De pedazos

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Estoy hecho de pedazos -fragmentos de cielo y trozos de barro, partes de aquí y porciones de allá, colores y fragancias de un lado y también de otro-, porque así, simplemente, es mi naturaleza. No tengo arraigo en el mundo porque conozco mi destino, mi ruta, mis detalles, mi encomienda; aunque reconozco que aquí poseo mis afectos y mis motivos, mis caminos y mis paseos, mis realidades y mis sueños, mi biografía presente y mis espisodios, mis apegos y mis relatos. Vivo en el destierro y extraño mi casa, mi origen, mi hogar, como añoro, igual, mi tierra nativa. Soy un fotastero en este plano, con fracciones de un sitio, otro y muchos más, como el reloj que exhibe en su rostro gajos de tiempo, minutos y horas disímiles, matutinas, vespertinas y nocturnas, diluidas no sé donde, o similar al navegante que trae consigo tantos mares y puertos. Con la memoria de incontables comarcas y rincones, en el mundo, ¿acaso pertenezco a un pueblo, a una ciudad, a una nación? Me es imposible negar la historia acumulada en mi memoria, en mi sangre, en el linaje que cada uno conservamos. Es imposible traicionar lo que forma parte de uno. Traigo segmentos de paraísos y de arcilla, de corriente etérea y de riachuelos, y aunque me cautiven las formas y me enamore de las cosas, sé que todo, aquí, es temporal, y que si quiero conquistar el infinito, la fuente de donde vengo, debo hacerlo, antes, conmigo. El sendero de regreso a la morada sin final, se encuentra en mí, comienza en mi alma, y se extiende al infinito, y mucho se relaciona con el bien y la verdad; pero el camino de la envoltura que traigo, con nombre y apellidos, es un viaje temporal, con sus alegrías y sus tristezas, su risa y su llanto, sus luces y sus sombras, y he de aprender, por lo mismo, a conciliar todos mis fragmentos para ser uno y llegar completo, real, auténtico, y así resplandecer al lado de quienes tanto amo. Estoy hecho de pedazos, de arcilla y de luz, de tierra y de cielo. He tenido que desmantelarme, una y otra vez, en diferentes ciclos, con la idea de volver a armar las piezas, unir las partes, y saberme completo.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Mi padre, mi madre… mi madre, mi padre

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y una madrugada, en otra fecha, tu alma partió de este mundo, padre mío, con el hueco que dejan las ausencias de quienes uno ama tanto, quizá para emular tus principios y tu ejemplo, probablemente con el objetivo de hilvanar capítulos bellos e inolvidables en tu memoria, o sin duda porque así es la trama de la vida y fue parte de nuestro proceso evolutivo y de la historia inolvidable, bella, mágica e irrepetible que compartimos.

Otra mañana, a cierta hora, tú, mi inolvidable madre, te marchaste de este plano y aquí quedamos, tus hijos, tus descendientes, enmedio del mundo, con la desolación que seguramente también experimentaron tus flores y tus plantas, en el jardín que cultivabas mientras suspirabas y morías en silencio, como una reina que ha superado todas las pruebas y espera, finalmente, la más grandiosa de las coronaciones.

A una hora y a otra, entre la maquinaria y los engranajes del tiempo, al lado de estaciones que se van y no vuelven, ustedes, papi y mami -como siempre les llamé cariñosamente-, pasaron por la transición, rompieron las cadenas temporales y partieron, libres y plenos, a otras rutas, a la fuente infinita, a la luz inagotable, desde la que permanecen conectados a nuestras almas, a nosotros, sus sucesores.

Miro atrás, a los otros días, a los años que se consumieron. Descubro las huellas de ambos con sus biografías, con sus capítulos, con sus historias, y con nosotros -su familia-, agradecido profundamente y con el deleite de la bendición y la fortuna de tantas cosas -tangibles e intangibles- que nos unen y nos hacen entes ricos e inseparables.

Y un día, sin darnos cuenta, llegó la hora postrera-si acaso existe el tiempo en otros planos y en la fuente universal- y la caducidad de la existencia terrena y material tocó a la puerta de cada uno. Ustedes ya lo sabían. Les fue anunciado. Abandonaron sus respectivos cuerpos, como quien renuncia a sus sandalias para continuar la caminata descalzo y libre por sendas prodigiosas y sublimes.

Hay ausencias que duelen tanto y que, por lo mismo, parecen insuperables; sin embargo, nosotros, sus descendientes, somos afortunados porque, si ustedes fueron ángeles durante su estancia en el plano que habitamos temporalmente, ahora son corriente etérea y luz, gotas de cristal y esencia.

Me sumerjo en mis silencios, en mis rumores, en mis profundidades, hasta que llego a mi ser, a mi alma, donde los encuentro, grandiosos y eternos, como han sido siempre, inmersos en el amor, en la justicia, en el bien, en la verdad. Qué dicha tan grande ser su descendiente. Cuán maravilloso saberlos infinitos, etéreos, luminosos; aunque a veces, dede el lado humano, duela tanto su ausencia en el mundo.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Al elegir el camino, se definen el rumbo y el destino

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Cuando se apaga una vida, en el mundo, se agrega de nuevo un alma y se enciende una luz en el infinito. Lloramos, con frecuncia, por la ausencia de las presencias físicas, por la gente que de pronto se retiró del sendero, sin recordar, acaso, que solo se trataba de una caminata y de un ensayo, de una prueba dentro de la finutud, una excursión terrena muy breve y temporal. Nos acostumbramos tanto a los encantos de la vida humana, que olvidamos la otra parte de nosotros, la que se encuentra en nuestro interior y tiene, por lo mismo, conexión con paraísos mágicos, con planos inmortales, con la Fuente Infinita. Es maravilloso experimentar los instantes, las horas y los años de la existencia en el mundo, dentro de una textura de arcilla que iremediablemente envejece y se transforma al pasar por una transición, prrincipalmente cuando la vida se experimenta en armonía, con equilibrio y plenamente, rumbo a la evolución; no obstante, es tan temido el final terreno, la llamada muerte, que, consciente o involuntariamente, desde los primeros minutos de la infancia, colocamos diques y capas de tierra a los recintos del alma para no encontrarnos con nosotros, con lo grandiosos que somos, y seguimos, entonces, cual náufragos en el destierro, una y otra vez, en ciclos que parecen interminables. Somos tan anbiciosos, egoístas e ignorantes, que hasta el concepto y la imagen de Dios es procesada y asimilada por nosotros de acuerdo con nuestros intereses, cuando se trata de algo superior que, incluso, es posible experimentar. La invitación toca a la puerta de cada ser y asoma a sus ventanas con insistencia. Nadie está peleado con las cosas materiales. Es legítimo, por ejemplo, aspirar a verdaderos niveles de bienestar y disfrutar al máximo lo que la vida ofrece en la Tierra. Al elegir el camino, cada hombre y mujer define su rumbo y su destino. Una vida que se experimenta en el mundo y, por añadidura, se dedica al bien, la verdad, la justicia, la dignidad humana, el respeto, la libertad y los valores, innegablemente trascenderá y, al apagarse en el mundo, será luz.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

¿Dónde quedamos?

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

¿Qué fue de nuestros perfumes? ¿Qué de la sonrisa que compartimos? ¿Qué de nuestra historia y de la gente y las cosas que vimos pasar? ¿Qué de las gotas de lluvia que mojaron nuestras cabezas y sentimos deslizar en la piel? ¿Qué de los capítulos que vivimos y de nuestros sueños, esperanzas e ilusiones? ¿Dónde quedamos nosotros, los de apenas hace unos días, los de entonces, los del ayer? ¿Dónde están el deleite y el encanto de nuestros encuentros y desencuentros, de los juegos, de las palabras y los silencios, de los romances, de las compañías y las soledades? ¿Dónde quedaron las letras de los poemas y de las odiseas, los matices de los lienzos, la música de los pianos, las arpas y los violines? ¿Dónde permanecen las imágenes que reflejaron los espejos, las lagunas y los charcos? ¿Dónde las estrellas que descubrimos una noche espectacular y que otra, mágica e inolvidable, dedicamos a contabilizar luceros y a ponerles nombres? ¿Dónde está la fuente? ¿Dónde las bancas? ¿Dónde el puente? ¿Y nuestras complicidades? ¿Dónde quedamos después de vivir un rato en este mundo? ¿Acaso somos eco de antaño?, ¿probablemente, estamos rotos y permanecemos dispersos en la hojarasca y la tierra que pisamos?, ¿quizá todo resultó un sueño?, ¿tal vez no nos dimos cuenta de lo que fuimos? ¿Qué somos? ´¿Sombras dentro de la oscuridad que creamos o luz de los destellos que irradiamos? Un día, no estamos aquí y nadie imagina nuestra identidad; otra fecha desembarcamos y somos parte de una biografía, de una historia, cual espectadores o protagonistas en el muelle y tierra adentro; y más tarde, en otro tiempo, nos ausentamos. A una hora, nos sabemos arcilla, y a otra, en cambio, esencia. ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Dónde quedó el tiempo que solíamos medir y temer? ¿Dónde el infinito prometido que tantas veces intuimos y sentimos en nosotros? Me pregunto si seremos el guión o el poema que Dios escribió al principio y que nosotros, por error, rompimos. ¿Somos burbuja vana e ilusa que revienta al sentir las caricias del aire o gota que en cierto instante, en algún ciclo, brota del manantial, transita por cascadas y ríos, para retornar a la fuente de dónde provino, tras ensayar la vida y probarse? ¿Dónde quedamos tras vivir tanto o poco? ¿Seguimos vivos en la temporalidad, en la finitud, o en la eternidad, en el infinito?

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Por favor

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Por favor, cuando mi cuerpo permanezca yerto, ausente de alma, ya sin esencia, faltante de mí, no desperdicies un día completo en mirarme inmóvil ni en cavar en los años, en el tiempo, para llegar a alguna orilla del ayer, casi olvidada, buscar mis pedazos y recordarme. Las flores se marchitan y quedan abandonadas en los sepulcros, mientras las lágrimas de arrepentimiento, dolor y tristeza, en tanto, secan al amanecer y son olvidadas, cuando el sol pinta los jardines y el paisaje con matices de alegría, y los asuntos de la vida asoman cotidianamente con su sí y su no. La gente que se va y los recuerdos, quedan atrás, al expresarse el siguiente día. Parten de estaciones desoladas a rutas insospechadas. Prefiero que la mañana y la noche, la madrugada y la tarde, que indudablemente me dedicarás alguna vez, en una fecha desconocida y a cierta hora, las diluyas en instantes, en momentos con detalles, para que en verdad convivamos y, al final de nuestras existencias, resplandezcamos con ese tesoro grandioso y tan nuestro, y, ya sin llanto ni remordimientos, prevalezcan la alegría, las evocaciones felices, igual que cuando uno, contento y pleno, lee todo el libro y da vuelta a la página postrera. Prometo que haré lo mismo contigo y con la gente que amo y con la que aún no conozco. Repartiré detalles, motivos, instantes. No importa si es un mensaje instantáneo, si es una carta, si es una llamada o si es una visita. Lo importante es no sabernos ni considerarnos solos, compartir nuestras alegrías y tristezas, los triunfos y los fracasos que tenemos, la sonrisa y el llanto, porque de tales encuentros y desencuentros, sin duda, surgirán historias inolvidables, bellas e irrepetibles. Y si a los minutos que repartimos, agregamos el bien que podamos hacer a los demás, fundirnos en una cadena hacia determinados propósitos nobles, y enseñar a los que no saben, construir puentes y caminos que salven de caer a los abismos, seguramente, al despedirnos, no será en salas velatorias ni en hornos crematorios, ni tampoco en sepulcros. Nos recordaremos de manera idéntica a la de las personas que se aman, cuando se despiden tras una visita feliz y armónica, con la promesa de volver a encontrarse. Y así es. La jornada existencial solo es un paseo, una acumulación de años, para más tarde, si acaso existe el tiempo en otros planos, entregarse a la conquista, por méritos propios, del infinito. Por favor, evita, como lo haré yo, la pena, el dolor y la tristeza de mirar mi cuerpo ausente de mí, ya sin esencia, porque más que cavar una tumba que exhale hondos suspiros y cargar un ataúd en su despedida final, en el cementerio, me gustaría, contigo y con los demás, utilizar la pala para cerrar heridas y construir momentos grandiosos, vivencias inolvidables, oportunidades para hacer el bien y aliviar el dolor de otros. Más que cargar pesos innecesarios, abracemos a quienes están a nuestro lado, a aquellos que necesitan, por sus condiciones, una mano que dé, oídos que escuchen, miradas que vean con benevolencia, palabras de aliento que aconsejen y enseñen. No cavemos ni despediciemos los minutos y los días de la existencia en soportar tanto peso. Perdonemos el mal que nos causamos, si así ha sido, y repongamos la vida perdida -los segundos y los años componen los períodos de la existencia, en este mundo- con sentimientos, palabras, pensamientos y acciones nobles. Por favor, cuando sepas que mi cuerpo permanece con un faltante -yo, mi alma, mi esencia-, lleva alegría, buenos recuerdos, y continúa por la senda que diseñamos como seres humanos dichosos e íntegros. Dejemos las flores no para cubrir ni rodear ataúdes y sepulcros, decoración marchita de los cementerios, sino con la idea de cultivarlas, embellecer el mundo, alegrar a la humanidad y dispersar sus pétalos en los caminos, en las rutas a donde el paraíso, simplemente, inicia y parte de nosotros, de nuestro interior, de cada alma que palpita aquí y allá, en la arcilla y en la luz.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Definición de artista

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

¿Definición de artista? Es el segador que retira abrojos de las páginas y de los cuadernos en los que ha de escribir sus historias interminables, sus novelas magistrales y sus poemas emotivos; es el jornalero que, previo a su encuentro con las musas, con los dictados de cielos insospechados, corta espinas y mala hierba con la idea de pintar los rostros, los jardines y las cosas del mundo y del paraíso, de la realidad y de los sueños; es el caminante original e inagotable, creativo y ocurrente, que perfuma los pentagramas en los ha de anotar los signos y las melodías más sublines que cautivarán a las almas y los sentidos; es el peón de Dios que prepara los materiales yertos que ha de esculpir. Es el diseñador, el artífice, el decorador de los senderos y las rutas para llegar al destino, a lo sublime, a lo que pulsa en la esencia y en el barro. Es el jardinero que cultiva flores, plantas, árboles y frutos, en la tierra nativa, durante el viaje, y quien una mañana o una tarde mágica, o quizá hasta una noche prodigiosa -de esas que no se olvidan por su significado tan especial-, anticipa, en fragmentos, el edén infinito, con el objetivo de que hombres y mujeres comprendan y sientan que no son marionetas, sino algo más, tan majestuoso e inmortal como lo es el infinito. Es el creador, el que aporta, el que fabrica y decora estrellas que alguien, el maestro de los artistas, coloca en la oscuridad de la noche para alumbrar el universo y recordar que somos luz.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Tras la ausencia de junio y con la presencia de julio

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

¿Qué hicimos? ¿Dónde estuvimos? ¿A dónde vamos? Llegó julio, julio de 2021, con su equipaje, y se instaló en el mundo, en nuestras habitaciones, en cada rincón, como inicio del siguiente medio año; pero lo más sorprendente es que, casi sin percatarnos, se fue junio. Sí. Se marchó junio con el primer medio año de 2021, con lo ue logramos y con lo que perdimos, con lo que vivimos y con lo que morimos. Se fue como llegó, sin anuncios, indiferente a la risa y al llanto. Se llevó una parte de nosotros y de nuestras vidas, si acaso somos tan ingenuos y tontos para creer que raptó algu de lo que nos pertenecía, cuando fue indifrente, como los otros meses que se desvanecieron, acaso como invención nuestra para organizar las actividades y los ciclos de la vida, quizá en el afán y la locura de sentirnos los únicos del universo, tal vez por asuntos que irgnoramos. En todo caso, fue compañero y testigo de nuestros encuentros y desencantos con la vida y la muerte, y de lo que sentimos y pensamos. Medio año se fue, el primero de 2021. La constancia de su paso queda en los documentos, en los matasellos de las cartas cada vez más escasas, en los almanaques, en nuestras pieles y en lo que somos., y hasta en lo que vivimos, en lo que omitimos, en lo que recordamos y en lo que olvidamos. Se fue junio, ausente de nosotros, indiferente, y aquí estamos, en un planeta roto que alguna vez fue paraíso, entre realidades y sueños, con nuestras pequeñeces y grandezas. Julio está presente. Nos acompañará durante 31 días, cada uno con 24 horas, igual que sus hermanos y ancestros, ajeno a lo bueno a lo malo que hagamos, a las alegrías y a las tristezas que experimentamos, a las risas o al llanto que derramemos, a los puentes que crucemos o que cortemos, al ascenso a la cumbre o a la fatal caída a los desfiladeros. Y se irá, igual, callado, sin faltantes. Y así, bien o mal, los días de nuestras existencias se consumirán, hasta que la arcilla de la que tanto presumimos al mirar nuestros reflejos,, se agote y vuelva a la tierra, y trascienda la luz que resplandecerá con mayor intensidad o que, como las gotas del manantial, volverá a surgir para probarse en nuevas rutas y en otras experiencias. Ante la ausencia de junio y la presencia de julio, los hermanos de siempre, los de la generacíón de 2021, camino reflexivo, me sumerjo en mis cavilaciones diarias, y pregunto, asombrado, ¿qué haremos con nosotros? ¿Esperamos, quizá, una fecha incierta para amar, hacer el bien, disfrutar cada instante de la vida pasajera y evolucionar y trascender? ¿Qué esperamos para vivir en armonía, con equilibrio y plenamente, con libertad, justicia y dignidad? Estamos rotos, y no fueron los relojes ni los calendarios los que arrancaron instantes y años; somos nosotros quienes despilfarramos la enorme riqueza que por alguna razón desdeñamos? ¿Hasta cuándo asimilaremos las lecciones y empezaremos a vivir? Inició julio, julio de 2021, que se marchará, finalmente, sin importarle la humanidad y sus cosas y sueños. Es el inicio de la segunda mitad del año que se fugará y se volverá ayer, recuerdo, olvido. ¿Qué haremos? ¿Mirarnos nuevamente al espejo, lamentar la temporalidad y sufrir por lo que es tan natural? ¿Seguiremos la ruta o renunciaremos? ¿Contrinuaremos desdibujados, rotos, deshilvanados, como autores de tanta mediocridad y protagonistas de un guión horrible, o seremos los artistas de una obra magistral en nosotros mismos?

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y es que el arte, parece, es eso

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

…Y es que el arte es el lenguaje de Dios, su oficio, su esencia y su forma, la expresión magistral y sublime de su creación. Es un artista que crea. Es, parece, la primera flor que cultivó, alguna vez, en los jardines de un paraíso infinito. Siempre elige a algunos hombres y mujeres con la intención de que recorran el mundo y regalen flores transformadas en letras, poemas, matices, formas, notas, y, así, recordarles a las almas que forman parte de la más hermosa y magistral de sus obras… Creo, por lo mismo, que no solamente se trata de sembrar flores que decoren espacios fugazmente. Es importante enriquecer la tierra, removerla, depositar las semillas con amor y cuidado, proporcionar el agua y los nutrientes indispensables, multiplicar para bien, y, una vez que las plantas brotan y las flores expresan sus más exquisitos y ricos perfumes, texturas y colores, hay que acariciarlas, hablarles dulcemente, cuidarlas, escuchar sus rumores y sus sigilos, acaso por ser manifestación de Dios, quizá por tratarse de criaturas que sienten y sonríen, tal vez por los enigmas que trae la vida. El jardinero cuida las flores y hasta aporta sus habilidades para que tengan un sentido real. Lo mismo ocurre con el artista, quien no únicamente recibe la encomienda de escribir, pintar, esculpir o componer y ejecutar música o crear la obra más grandiosa; también comparte la responsabilidad de sumar a su estética, a las fórmulas de los sentimientos, la belleza y la razón, un mensaje, un código que, como el viento al agitar las flores, los dientes de león y el follaje, remueva conciencias, despierte a la arcilla empeñada en permanecer en mazmorras lóbregas e invite a participar en la luz, sí, en el bien y en la verdad, para así trascender y fundirse con el polvo estelar.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Se dedican a la belleza

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Son escultoras y pintoras. Su material y su lienzo son el cuerpo, la piel, los rostros. Les encantan las apariencias, la belleza, los matices y las fragancias. Sus aliados son los espejos, las cremas, los maquillajes, los cepillos, los peines. Emulan a Dios, en su taller de artista, cuando diseñan y elaboran vestidos, ropa femenina, prendas tan parecidas a las flores cuando adornan las plantas. Hasta uno, al visitarlas y admirar su hermosura, se siente en algún recinto del paraíso. Sustraen perfumes de las fórmulas del cielo y de los jardines. Agregan tacones, estilos, tendencias, motivos y policromía a su calzado. Lo saben, naturalmente, desde el cunero hasta antes del sepulcro, en la infancia y en la ancianidad, en la juventud y en la madurez, porque son mujeres y no descuidan su encanto natural, al que agregan sus propios estilos, unas veces con elegancia y otras, en cambio, con sencillez, cada una de acuerdo con sus posibilidades. De las uñas hacen obras pictóricas en miniatura, y los ojos, en tanto, los convierten en miradas cautivantes, en ventanas con cortinas, tapices y decoración que embelesan; además, no olvidan los labios ni las mejillas. Aretes, collares, anillos, pulseras y bolsas son sus favoritos. Les encanta asomar a los aparadores, a los cristales, a las vitrinas de joyerías, boutiques y calzado aunque sea, en ocasiones, solo para mirar. Insisto en que son mujeres. Sí. Son mujeres y seres humanos, y viven de día y de noche su belleza, su encanto, su naturaleza. Y más cautivan, en minúsculas y en mayúsculas, cuando su hermosura es extensión de un alma resplandeciente y de una mente brillante, de tal manera que los sentimientos excelsos y las ideas enaltecen los rasgos y las formas que lucen con la magia femenina. Y es que las uñas decoradas con elegancia, serían absolutamente superfluas si no supieran dar lo mejor de sí a otros. De otra manera, creo, solo aparecerían envueltas en máscaras, en disfraces, en cáscaras. Hay quienes aseguran que la apariencia física, cuando es tan vacía, tanto en masculino como en femenino, resulta inversamente proporcional a la inteligencia, a los sentimientos nobles y a los valores; no obstante, son de admirar quienes viven su naturaleza de mujer, lucen su belleza y, por añadidura, cultivan el bien y la verdad cada momento de sus existencias. Qué sublime es coincidir con alguien así.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

La gente se va

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

A los que ya no están

Y así se vacían las casas, hasta que un día se desvanecen aquellos rostros de familias, sonrientes, dichosas, sí, personas acompañadas y solitarias que se convierten en pedazos, en evocaciones, en ecos y sigilos. Uno, al paso de los años, regresa a las calles de su infancia, a los rumbos de su adolescencia, a los domicilios de su juventud, donde las fachadas tienen otros colores y apariencias, idénticos a sus nuevos moradores, tan distintos a los de antaño, a los de apenas hace algunos años. Algo se llevó los juegos y las rondas infantiles, los sueños de la adolescencia, las ilusiones y las locuras juveniles, los proyectos de la madurez y los recuerdos, las historias y los relatos de los ancianos. Envejece todo. La gente va y viene. Los cuneros permanecen repletos de nuevas caras, con otros nombres y apellidos, mientras en los hospitales se aferran algunas identidades a no marcharse, a no renunciar a la arcilla, hasta que la esencia se libera y quedan barro y cenizas en las tumbas con datos de hombres y mujeres ausentes, entre suspiros y remembranzas. Amigos, enemigos, aliados, arversarios, todos coinciden en un destino que parece incierto, aunque se presientan y sospechen paraísos. Todo, al final, parece irreconocible. Y así se vacían las casas -hasta mansiones y pocilgas, en casos extremos-,, en un desalojo impregnado de enigmas. Al tocar a la puerta, aparece gente insensible a las añoranzas que uno siente, inflieles a cualquier nostalgia, que asegura no reconocer los nombres enumerados, las características de otra gente, los perfiles tan buscados. Se rompen los eslabones, los lazos de cada generación, y las historias calladas se olvidan, se deshacen, algo -quizá el tiempo, tal vez los actuales moradores- las desdibuja. Aún no cruzo el umbral a la ancianidad; no obstante, ya percibo, aquí y allá, ausencias y listas de nuevas presencias, nombres que duermen y otros que despiertan. Insisto. No los encuentro. Permanecí distraído tantos años en mis historias, entre mis aventuras y desventuras, que aquella gente de mi niñez, adolescencia y juventud quedó recluida en mi memoria, en mis sentimientos, y nunca más volví a hablarles. La vida continuó indiferente, con sus luces y sus sombras, entre sus murmullos y sus silencios. Ahora, en un verano intenso que asoma por la ventanilla del furgón y descubre que en toda vida están cercanas las estaciones del otoño y del invierno, añoro tanto la primavera y descubro, una vez más, que todo es ciclo y que lo que no se experimenta en su momento, bien o mal, difícilmente regresa. Cuántas oportunidades perdidas. Hubo oportunidad de buscar a aquellos rostros con nombres y apellidos, tan reales, entonces, como uno, compañeros de generación e historia, con la simple intención de abrazarlos, preguntar por su salud, conocer los rumbos y destinos de sus caminatas, repasar los encuentros y desencuentros, reír y llorar, otorgar el perdón y solicitarlo en caso de viejas ofensas, renovarse y descubrir que el amor, el bien y la verdad se pueden sumar y multiplicar cuando son auténticos. Ya no están. Son otras identidades, caras distintas, las que habitan los antiguos rumbos donde uno, en un viaje al ayer, podría reconocerse al lado de la gente que tanto amó, entregado a juegos infantiles, a rebeldías y sueños de adolescentes, a hazañas e ilusiones juveniles. Todo pasa. Nada, en el mundo, es permanente. Hoy recuerdo a aquella gente y sé, tras visitar rumbos añejos y tocar a las puertas que alguna vez fueron tan familiares y amigables, que las casas quedaron vacías ante las ausencias El mundo es otro. ¿Perderé más instantes de vida terrena en estulticia y superficialidades, olvidaré expresar amor a quienes me rodean, evitaré tender las manos, enlodarme y rasgar mi piel y mi ropa al hacer el bien a otros? Si los domicilios de antaño contienen hondos vacíos y ausencias que se extrañan, con listas de presencias actuales y desconocidas, ¿seré capaz de no expresar a los que quedan que los amo y perderé, por la seducción de las apariencias, la luz que siento en mi interior? No me gustaría asomar en mí y descubrir, con horror, que descuidé al maravilloso y resplandeciente inquilino -mi ser interno-, como si se tratara de una de tantas casas vacías.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

https://demalinhapronta.wordpress.com/2021/06/02/la-gente-se-va/