De eso, creo, estamos hechos

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Soy de tantos aromas y matices, vengo de innumerables auroras y ocasos, tengo demasiados linajes e historias, con pasados y presentes, con mañanas certeros e inciertos que ya se sienten, que, en verdad, no podría, en una guerra, apoyar a unos y despreciar a otros, porque significaría romperme, traicionar mis códigos y mis significados, y quedar yerto, aquí y allá, en un lugar y en otro. Me resulta imposible, acaso por mi esencia, probablemente por mi textura, quizá por la sustancia etérea y la materia que me componen, tal vez por eso y más, dividirme y crear rivalidades entre mis trozos. No me atrevo a pelear dentro ni fuera de mí. Al agredir a otros, atentaría contra mí. Me forjé con la herencia que traigo en mi memoria, con los capítulos que he protagonizado, con todo lo que uno trae, con lo que siembra y con lo que cosecha; en consecuencia, soy incapaz de empujar a otros al precipicio o de tenderles acertijos y trampas. Estoy hecho de pedazos e hilvanado con orígenes de tantos parajes y rincones, con una corriente etérea que me impide causar daño. Es preferible, en una guerra, amar que odiar, dar que arrebatar, compartir que acaparar, sonreír que mostrar un rostro arrogante y despiadado. Quiero el amor, el bien, el progreso y la paz en el mundo. De eso, creo, estamos hechos.

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Despierto de una historia llamada año pasado

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Amanece. Despierto de una historia llamada año pasado. Vengo de realidades y de sueños que, inesperadamente, envejecieron y se desvanecieron o que, a pesar de su longevidad, deambulan en el camino, entre silencios y rumores. Las persianas del año que apenas ayer permanecían abiertas y por las que entraban la luz y las sombras -oh, cuán breve es la vida-, cerraron la posibilidad de saltar por la ventana y entrar. Habría que romper los vidrios. Apenas hay rendijas que permiten asomar a hurtadillas, igual que cuando uno, nostálgico, descubre y remueve las huellas y las remembranzas ocultas en los escombros del pasado. No es recomendable entrar a esas habitaciones clausuradas si no se está preparado. Cualquier neófito enfrenta, al ingresar a tales recintos del ayer, el riesgo de extraviarse en los laberintos intoxicados de penumbra y tristes suspiros. Del ayer, parece, solo hay que recolectar las lecciones, los recuerdos hermosos; pero uno debe continuar su andar por la senda porque hasta la flor más cautivante, de textura fina, policromía mágica y perfume delicioso, se marchita. Es preciso seguir la ruta, a pesar de las ausencias y de las presencias, de la miel y de la amargura, de los pétalos y de las espinas. Durante la caminata, uno descubrirá otras ventanas cerradas y abiertas, con el sello inconfundible de cada año; pero resulta perentorio llegar temprano, ser puntual, en la cita con la vida -la vida terrena y la vida infinita-, antes de que los furgones, en la estación, partan a otros rumbos, a destinos insospechados. Vengo de un tiempo que ahora es, simplemente, ayer, pasado, historia. No conviene permanecer inmóvil en la esquina del tiempo, en las avenidas y en los cruceros del ayer, del hoy y del mañana, porque la vida humana podría sufrir, en cualquier momento, un descalabro. Advierto que la ventana del año que recién inicia, se encuentra abierta e invita a pasar, a disfrutar y a experimentar los encuentros y los desencuentros con la vida, las dulzuras y las amarguras que destila la existencia, los motivos y los destinos que uno elige y que a veces se presentan. Sé que la vida, en mundo, consta de un período, está marcada por una caducidad; en consecuencia, he decidido saltar por el balcón, entrar por el ventanal junto con la luz del amanecer y el resplandor de las estrellas, con la idea de gozar los días y las noches de mi existencia. Desconozco cuántas ventanas quedan reservadas para mí, con cada año marcado; sin embargo, estoy dispuesto a entregarme al oleaje de la vida para sentirla en armonía, con equilibrio, plenamente, y así llegar a otra orilla sublime y paradisíaca, hermosa e infinita. Entro por la ventana del año que, humanamente, ha nacido, con un canasto pletórico de experiencias, dispuesto a hacer de mi biografía una historia maravillosa e inolvidable. Los invito a entrar por la ventana y a salir, conmigo, antes de que llegue la noche y caiga el cortinaje tan pesado.

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Y así termina un año más…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Y así termina un año más en nuestras vidas, como las botellas y las copas con vino tinto que permanecen abandonadas sobre la mesa tras el brindis, los abrazos, las remembranzas, las felicitaciones y los recuentos, unas pletóricas, otras a la mitad y algunas vacías. Se parecen tanto a los seres humanos. Todo es tan efímero y relativo. El confeti y las serpentinas quedan desolados y se mezclan con los vasos rotos, con las envolturas vacías, con las risas y las lágrimas. Y así se va un año más de nuestras existencias, con las ausencias y las presencias que se tuvieron, los encuentros y los desencuentros, las cargas y las liviandades, las alegrías y las tristezas, las formalidades y las ocurrencias. Se pierde y se gana. Se nace y se muere. Unos buscan la felicidad, el placer, la realización y la verdad en el exterior, en cosas que también se desgastan y caducan. Olvidan sumergirse en sí y desentrañar los mensajes ocultos de la vida y expresados en todas las criaturas. Y así se consumen los instantes postreros, los últimos minutos del año peregrino, entre recuerdos y olvidos, balances y proyectos, en un anhelo de vivir más o de morir ya. Y así se retira el año -un año más-, indiferente, y queda menos tiempo de vida, seamos niños o viejos, porque la caducidad es tan real como nuestro temor a la despedida material. Y así avanza el tiempo, intolerante a pausas, dispuesto a seguir su camino, sin tregua, al lado de la vida y la muerte, con aperturas y recortes, con las notas y las pausas que existen en cada detalle, en todos los motivos. Y así terminan las oportunidades de amar, sonreír, hacer el bien, tender puentes, derribar fronteras y dejar huellas, y surgen, si aún se dispone de salud y de vida, otras estaciones, algunos plazos, para llevarlo a cabo y rectificar el itinerario. Y así desfilan los minutos y los días, las semanas y los meses, junto con los rostros y los nombres con apellidos, hasta diluirse y perder significado. No pierdas el tiempo y la vida en asuntos baladíes e intrascendentes, y menos en odios y temores, ni tampoco en crueldades ni en arrebatos. Y así aparece el encanto de aprender que el paseo por la vida, en el mundo, no consiste en enamorarse del odio, la avaricia, el miedo, la ira, las riquezas materiales acumuladas sobre el sufrimiento de otros, la estulticia y las superficialidades que corren por drenajes de apariencia engañosa. La vida no es una moda. Es una aberración dedicarla a una biografía egoísta. Se aprende a vivir. Cada ser humano trae un nivel evolutivo, un proceso, una razón. Y así se va la vida, tomada de la mano del tiempo, y quedan espinas y veneno en aquellos que cambiaron las amabilidades y las sonrisas por rostros desencajados e irascibles. Y así se acaban los capítulos de la existencia. Acéptate, aprende a reconciliarte y a perdonar tus errores y fracasos. No sufras por lo que ya se extinguió, por lo que no tiene porvenir, ni por lo que aún no llega a ti. Y una vez que te sientas libre, regálate un abrazo desde las profundidades de tu ser. Abrázate con amor y sinceridad. No abraces a otros sin antes hacerlo contigo mismo. Y así escapan el sí y el no de la vida, mientras el cunero de madera o de metal cambia sus rasgos y se vuelve lápida. Abraza y saluda a la gente -a tu familia, a tus amigos, a tus compañeros, a todos- y dile cuánto la amas. Que tu sonrisa refleje la alegría, el equilibrio, la paz, los sentimientos y la armonía de tu interior. Y así llega la madrugada y pronto amanece con otra fecha. Ya es otro año, un año que inicia y que también dará el último suspiro. Cierra el telón del año que se apaga y reinicia la obra con el que enciende su flama. No olvides agradecer tantos beneficios. Realiza un balance de tu existencia y planéala mejor. Recuerda, además, que la mudanza de un año a otro solo es una cifra para organizar tu vida y tus estaciones. Las fechas carecen de atributos mágicos para llevarse los problemas y dispersar cosas buenas. Los estados de ánimo, la decisión del cambio, la determinación de evolucionar, surgen del interior. Y así transcurren los años, hasta que uno ya no despierta más en este mundo de amaneceres y anocheceres. No esperes, como tanta gente, a que tu vida finalice para lamentar y llorar por lo bueno que pudiste hacer y no llevaste a cabo. Vive en el bien y en la verdad. Ámate. Ama a tu familia, a todas las expresiones vivas y yertas que coexisten en el mundo. Y así, en un furgón, escapan los colores y los perfumes de la vida y el tiempo. Prepara, a través de tus sentimientos, tu raciocinio, tus palabras y tus actos, el camino de regreso a casa, el retorno al hogar infinito, el reencuentro con la luz que irradia desde tu ser y forma parte de una fuente inagotable de vida. Y así concluye el tiempo y se va la vida, en el mundo.

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Creen que es baratija

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Algunas personas creen que el amor es una baratija que se consigue en las esquinas, en cualquier mercado o tienda de cosas anticuadas e inservibles; otros seres humanos, piensan que es un estado de ánimo que se apodera de uno en cierta época de la vida y que, posteriormente, ante lo cotidiano y lo práctico, es posible arrojarlo al carretón de la basura; muchos más, lo desdeñan y lo dejan pasar y marcharse, acaso por sus egoísmos y sus miedos, probablemente por no tener precio y ser accesible a quien verdaderamente lo anhela, quizá por preferir los apetitos que los acosan y los intoxican, seguramente por creer que se trata de un sentimiento que encarcela la libertad, tal vez por tantos motivos y desconciertos. El amor no es una etiqueta ni una promoción de temporada; se trata de un sentimiento profundo que surge del ser, de un rincón del alma conectado a la fuente infinita de la que irradian el bien y la luz. Quien lo descubre y lo siente en sí, ya posee la llave a tesoros prodigiosos y el itinerario a destinos felices y plenos. Es, sin duda, la clave de la felicidad, la ecuación de Dios, la fórmula de la inmortalidad.

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Sombras pasajeras

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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No buscaría la esencia del árbol ni el sabor de sus frutos en la sombra pasajera. Las sombras son útiles en las mañanas, al mediodía, en los atardeceres soleados, porque ofrecen frescura, en medio del camino; pero parecen tan efímeras, que se van a cierta hora y no regresan. Se van con sus claroscuros, susurrantes o calladas, con la resignación que carga sobre sí quien se marcha. En las noches ya no se necesitan. No son fantasmas ni locuras; simplemente, se trata de efectos, en este mundo y en otros más, que sirven por ratos y transitan con los instantes. Quien basa, definitivamente, sus proyectos existenciales en algo que se marcha y no vuelve, en manchas difusas dentro del colorido de la vida, en las sombras que ofrecen momentos de reposo, se condena a andar en caminos inseguros, en seguir rutas inciertas, en permanecer siempre en la banca de espera y no realizar el viaje. Muchas personas, aquí y allá, en horas pretéritas, en momentos presentes, se distraen tanto en las superficialidades que decoran sus ambientes, que olvidan cimentar el terreno que pisan y, en consecuencia, resbalan, se hunden o se desbarrancan con el canasto de sus proyectos. La sabiduría dicta que el amor, el bien, los sentimientos, las ideas, las acciones y las palabras -nuestro verdadero ropaje-. deben ser tangibles, auténticos, resplandecientes; de lo contrario, se desmoronarán y resultarán tan efímeros e ilusos como las sombras que se desvanecen conforme se agota el día. La vida es un milagro bello y maravilloso; sin embargo, hay que aprender a disfrutarla antes de que se consuma, y eso es tarea de cada minuto, de todos los días.

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Estoy hecho de enteros y de pedazos

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Estoy hecho de enteros y de pedazos. Me sé completo y con faltantes. Es la hora de mi balance. Soy una ecuación con planteamientos, incógnitas y resultados. Estoy hecho de polvo de estrellas y de tierra. Soy esencia y luz que pulsan con la fuerza infinita que fluye y da vida. Me siento y me reconozco en mí, en mis profundidades y en mis silencios más insondables, donde los rumores callan y los sigilos hablan. Estoy hecho de trozos. Soy razón e idea, pensamiento y estructura mental. Estoy hecho de arcilla. Soy apariencia y textura, barro y piel. Estoy hecho de fragmentos. Soy bien y mal, acierto y desacierto, ayer y mañana, hoy y siempre. Estoy inmerso en la temporalidad y pertenezco al infinito. Soy enorme y pequeño, grandioso e insignificante. Conozco mis luces y mis sombras, y he probado la dulzura y la hiel. Estoy hecho de corriente etérea, de gotas diáfanas, de luz inextinguible; sin embargo, en un descuido y en otro, también cargo pelaje que esconde mi esencia, un ropaje que, quizá, en algunos momentos, al enamorarse de su apariencia, se cree superior a la fuerza que da vida. He sido amo y esclavo, príncipe y mendigo. Estoy hecho de ecos y de reflejos. Traigo las imágenes de otros tiempos y de pulsos futuros. Fui, soy y seré. No estoy roto por malicia ni travesura de un destino incierto o de un guión preparado; al contrario, los pedazos que hoy recojo forman parte de mí y, en mucho, de la ruta que he elegido. He dejado jirones de mí, en un lugar y en otro, aquí y allá, y hoy -si acaso existe el tiempo más allá de este terruño-, los recolecto con la idea de complementarme y viajar completo, con lo bueno y lo útil, con lo trascendente y lo necesario, y despojarme de los antifaces, las máscaras y los disfraces superfluos. Estoy hecho de enteros y de pedazos, no lo niego tras vivir tanto, una y otra vez, y pasar por innumerables pruebas e historias, por crisoles y moldes, por libertades y barrotes. Ahora, en algún paraje de la senda, hago un paréntesis con la idea de rescatarme y volver a la fuente, al manantial, pleno y libre, sin olvidar el encanto de la travesía.

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Tanto de arte tiene la vida

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La vida tiene sus propios encantos, sus expresiones y sus motivos, y yo, desde la pequeñez de mi condición humana, intento agregarle mis letras y mis palabras, mi arte, con sus acentos, puntuaciones y signos, como el jardinero que, una mañana y otra, añade y cultiva flores -orquídeas, tulipanes y rosas- en el paraíso, simplemente por la afición y por el gusto de dejar algo de sí, sus huellas y sus recuerdos. La vida posee colores que se derrama a sí misma, y yo, desde mi taller humilde de artista, mezclo tonos y doy pinceladas con la idea de que el paisaje terreno cuente con algo de esencia y de humano. La vida dispersa sus lapsos de rumores y sus pautas de silencios, en un canto mágico e interminable, en una sinfonía con movimientos y pausas, y yo, con mis textos, le ofrezco mis notas. La vida tiene sus sentidos, sus formas y sus razones, y yo, jornalero del arte, introduzco mis manos de escritor para moldear la mezcla de la arcilla y la luz. La vida amanece y anochece, en una estación y en otra, con los pedazos de arte que le regala Dios o que, entre sus suspiros, trae de uno de los tantos paraísos que visita, y yo, artista, solo trato de impregnarle mis letras, mis matices, mis sonidos y mis formas. La vida tiene mucho de sublime, tanto de arte, que yo, un aprendiz, pienso, cuando la siento, que me dicta mucho de lo que escribo.

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Cada instante que pasa

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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En cada instante descubro un paisaje de mi existencia, un pedazo de mi historia, una huella de mi caminata. En cada minuto que pasa, miro transitar los motivos de mi vida, las rutas a otros destinos, algo de lo que fui y de lo que soy, con la posibilidad, en un quizá de cristal, de lo que, finalmente, seré. En cada movimiento del péndulo, al columpiarse bajo las manecillas inquietas del reloj, observo a la gente que estuvo conmigo, a quienes aún permanecen a mi lado, y siento sus abrazos y su presencia, percibo sus fragancias, escucho sus voces y me reconozco en sus miradas. En cada día que se consume y se agrega a mi biografía, detecto los segundos, los minutos y las horas que se acumularon y se llevaron algo de mí, y así, con asombro, contemplo los años de mi existencia con sus momentos fugaces. Cada minuto, agradable o repugnante, feliz o triste, bueno o malo, integra el expediente de mi perfil, la historia que protagonizo al vivir y al soñar, de día y de noche, acompañado o solo. Noto que mi existencia no es la apariencia de mi rostro, la ropa que me cubre, el perfume que despido y las cosas materiales que pueda tener. Lo compruebo al verme a cierta hora del ayer y en otro momento más cercano a mi presente, tan distinto e irreconocible en algunos rasgos y signos. No obstante, bajo tantos escombros, en mi interior, me encuentro conmigo, me identifico, me doy cuenta de que soy yo, el que pulsa con el ritmo infinito y trasciende más allá de cada período. Una voz, afuera y dentro de mí, me invita a vivir con mis apariencias materiales y mis profundidades etéreas, con mi luz y mi textura, con mis realidades y mis sueños, con mi esencia y mi ropaje, porque cada instante, positivo o negativo, es parte de mi historia durante mi paso temporal por este mundo. Y los mismos susurros que escucho, me dicen que los días de la vida, en el mundo, son breves y que, por lo mismo, he de experimentarlos en armonía, con equilibrio, plenamente, siempre aplicado en el bien y en la verdad, en la justicia y en la dignidad, en el amor y en la libertad, si es que deseo, en verdad, conquistar la eternidad. Hay ciclos amargos y períodos dulces. Debo buscar el equilibrio, sortear abismos, derribar fronteras, destruir celdas y, por añadidura, cruzar puentes y escalar cimas, hasta trascender. Cada instante que se presenta es mío, me pertenece, entre un suspiro y uno más, como todos los que se fueron en otros tiempos de mi vida y los que están por venir. Hay que vivir ahora. Sería ocioso esperar otros días o años para recobrar la felicidad con alguna meta anhelada y soñada. El trayecto no debe quedar desierto. El navegante vive con intensidad su travesía y lo mismo se prueba durante las tempestades, en medio del mar impetuoso, que en la tranquilidad de una noche estrellada, mientras toma el timón y sigue su itinerario. Se provocan vacíos tristes y dolorosos cuando no se disfrutan los instantes por esperar una fecha grandiosa. Cada momento tiene un espacio para uno, un escenario para vivirlo. Vivamos, antes de que una tarde lluviosa o una noche desolada, lloremos desconsolados por la historia existencial que dejamos escapar.

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Más allá de barrotes y ataduras, el arte es libre

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La inspiración, en el arte, vuela y navega una noche o alguna mañana, en la tarde o en la madrugada, mientras es otoño o es primavera, durante un invierno o cierto verano, libre y plena, en armonía y con equilibrio, sin que alguien la mancille y someta, a veces solemne y en ocasiones, en cambio, desbordante. El arte sigue su ruta. No admite cadenas, barrotes y candados, simplemente por su rebeldía a la producción en serie, a las reglas estrictas e indiferentes, a la crueldad y al juicio sin sentido. Es un pájaro que vuela lejos o cerca, una hoja que juega con el viento o que deja pasar las corrientes de aire por preferir las gotas de lluvia o los copor de nieve, una embarcación que sortea el oleaje impetuoso, las tormentas incesantes y las tranquilidades profundas o superficiales. Es, parece, una palabra o alguna melodía de Dios, ciertos matices del cielo y determinadas formas del paraíso. El arte es una locura, un motivo, un delirio que va más allá de una época, una tendencia o una moda. El arte -igual que la ciencia- es universal y no puede fragmentarse en ideologías e intereses económicos y políticos. No está a la venta ni es una oferta. Es algo superior a la mercancía, a los discursos políticos, a las costumbres y a los fanatismos; aunque con frecuencia se le pretenda atrapar y etiquetar igual que un esclavo, un sirviente o un objeto. El arte visita las realidades cotidianas, lo extraño y lo conocido, y hasta explora los sueños, los parajes recónditos, la arcilla y la esencia, las luces y las oscuridades. Es tan auténtico y libre, que cada artista lo expresa con su estilo. El arte es la letra, el color, la nota y la forma de Dios, concepto que definitivamente no cabe en las mentalidades cuadriculadas y obstinadas en medirlo, alabar o condenar sus expresiones. El arte es la conexión a la inmortalidad, a las realidades y a los sueños, al alma y a la textura, al cielo y a la tierra. Es la corriente etérea que, en algún momento, plantea y explica lo incomprensible y le da sentido con las palabras, con las notas, con la policromía, con las formas. Es un puente de cristal prodigioso que conecta el mundo con reinos infinitos.

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De pedazos

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Estoy hecho de pedazos -fragmentos de cielo y trozos de barro, partes de aquí y porciones de allá, colores y fragancias de un lado y también de otro-, porque así, simplemente, es mi naturaleza. No tengo arraigo en el mundo porque conozco mi destino, mi ruta, mis detalles, mi encomienda; aunque reconozco que aquí poseo mis afectos y mis motivos, mis caminos y mis paseos, mis realidades y mis sueños, mi biografía presente y mis espisodios, mis apegos y mis relatos. Vivo en el destierro y extraño mi casa, mi origen, mi hogar, como añoro, igual, mi tierra nativa. Soy un fotastero en este plano, con fracciones de un sitio, otro y muchos más, como el reloj que exhibe en su rostro gajos de tiempo, minutos y horas disímiles, matutinas, vespertinas y nocturnas, diluidas no sé donde, o similar al navegante que trae consigo tantos mares y puertos. Con la memoria de incontables comarcas y rincones, en el mundo, ¿acaso pertenezco a un pueblo, a una ciudad, a una nación? Me es imposible negar la historia acumulada en mi memoria, en mi sangre, en el linaje que cada uno conservamos. Es imposible traicionar lo que forma parte de uno. Traigo segmentos de paraísos y de arcilla, de corriente etérea y de riachuelos, y aunque me cautiven las formas y me enamore de las cosas, sé que todo, aquí, es temporal, y que si quiero conquistar el infinito, la fuente de donde vengo, debo hacerlo, antes, conmigo. El sendero de regreso a la morada sin final, se encuentra en mí, comienza en mi alma, y se extiende al infinito, y mucho se relaciona con el bien y la verdad; pero el camino de la envoltura que traigo, con nombre y apellidos, es un viaje temporal, con sus alegrías y sus tristezas, su risa y su llanto, sus luces y sus sombras, y he de aprender, por lo mismo, a conciliar todos mis fragmentos para ser uno y llegar completo, real, auténtico, y así resplandecer al lado de quienes tanto amo. Estoy hecho de pedazos, de arcilla y de luz, de tierra y de cielo. He tenido que desmantelarme, una y otra vez, en diferentes ciclos, con la idea de volver a armar las piezas, unir las partes, y saberme completo.

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