Eres mi musa, lo confieso

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

De pronto descubro, mientras escribo, que la maravilla de una musa supera la inspiración que derrama sobre un creador de obras, quizá porque su mayor encanto consiste en ser real y compartir una historia mágica de amor. Esa musa, lo confieso, eres tú

Tuve la sensación, alguna vez, de necesitar una musa que iluminara mi buhardilla de escritor e inspirara mi ser con el objetivo de transformar las letras en ideas y sentimientos bellos y sublimes, que jugara y sonriera conmigo y ambos descubriéramos cada día el encanto de nuestro amor en un acto, un detalle, una palabra, un lapso de silencio.

Establecí el compromiso, si la encontraba, de escribir los poemas más románticos, textos conmovedores para la humanidad, capaces de vibrar con la misma frecuencia del universo. Prometí añadir cada noche una estrella para mi musa, un sueño que le emocione, una realidad que le alegre y acentúe sus ilusiones, un sendero floreado con puentes de cristal y faroles celestes, gotas de lluvia convertidas en diamantes para elegir el más hermoso y cautivante, insertarlo en un anillo y colocarlo en su dedo una hora romántica, entre música y velas.

Anhelé siempre una musa que perciba en los pequeños detalles, en la sonrisa, en un acto de consentimiento, la riqueza del ser, el sentido de la vida, la excelsitud del amor que sólo se entrega una vez con tanta pureza.

Musa es aquella que inspira, pero también a la que uno ama, la que al mirar a los ojos retrata a ambos eternamente unidos. Sí, afirmé que requería una musa que confíe en mí, entable comunicación con la certeza de que siempre la escucharé y me tenga tanta confianza que logremos fundir nuestros corazones hasta que palpiten al unísono de la creación.

Ocupo, en mi estudio de escritor, en los rincones de mi alma y de mi corazón, en mi mente y en los días de mi existencia, una musa que sin perder identidad, vuele libremente conmigo hacia las rutas del cielo, desde donde miraremos los pliegues de las olas, en el mar, que forman nuestros nombres, las siluetas de ambos sobre el manto turquesa, siempre enamorados y dispuestos a construir la más cautivante e intensa historia de amor.

Ahora entiendo que una musa, en la obra y la vida de un escritor, escapa de las letras y las páginas, hasta materializarse en una historia real, en capítulos mágicos e inolvidables, quizá por estar más próximos al taller de Dios o tal vez por eso, por añorar un cielo eterno para entregar el más dulce y encantador de los sentimientos.

No todos los seres humanos experimentan la dicha de tener una musa, un ser que inspira al escritor y le entrega cada instante su más puro amor. Tal fortuna conlleva a que tan inspiradora musa escuche una mañana, una tarde o una noche silenciosa, la promesa más bella y conmovedora de amor, el juramento de consentirla y darle toda la atención para que sea muy feliz.

Guardo mis notas en el morral de artista y camino reflexivo por las callejuelas y plazas, entre árboles, bancas y fuentes que reflejan la profundidad del cielo y las nubes pasajeras de formas cambiantes, hasta que entiendo que una musa no solamente inspira obras literarias, sino capítulos reales, una historia de amor, magia, ensueño, alegría y encanto.

Imagino, entonces, que si una musa es capaz de acompañar al escritor a mundos mágicos de la imaginación, también puede permanecer al lado del creador para compartir las horas de la existencia, reír, soñar, experimentar cada minuto con intensidad y protagonizar juntos una historia irrepetible.

Eres tú, rostro, mirada y nombre de ángel, quien me inspira cada segundo, y no solamente con la finalidad de escribir obras; también lo eres en mi vida porque en ti y en mí hay una historia de amor insuperable, una unión que sólo el cielo puede concebir una mañana o una noche, mientras Dios crea y salpica en nuestras almas el resplandor de su grandeza.