El talento de quien siente admiración, respeto y asombro ante la vida

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Conozco una mujer que experimentó los horrores de la Segunda Guerra Mundial y que, no obstante, ama la vida y recorre sus caminos con alegría, rectitud y sabiduría. Ha viajado por el mundo. Lo conoce muy bien porque no se conforma con el paseo superficial que le ofrece cada lugar. Es una buscadora de historias, detalles, rostros, formas, costumbres, motivos y tradiciones. Siente deleite al conocer gente, al recorrer vestigios de otras horas y al descubrir estilos de vida que, generalmente, pasan desapercibidos por los turistas comunes. Entra a los mercados, a las ruinas, a los barrios, a los escondrijos del mundo. Toma fotografías con sensibilidad y talento, capta imágenes con la pasión de quien siente asombro, respeto y admiración ante los detalles y el milagro de la vida. Es una mujer inagotable que sabe que el tiempo y la vida son para experimentarlos plenamente, dejar huellas y trascender. Vive en Alemania, al lado de su familia, con el deleite de compartir sus letras y sus colores, sus palabras y sus fotos, con lo que ha encontrado al caminar por el mundo. Ella, Rosemarie Schade, es una dama, una de esas personas que, al conocerlas y tratarlas, no se olvidan por su amabilidad, su educación, sus valores y su experiencia. Hoy, simplemente, le dedico este espacio con el arte de mis letras.

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Mi destierro voluntario

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Antes de que lean mi texto, deseo agradecer a mis familiares, amigos, lectores, compañeros blogueros y seguidores, un año más a su lado. Realmente es una bendición y una fortuna sentirlos parte de mi historia. Reciban mi afecto, mi gratitud y mi reconocimiento. Les deseo lo mejor de la vida para 2022 y lo años que siguen. Santiago Galicia Rojon Serrallonga.

Mi destierro no contempla distancias ni rejas. Es voluntario. Encontrándome tan cerca, estoy lejos. Estando tan distante, me encuentro próximo. Es un retiro libre, una ausencia temporal, de esos aislamientos que uno, a veces, elige en determinada estación, a cierta hora, en algún momento de la existencia, con la idea de sumergirse en sí y descubrirse en las profundidades del ser, entre el oleaje de la realidad presente y del infinito. Es, simplemente, un encuentro conmigo, una reconciliación propia y con la vida. No me he marchado. Aquí estoy, cerca, muy próximo, aunque a veces parezca tan lejano. Me encuentro en mí, en las profundidades de las aguas etéreas, con el objetivo de recibir cada gota y retirar el barniz que, en ocasiones, al andar por el mundo, se pega a la textura e intenta cubrir la esencia. Estoy refugiado en mí, sin barrotes ni celdas, libre y voluntariamente, para reencontrarme, si acaso me he perdido, y retornar pleno y sonriente, con mis letras y mis sentimientos, con mi arte y mis pensamientos, con mis ideales y mis actos. Sencillamente, es un destierro temporal, un aislamiento periódico, para renovarme y unirme a ustedes con lo mejor de mí, con lo que soy.

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Volver a tu lado

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Volver a tu lado -papá, mamá-, cuando soy hijo y te sé en mi alma y en otro plano, en espera de abrazarnos y permanecer juntos, como antaño, cuando era niño y me relatabas cuentos e historias, me enseñabas pacientemente y me reprendías con educación y respeto si en algo fallaba. Volver a tu lado, -hermana, hermano-, tras minutos, horas, días y semanas dedicados a la encomienda, a la jornada cotidiana, para conversar, reír y evocar los capítulos y la epopeya que compartimos en casa, en el hogar, y que ahora nos hacen ricos e identifican aquí y allá, en la temporalidad de la vida y en la eternidad. Volver a tu lado -hija amada, hija irrepetible-, con la idea de entregarte mi alma y lo mejor de mí, en un acto mágico que viene desde la fuente infinita. Volver a tu lado -nieta amada, nietos sucesivos, descendientes futuros-, con el objetivo de contarles tanto de mí y de la vida, jugar, divertirnos, convivir y ser el abuelo dulce e inolvidable. Volver a tu lado -sobrina, sobrino-, feliz y sonriente, con la alegría y el amor que te tengo, para compartir nuevas jornadas y asegurar nuestro retorno a casa. Volver a tu lado -mi antepasado, mi contemporáneo, mi descendiente-, para ser uno, en un palpitar eterno, sin perder identidad. Volver a tu lado -oh, mi amada, mi Musa-, con la intención de amarte y hacer de mis letras y palabras un ramillete de flores, un sueño y una realidad maravillosos. Volver a tu lado -amigo, pariente, compañero-, con el interés de darnos oportunidad de andar por el mundo contentos y en paz. Volver a tu lado -sí, mi lector querido-, con la promesa de regalarte más páginas creativas y originales, expresarte lo que no podría manifestarse de otra manera y, juntos, descubrir paraísos. Volver a tu lado -humano, animal, planta, expresión de vida-, para coexistir en armonía, en el bien y en la evolución, y contribuir a la tarea. Volver a tu lado -sí, creación, es a ti a quien me dirijo-, con el propósito de contribuir a la incansable construcción del mundo y del universo, a la formación de un sendero que lleve a casa. Volver a tu lado -le hablo a mi alma, a mi ser-, con la finalidad de reencontrarme y caminar pleno hacia el infinito. Volver a tu lado -oh, Dios, Mente Infinita-, de donde provengo, para fusionarme en ti y vivir plenamente.

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Algo tiene el arte

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Algo tiene el arte. Me recuerda, cuando lo escribo, los poemas y los textos de un paraíso que siento en mí y percibo aquí y allá, en el mundo y en el universo, en el barro y en la esencia. Leo sus razones y sus delirios en las hojas que se desprenden de los árboles al sentir las caricias del viento y en las gotas de lluvia que forman charcos y reflejan la profundidad azul del cielo. Algo tiene el arte. Sus formas y su policromía son, parece, trozos que flotan para que uno, al mirarlos, no olvide que existe lo tangible y lo etéreo. Algo tiene el arte. Al escucharlo, creo, y estoy seguro de que así es, que tiene mucho de la voz de Dios y del lenguaje de la creación. Algo tiene el arte. Cuando me inspiro y escribo, me transformo en flor y en helecho, en estrella y en oleaje, en tierra y en viento. Algo tiene el arte. Me recuerda a Dios cuando escribe sus guiones, al pintar y al decorar sus creaciones y sus formas, y al darles sonidos, pausas y silencios. Algo tiene el arte. Cuando escribo, sé que emulo, en pequeño, la inmensa tarea de la creación. Algo tiene el arte. Es la encomienda que traigo conmigo, mi razón, mi sentido, mi motivo. Algo tiene el arte. Enamora, cautiva, encanta. Eleva y lleva al bien, a la realización, a la plenitud, a la textura y a la fuente infinita. Algo tiene el arte. Es una forma de definir y expresar el mundo, el cielo y el infierno, la temporalidad y la eternidad, las cargas y las livianidades, los sueños y las realidades. Algo tiene el arte. Obsequia pedazos de vida. Algo tiene el arte. Abre las puertas de mi interior y descubro a los del ayer, a los del pretérito, a los de hoy, a los de mañana, en un palpitar con múltiples rostros que describo y vuelvo letras que dicen tanto y callan todo. Algo tiene el arte. Lo descubro en mí y no puedo renunciar a su linaje, a la encomienda de escribirlo, a la alegría de compartirlo. Algo tiene el arte.

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Entre las letras que escribo

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Entre las letras y las palabras que escribo, hay sentimientos e ideas, sueños y esperanzas, razones y sentidos, porque el artista, al inspirarse, reúne esencias y arcillas, fogatas y cenizas. Entre los textos que escribo, abundan los susurros, los rumores, y aparecen los silencios, las pausas. Entre la prosa y los poemas que construyo, hay gotas de lluvia, brisa de mar y granos de arena, reunidos en un intento de crear paraísos y mundos. Entre las historias y los relatos que hilvano, aparecen recuerdos y olvidos, intenciones y descuidos, guiños y suspiros, labores y descansos. Entre las letras, los signos, las puntuaciones y los acentos que armo, existen fantasías y realidades, celdas y libertades, encuentros y desencuentros. Entre la prosa que invento, quedan pedazos de mi vida y mi aliento, destellos de mi esencia y trozos de mi barro. Entre mis escritos, me descubro y, a la vez, encuentro a ti y a ustedes, a ellos, a todos, a los de entonces, a los de hoy y a los de mañana, en un palpitar con múltiples rostros. Entre las obras que escribo, dejo algo de mí para ti, ustedes y ellos. Entre las letras que escribo, permanezco en espera de ustedes para abrazarlos y partir a las expediciones de nuestros sueños y realidades. Sí, entre las palabras que trazo.

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Somos artistas, escritores, poetas

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Somos de papel y de tinta, de letras y de palabras; pero también, no lo olvidemos, de sentimientos y de ideas, de sueños y de realidades. Traemos el lenguaje del paraíso y del infierno, de la temporalidad y del infinito, para describirlos en una novela, en un cuento, en un poema, en un texto, que nuestros lectores recolectan con sus sentires y sus pensamientos, con sus motivos y sus razones, en la búsqueda de sí mismos y de las cosas que no podrían explicarse de otra manera. Hablamos con Dios, con el bien y con el mal, con la sonrisa y con el enojo, con la alegría y con la tristeza, con los seres humanos -los de antes, los de entonces, los de hoy y los de mañana-, con personajes reales y ficticios, con las luces y con las sombras, con todas las criaturas, para deleite de nuestro público, dentro de lo que la gente llama tiempo y espacio. Bebemos agua del manantial; a veces, al contemplar el mundo, padecemos sed. Vivimos y morimos para enseñar a otros el prodigio de existir. Relatamos. Somos coleccionistas y relatores de historias. Artistas, escritores, poetas, eso somos felizmente. Entramos a la morada de Dios, a la fuente de luz infinita, a los recintos más desolados y sombríos, a las hogares de la gente, a las casas de todos los seres de la creación, con el respeto que nosotros, los artistas, recibimos. Somos monarcas y pueblo, libres y esclavos, aire y tierra. Experimentamos todo con la intención de sentirlo y transmitirlo a la gente, a los lectores, con vibración intensa. Miramos, al caminar por el mundo y al final de la jornada, a la gente que parte con sus cargas y sus livianidades, con lo bueno y con lo malo, mientras nosotros, los artistas, los escritores, los poetas, comprobamos, por añadidura, el cumplimiento de nuestra encomienda. Y es que sin nuestros delirios, parece, no habría estrellas. Somos de papel y de tinta, de esencia que fluye y de textura arcillosa, de agua y de arena, de cristal y de piedra. Somos eso, artistas, escritores, poetas.

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Tanto de arte tiene la vida

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La vida tiene sus propios encantos, sus expresiones y sus motivos, y yo, desde la pequeñez de mi condición humana, intento agregarle mis letras y mis palabras, mi arte, con sus acentos, puntuaciones y signos, como el jardinero que, una mañana y otra, añade y cultiva flores -orquídeas, tulipanes y rosas- en el paraíso, simplemente por la afición y por el gusto de dejar algo de sí, sus huellas y sus recuerdos. La vida posee colores que se derrama a sí misma, y yo, desde mi taller humilde de artista, mezclo tonos y doy pinceladas con la idea de que el paisaje terreno cuente con algo de esencia y de humano. La vida dispersa sus lapsos de rumores y sus pautas de silencios, en un canto mágico e interminable, en una sinfonía con movimientos y pausas, y yo, con mis textos, le ofrezco mis notas. La vida tiene sus sentidos, sus formas y sus razones, y yo, jornalero del arte, introduzco mis manos de escritor para moldear la mezcla de la arcilla y la luz. La vida amanece y anochece, en una estación y en otra, con los pedazos de arte que le regala Dios o que, entre sus suspiros, trae de uno de los tantos paraísos que visita, y yo, artista, solo trato de impregnarle mis letras, mis matices, mis sonidos y mis formas. La vida tiene mucho de sublime, tanto de arte, que yo, un aprendiz, pienso, cuando la siento, que me dicta mucho de lo que escribo.

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Más allá de barrotes y ataduras, el arte es libre

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La inspiración, en el arte, vuela y navega una noche o alguna mañana, en la tarde o en la madrugada, mientras es otoño o es primavera, durante un invierno o cierto verano, libre y plena, en armonía y con equilibrio, sin que alguien la mancille y someta, a veces solemne y en ocasiones, en cambio, desbordante. El arte sigue su ruta. No admite cadenas, barrotes y candados, simplemente por su rebeldía a la producción en serie, a las reglas estrictas e indiferentes, a la crueldad y al juicio sin sentido. Es un pájaro que vuela lejos o cerca, una hoja que juega con el viento o que deja pasar las corrientes de aire por preferir las gotas de lluvia o los copor de nieve, una embarcación que sortea el oleaje impetuoso, las tormentas incesantes y las tranquilidades profundas o superficiales. Es, parece, una palabra o alguna melodía de Dios, ciertos matices del cielo y determinadas formas del paraíso. El arte es una locura, un motivo, un delirio que va más allá de una época, una tendencia o una moda. El arte -igual que la ciencia- es universal y no puede fragmentarse en ideologías e intereses económicos y políticos. No está a la venta ni es una oferta. Es algo superior a la mercancía, a los discursos políticos, a las costumbres y a los fanatismos; aunque con frecuencia se le pretenda atrapar y etiquetar igual que un esclavo, un sirviente o un objeto. El arte visita las realidades cotidianas, lo extraño y lo conocido, y hasta explora los sueños, los parajes recónditos, la arcilla y la esencia, las luces y las oscuridades. Es tan auténtico y libre, que cada artista lo expresa con su estilo. El arte es la letra, el color, la nota y la forma de Dios, concepto que definitivamente no cabe en las mentalidades cuadriculadas y obstinadas en medirlo, alabar o condenar sus expresiones. El arte es la conexión a la inmortalidad, a las realidades y a los sueños, al alma y a la textura, al cielo y a la tierra. Es la corriente etérea que, en algún momento, plantea y explica lo incomprensible y le da sentido con las palabras, con las notas, con la policromía, con las formas. Es un puente de cristal prodigioso que conecta el mundo con reinos infinitos.

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¿Eres el poema que escribo?

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Si eres el poema que te escribo, ¿qué son tus ojos?, ¿qué tu rostro?, ¿qué tus manos? ¿Acaso letras y acentos?, ¿quizá palabras, signos y puntuación?, ¿tal vez polvo de estrellas e inspiración? Si eres las flores que te regalo, ¿qué es tu textura?, ¿qué tu rubor?, ¿qué tus suspiros? ¿Se trata de pétalos cautivantes que presumen los matices de los jardines del paraíso?, ¿perfumes del cielo? Si eres los sentimientos de mis textos, ¿qué significado tienen en las páginas donde los escribo? ¿Es delirio de un amor sin final?, ¿alegría y locura?, ¿realidades y sueños? Si eres lo que siento y lo que pienso, lo que vivo y lo que sueño, ¿de qué materiales estás hecha? ¿Eres arcilla y cristal?, ¿piel y esencia?, ¿temporalidad e infinito? ¿Quien eres? ¿Mi poema?, ¿mi musa?, ¿tu yo y mi tú?, ¿mirada de ángel y de mujer?, ¿pedazo de tierra y eco y fragmento de cielo?, ¿tu rostro y el mío?, ¿tu nombre y el de ambos?, ¿tú, conmigo?, ¿yo, contigo? ¿Nosotros, en la banca del jardín terreno y en el columpio del infinito?

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Perfume de artista

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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El arte estaba impregnado en su esencia y en su forma, y lo percibía en sí y en las imágenes de los espejos y de los charcos, al asomar y al preguntar por su identidad, al despertar una mañana y al dormir una noche, al crear sus obras y al andar por el mundo, al vivir y al soñar, al escribir su nombre y al pronunciarlo y al callarlo, al reír y al llorar, al caminar y al remar. Le encantaba experimentar los minutos, los días y los años de su existencia, aquí y allá, en las aventuras y en los capítulos que protagonizaba; pero el arte, fiel a su alma, ya era él, y no se traicionaba al escribir sus letras, sus palabras, decoradas con sentimientos y perfumadas con ideas. Era ser humano, y artista; persona, y creador; caminante, y escritor. Amaba, y escribía; tenía familia y amigos, y se dedicaba al arte; vivía y soñaba, y no olvidaba las letras y las palabras que de alguna manera pulsaban en él, palpitaban en su interior. Una tarde, mientras lloviznaba, alguien le confesó su admiración y su respeto, y hasta el amor que sentía por él. El artista sonrió, agradeció y siguió su camino. La mujer lo alcanzó y manifestó que él, el autor, resultaba cautivante y hechizaba al escribir; aunque lamentó, y así lo dijo, que fuera más arte que ser humano. Explicó que una persona, al enamorarse de otra, necesita exclusividad, y el arte, convertido en letras, en música, en colores, en formas y en cualquier expresión, no duerme ni se ausenta del alma del creador, a quien interrumpe una noche o una madrugada, en la soledad y durante una convivencia, con el objetivo de dictarle sus secretos, transmitirle los rumores y los silencios de la creación que ha de anotar en el cuaderno, en la libreta, en las hojas, en algún papel. El hombre admitió que el arte es celoso e irrenunciable; pero consiente a quienes lo aman fielmente y no rivaliza porque conoce sus estaciones, sus ciclos, sus períodos impetuosos y sus momentos tranquilos. Es tormenta y es calma. No tiene vacaciones ni tregua. El arte no tiene inconveniente en los amores y en tantas aficiones; sin embargo, a cierta hora, quizá la menos esperada, recluta la atención y exige concentración, esfuerzo, trabajo e inspiración. El artista horada, escala y se sumerge en profundidades infinitas con la finalidad de regresar con pedazos de cielo, de mundos y de infiernos que convierte en obras. Traduce lo inexplicable y lo vuelve lógico y natural. Solo el artista conoce las amarguras, las dulzuras y las historias de sus travesías. Cruza tierras inhóspitas y paraísos, hasta que retorna con fórmulas prodigiosas que embelesan e inmortalizan. La mujer no estaba dispuesta a compartir el amor del artista con el arte y las musas etéreas de la creación. Renunció a él. Lo miró alejarse, entre las luces y las sombras de la vida, en medio de vivencias y de sueños, con una carretilla pletórica de flores y sonrisas que regalaba, mientras quedaba, a su paso, la fragancia de su perfume, su perfume de artista.

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