¿Y la magia de las reformas estructurales?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Miembro de una casta de políticos que se han beneficiado con el ejercicio del poder versus el empobrecimiento y las injusticias en perjuicio de millones de familias, el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, afirmó recientemente que los mexicanos tendrán que ajustarse a una nueva realidad, palabras ambiguas que lo mismo sugieren mayor cantidad de impuestos, incrementos a las tarifas oficiales, desempleo masivo, inflación, devaluaciones, fuga de inversiones productivas y hasta terrorismo fiscal, porque el señor ministro, tan escrupuloso y severo con los contribuyentes y “preocupado” por la obesidad de los consumidores de bebidas endulzantes, no habló claro y, además, suelen fallar sus perspectivas económicas.

El hecho de anunciar que los mexicanos deberán ajustarse a una nueva realidad y que la Federación aplicará recortes presupuestales con la intención de reducir el gasto gubernamental por varios años, después de informar lo que todos sabemos, el panorama económico mundial -a alguien hay que culpar para justificar los fracasos en el manejo de las finanzas públicas-, Videgaray Caso recibió el saludo cálido de algunos participantes de The Real State Show 2015 que organizó la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios, en el Centro Banamex.

Más allá de los niveles alarmantes de corrupción que existen en México comparados con los preocupantes índices de desigualdad social que arrastra a millones de personas al descontento y a la pobreza acentuada, el titular de Hacienda expuso a especialistas que el entorno mundial se distingue por tres fenómenos que complican la economía nacional: descenso abrupto y permanente en los precios del petróleo, inminente aumento en las tasas de interés por parte de Estados Unidos de Norteamérica -nuestro “socio” comercial- y una tendencia baja en el crecimiento internacional.

Caray, Luis Videgaray Caso habló respecto al entorno internacional que repercute negativamente en México, nación que enfrenta un reto ante variables que se combinan desfavorablemente en perjuicio de la economía; pero omitió, evidentemente, los temas relacionados al enriquecimiento exagerado de funcionarios públicos y políticos, al favoritismo y los negocios con contratistas que reciben beneficios millonarios, a las percepciones y los gastos excesivos de las autoridades, a los cargos onerosos y dependencias que no sirven para nada, a los programas que a nadie benefician y al despilfarro del sector oficial, entre otros asuntos que realmente preocupan e interesan a los mexicanos.

Si los mexicanos tuvieran otra clase de gobernantes, el mensaje de Luis Videgaray Caso hubiera sido creíble e incluso generado confianza y solidaridad social; pero nadie confía en funcionarios públicos y políticos que han demostrado abusos y que exponen mensajes de doble moral, que hablan de reaccionar con responsabilidad y, paralelamente, poseen mansiones como la llamada casa blanca cuyo costo representa más de tres mil años de salarios mínimos. Millones de personas carecen de recursos para obtener satisfactores mínimos básicos, y estos señores, los dueños del poder, se atreven a advertir ambiguamente, cual amenaza velada, que la gente en este país tendrá que ajustarse a la nueva realidad.

Claro, es la nueva realidad propiciada por las condiciones económicas del entorno internacional, pero en un país debilitado, en ruina, totalmente saqueado durante décadas por familias que han abusado del poder y se han enriquecido sin importarles el daño contra millones de habitantes.

Hace algunas décadas, en 1977, un presidente corrupto, cínico y demagogo como fue José López Portillo y Pacheco, declaró públicamente que las naciones se dividían entre las que poseían riqueza petrolera y las que carecían de la misma, y aseguró que México la tenía. Quien estúpidamente nacionalizó la banca y alguna vez declaró que defendería el peso como un perro, presumía en 1980 que el país exportaba diariamente más de dos millones de barriles de crudo y ocupaba sexto lugar mundial en ese rubro, y por eso expresó en uno de sus discursos que los mexicanos tendrían que aprender a administrar la abundancia. Obviamente, al concluir su mandato, México se encontraba en la ruina económica, con un peso devaluado en más del 200 por ciento. Información de aquella época refiere que durante el sexenio de López Portillo, los altos precios del petróleo representaron más de 100 mil millones de dólares extras al Gobierno Federal. ¿Dónde quedaron? Nación empobrecida, políticos multimillonarios.

Si en aquella época, bajo un entorno mundial favorable para los precios del petróleo y con un presidente que juró defender el peso como perro y manifestó que los mexicanos tendrían que aprender a administrar la opulencia, el país se encontró ante un panorama de desastre económico, ¿qué sucederá ahora que el valor del crudo registra descensos abruptos y con gobernantes que sólo desean adquirir residencias multimillonarias y realizar viajes hasta con la realeza europea como si eso los fuera a transformar en personajes de alcurnia? Millones de mexicanos, como antes, sufrirán las consecuencias negativas; pero habría que preguntar de dónde surgirá el político canino que defienda la moneda nacional.

Por lo pronto, Videgaray Caso indicó, por si alguien lo había olvidado, que este año se aplicará una reducción al gasto por 124 mil millones de pesos, mientras en 2016 habrá que llevar a cabo un ajuste adicional por 135 mil millones de pesos.

Si las medidas federales se aplicaran con justicia, equilibrio y transparencia, seguramente México estaría preparado para enfrentar los retos; pero si las autoridades fallan hasta en sus perspectivas anuales de crecimiento económico y con frecuencia efectúan ajustes a la baja, ¿qué se prevé ante una situación tan riesgosa que definitivamente no han sabido manejar y ya las rebasó?

Los candidatos a diputados federales que hoy muestran sus nuevos semblantes y hablan de transformaciones, lucha contra la corrupción y temas en los que no se distinguieron con anterioridad, serán responsables de analizar y discutir el presupuesto de ingresos y egresos de la Federación para 2016. Uno los mira, en gran porcentaje, inmersos en sus campañas de descalificaciones y propuestas tan pobres, cuando las tienen, que se pregunta si no actuarán como los legisladores que aprobaron las denominadas reformas estructurales del presidente Enrique Peña Nieto. Todos deben levantar las manos para aprobar lo que ordena la élite del poder, y reciben dádivas o la amenaza de frustrar sus “carreras” políticas.

Habría que preguntar dónde quedaron el encanto y la magia de las reformas estructurales tan defendidas por el presidente Enrique Peña Nieto y la clase gobernante, como la energética que iba a cambiar el rostro de México y representar ahorro en la economía familiar y atracción de inversiones productivas que generarían empleos y riqueza. Parecía que nuevamente el pueblo mexicano iba a aprender a administrar su opulencia; aunque con el mensaje reciente e impreciso del secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, todo indica que la sociedad debe prepararse para coexistir en su entorno lacerante y mirar con irritación e impotencia el desfile de grandes señores, dueños de residencias, en helicópteros y escoltados por hombres enormes, armados y capaces de reprimir a cualquier ciudadano que se oponga a las decisiones y políticas gubernamentales.

No obstante, la actual coyuntura representa una oportunidad para que el presidente Enrique Peña Nieto y la clase política mexicana demuestren que su compromiso es con México y que pueden, en consecuencia, conducir el rumbo nacional sin seguir lastimando a millones de familias, muchas de las cuales, por cierto, ya apoyan la idea de la revocación de quienes ostentan el poder, lo cual es peligroso por todo lo que significa en un país desesperado y en la miseria.

Fórmula perfecta: familias de las “oportunidades” históricas versus sociedad adormilada

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La fórmula parece perfecta para transformarse en parte de las familias que disfrutan las “oportunidades” históricas que le arrancan a México: durante sus gestiones favorecen a empresarios con contratos millonarios para posteriormente resultar beneficiados con residencias lujosas, práctica de la que nadie debe sorprenderse en un país donde la corrupción es ejercicio cotidiano, desde el policía extorsionador y el automovilista con documentos irregulares y el maestro que para pasar a sus alumnos les sugiere una aventura amorosa o una botella de licor, hasta aquellos que decretaron una estatización y favorecieron a sus descendientes o que aprovechan gestiones públicas para enriquecerse con recursos nacionales.

México es, sin duda, uno de los países más corruptos e injustos del mundo, donde las desigualdades sociales resultan evidentes. La miseria es lacerante, los abusos y excesos de poder son práctica cotidiana, el autoritarismo y la represión aumentan alarmantemente, el descontento social se generaliza. Una minoría se enriquece exageradamente, mientras las mayorías empobrecen.

Resulta que ahora, según la revista Proceso, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, sí, el funcionario que realiza giras a diferentes regiones del país y se reúne con hombres y mujeres procedentes de polígonos de pobreza y violencia en actos más similares al esquema de los reality show, es dueño, a través de su esposa, de dos lujosas residencias en Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de México, adquiridas bajo idéntica fórmula a la que aplicaron, en su momento, su jefe, el presidente Enrique Peña Nieto, y su compañero de gabinete, el titular de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso.

Y no hay que espantarse porque indudablemente existen más funcionarios y políticos, no solamente a nivel federal, sino estatal y municipal, que actúan de acuerdo con la moda de corrupción e impunidad que dicta la élite gobernante desde hace décadas en la República Mexicana.

Resulta incongruente y hasta con cierto grado de cinismo y ofensa, que tales funcionarios manifiesten públicamente, por medio de discursos y declaraciones mediáticas, que las autoridades están trabajando arduamente, con compromiso y responsabilidad, para erradicar del país las injusticias, las arbitrariedades, la corrupción, los delitos, las diferencias sociales, la impunidad, las prácticas nocivas, los grupos que tanto daño causan, cuando abusan del poder y se benefician con el dinero que proviene de los mexicanos.

De no ser verídicos el reportaje de Proceso ni los que han publicado medios de comunicación mexicanos y extranjeros respecto a las residencias del mandatario nacional y los funcionarios mencionados, junto con todo lo que implican sus adquisiciones, tendrán que probarlo con documentos y evidencias reales; pero aún así siempre resultará insultante poseer mansiones de valor incalculable versus el pauperismo de millones de personas y las casas de interés social que venden a los trabajadores con la cuarta parte de sus salarios y 30 años de pagos, las cuales son de pésima calidad y tan minúsculas que cabrían, incluso, en alguna de las alcobas principales en las Lomas de Chapultepec, Malinalco, el Pedregal de San Ángel o cualquier otra zona exclusiva.

La lucha contra la corrupción no prosperará mientras los mexicanos la practiquen desde sus niveles más bajos, en sus asuntos cotidianos, y permanezcan más distraídos en el teatro futbolero y telenovelero, en los chismes de actores y cantantes, en las redes sociales y el whats app, en las modas, en lo que ocurre con las vidas de sus vecinos y en esas cosas intrascendentes que acumuladas, consumen gran parte de los días de la existencia.

Independientemente del tema relacionado con las residencias del presidente Enrique Peña Nieto y los colaboradores de su gabinete, aunado al involucramiento y la sospecha de personajes favorecidos con licitaciones y obras públicas, lo cual es demasiado grave y preocupante por lo que implica, se trata de funcionarios que han demostrado incapacidad para gobernar y mantener estabilidad, desarrollo integral, justicia, seguridad y respeto a las libertades.

Con tales antecedentes, uno se pregunta qué regalos no otorgarán a los políticos y altos funcionarios los inversionistas que resulten favorecidos con los contratos derivados de las tan defendidas reformas presidenciales, como la energética, por citar una. Las utilidades serán excesivas y las dádivas también. El nuestro es un México ajeno a más de 100 millones de habitantes porque solamente el grupo que ostenta el poder obtiene privilegios.

Entre funcionarios públicos y políticos de diferentes partidos se acusan de corrupción y otros delitos, pero no pocos se encuentran involucrados en actos de ilegalidad. Seguramente ninguno actuará, de poder hacerlo, en contra del otro.

Resulta lógico que ahora, al escuchar los mensajes presidenciales y de secretarios, gobernadores, legisladores y toda clase de políticos y funcionarios públicos, uno no solamente experimente coraje, repulsión e impotencia; también surge un conflicto interno al sospechar que sus palabras son resultado exclusivo de la desfachatez y el engaño, de simulaciones y programas endebles, de un sistema más proclive a la represión, el autoritarismo y la corrupción que a la justicia social y el desarrollo integral de los mexicanos.

¿Cómo escuchar con respeto los discursos de tales políticos si ellos han actuado, parece, deshonestamente ante decenas de millones de mexicanos que depositaron su confianza en ellos? ¿Cómo reaccionar cuando el presidente de la República anuncie obras millonarias o resalte sus reformas ante la comunidad internacional y los inversionistas? ¿Habrá más contratistas agradecidos? ¿Qué argumentar cuando el secretario de Hacienda y Crédito Público resalte el cumplimiento de las obligaciones fiscales? ¿Y qué contestar a los discursos y declaraciones del secretario de Gobernación? ¿Hay razón para creerles a otros funcionarios y políticos? ¿Qué calidad humana tienen tantos legisladores que con frecuencia votan contra México? Si los principales actores de la política mexicana se conducen bajo fórmulas que despiertan sospechas y no han tenido capacidad de gobernar adecuadamente a los mexicanos, ¿cuáles serán las aspiraciones y los estilos de vida de quienes les siguen en estatus?

Al caminar y mirar a un lado y otro, uno palpa miseria, corrupción, injusticias, abusos, represión e impunidad. Unos, los que pertenecen a la élite del poder, cometen toda clase de excesos y saquean a la nación; otros, los miembros de la sociedad, permanecen adormilados y distraídos, totalmente atrincherados en los grandes corrales humanos. ¿Existen perspectivas de progreso para un país con el perfil de México? Habrá que preguntar a cada uno de sus habitantes.

Carmen Aristegui versus los golpes del autoritarismo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cuando los funcionarios públicos y políticos son incapaces de gobernar con honestidad, inteligencia, justicia y responsabilidad, recurren a prácticas brutales para someter y callar a aquellos que se atreven a señalar sus actos de corrupción, incompetencia e impunidad.

En un país como México, donde la élite política ha desafiado a millones de habitantes y comete abusos y actos de corrupción que la conducen al enriquecimiento excesivo, a su permanencia en el poder y al control absoluto, cualquier persona se convierte fácilmente en víctima si se atreve a denunciar públicamente ese tipo de conductas aberrantes.

Resulta preocupante el hecho de que México retroceda en materias de respeto a los derechos humanos y a la libertad de expresión. Cada día son más las empresas informativas -periódicos, revistas, portales y noticieros de radio y televisión- que se doblegan y ceden a los caprichos de los poderosos, que callan la verdad y practican la simulación. Las noticias son prostituidas ante la voracidad de los empresarios de la información, incluidos gran cantidad de directivos y reporteros que se corrompen, en perjuicio de la sociedad mexicana.

En el caso del ejercicio periodístico, resulta difícil y hasta comprometedor escribir con la verdad porque uno enfrenta desde intereses de los jefes de Información y Redacción, hasta de los directores y propietarios de los medios de comunicación, de manera que desempeñarse con ética y profesionalismo puede ser no una virtud, sino la catapulta para ser reprimido y sepultado.

Los mexicanos cuentan con gran cantidad de medios de comunicación a nivel nacional, pero la mayoría alineados a las políticas gubernamentales porque dependen de convenios y subsidios o sus directivos son corrompidos por los dueños del poder. Hay que conocer sus contenidos para comprender, ipso facto, la clase de medios de comunicación que son. Se entiende que en un país de funcionarios y políticos corruptos, la policía, los burócratas y hasta la prensa también incurren en esas prácticas.

Recientemente, MVS Noticias despidió a la periodista Carmen Aristegui y a su equipo de colaboradores, quienes investigaban, entre otros temas, los relacionados con la llamada casa blanca de la familia del presidente Enrique Peña Nieto, con valor de siete millones de dólares; la mansión del secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso; los nexos de empresas beneficiadas con las licitaciones federales, como el Grupo Higa; y otros asuntos comprometedores para la clase política mexicana.

En una etapa en la que la imagen del presidente Enrique Peña Nieto se encuentra en sus peores niveles en el país y el mundo, junto con la incapacidad para gobernar y enfrentar casos como el de los estudiantes asesinados de Ayotzinapa, los insultantes actos de corrupción e impunidad y temas que indican un retroceso de la democracia y la implementación del autoritarismo, en un marco próximo a la contienda electoral, resulta que MVS Noticias dio un golpe a la libertad de expresión al despedir a Carmen Aristegui y sus colaboradores.

Se trata de un atentado contra la libertad de expresión y, obviamente, una demostración del poder aplastante que tiene la clase política mexicana contra quienes se oponen a sus conductas o no encajan en sus intereses.

Quienes todavía creemos en el ejercicio periodístico pleno, en la libertad de expresión, sentimos una agresión no solamente por parte de MVS, sino de quienes están atrás, de los funcionarios públicos y políticos que pretenden deshacerse de aquellos comunicadores que investigan y les hacen señalamientos puntuales y directos.

En este camino hay muchos oportunistas que aprovechan el tema Carmen Aristegui para rasgarse las vestiduras y defender una libertad de expresión que jamás han practicado; pero quienes son periodistas auténticos, comunicadores éticos y profesionales, saben que es momento de unir las voces con la intención de protestar contra los enemigos de la democracia, la dignidad humana y el derecho a manifestarse.

Como periodista, siento asco y repugnancia por las actitudes de los dueños de MVS Noticias, quienes finalmente decidieron la prostitución de la información a cambio de las delicias de las prebendas; pero experimento preocupación por el sistema político mexicano aplastante que pretende cerrar las ventanas a las libertades para actuar impunemente y ejercer un poder totalitario en perjuicio de millones de mexicanos.