Siempre

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Fundí las letras de tu nombre con las del mío, hasta añadir en el firmamento el lenguaje de esta locura que llamamos amor. Cada noche, al asomar las estrellas, doy lectura a una historia prodigiosa -la tuya y la mía-, como si una voz suave y delicada me relatara un cuento maravilloso que me arrulla del mundo a algún remanso del cielo

Somos niños de un recuerdo llamado ayer, de un juego denominado vida, de un sueño intitulado amor, de un destino y una ilusión inscritos en un cielo interminable. Hojeo las páginas de nuestra historia y te encuentro conmigo, en las estampas de antaño, hoy y mañana, como si juntos, sobre las ruinas del tiempo y el espacio, fuéramos protagonistas de los guiones que Dios compone para sus niños consentidos, con la alegría de poseer una goma de borrar, un lápiz y una libreta de apuntes para enmendar cualquier detalle y dar sentido al libreto, una dirección al camino, una dimensión a esta locura que definimos amor. Somos, quizá, eco de otros días, fragmento de algo que está tan cerca y lejos al mismo tiempo, o tal vez realidad de un presente que se vive cada momento, o simplemente promesa de horas próximas, de una eternidad inquebrantable. Tienes tanto del cielo y de mí, del mundo y de ti, de la fugacidad y de la inmortalidad, que no importa si una mañana despertamos en un remanso del ayer, en un paraje del hogaño o en un sueño del futuro porque sabemos, al fin, que en el amor las manecillas del tiempo detienen su jornada ante un sentimiento mágico, un regalo que uno recibe cuando descubre la fórmula que te entrega mi nombre y me da el tuyo en un vuelo libre y pleno.

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