De eso se trata…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, que moras en mi corazón. Se trata de amarte y hacerte muy feliz

“De eso se trata”, susurró Dios a mi oído la noche que me mostró tu presencia como la otra parte de mi corazón, “de hacer de los días de sus existencias, en el mundo, una historia de ensueño, una senda cubierta de detalles y flores, un paseo bello e inolvidable”. Se aproximó y habló, refiriéndose a ti, como si pretendiera que sus palabras quedaran grabadas en lo más hondo de mi ser: “no olvides, si alguna vez la notas triste, abrazarla, darle consuelo, consentirla y tomar juntos la goma y los colores con la finalidad de ayudarle a borrar los paisajes ensombrecidos y sustituirlos con motivos alegres. Ríe mucho a su lado para que sus lágrimas no sean de arrepentimiento ni dolor, sino de felicidad, y si alguna vez, por determinada causa, las derrama con angustia o melancolía, sé la seda que limpie sus ojos y la mirada que temporalmente guíe su camino. Nunca la dejes atrás, insistió Dios, porque un amor como el suyo no se desdeña; tampoco la encarceles ni amordaces, ya que su vuelo libre y pleno la impulsará a las alturas y siempre estará contigo. No se entreguen al sueño sin antes abrazarse o disculpar cualquier error porque en la noche, cuando llega el segador, no hay oportunidad para las despedidas. Experimenta con ella las ocurrencias, los juegos, las locuras, los capítulos de sus vidas. Enmienden la trama de sus existencias. Compartan su amor, sus vidas, su historia. No importa que se equivoquen, que caigan, porque para eso es la vida, para experimentarla. Abrácense, tomen sus manos, unan sus corazones y volteen a las alturas, al cielo, con la intención de sustraer el libro de la vida, hojearlo y desentrañar sus profundos misterios. De eso se trata, recalcó Dios, de crecer y probarse individualmente y juntos, acompañarse, no sentir la soledad durante la caminata ni asustarse ante los abismos y la oscuridad. El plan consiste en contabilizar menos y disfrutar más, en actuar con principios y no por impulsos, en escribir cada instante su propia historia, en disfrutar su estancia en el mundo, en preparar horizontes futuros sin olvidar la belleza del sendero, en compartir sus capítulos, en no quedarse hoy con deseos e ilusiones de lo que mañana podría transformarse en recuerdos, nostalgia, sombras y arrepentimiento. Evolucionen en lo particular y como dos corazones unidos para que en la Tierra sean dichosos y en la morada de la eternidad se reconozcan nuevamente. Ámala, hazla muy dichosa, cuídala y cubre sus años de gloria”, recomendó Dios, quien antes de retirarse, me abrazó y musitó a mi oído: “de eso se trata, de ser felices aquí y allá, hoy y siempre, en el mundo y en la inmortalidad…”