Alguien inolvidable

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cuando no hay abismos ni muros, significa que alguien construyó puentes, diseñó una morada e inventó un lenguaje sutil. Al abrir la puerta de mi ser, te encuentro y te siento en mí. ¿Cómo olvidar a quien comparte con uno la historia más bella y excelsa? ¿El amor se olvida?

Alguien irrepetible es quien provoca un suspiro, trae consigo los colores del cielo y deja huellas indelebles en la memoria y los sentimientos. Nunca hiere porque sus palabras brotan de su interior. Guarda uno el más bello recuerdo de quien aceptó compartir una historia, un amor, las horas y los días más especiales de la vida, el sueño de alcanzar las estrellas y tocar a la puerta de la inmortalidad. Invita, quien es memorable, a experimentar el sí y el no de la vida, la mañana y la noche, el sol y la luna, las gotas de lluvia, los copos de nieve, la brisa del mar y el agua que salpica en las cascadas y las fuentes. Es inolvidable no quien se convierte en estación o posada de una tarde o una noche, sino en mansión de sentimientos compartidos, en jardín de alegría, en morada de amor fiel, puro y sublime. No deja huella quien se transforma en caja de resonancia de costumbres, modas y apetitos pasajeros; construye senderos, puentes y palacios el ser que trae la grandeza en su interior. Es insustituible quien ama con las palabras y los hechos. Grandioso e irreemplazable es aquel ser que hace de cada momento un detalle, una oportunidad para crecer y sonreír, un motivo de alegría. Recuerda uno a quien entrega su amor y no su cuerpo, su vida y no instantes medidos, sus juegos y no pasatiempos que se dispersan y borra el viento. Es insustituible quien lo ama a uno sin restricciones, admira las virtudes y acepta los errores, precisamente porque sabe que eso es la vida, un libreto que alguien, desde la creación, escribió para que los seres aprendan, crezcan, evolucionen y tengan libertad de enmendarlo. Tiene uno la fragancia, el sabor y la imagen permanente de quien es especial. Eres tú, musa mía, a quien me refiero. Temo, como algunos días, a otra hora, que no me alcancen las palabras para expresarte que eres única en mis sentimientos porque me miré reflejado en tus ojos, me reconocí en ti y me encontré a tu lado en un vuelo hermoso e interminable. Eres sutil, femenina, dama, resplandor. Alguien como tú permanece en la mente, en el corazón, en el alma, porque eres parte del santuario de mi ser, mi destino, la medida de mi existencia, mi delirio. Me encanta saber que eres inolvidable porque te encuentras en mi alma y yo permanezco en la tuya, como si fueran, y así lo son, parte de la misma esencia. Olvidaré, quizá, la hojarasca que suele acumularse en toda vida, pero no a ti porque alguien que ama como tú y se funde en uno con el alma, se vuelve inmortal.

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Días que no se olvidan

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Ya no distingo el tiempo cuando estoy contigo. He perdido la noción del espacio porque eres la dimensión de mi existencia, la métrica del delirio de este amor

Hay días que cuentan mucho y no se olvidan, quizá por contemplar todo como un encanto y un prodigio, acaso por la alegría del momento o la belleza y el significado de un lugar, probablemente por la evolución que motiva a mirar y sentir con el alma, seguramente por compartir la historia existencial con alguien muy especial, o tal vez por todo. Un día te reencontré en mi vida y supe, entonces, que si ya era dichoso, contigo se desbordarían mis sentimientos hasta abrir la compuerta de tu ser y navegar a destinos recónditos y tan cercanos a la vez, donde el brillo de las luciérnagas es el color de las mariposas, el resplandor de los luceros y la luz de tus ojos al asomar tu ser y reflejar mi rostro. Hay días que permanecen en la memoria, en las remembranzas, por ser su parecido al nacimiento de la primera estrella en el universo. Fechas, lugares y momentos que se alojan en uno por la alegría que provocan. Instantes que uno desearía perpetuar. Contigo, la vida me parece una colección de locuras, una travesía a mundos insospechados, un  cúmulo de aventuras memorables, porque la nuestra es una historia que no tiene final. Lo hemos comprobado una y otra vez. Hay minutos y horas que uno guarda en la memoria, pero contigo no pretendo almacenar ni marcar fechas porque todos los días son especiales. A tu lado deseo que cada segundo sea inmortal, que el tiempo se desvanezca, porque en el amor las fronteras no existen. Hay días que la gente conserva en un relicario, en un álbum de fotografías, en la memoria, por lo que representan, hasta que el tiempo consume todo y transforma los recuerdos en olvido, y yo no quiero eso para nosotros, color de mi vida, porque deseo que la locura de este amor principie cada momento con la emoción, alegría e ilusión de la primera vez.

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