El encanto de los libros

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Duermen las letras y las palabras con los sentimientos, las ideas, los sueños y las realidades, en las páginas de los libros, entre el perfume de la tinta y el papel, en espera de que alguien -tú, yo, nosotros, ustedes, ellos- se atreva a explorarlos y desentrañar sus secretos. Descansan en los estantes de las bibliotecas, los hogares, las librerías y las escuelas, atentos a su cita, a su encuentro impostergable con lectores interesados en el viaje a mundos insospechados del pensamiento. Tras los cristales de las librerías, miran el paso indiferente de hombres y mujeres, acumulados en minúsculas y mayúsculas, distraídos en ambientes que brillan artificialmente, en modas que la tarde próxima serán pasado, en superficialidades que masifican y dejan estulticia y hondos vacíos, entre los que transitan personas que buscan el bien y la verdad en las letras convertidas en arte y conocimiento. Los libros -lo saben bien- regalan trozos de sí a sus lectores, quienes completan sus espacios rotos por la coexistencia en una sociedad en proceso de deshumanización. Los libros son la otra parte de la vida y se encuentran entre el mundo y planos infinitos, en medio de la arcilla y la esencia. Son vida y muerte, alegría y tristeza, luz y sombra, cielo e infierno, todo y nada. Enseñan. Acompañan. Llevan a fronteras y escenarios inimaginables. Jamás traicionan. Son leales. Una casa con libros que se consultan y se estudian constantemente, es un hogar vivo del que innegablemente surgirán mujeres y hombres cultos, amables, refinados, con valores, respetuosos y comprensivos; una vivienda ausente de obras escritas y repleta de bebidas embriagantes, sea residencia o pocilga, habrá sustituido el estante del conocimiento por una cantina, anticipo de existencias burdas y carentes de sentido. Los libros tienen magia. Su encanto consiste en el amor que le tienen a uno, cuando los lee, y sus detalles de construir, gradualmente, una escalera que conduce a los paraísos que se creían perdidos.

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Las letras y el idioma no son cascajo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Las letras y el idioma no son cascajo que se arroja al basurero con otros desperdicios humanos; se trata del lenguaje que descubro en cada expresión, en las voces de la vida, en la manifestación de los sentimientos y la inteligencia, en ti, en mí, en ellos, en nosotros, en ustedes, en todos. Las letras y las palabras son, creo, patinadoras elegantes que trazan en la nieve líneas bellas y finas que expresan lo que uno siente y piensa, los dictados del alma y la mente. Son, parece, resultado de lo que es uno, y, por lo mismo, resaltan la figura de quienes las emplean correctamente, para bien suyo y de los demás, por la evolución que ya llevan consigo, igual que delatan a los burdos y groseros que las mancillan y prefieren un idioma carente de esencia, tan baladí, irracional y fácil como la holgazanería de los gritos, los signos y la distorsión. Una palabra indecente, deformada o abreviada nunca inspirarán sentimientos nobles y amor, y menos consolarán a aquellos que se sienten desolados y requieren, para salvarse del naufragio, consejos y expresiones de aliento. ¿Al morir alguien, un usuario de signos y palabras abreviadas o mutiladas, transmitirá el alivio que necesitan los dolientes? ¿Un enfermo que agoniza, sentirá mejoría con un lenguaje grotesco? Con las letras, enamoradas unas de otras, uno construye poemas e historias inmortales; otras, en tanto, enseñan todas las ciencias; algunas más, en cambio, son puentes para llegar a otros hombres y mujeres, medios para dialogar y navegar, juntos, a destinos grandiosos e insospechados. Enseñan. Aconsejan. Educan. Invitan a vivir. El lenguaje, bien escrito y pronunciado, no es la estridencia de la maquinaria que produce cosas inertes y en serie, ni el ruido del motor de un auto de lujo; es, simplemente, la expresión del cielo y del mundo, de la vida y la muerte, del día y la noche, de lo que somos tú y yo, nosotros, ellos y ustedes. Es, pienso, la voz de Dios y de los seres humanos, la expresión de la vida y el lenguaje de la naturaleza y del universo. Las letras y las palabras, insisto, son algo más trascendente, y las escucho, en armonía y con equilibrio, en el océano, en el viento, en las cascadas, en la lluvia, en los volcanes, en los ríos, en los árboles, en las plantas, en los animales, en la gente. Las letras y las palabras son la expresión de los artistas, de los escritores y poetas, de la gente que anda aquí y allá, a una hora y a otra, con rostros de mujeres y de hombres, y también, estoy seguro, la pasión de Dios que a todo puso voz.

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Los poemas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los poemas, al escribirlos el artista, se transforman en palabras y sentimientos que deslizan suavemente, en rumores y silencios que provocan un deleite, en susurros que escapan y cautivan por su encanto. Los poemas se vuelven oleaje interminable que va y viene, hasta dejar su aliento y sus huellas en los riscos, en la arena, en el horizonte al fundirse el océano con el cielo y regalar colores mágicos y sensaciones insospechadas. Los poemas son hermandad de letras, convivencia de acentos y signos, encuentro de significados que alegran o entristecen, emocionan y arrullan. Envuelven a hombres y mujeres en burbujas de sueños e ilusiones. Los acarician dulcemente. Los poemas son la nieve que cubre el paisaje de la existencia, la lava que se vuelve piedra de formas caprichosas, el burbujeo inagotable de los manantiales, la flor que exhala fragancias bellas y gratas. Los poemas se escriben una mañana soleada, una tarde de lluvia, una noche estrellada o una madrugada sigilosa, y son para ti, para mí, para él, para ella, para nosotros, para ustedes, para todos o para nadie.. Son las letras que escapan del abecedario y a cierta hora acuden a su cita, puntuales y a hurtadillas, para abrazarse contentas, atraerse e inesperadamente enamorarse entre sí, hasta contraer matrimonio y formar palabras, palabras suaves y fuertes, palabras alegres y tristes, palabras, al fin, que traducen sentimientos e ideas y dan sentido a la vida, al mundo, a las cosas, a la gente, a las rutas. Los poemas son, sospecho, trozos del lenguaje de Dios, pedazos de susurros de mar y viento, vestigios de paraísos inimaginables, ecos del mundo. Son, parece, notas musicales que acuerdan tener correspondencia con el infinito, con la creación, con la naturaleza, con la vida, para que el hombre y la mujer se conviertan en luz y en arcilla, en cielo y en tierra, en aurora y en ocaso, en ángeles y en seres humanos. Los poemas acarician. Estoy convencido de que se trata, en el fondo, de las caricias de Dios, de un padre y una madre, de un hijo y un hermano, de un abuelo y un nieto, de alguien muy amado, de un amigo, de un amor inquebrantable. Sí. Acarician y dicen, en silencio, que uno, en verdad, no está solo.

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¿Qué puede uno decir?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Al darme cuenta del amor tan grande que me inspira, convertí mi taller de artista en fragua para fundir el abecedario y entregarle el más bello de los poemarios, versos dulces y el libro de nuestra historia

¿Qué puede uno decir cuando parece que las letras del abecedario se agotaron y las palabras del diccionario resultan insuficientes para expresar sentimientos? ¿Qué escribe uno al creer los demás que el lenguaje, en cualquier idioma, es ancestral y pobre para describir un gran amor? ¿Cómo defender y conservar los textos que brotan de la inspiración, cuando te vistes de musa, si ahora mucha gente pretende talar letras, quemar acentos y borrar puntuaciones? ¿Dónde plasmar las ideas si cualquier espacio se reduce a las limitantes de su superficie, la caminata del tiempo y el precio que se le fija? ¿Qué puede uno escribir cuando otros, en el pasado, ya hicieron del amor un verso, una novela, un concierto, una canción, un cuadro, una escultura? ¿Cómo transmitir el amor que me inspiras si antes de venir tú y yo al mundo, ya había poetas que fundían las letras para formar palabras que delataban la locura de su enamoramiento? ¿De qué manera quebranto los barrotes de las celdas y libero todos los dialectos e idiomas del mundo y los rumores del universo para componerte el poema más bello y subyugante? ¿Con qué sustituyo las estrellas si las tomo para fundirlas durante mis noches de inspiración y colocarlas en tu almohada mientras duermes? ¿Cómo diseñar y escribir una carta de amor y pretender que la humanidad cimbre, si los sobres escasean y ya no provocan encanto ni las letras causan ilusión? Si la mayoría es proclive al brillo de la superficialidad, a los apetitos pasajeros y a la levedad de la existencia y las cosas, ¿cómo uno puede introducirse a las profundidades del océano para armar una declaración de amor? Si en una confusión de ideas y atrapados entre las pasiones y los sentimientos, los compositores ofrecen canciones baladíes y los productores filman películas redituables económicamente, ¿cómo escribir, entonces, la historia más bella, excelsa, rica e inolvidable de amor? ¿Qué puedo decir cuando parece que todo se ha pronunciado? ¿Cómo susurrar a tu oído la cadencia de mis composiciones si muchos prefieren la discordancia de los gritos? Nadie sabe, aunque algunos lo sospechen, que la aleación de mis palabras, al escribir para ti, proviene de los talleres del cielo y de mi alma, donde todos los días horado con la intención de descubrir los tesoros más resplandecientes que un artista puede entregar a su musa, a una dama, al ente femenino que ama y en el que se reconoce eternamente. Esa es, parece, la razón por la que el material de mis escritos es inagotable. No podría rasgar trozos de tela para entregarte remiendos que cubran y resalten tu brillantez; es preciso, por ser quien eres, cortar con delicadeza el lienzo que merece alguien que late en el corazón y mora, por lo mismo, en el interior de uno y en los salones de un destino sin final.

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Página en blanco

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Igual que yo, ¿tendrás la sensación de que alguna vez, cuando Dios fundió las estrellas en la forja de su taller, fuimos polvo de colores? ¿Sabes que en una hoja podría escribir con tales matices tu nombre y el mío, trazar los rostros de ambos, dibujar el cielo y el mundo, pintar tu sonrisa de niña, hacer el bosquejo de nuestras huellas en la senda donde el final es principio? ¿Reconoces tu letra cuando escribo nuestra historia en un cuaderno con páginas en blanco?

Una página en blanco es tentación para componer un poema y dedicártelo, derramar letras, trazar significados. Las hojas de una libreta de apuntes son invitación a naufragar en un océano de sentimientos e ideas. Un pliego de papel es la medida perfecta de mi relación contigo, acaso porque ofrece la posibilidad de expresar mi amor por ti y ofrecerte un mundo interminable de magia y encanto, sueños y realidades. Un cuaderno sustituye, en determinado momento, las servilletas y comandas que hurto de los restaurantes y cafeterías para declararte mi amor y provocar tu sonrisa de niña bonita. Una página es eso, un pétalo fragante, la hoja que el viento desprende de algún árbol y mece hasta colocarla en una alfombra amarilla y naranja, el mar y la tierra disponibles para experimentar contigo la aventura y emoción de la vida, y el cielo límpido donde compartimos nuestra historia sin final. El papel en blanco somos tú y yo, quienes a diario escribimos algunas líneas, las nuestras, las de un amor prodigioso como esas historias que uno lee en los años juveniles y arroban los sentidos. Una página en blanco, con todas las posibilidades de anotar el nombre del cielo, las promesas envueltas en globos, el amor que nos une, los sueños e ilusiones que flotan en burbujas diáfanas, las realidades que vivimos y compartimos, somos, como siempre, tú y yo.

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El encanto del abecedario

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me encanta el abecedario porque con sus letras armo promesas, regalos, ideas y sentimientos para ti. Transmiten la locura de este amor. Forman nuestros nombres, participan en nuestra historia y susurran a tus oídos palabras del cielo y el código de un romance irrepetible 

Todos los días camino por la playa, donde hundo los pies en la arena y las olas de la inspiración me trasladan a rutas insospechadas, hasta que me sumerjo con mi red en las profundidades del abecedario, entre arrecifes coralinos y rocosos, con la intención de sustraer letras, vocales y consonantes que enlazo en mi taller de artista para componer los poemas que te dedico a una hora de la mañana y otra de la noche.

Entre los pliegues jade, turquesa y zafiro del océano, descubro los acentos, la gramática y los trazos de las letras que fundo en la forja de mi buhardilla de escritor e inserto en las páginas del más bello de los poemarios, en la constelación y en el pentagrama del aire y la lluvia.

Armo palabras cortas y extensas, líneas, párrafos, textos. Son para ti. Deslizo los pinceles, igual que el pintor, con el objetivo de que los matices de la paleta alegren su significado; golpeo el cincel con el martillo para darles forma, detalle y sentido, como lo hace el escultor al formar su obra magistral; les agrego música con la finalidad de que los rumores del amor y la creación te acompañen siempre.

Más tarde, contemplo mi obra. Inserto mi nombre para que al llegar a ti, sepas que soy su autor y que cada texto contiene sentimientos, ideas, detalles, promesas, momentos y confesiones de un gran amor.

Obtengo las letras más hermosas. Las limpio y les entrego la encomienda de sujetarse unas con otras para que su lectura, ante tu mirada, sea la cartografía de estrellas que te conduzca al cielo que prometí buscaremos los dos durante nuestras horas de amor y silencio.

Ahora sabes que al zambullirme en el mar del abecedario, no solamente busco letras y palabras, acentos y gramática; buceo en las profundidades, entre las grietas donde surge el agua del océano y parece como si existieran filamentos sutiles que conectan al universo, al pulso de la creación, a ti y a mí, a la naturaleza, para entregarte mi más fiel amor.

No son letras ni palabras, las mías, trazadas en los fragmentos de un cuaderno, en las ruinas de una esperanza o en el naufragio de un recuerdo. Se trata de signos que expresan el lenguaje de nuestras almas, los sentimientos que forman la historia que nos une, el palpitar de un gran romance. Son palabras respaldadas por sentimientos e ideas, cimentadas por capítulos reales, sostenidas por vivencias, recargadas en ti y en mí, en nuestros sueños, encuentros, promesas, juegos, risa e ilusiones.

Gozo al entregarte cada texto. Encerrado en el silencio y la soledad de mi taller, entre libros y papeles, escribo durante horas, igual que el artífice que pretende crear el collar más cautivante de perlas y diamantes, quizá porque nuestra labor, en el arte, consiste en transformar la lluvia en gotas de cristal.

Intento escribir con maestría cada día para llegar a ti, a tus sentimientos, a tu alegría, a tu amor. Navego con mis letras e ilusiones, con mi epopeya y mi historia, para que los latidos de tu corazón y el mío siempre repitan el encanto y la magia que nos une.

Es hora de sumergirme en las profundidades, entre letras e inspiración. Quiero tejer palabras con hilos muy finos de oro y plata, precisamente con la intención de recordarte que mis textos te pertenecen porque eres tú quien me los inspira. No somos de aquellos que suelen propiciar encuentros en la esquina porque el amor, lo sabemos, es algo más que un deseo o una estación fugaz; es un proyecto, una realidad y un sueño en el mundo y la eternidad, y mis letras te lo repiten cada instante. Si un día, también con letras, aseguré que al mirarte la primera vez entendí que no esperaría a nadie más en la morada de mi vida y mis sentimientos, hoy sé que ambos, al fundirnos en el encanto de una historia irrepetible, hemos encontrado los colores del amor como anticipo, sin duda, de las tonalidades de un cielo sin final, donde cada palabra, al escribirla para ti, resplandecerá y se convertirá en gotas de alegría y vida. En eso consisten las palabras del amor, en hacer feliz realidad lo que uno inscribe al sentirse inspirado.

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Trozos de vida… Las letras que te dedico

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Tú sabes que te amo y que este texto te pertenece

Tomo las letras del abecedario que Dios guarda en su morral, acaso con la esperanza de que germinen y se conviertan en palabras que expresen los sentimientos que me inspiras. Escribo textos para ti porque tengo el proyecto, y te lo comparto, de que cada idea que plasme se transforme en la vivencia más hermosa. Admito que si soy inagotable al escribirte, es porque no me cansaré de mirarte como la primera vez, reír contigo y repetirte lo mucho que te amo, hasta rotular mis sentimientos en una paleta de hielo, en el café que bebemos y en la arena de la playa donde corremos libres y dichosos. Mi planteamiento consiste en plasmar mis sueños, ilusiones y sentimientos en el papel para moldearlos y darles vida, de tal manera que si te escribo en una hoja dorada y quebradiza o en el pétalo de una flor, es con la intención de llevarte a un bosque o a un jardín encantado para amarte, divertirnos y jugar como dos enamorados. O si elijo una servilleta como superficie para trazar letras que te transmitan mis sentimientos, es con el propósito de que sepas que te convidaré un platillo delicioso, quizá un pastel con tu nombre y el mío, y que te confesaré que me embelesas y estoy enamorado de ti. Así, al escribirte un compendio, un libro con incontables capítulos bellos y sublimes, sabrás que es con la finalidad de protagonizar una historia inolvidable, maravillosa, plena e irrepetible. Ningún texto será fatuo ni superficial porque mi anhelo es protagonizar contigo el relato más hermoso. Guío las letras con el resplandor de las estrellas y la luz de un faro para que no se pierdan ni naufraguen porque mi aspiración es vivir plenamente cada palabra contigo. Ilusionado, con el bolígrafo y el cuaderno de anotaciones, dibujo letras, las uno y formo palabras, conceptos e ideas que sueño materializar y compartir a tu lado. Escribo tu nombre y el mío muy unidos, mientras narro el espectáculo irrepetible del mar y el cielo, en el horizonte, cuando se besan con ternura durante la hora postrera de una tarde de verano, con el resplandor amarillo, naranja y dorado del crepúsculo, ¿y sabes el motivo?, porque deseo que tú y yo permanezcamos abrazados en el encanto del amor, aquí, en el océano y el mundo, y allá, en los parajes de la creación, donde Dios crea guiones e historias magistrales para aquellas almas que se reencuentran algún momento y ya no se separan porque se se han reconocido al mirarse y se saben gemelas, como nosotros.

¿Por qué eres mi musa?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

¿Qué puedo decirte si cualquier expresión resulta minúscula comparada con la luminosidad de tu alma? El amor es superior a las palabras porque viene de lo alto. Si eres mi musa es porque te amo y prometí hacerte muy feliz, y también por compartir una historia y un sendero

Quien elige ser artista, prefiere contemplar las estrellas y reproducir e inspirarse en su lenguaje, su música y sus formas, no desprenderlas del cielo para dejar ausencias dolorosas. El arte es un ministerio, un estilo de vida especial que también acerca, si existe el deseo, a los jardines de la eternidad, quizá porque uno, como autor, cuando busca inspiración, se zambulle en las profundidades del universo para descubrir la unión de letras, signos musicales y formas que al plasmar en obras, llegan a las mentes y a los corazones humanos para deleitarlos y recordarles que la vida es algo más que codiciar bienes materiales y coleccionar pasiones y capítulos baladíes, que existen tesoros en el interior, que cada día es irrepetible y se suma a la fugacidad de la historia, que las horas son un sí y un no con la oportunidad de crecer y probarse. El arte es la dulzura de la vida, el encanto de los días, el adorno en la historia de hombres y mujeres, la emulación, en miniatura, de la creación. Es sensibilidad, acaso porque viene de lo alto. Sin el arte, el firmamento de la existencia permanecería apagado, ausente de luceros. En el arte, las musas no faltan porque son la inspiración, y si para algunos representan, de acuerdo con la Mitología, las nueve deidades que habitaban en el Parnaso o en el Helicón con el objetivo de proteger las ciencias y las artes liberales, presididas por Apolo, o para otros son la sensibilidad creativa de los autores, como escritor afirmo que tengo una muy especial que aparece cuando bordo letras y palabras en las libretas de apuntes u oprimo una tecla y otra: tú. Hay quienes preguntarán, no dudo, la razón por la que tengo una musa real, si el proceso creativo posee una ruta etérea y mágica, y uno, como autor, conoce el itinerario a la grieta del arte y la inspiración. Mi respuesta es que tienen razón al pensar que yo solo podría escribir mis obras literarias; pero este día quiero aclarar, tomado de tus manos, que si te elegí como musa es porque nuestras almas, al reencontrarse, decidieron compartir el amor y la alegría de la vida, de modo que al explorar mi interior, donde yacen inconmensurables riquezas, siento tu compañía y juntos buceamos en busca de letras y palabras hermosas y subyugantes. Alumbras mi nado en las profundidades. Y vamos más allá, lo confieso al mundo, porque anhelamos cruzar fronteras que nos conduzcan al paraíso alguna vez prometido. No podría ser mi musa una mujer que no me inspirara amor ni me cautivara; tampoco aquella que permaneciera distante de las riquezas y las virtudes celestes. Tu rostro femenino, siempre alegre y sonriente, embelesa porque en tus ojos asoma la mirada de Dios; en tu voz, en tanto, se reproducen los murmullos del cielo; tus manos transmiten el apoyo y la calidez de los ángeles; tu corazón, unido al mío, palpita al ritmo de los sentimientos más bellos y sublimes de la creación. Por lo mismo, cuando navego en los océanos interminables de la imaginación, tú, musa mía, me acompañas e inspiras y es así como al lanzar la red, pesco letras de diamantes que enlazo para que brillen y perduren siempre en la memoria y los corazones de la humanidad. Alguien burdo, materialista, proclive a los apetitos e impulsos pasajeros, definitivamente no podría inspirar a quien escribe, pinta o compone música porque el arte, ya lo dije, proviene de las alturas, y lo elevado se relaciona con los ángeles, con los luceros, con Dios. Quien ama como tú, con un estilo diferente y especial, y derrama a su alrededor alegría y vive con principios sólidos, inspira y estimula la creación de obras cautivantes e inmortales. Eres mi musa porque te amo. También lo eres por el resplandor de tu alma, por tus principios, por los detalles de cada día, por el tiempo que me dedicas, por tu estilo irrepetible, por traer la fragancia del cielo, por derramar en mí los sentimientos más sublimes, por jugar y reír conmigo, por compartir una historia y por ser tú mi amor eterno.

Al escribirte

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, a quien escribir palabras de amor equivale a mecerse en el oleaje para admirar el enamoramiento, en el horizonte, del océano con el cielo

Escribir las cartas que con frecuencia sumo a tu colección y deposito en el buzón de tu morada, equivale a ir todos los días, en las mañanas, a recolectar las flores más hermosas del jardín para diseñar ramos con las fragancias y tonalidades que te encantan y entregártelas en canastas de original estilo; armar palabras, guiado por la alegría e ilusión que provocas en mí, significa recoger los granos de arena en la playa para formar letras e imágenes que pego en la ventana de tu habitación con la finalidad de que las mires y sientas mi presencia al despertar; inspirarme en ti para componer el más subyugante de los poemas, es salir una tarde de verano a recibir las gotas de la lluvia, atrapar las más hermosas y transparentes y tejerte un collar de diamantes; transformar los sentimientos en párrafos, es igual a zambullirme en el mar, llegar a sus profundidades, extraer las perlas de mayor belleza e insertarlas en aretes de oro para que los luzcas siempre; deslizar el bolígrafo sobre la hoja de papel u oprimir una tecla, otra y muchas más, es fabricar una escalera con el objetivo de alcanzar las nubes y arrullarte cerca del cielo; dedicarte una porción de mi trabajo literario, es fundir nuestros corazones y miradas, estrechar tus manos y las mías y protagonizar una historia inolvidable. Escribir para ti, forma parte de mi estilo de vida. No me agota ni me hastía; al contrario, disfruto pegar una letra a la otra hasta formar palabras y más tarde párrafos y textos que queden como constancia de nuestro amor. Me enamoré de mi musa, de quien me inspira en el arte, en la creación literaria, y me resultaría imposible, en consecuencia, no expresar mis sentimientos. Por eso, cuando la gente pregunta si no duermo, si estoy obsesionado contigo, si ya no escribiré sobre otros temas, si mi arte se encuentra sometido a nuestros sentimientos o si algún día me cansaré de dedicarte mis obras, sonrío porque nadie sabe que al enamorarme de ti, mi musa, tu mano unida a la mía es la que plasma las letras. Mientras el amor, los detalles, la risa, los juegos y los capítulos compartidos formen parte de nuestras existencias y palpiten en tu corazón y el mío, habrá motivos para dedicarte una carta, un párrafo, unas líneas, mis obras, mi arte literario. Si la gente supiera que eres mi musa y yo tu amante de la pluma, comprendería la razón por la que escribirte equivale a extraer pigmentos del morral de Dios para pintar los caminos de tu existencia con tonalidades mágicas o arrullarnos en un oleaje que nos conduzca al horizonte, donde el océano besa al cielo en un acto de belleza extraordinaria y encanto sublime, como tú y yo al unir nuestros corazones.