Con sorpresa descubro la vida que asoma en la flor…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Con sorpresa descubro la vida que asoma en la flor, cada mañana, al sentir las gotas del rocío que deslizan suavemente en sus pétalos de delicada textura y al derramar en el ambiente sus fragancias y sus colores prodigiosos, tan similares a los del paraíso, mientras las ráfagas acarician las frondas y balancean las ramas de los árboles corpulentos. Con embeleso, observo las gotas diáfanas que brotan incesantes de la intimidad de la tierra y revientan en el manantial al sentir el aliento de la vida y la mirada del sol, para fusionarse con otras de igual destino y excursionar por el mundo en corrientes apacibles, ríos caudalosos, cascadas, lagos y mares, hasta regresar, un día, una tarde o una noche, a su fuente, a su origen, y prepararse para el siguiente ciclo. Veo, cautivado, el vuelo de las mariposas de intensa policromía, de los pájaros de fino plumaje, de las abejas y de las libélulas que posan repentinamente sobre las flores silvestres que se extienden cual alfombra en los valles serpenteados por riachuelos. Admiro, a cierta hora, el oleaje interminable del océano, entre espuma blanca y sus tonos jade y turquesa, y escucho su concierto magistral, hasta que defino, en el horizonte, los tonos amarillos, naranjas y rojizos que refleja el océano al recibir los besos del sol adormecido del atardecer. Y espero, impaciente, la noche pincelada con las estrellas que el artista del universo colgó geométricamente tras fundirlas en el crisol de su taller. Las nubes plomadas, al abrazarse, derraman gotas de lluvia que empapan y dan alegría y vida a todo. Hundo los pies en el barro, abrazo un abeto, me sumerjo en mis profundidades y escucho los rumores y los silencios de mi ser, de la vida, de la creación. Descubro la vida en todo y me pregunto con mortificación y tristeza dónde quedaron la alegría, los sueños, las ilusiones, el respeto, la dignidad, los valores, lo más bello, la esencia y la libertad de los seres humanos. Me interrogo, una y otra vez, en qué momento, hombres y mujeres dejaron de ser hermanos y se odiaron tanto, hasta convertirse en piezas rotas en un mundo donde la vida fluye y se reinventa cada instante, con sus luces y sus sombras, con sus flores y sus cardos, con su sí y su no que le da sentido. Miro este pedazo de cielo llamado mundo y vuelvo con la interrogante sobre el destino humano y la razón por la que se causa daño y no disfruta, cada minuto, los perfumes y las tonalidades de la naturaleza, el regalo de la vida…

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Invitación de la vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Entre el vuelo de la gaviota, las nubes de formas caprichosas que desvanece el viento y el susurro del oleaje interminable, detecto las voces de Dios y los gritos de la vida que me invitan a experimentar mis días en armonía, con equilibrio y plenamente. Todo, en la naturaleza, tiene un lenguaje que conlleva, finalmente, a un principio y a un final, a un amanecer y a un ocaso, con la alegría y la esperanza de que la vida se renueva cada instante entre una estación y otra, como si el mensaje fuera claro y señalara que cada instante es único y hay que protagonizarlo con sencillez, nobleza y sabiduría para así  superar las pruebas, dejar huellas y trascender. Encuentro y disfruto los colores y sabores de la manzana, las uvas y los frutos que una vez fueron semilla y arrancaron de la tierra y el aire los nutrientes para expresar su naturaleza. Sirven sin esperar algo a cambio. Siento la lluvia que me empapa, hundo los pies en el barro y abrazo el tronco de un abeto hasta sentir el palpitar de la vida y más allá, allende la corteza interpretar el lenguaje de Dios que me dice que la muerte no existe porque sólo hay etapas, cambios, y que la eternidad es hermosa e inicia en el alma, en el interior, y se prolonga a planos insospechados.

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En el arte y en el amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En el arte y en el amor, te descubro y te siento en mí

En el arte, uno sustrae trozos de cielo para regalarlos al mundo; en el amor, obtengo fragmentos de mi alma y del paraíso porque al ser un tanto de ti, te siento yo y así te entrego mis sentimientos hoy y siempre. En el arte, uno transforma los rumores de Dios, de la lluvia, del silencio, del océano y del viento en música; en el amor, tu voz me parece susurro celeste. En el arte, uno desliza los pinceles sobre el lienzo para crear cuadros subyugantes; en el amor, el color de tu alma embellece e ilumina los tonos de tus ojos, tu piel y tus labios. En el arte, uno escribe el texto, el poema, para deleite de la humanidad; en el amor, eres mi musa y me inspiras obras y el sentimiento más sublime. En el arte y en el amor, somos tú y yo, nosotros.

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Propuesta de un encanto

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me enamoré. Sin renunciar a mi silencio y a mis horas de aislamiento, dejé atrás mi soledad habitual y le propuse acompañarme por las rutas del mundo, los parajes del firmamento y las moradas del cielo, es decir, le declaré mi amor y la invité a ser uno con dos rostros e identidades libres y plenas, a una unión tan hermosa que irradie luz eternamente

Mi propuesta es amarte siempre, aquí y allá, ahora y después; mi intención, trazar los esbozos de un romance inagotable, convertir en realidad nuestras ilusiones, escudriñar y vivir los sueños que compartimos; mi estrategia consiste en enamorarme de ti cada instante, hoy, mañana y los días que siguen, con asombro y renovación; mi plan se basa en tener tu sabor y entregarte el mío, en darte mi esencia y portar tu fragancia, señal inequívoca de que pertenecemos a la misma casa y caminamos juntos, libres y plenos, tomados de las manos, hacia rutas excelsas. Mi táctica es permanecer unido a ti, igual que un amanecer extraordinario que vuelve dorado el trigal y parece abrazar las montañas y la llanura, mirarse retratado en la piel acuática que refleja la profundidad azul del cielo, las nubes rizadas de rostros inmaculados y el paso de las aves, las horas y las estaciones, o similar al atardecer, cuando las tonalidades amarillas, naranjas y rojizas del sol arrullan la playa y ofrecen un auténtico espectáculo de amor al fusionarse, en el horizonte, con el océano, para posteriormente arrullarlo y retirarse a dormir una noche apacible y estrellada o de tempestad implacable. Quiero amarte, de tal manera que siempre seamos nosotros, tú y yo, sí, tú con un yo muy tuyo y yo con un tú demasiado mío, cada uno con el palpitar de su corazón, con la alegría e ilusión de quienes se reconocen en algún paraje del universo, más allá del tiempo y el espacio, igual que los matices esmeralda, jade y turquesa del océano transforman sus pliegues en espuma blanca que besa la arena y se lleva su sabor a otros caminos. Somos destino. Venimos de una casa de amor. Retornamos a una morada de alegría y sentimientos. Si mi propuesta es que tú tengas un tanto de mí y yo mucho de ti, y si hablo de la fusión del sol y el océano en el horizonte, es porque se trata de un planteamiento que tiene un sentido, un rumbo, un destino, ya que habla, precisamente, de unión dispuesta a compartir la luz del amor, la alegría de existir, la belleza que nos rodea, los tesoros de nuestro interior y los de la creación, la dicha y el encanto de ser, aquí y allá, hoy y eternamente, tú y yo.

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No es repetir la frase

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

No son palabras ni promesas. Es un sueño convertido en vida. Es una vida de ensueño. Es quitar las barreras del tiempo y el espacio para admirar el paisaje, la ruta, el destino sin final. Es invitarte a ser yo, es desear convertirme en ti, sin la ausencia de nuestras libertades e identidad. Es alcanzar las estrellas con la mirada, sentir la brisa a la orilla del mar, agarrar la arena mundana y permitir que cada grano regrese a su lugar, hasta juntos abrazarnos, recostarnos en algún paraje y contemplar arrobados y en silencio la belleza y profundad del cielo luminoso que ya pulsa en ambos

Al decir te amo, no es repetir la frase tan bella y sublime que innumerables hombres y mujeres, en el mundo, confunden y manipulan para transportarla a los maniquíes de una boutique, a las vitrinas y los cristales blindados de una joyería o a la posada de un rato o una noche; al expresarlo, traigo las flores que Dios pintó en su buhardilla, las fragancias que despierta la lluvia a la orilla de un lago que refleja el verdor de los abetos y el azul del cielo, la sonrisa de la inocencia y los rumores de la vida. No es ausencia de palabras ni acortar el camino para llegar a ti cuando digo te amo, porque simplemente se trata de algo más bello y sublime. Gritar o susurrar la frase, como lo hacen tantos seres humanos, pierde sentido cuando sólo se repite sin conocer su significado o se acompaña de algo material para obtener un beneficio a cambio. Ir de la mano por la playa, sentir la brisa y contemplar juntos los pliegues jade y turquesa del océano y decir te amo, causa tanta alegría como permanecer una tarde de verano o de otoño en la banca de un jardín, al lado de una fuente mágica, y obsequiar un globo, una paleta o el resplandor de una sonrisa, el sabor de un beso o el regalo de una mirada dulce, porque se trata de un sentimiento y un tesoro que rompe fronteras y no le importan los lujos ni las carencias. Es la frase que pronunció Dios al momento de decretar el bien, la verdad y la belleza. Es un “te amo” que ilumina las almas, el mundo, el universo, el firmamento, la creación. Te amo es, cuando lo musito a tus oídos o lo pronuncias con tu cara de niña risueña, compartirte un tanto y un todo de mí, sentir un caudal de ti, vivir en unidad, armonía y plenitud sin perder libertad e identidad. Oigo y leo, al andar por los parajes del mundo, a la gente que mancilla la expresión “te amo”, simplemente porque creen que se trata de un sentimiento que conlleva a horas de placer sin compromiso, el trato escrito o no de una unión o permanecer juntos sin dar un sentido real a un regalo tan prodigioso. Me encanta decir te amo cuando estoy contigo o que me lo expreses a hurtadillas o con tus detalles porque ese sentimiento viene del interior, de lo alto, de ti y de mí, de la vida, del universo, de Dios. Al decir te amo, es sentirme tú y que experimentes lo mismo hacia mí, precisamente con la idea de entregarnos la fórmula mágica que llevamos en lo más insondable de nuestras almas, fusionarnos para ser luz, seguir la ruta a destinos grandiosos, cuidarnos mutuamente y compartir aquí y allá, en este plano y en otros, la dicha de una historia de ensueño, maravillosa, feliz, subyugante, extraordinaria e inolvidable, hasta despertar un día, juntos, en la cuna de la eternidad.

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El encanto de reconocerte

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…una vez que miré el encanto y el destello de sus ojos, sentí admiración por ella. Desde entonces, la observo con mi cara de niño enamorado, con el asombro de quien ha descubierto el lenguaje del silencio, la ruta a un plano mágico

Te reconozco en tu mirada, en tus ojos, en esa forma que tienes de verme; te identifico en tus manos, al tomar las mías, al acariciar mi rostro, cuando eres dama y ser humano, tan distantes del egoísmo y la ociosidad. Te defino al observar tu silueta, tus movimientos, siempre tan femeninos, orgullosa de tu aventura de ser mujer; te siento conmigo al unir tus labios a los míos y llevar tu sabor aquí y allá, igual que tu fragancia que me recuerda las noches perfumadas en un jardín mágico y de ensueño; te interpreto al escuchar tu silencio, la voz de tu interior, el lenguaje de tu alma. Te percibo conmigo al emprender el vuelo, recibir las caricias del viento y probar la sensación de planear entre el mar y el cielo; te descubro al leer o escribir tu nombre, tus apellidos, fundidos en los míos. Estás conmigo, en mí, en ti, contigo, en nosotros. Eres tú, soy yo, con el prodigio de compartir un destino, una historia. Te encuentro y siento al pensar en ti, al estar a tu lado, al creer que los sueños son vida y que algún día, tras mucho creer y luchar, uno materializa sus anhelos. Al reconocerte, descubro a mi musa, al color de mi vida, a la dama de mi ser, al amor que resplandece y me lleva a las rutas de mi interior, al camino del cielo.

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Parte de nuestra historia

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Siente la brisa en el mar, son las caricias de Dios; mira el resplandor en la bóveda celeste, es su mirada; escucha los rumores de la vida, es su voz; disfruta el aire, es su aliento; percibe el aroma de las flores, es su perfume; experimenta nuestro amor, es su regalo. Siente mis abrazos, mis besos, mi compañía… soy yo, eres tú, somos nosotros. Dentro de la inmensidad oceánica, el viento apenas es capaz de salpicar algunas gotas; en lo inconmensurable del firmamento, sólo asoman ciertas estrellas. La lluvia, el granizo y la nieve se presentan cual expresiones de algo supremo. La riqueza es infinita y pulsa en ti y en mí, en nuestra morada; pero también en otros mundos, en planos insospechados, en rutas inimaginables, en el cielo, en el amor que construimos. Eso es parte de nuestra historia.

Parte de nuestra historia son los momentos que compartimos, las miradas que intercambiamos, los juegos que disfrutamos, el diálogo que entablamos, las páginas que protagonizamos. Son nuestros guiños, besos y suspiros. Es el encanto y la magia de un amor especial e inagotable. Es la poesía que compongo para ti cuando te transformas en mi musa, los regalos que me entregas al vestirte con delicadeza femenina, los besos que dejan en ambos el sabor y la sensación de un amor dulce y fiel, construido diariamente con detalles, burbujas de ilusiones, sueños y realidades. Parte de nuestra historia es lo que ayer, en las horas fugaces que se convirtieron en pasado, ya quedó grabado en tu alma y la mía, en nuestros recuerdos y sentimientos, para inmortalizarnos. Es lo que hoy vivimos. Es lo que mañana compartiremos, con sus luces y sombras. Es nuestro recorrido. Es lo que nos enriquece e identifica. Parte de nuestra historia es el guión que protagonizamos aquí, en el mundo, con sus medidas y horarios preestablecidos por alguien desconocido en algún instante no recordado; pero también el arrullo de la inmortalidad que fue decretado para quienes hacemos del amor un estilo de vida. Somos tú y yo, nosotros, con nuestros encuentros y desencuentros, con los claroscuros de la existencia, siempre con el ánimo de ser felices, desenvolvernos de acuerdo con los códigos que tenemos y con la idea de ser la estrella del firmamento, la flor del jardín, la luz del cielo. Parte de nuestra historia es el camino que hemos recorrido juntos, el sendero que seguiremos para llegar a la morada, este momento en que suspiramos y sentimos nuestra presencia dentro de la inmensidad del universo. Parte de nuestra historia es tu nombre unido al mío. Son las flores que te regalo, el café que bebemos, los paseos que nos deleitan, esos pequeños detalles y momentos que se suman y de pronto ya forman parte de uno. Son los instantes de silencio, los minutos de locura, las horas de convivencia, los días de recreo. Es un abrazo y son lo mayúsculo y lo minúsculo, la alegría y la tristeza, las ilusiones y el desencanto. Son las flores que llegan a ti con mi fragancia. Es todo. Parte de nuestra historia es el momento en que descubrimos el reflejo de ambos en nuestras miradas. Es el segundo en que tomé tus manos, te abracé en silencio y te di un beso para fundir dos almas en un proyecto superior, en un sueño infinito y una vivencia de amor. Parte de nuestra historia somos tú y yo, nosotros, los de siempre, inmersos en una obra bella, cautivante, suprema e inolvidable.

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Reflejos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Esa ocasión, cuando la miré por primera vez a los ojos, descubrí mi rostro junto al de ella; entonces comprendí que mi destino ya estaba definido y que era la misma alma con quien había jugado en un paraíso casi olvidado y pactado un amor eterno. Así inició nuestra historia

Busco una estrella, la más hermosa del firmamento, para que cada noche sea romántica y siempre alumbre nuestra caminata a las rutas donde el amor es alegría, detalle, ilusión, juego y risa. Quiero un farol, como los que alumbraban la fachada de la casa solariega durante mi niñez, para no perdernos jamás en las sombras de la discordia, el enojo, la cotidianidad, el aburrimiento y la rutina. Deseo conquistar la luna plateada para que unas veces sea espejo que refleje nuestro enamoramiento y felicidad, y otras, en cambio, sonría y se transforme en columpio de los sueños y realidades que compartimos. Tras la lluvia, anhelo descubrir un charco pequeño entre las baldosas de una callejuela o en algún paraje insospechado, para que asomes y veas nuestros rostros sonrientes y detrás el azul de un cielo hermoso, inagotable y profundo. Pretendo mostrarte nuestras siluetas en el cristal de un aparador, quizá en una boutique o en una joyería, para que aprendamos que si las alhajas son cautivantes y los reflectores atraen, son eso, antifaces, momentos, vanidades, porque el valor lo da uno en la medida que aprende a amar, vivir y ser feliz. Me gustaría contemplar a tu lado las manecillas y el péndulo del reloj, protegidos por un cristal que retrate nuestras imágenes con el objetivo de que nos recuerde que el tiempo es fugaz aquí, en el mundo, y que si aspiramos la eternidad, tendremos que aprender a vivir en armonía, con equilibrio y plenamente cada momento. Planeo llevarte a la playa, una mañana, para sentarnos en la arena a observar juntos los pliegues jade y turquesa del océano y de pronto abrazarte y acostarnos al mismo tiempo con la intención de descubrir el encanto e intensidad del cielo. En la misma playa, a la hora postrera de la tarde, te mostraré la fusión, en el horizonte, del cielo y el mar en el más puro acto de amor. Quiero enseñarte, en la nieve, el brillo solar sobre los copos inmaculados, tal vez como símbolo de la pureza de dos almas que se fusionan; pero también tomar tus manos y unir nuestras miradas para descubrirnos reflejados y comprender, en consecuencia, que se trata de ti y de mí, fundidos en el más bello, fiel y puro amor.

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Las ecuaciones de Dios

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Las ecuaciones de Dios no fallan. La acumulación de detalles forma el milagro de la grandeza, y uno lo mira aquí y allá, en el mundo y el universo, cuando una gota de lluvia, otra y muchas más se precipitan y conforman represas que dan vida y reflejan en cada trozo la hermosura e inmensidad del cielo, o las estrellas que cada noche aparecen en la pinacoteca del cosmos y cautivan a quienes las admiran por ser parte de un bordado etéreo y prodigioso que se siente en las profundidades del alma desde antes del nacimiento. La nieve que se extiende blanca y resplandeciente en el bosque, reunió incontables copos de incomparable belleza, igual que aconteció con los agujas de los pinos y las hojas de los árboles. Todo da idea de que la suma de algo tan pequeño, resultará finalmente algo fastuoso e imponente. El mar, con toda su fuerza y majestuosidad, no lo sería sin la aglomeración de partículas de agua salada que se maquilla de jade y turquesa en las mañanas o de amarillo, dorado y rojizo ante la proximidad del ocaso. La asistencia de signos en las partituras, conducen a la ejecución de un concierto o una sinfonía subyugante. La reunión de las letras del abecedario, estimula al trazo de palabras que componen obras magistrales. El golpe del cincel, un día y muchos más, da como resultado la escultura en el mármol otrora yerto. Los instantes se acumulan, igual que la arena en las playas o los desiertos, hasta formar años y centurias. La creación, parece, está constituida de detalles. Las ecuaciones de Dios tienen un mensaje relacionado con los detalles, los cuales, acumulados, construyen la magnificencia, principalmente si se desarrollan dentro del amor, el bien, la verdad y los sentimientos positivos. Si uno hiciera de los pequeños detalles un acto cotidiano, un estilo de vida, quizá daría un sentido especial y mágico a sus días, hasta descubrir sendas inesperadas, quizá moradas sublimes o tal vez el milagro de ser uno parte minúscula de un proceso creativo que no cesa por tratarse del palpitar de la inmortalidad.

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Deletreo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En el minuto presente y en el que está por venir, siempre abriré la puerta de mi vida para confesarte que me cautivas y te amo

Deletrea, cuando escuches el rumor del océano, el mensaje que te envío en el oleaje esmeralda y turquesa. Busca entre la arena y la espuma de las olas la botella que arrojo al mar cada mañana con una carta en el interior, siempre con la esperanza e ilusión de que la descubras y leas con asombro y emoción mis confesiones, promesas y regalos. Descifra en la lluvia las sorpresas e ilusiones que he depositado en cada gota para ti; descubre en los colores del arcoíris la alegría y los juegos que te reservo. Encuentra en el reflejo de la fuente tu rostro y el mío, y al fondo la intensidad del cielo. Contabiliza en cada estrella los capítulos de nuestra historia y los faroles para caminar juntos y cruzar puentes durante las noches de luna con rostro de columpio. Percibe las fragancias de los tulipanes, rosas y orquídeas para que siempre reconozcas nuestro perfume. Interpreta las voces del silencio, los murmullos del aire y los susurros de la vida para que entiendas su significado real y sepas que estoy contigo. Deletrea los poemas que me inspiras y escucha los vocablos de las cascadas, la nieve y los ríos para que compruebes, como siempre, que eres mi musa y sólo transcribo, en lo que me rodea, los dictados de mi ser: te amo.

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