en la realización humana. Las intenciones de ser feliz, alcanzar éxito o materializar un sueño, sólo son eso si no se lucha, quimeras rotas. ¿Alguien quiere ser feliz? Hay que empezar ahora porque mañana todo quedará en añoranzas, en sueños e ilusiones despedazados que se diluirán ante el fin de la vida, la caminata de las manecillas y el olvido.

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Hay momentos…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Bastaron unos segundos para mirarte e identificar, en el reflejo de tus ojos, que por fin te había reencontrado. Ese momento no lo olvido. Me emociono al recordar aquel instante mágico

Hay instantes que no se olvidan. Se guardan en la memoria. Aparecen entre los latidos del corazón y se manifiestan en los suspiros del ser. Son gotas de lluvia, promesas ocultas en las estrellas, rumores de mar, fragmentos de arcoíris, ecos de risas, murmullos de fuentes, trozos de flores, susurros de viento e imágenes de bancas. Existen momentos que se recuerdan siempre por el significado que tienen, por el sentido que marcaron a la jornada. Justifican la vida. Determinadas horas las conserva uno, igual que las estampas más bellas en un álbum, como para vivir siempre a su lado y disfrutar su encanto. Ciertos días se depositan en el alma por ser mágicos y esplendorosos. Cuando las horas se agregan a los recuerdos más bellos, es porque hubo algo tan especial e irrepetible que ya es de uno, y eso, confieso, enriquece la vida aquí, en el mundo, y allá, en los parajes de la eternidad. Uno cuenta o resguarda capítulos que acontecieron en determinadas etapas de la existencia, acaso por parecer una historia sustraída de un sueño, quizá por traer el soplo de la felicidad, tal vez por la grandeza y el misterio que contienen. Hay fechas que rescaté del ayer y conservo en los expedientes de mi ser, como aquella noche que te reconocí cuando me miré contemplado en tus ojos. Supe, al definir tu silueta y descubrir tu resplandor, que mi alma ya estaba en la tuya desde que Dios, al esculpir y pintar la creación en su desván de artista, decidió colocarnos en una historia común y grandiosa. Hay momentos que no se olvidan por su significado, por lo que son, por lo que representan, por lo que guardan, como el minuto en que te reencontré y la hora en que decidimos compartir una historia de amor. Al conocer el significado de los días inolvidables, hoy deseo invitarte, como siempre, a hacer de cada segundo algo excelso e irrepetible. Así, al transcurrir la etapa de la vida en este mundo, descubriremos con alegría y sorpresa que hicimos de cada día una historia inolvidable y, por lo mismo, la recordaremos siempre en la morada de las almas, donde sin duda haremos momentos especiales de la eternidad.

Trozos de vida… Pacto con los instantes

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, con quien cada instante comparto una historia maravillosa e inolvidable

Sé, por experiencia, que los instantes son pasajeros agotados e irreconocibles que esperan en la vieja estación la llegada del tren, donde se confinan para viajar hasta un destino cual forasteros desolados que finalmente se diluyen, igual que las sombras de la noche cuando son derrotadas ante el amanecer. Tampoco desconozco que al acumularse, se transforman en segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años, que el tiempo utilizó solamente para grabar sus huellas en los rostros y manos de la gente, en las plantas, en las cosas, en todo lo que existe en el mundo. No olvido, igualmente, que los momentos son irrepetibles. La vida se compone de instantes, buenos o malos, que tienen contrato con el tiempo; por eso transitan inquebrantables y se llevan algo de uno. Deshilvanan las vidas a su paso, hasta que las consumen. Hay poetas que lamentan el tiempo que huyó. Prefiero no sufrir. Es más cómodo llamar a los segundos y minutos a hurtadillas, establecer alianzas y eternizarlos con sentimientos y actos de amor, alegría y bienaventuranza. Como te amo tanto y soy tan feliz contigo, deseo que los instantes efímeros no mueran vacíos, sino con la dicha de que dos seres -tú y yo- aprendimos a vivir enamorados y plenos. Pedí a los instantes se convirtieran en escalones para ascender hasta la eternidad, ¿y sabes lo que respondieron? “Seremos amigos, anticiparon, pero no olvides que somos de efímera existencia. Trataremos de llevar con nosotros el recuerdo de la historia que ambos comparten, hasta que el viento disuelva nuestra presencia; no obstante, ella y tú poseen algo que ni nuestro patrón, el tiempo tan indiferente, puede consumir o tener, el resplandor de sus almas que alumbrará el sendero hacia el cielo. Al amarse, reír, ser intensamente felices y dedicar su estancia en el mundo a sentimientos y actos sublimes, el tiempo se alejará y cuando menos lo esperen, habrán traspasado las fronteras de la inmortalidad… ¡Ah!, por cierto, aprendan a no desdeñar los segundos y minutos porque son, en verdad, el pilar de las horas, los días y los años…” Ahora que entiendo la capacidad de los instantes, me aproximo a ti, tomo tus manos, miro tus ojos y pronuncio: “me cautivas”, “estoy enamorado de ti”, “te amo”, expresiones que brotan de mi ser y que seguramente se llevarán los segundos y minutos en su memoria, con la promesa de que tú y yo caminamos hacia la morada donde lo que hoy sentimos y compartimos, se eternizará.

TROZOS DE VIDA… Instantes

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los cuentos y las historias suelen ser reales cuando uno ama y cree, como tú y yo

Cómo reímos cuando a hurtadillas te entrego una servilleta de papel con la frase “te amo” y la besas antes de guardarla en tu bolsa, al mirar nuestros reflejos en el cristal de un aparador, al posar graciosamente con una prenda en alguna boutique y al descubrir aquí y allá que la vida es maravillosa e irrepetible. Arrancamos instantes a las manecillas para ser felices. Tal vez uno de los secretos en la vida no sea robar minutos al tiempo porque al esconderlos y más tarde pretender disfrutarlos, seguramente se habrán diluido; se trata, parece, de experimentarlos plenamente. El tiempo es la distancia que se acorta conforme avanza el furgón de la existencia. No tiene tregua. Atrás deja orillas, gente, juventud, oportunidades, cosas y recuerdos muy queridos. Por eso es que tú y yo, al amarnos, decidimos convertir los instantes pasajeros en detalles, convivencia, alegría y capítulos de una historia irrepetible y maravillosa que siempre, aquí y en la eternidad, latirá en nuestros corazones. Al desprender momentos fugaces del tiempo inexorable, los transformamos en oportunidades para amarnos y explotar los yacimientos de la felicidad, el desenvolvimiento de nuestros seres y la práctica del código que marca la diferencia y la señal en nosotros, hasta que se convierten en peldaños intangibles que conducen al firmamento, donde incontables luceros guían a la eternidad. Hoy, al disfrutar juntos los días de la vida, convertimos la estancia terrena en encuentro y paseo inolvidable, preámbulo, es cierto, de nuestra unión en el cielo. Con los instantes que ambos compartimos aquí, en el mundo, construimos, mi musa amada, nuestro alojamiento en la eternidad.