Es momento de contagiar a la gente

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es momento de contagiar a la gente, a millones de hombres y mujeres, en todo el mundo, que apenas hace rato, quizá ayer, cantaban y reían felices e ilusionados, alrededor de la vida, y hoy, irreconocibles, temen a las sombras de la muerte que amenazan entintar los días de sus existencias con matices luctuosos. Es perentorio escapar de los barrotes y las celdas que hemos creado egoístamente, salir del estado de comodidad aparente que equivale más a irresponsabilidad que a razón, y transmitir a otros -familia, amistades, vecinos- auténticas dosis de alegría, fe y optimismo. No hay que esperar a que alguien enferme para llorar, mortificarse y contabilizar uno más dentro de la lista de ausencias. Es momento de formar una cadena humana con innumerables eslabones, todos unidos entre sí, atentos y solidarios, no con la intención de encadenarnos, sino con la idea de fortalecernos y ser auténticos, libres y plenos. Desde hoy, es aconsejable llamar por teléfono a los familiares, a los amigos, a los vecinos, a los contactos más próximos, con la intención de animarlos, preguntar por su salud, recomendarles se cuiden, recordar historias y días felices, planear futuros encuentros, alegres y sanos, para celebrar el milagro de la vida. Es urgente que ellos, a la vez, marquen a otras personas y las saluden igual. Las emotividades presenciales deben reservarse para otras fechas. En ocasiones, las apariencias y las superficialidades, emparentadas con la ansiedad, el consumismo, la soberbia, la necedad y la ignorancia, provocan que la gente no entienda y cometa imprudencias que propician mayores problemas y complicaciones. Es indispensable contagiar a los demás, aquí y allá, ahora y siempre, con sentimientos, ideales, deseos y pensamientos nobles, evidentemente con amabilidad, entrega, sinceridad y sonrisas. El aislamiento y las mascarillas, confinan, aprisionan, a pesar de las recomendaciones en su uso; mas no son excusa para transformarse en criaturas burdas, groseras y malvadas. Es tiempo de demostrar que tú, yo, ellos, nosotros, ustedes, somos mejores y superiores a grupúsculos perversos que causan tanto daño a la humanidad en su afán de reprimirla y dominarla para apoderarse de las riquezas del mundo. Si una élite poderosa, en complicidad con gobiernos serviles y corruptos, militares irracionales, científicos mercenarios y medios de comunicación sin escrúpulos, entre otros, diseñó, formó y dispersó un virus criminal que ha enfermado y asesinado a incontables hombres y mujeres, en el planeta, no olvidemos que Dios colocó un alma en cada uno, sentimientos e ideales, pensamientos y sueños, que se demuestran con la mano generosa que da a otros lo mejor de sí, con palabras de aliento, con una sonrisa, con una mirada comprensiva. Es hora de contagiar a la humanidad.

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Y así formó a los artistas…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y otro día, tras crear a la humanidad, Dios notó cierta ausencia en su obra. Contempló toda su creación, en el mundo, y pensó en la conveniencia de acompañar a hombres y mujeres de alguien más. Miró, una y otra vez, el paisaje terrestre, con sus rimas, sus signos y su lenguaje, matizado, en cada detalle y rincón, con la policromía más bella y fina, envuelto en conciertos magistrales y decorado con líneas, formas y trazos irrepetibles. Asomó nuevamente. Todo parecía excelso. Reflexionó. Pensó que el mundo aparecía hermoso y resplandeciente en el universo, y que todo parecía supremo y perfecto; sin embargo, los seres humanos serían responsables de cuidarlo, mantener la armonía y el equilibrio, y proteger todas las expresiones de vida. Necesitaban, en sus biografías e historias, criaturas que lo emularan y regalaran la belleza suprema de su obra. Le resultaba preciso que tales seres se introdujeran por las hendiduras de la inmortalidad, en las profundidades y el silencio de su interior, con el objetivo de retornar con pedazos de cielo y plasmarlos en el arte, en las letras, en los colores, en las notas, en las formas. Y así formó a los artistas. A unos, encomendó relatar historias, escribir narraciones y poemas, entre fantasías y realidades, sueños y vivencias; a otros, asignó la labor de pintar los escenarios de colores que abundan en los paraísos; a unos más, solicitó captar los sonidos del infinito, los murmullos de la naturaleza, los rumores de sus almas, para obsequiar música; y a varios más, pidió dar formas a los materiales yertos, cual ejemplo de que la vida surge aquí y allá, a una hora y a otra, incesante. Los artistas serían, por excelencia, sus pequeños creadores. Desde entonces, el mundo se pobló de flores hermosas y fragantes en cada relato y poema, lienzo y mural, concierto y sonido, forma y trazo, cual fragmentos que los artistas genuinos traen de planos superiores. De lo infinito, crean pequeñas obras que engrandecen a la humanidad y dan sentido a la vida, al mundo y a sus cosas.

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Juguemos a las ecuaciones de la vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Somos pedazos de cielo y mundo, retratos de ángeles y seres humanos, prólogo y conclusión de rutas mundanas, notas infinitas, y todo, en nosotros y a nuestro alrededor, fluye con el bien y el mal que destilamos. La trama de la vida es una ecuación incesante y sumamos o restamos, multiplicamos o dividimos lo positivo y lo negativo, de acuerdo con nuestra esencia, con lo que realmente somos, con la frecuencia vibratoria que descubre si estamos aliados con el bien o con el mal, o con todo o nada. Mi propuesta, este día y los que siguen, consiste en restar a la gente mala, la envidia, el odio, la discordia, el egoísmo, la ambición desmedida, la intolerancia, los abusos, las injusticias, los engaños, la violencia, la crueldad, la estulticia y las superficialidades, para sumar a las mujeres y a los hombres buenos, el bien, la verdad, el amor, la libertad, los detalles, el respeto, la dignidad, los sentimientos nobles y la razón. Mi planteamiento se basa en dividir a las personas malas con el objetivo de pulverizar y aniquilar las sombras, y multiplicar a la gente buena para cultivar y cosechar la luz. Urge, a esta hora de nuestras existencias y de la historia, sumar y multiplicar caminos, rutas y puentes, y restar y dividir abismos y fronteras. Si cada instante sumamos y multiplicamos personas buenas y restamos y dividimos a las malas, viviremos con la esperanza e ilusión de despertar en otros amaneceres más armoniosos, felices, equilibrados y plenos para nosotros, las personas que amamos y la humanidad. Juguemos a las ecuaciones de la vida y obtengamos resultados bellos y sublimes que toquen la luz y la derramen en gotas de cristal.

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Mujeres de siempre: Rosemarie Schade, de “niña de guerra” a dama de viajes y de bien a la gente

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El mensaje que pretendo dar a las mujeres es que se atrevan a ser auténticas, a desarrollarse plenamente y a convertir en realidad todos sus sueños. Es importante que se fijen metas y luchen, a pesar de las adversidades y obstáculos, para conseguirlas. En mi paso por el mundo he conocido mujeres con posibilidades de ser grandiosas, singulares, extraordinarias; pero no se atrevieron a luchar y así transcurrieron sus años, entre aspiraciones incumplidas y suspiros tristes, hasta que se les hizo tarde ante la brevedad de la existencia… Otro mensaje que me gustaría transmitirles es que no se subordinen a personas que no son positivas para su desarrollo. No sean pasivas. Nunca sepulten sus anhelos y sueños. Les aconsejo luchar incansablemente por sus metas y, si es necesario, solicitar ayuda a personas e instituciones buenas y confiables. Recuerden que la grandeza se compone de la suma y multiplicación de pequeños detalles cotidianos. No desmayen. En mi opinión, también ayuda mucho a una vida feliz y plena, preocuparse siempre por personas que coexisten en condiciones difíciles… Rosemarie Schade

El mapa del mundo estaba cuadriculado y roto. Tenía círculos, anotaciones, fechas, signos. Olía a miedo, bombardeos, destrucción, muerte, desolación. El presente era un hoy fragmentado y resultaba aterrador, aplastante, digno de un paisaje surrealista, mientras el futuro, el amanecer del siguiente día y las auroras y los ocasos que le sucederían implacables e indiferentes, parecían inciertos. Cada instante llevaba consigo la repetición del miedo, la réplica de la incertidumbre que provocaba la guerra. La crueldad, el odio y la rivalidad entre personas y naciones, desconocen fronteras, inocencia, sonrisas, sentimientos nobles e ilusiones, y destruyen ciegamente muros y puentes, rompen las cadenas de la coexistencia armónica, aniquilan vidas. Todo queda fracturado en una guerra.

Uno, en una guerra, se siente muerto y solo. El hambre, el miedo, el ruido incesante de la artillería, la sangre, los gritos desgarradores y sus silencios repentinos, ahogan, y más al contar las ausencias en la lista de familiares y seres amados, al notar las faltas de nombres y apellidos en la vida desmaquillada, al contemplar las escuelas derruidas, al descubrir los hospitales improvisados en incesante lucha por rescatar el aliento de los moribundos, al probar el cáliz de la amargura, el pánico y la incertidumbre.

Los pedazos de muñecas y juguetes -eco de una infancia mancillada e interrumpida-, las puertas y los muros perforados por las balas, los cristales rotos, el humo que escapa de las casas derruidas, las cosas y los papeles dispersos en las calles pletóricas de escombros, las fotografías incompletas, los hogares ultrajados, la ropa manchada de sangre y mugre, los residuos humanos y sociales, todo se vuelve ruina, recuerdo, locura, amnesia. Las pesadillas escapan de los sueños y aparecen, cual fantasmas, en la realidad. La noche se vuelve día. El día se hace noche.

Aquella generación de adultos, con sus llamados “niños de guerra”, vivió lo indecible. Unos eran náufragos de acontecimientos como la Primera Guerra Mundial, registrada entre 1914 y 1918; otros venían de orillas cada vez más distantes, las de las últimas décadas del siglo XIX, y algunos más eran demasiado jóvenes. Vivieron una de las pesadillas de la vigésima centuria. Un día, al amanecer, despertaron y el panorama mundial era diferente al que conocían, amenazante y mortal, y cayeron unos y se levantaron otros, hasta que hubo un final con la posibilidad de un inicio.

Incontables hombres y mujeres intentaban disimular ante sus hijos los rostros de la Segunda Guerra Mundial y les presentaban, en la medida de lo posible, lecturas, juegos e historias, distracciones que parecían máscaras endebles que pronto caían al aparecer, de improviso, escenas inevitables, sangrientas y aterradoras, mientras otros, en tanto, les hablaban directamente sobre la realidad de aquel período. ¿De qué sirve, entonces, saberse parte de la historia global, si la vida se siente amenazada y cada instante se desmorona ante el riesgo de la muerte?

Quizá, una noche silenciosa, tras una mañana y una tarde de bombardeos, invite a evocar los días de un ayer reciente, a repasar los nombres y rostros familiares y amados, a recordar historias y vivencias, y a reflexionar acerca del sentido de la existencia humana y sus cosas. Llora la gente por lo perdido, por la interrupción abrupta de su historia y sus planes. Y todos preguntan, sin duda, por qué los seres humanos, si somos hermanos, nos odiamos tanto y causamos daño.

En diciembre de 1944, la niña Rosemarie, quien nació en Königsberg -hoy Kaliningrad, Rusia-, capital de Prusia Oriental a partir de la denominada Baja Edad Media, hasta 1945, al ser tomada la ciudad por los soviéticos, cerca del río Pregolia que se fundía en la laguna del Vistula y próxima a las hermosas playas del Mar Báltico, desconocía que el mundo se deformaba por el odio de la humanidad transformado en guerra.

Rosemarie era, hasta entonces, una niña muy feliz, educada en un ambiente familiar de cariño, atenciones y consentimiento. Su madre y su niñera le dedicaban la mayor parte de su tiempo y se esmeraban en que su infancia fuera dichosa e inolvidable.

Su padre, Alfred Heine, era profesor de Matemáticas, Física y Química. Impartía clases en una escuela secundaria, en Wuppertal, Rheinland, a aproximadamente 50 kilómetros de Colonia. En ese lugar, sus padres tenían una fábrica de cartón que fue destruida, años más tarde, por los bombardeos.

No obstante, en 1936, el profesor Alfred Heine fue obligado por los nazis a abandonar su ciudad materna con la idea de trabajar a unos mil kilómetros de distancia, en Prusia, con la intención de sumarse a la enseñanza y fortalecer la educación ante la escasez de maestros.

Fue allá, en Prusia, donde el maestro conoció a Gerda Bisler, la mujer de la que se enamoró y con quien tuvo tres hijos: Lore, Bernd y Rosemarie. Evidentemente, Rosemarie era la más pequeña. Su madre era maestra de párvulos, motivo por el que la pareja contrató una niñera.

Los días infantiles de Rosemarie discurrían felices y parecían, por lo mismo, inagotables, hasta que aquel invierno, en diciembre de 1944, la familia acudió puntual a su cita con el destino y se miró de frente ante los desfiladeros de la historia y la realidad. El ambiente enrareció en casa y en el entorno. La pequeña miraba a su madre callada y nerviosa. Preparaba equipaje con apresuración. Una vez con las maletas, la mujer se trasladó con sus tres hijos a la estación del tren, rumbo a Praga, sin proporcionarles explicaciones.

Silenciosos, en un ambiente de apresuramiento y temor, la maestra de párvulos y sus tres hijos fueron acompañados por el profesor, a quien resultó imposible ir con ellos en el furgón porque debía retornar a la compañía militar, donde entonces se desempeñaba como telegrafista, función que le ayudó a obtener información acerca de la proximidad del Ejército Rojo que pronto llegaría a Prusia.

El viaje en ferrocarril parecía lento. Las ruedas de hierro pasaban una y otra vez sobre los rieles, como midiendo y calculando sus vueltas, al mismo tiempo que el vapor escapaba de la locomotora y se perdía al recibir las caricias del viento, mientras ellos, los pasajeros, miraban los escenarios desde las ventanillas con la esperanza y la urgencia de llegar pronto y a salvo a sus destinos.

Gerda intentaba mantenerse serena con la intención de no transmitir miedo y nerviosismo a sus hijos; pero cada parada, retroceso, cambio de velocidad o recorrido del supervisor de la línea ferroviaria, la inquietaba. Sentimientos tan inexplicables y poderosos se hospedaban en ella y, por lo mismo, le resultaba complicado hablar y sonreír. Estaba distraída en sus pensamientos, en ese estado extraño al que resbalan quienes viven situaciones inimaginables.

Una vez en Praga, la familia del profesor Alfred Heine abordó otro tren. La mujer y sus hijos viajaron hasta Austria, donde se instalaron en la habitación modesta de una villa antigua, la cual fue bombardeada y destruida por artillería norteamericana.

Aterrorizada por los bombardeos y las ráfagas de balas, entre gritos de personas, estallido de cristales y derrumbe de construcciones, Rosemarie, la pequeña Rosemarie, escondió debajo de las escaleras, donde permaneció refugiada durante varias horas, hasta que Gerda y sus hijos la encontraron.

Ella misma lo describe en alemán: “desafortunadamente, no hay paraíso en la tierra, pero tal vez sea algo bueno. De esta manera, apreciamos aún más lo positivo que tenemos. En realidad, permanecí enterrada horas después del colapso en la villa vieja de Austria. Mi hermana, que es mayor, me lo relató hace algunos años. Esa es, probablemente, la razón por la que tengo miedo a las habitaciones cerradas e incluso a las tormentas eléctricas fuertes. He aprendido a vivir con eso… Mi madre, en sus últimos años, se arrastraba debajo de la cama cuando había tormentas. Pienso en las muchas personas en zonas de guerra a las que nadie ayuda”.

La casa y la villa estaban desfiguradas. Aquí y allá, en un espacio y en otro, el rostro y la historia de una aldea antigua fueron alterados por las bombas, el fuego, las balas y la muerte. Fue, sin duda, el primer encuentro de Rosemarie con la guerra. Allí aprendió, sin duda, que la vida no significaba jugar con muñecas y soñar en un mundo de fantasía; la realidad parecía algo más serio y grave, tan ácido como el odio con que disparaban los militares.

El chalet donde vivía la familia Heine fue destruido por una bomba norteamericana. La misma Rosemarie aparece en una fotografía, montada en un burro, días antes de que la bomba destruyera la construcción. Atrás de ella se distingue la edificación antigua. Era muy pequeña. Ella misma cita: “solamente fueron unas pocas semanas felices en el bello chalet viejo situado a orillas del Zeller See, en Austria. Poco después, una bomba de los norteamericanos destruyó completamente el chalet y mi madre tuvo que buscar otra vez una habitación para nosotros”.

Gerda se probó a si misma. Era responsable de proteger a sus tres hijos. Consiguió una habitación en la alta montaña, cuyo dueño, paisano de la familia, tuvo compasión. La otrora maestra de párvulos tricotaba y laboraba en el campo y en el establo.

Hay momentos, en la vida, en que los seres humanos enfrentan los desafíos y los obstáculos del destino y tienen oportunidad de medirse y crecer o caer, y ella, Gerda, demostró de qué material estaba hecha al asumir los riesgos de un conflicto armado a nivel mundial, trabajar arduamente en la campiña y en el establo y atender, cuidar y educar a sus hijos Lore, Bernd y Rosemarie.

Tras el fin de la guerra, todos los alemanes, como ellos, salieron inmediatamente de Austria. Gerda y sus hijos se hospedaron en una habitación en Bavaria, mientras Alfred Heine, quien abandonó la base militar, no encontró empleo como profesor, situación que lo motivó a conseguirlo en Leverkusen, Rheinland, su región materna.

El profesor Alfred Heine no encontró en Leverkusen un departamento para alojar a su familia, la cual permaneció en Bavaria. Se sufre después de los conflictos bélicos. Quienes no mueren por la artillería, se encuentran de pronto frente a sí, desprovistos de presente y con un porvenir incierto, con un destino y un paisaje desfigurados que retan a luchar y armar los pedazos dispersos e incompletos.

Alfred Heine visitaba a su esposa y a sus tres hijos durante los períodos vacacionales. Para Gerda y sus hijos resultaba un período tranquilo, feliz y extraordinario la ausencia del profesor, quien solía gritar y pegar sin motivo en determinadas ocasiones. De pronto, se volvía un hombre severo.

La familia de Rosemarie era pobre, pero a cambio se desarrollaba en un ambiente apacible e inmersa en un paisaje hermoso, con un lago donde la pequeña aprendió a nadar. Su madre la inscribió en una escuela local y pronto consiguió una amiga con quien diluyó las horas infantiles y compartió juegos, pláticas, recuerdos, momentos.

Gerda experimentaba dolor y tristeza. Había perdido todo, a sus padres y amigos, los lugares en los que se desarrollaron su niñez y adolescencia, su empleo como profesora de párvulos y el dinero ahorrado e invertido. Añoraba con nostalgia los otros años, los del ayer, cuando vivía en Prusia, en excelentes condiciones económicas. Al parecer, su padre murió durante la guerra. Una e incontables veces se preguntaba por el destino de su progenitor. No tenía a su madre a su lado, y menos a su hermana con seis hijos, quien moraba cerca de Stuttgart. Desde la profundidad de su ser, la mujer deseaba que nunca más volviera a registrarse otra guerra.

En la hora actual de su existencia, Rosemarie abre las páginas de su memoria y suavemente da vuelta a las hojas, hasta que evoca el episodio en que durante el bombardeo, perdió su pequeña liebre de tela, extravío que le causó mucho dolor y tristeza.

Días más tarde, la pequeña Rosemarie notó la presencia de una mujer que subió hasta la habitación familiar, en la alta montaña, quien le entregó gentilmente su querida liebre, compañera de tantos juegos, imaginación e historias infantiles durante las horas más cruentas de su existencia. Se sintió agradecida e intensamente feliz, y descubrió que hasta en los momentos menos afortunados, existe la posibilidad de encontrar un destello.

Rosemarie estudió en Colonia. Se formó profesionalmente en Ciencias Económicas y en Español; mas no consiguió empleo adecuado porque en 1967 había gran cantidad de suspensiones en las actividades productivas de Alemania. Solamente una empresa que fabricaba armas y municiones, con contactos de negocios en Sudamérica, le dio oportunidad de desarrollarse laboralmente como traductora del alemán al español. Definitivamente, el proyecto existencial de la ya entonces joven Rosemarie era superior a permanecer siempre en una fábrica de armas. Nuevamente ingresó a la escuela con la idea de estudiar y convertirse, a través de los años, en profesora de Matemáticas y Español.

Retorna a su período infantil en Bavaria y asegura que se sentía inmensamente dichosa cuando su padre no se encontraba en casa. Todos, en el ambiente apacible del hogar, tenían libertad de jugar con objetos que encontraban en el suelo e ir a los alrededores y nadar en el lago.

Y así, entre una hora y otra, la infancia se diluía con sus luces y sombras, con el sí y el no de la vida. Como toda mujer que ha sufrido los estragos y la persecución de la guerra, soñaba y le ilusionaba la idea de no padecer más hambre y tener mayor espacio en su casa. Por cierto, “cuando recibíamos la visita de mi padre, éramos cinco personas las que ocupábamos la habitación, más un ganso y tres conejos que planeábamos comer un día”, evoca con la nostalgia y la sabiduría de quien ha vivido intensamente.

Y reconoce: “mi juventud no fue muy feliz. Mis padres y mis profesores eran demasiado autoritarios. En la escuela a la que asistía, había muchas chicas de familias ricas, mientras yo no podía comprar los libros y las cosas necesarias. Tenía que trabajar para ganar dinero y así estudiar. No vivía libre de las amonestaciones por parte de mi padre y de los profesores, y, a la vez, soñaba con ser independiente y poder marcharme a cualquier sitio con mi madre y mis hermanos. Leía mucho y deseaba irme a los países citados en los libros”.

Hace un paréntesis con la finalidad de relatar: “tenía una pasión que de cierta manera daba sentido a mi vida, y era tocar el piano con excelencia, virtud que me acercó a una banda de Jazz, cuyos integrantes éramos cinco muchachos y yo, la única mujer. Tocábamos en discotecas y en diversos espacios”.

La pasión por los viajes, agrega Rosemarie, “surgió por la lectura de obras que describían otras naciones y paisajes. Como no existían la televisión ni los videos sobre viajes, leía muchos libros, por ejemplo, del escritor Karl May, autor de “A orillas del río de la Plata”, y de exploradores como Alexander Von Humboldt. Imaginaba que algún día, por mí misma, podría visitar esos países”.

Y continúa: “tomé la decisión de independizarme de mi familia cuando trabajaba en Bayer Leverkusen AG. Miré un pequeño libro con todas las direcciones de las representaciones de Bayer Leverkusen en el mundo. En ese momento, tuve la idea de escribir a la representación de México y de Argentina. La oficina de Buenos Aires me contestó inmediatamente, mientras la de México lo hizo meses después. Era demasiado tarde. Viajé en barco a Sudamérica”.

Retrocede a otras páginas de su existencia y menciona que debía trabajar durante su período estudiantil para ganarse la vida. Fue entonces cuando “un día leí un cartel en la universidad, el cual invitaba a alumnos interesados en ser guías de viajes de estudiantes. Cursé un seminario con duración de una semana y presenté un examen. Como mujer, no fue fácil abrirme paso en ese medio; pero hablaba cuatro idiomas extranjeros y tenía experiencias en viajes. Fui aceptada como guía de estudiantes”.

Rosemarie conoció a su marido, Werner Schade, durante un viaje que realizó a Mallorca, en las Islas Baleares, cuando era guía para estudiantes. Su esposo era miembro del grupo estudiantil. En aquella época no tenían interés uno del otro, pero transcurrió casi un año para descubrir que entre ellos había algo más que simpatía”.

A partir de entonces, ha viajado a diversos países de los cinco continentes. Algunos los ha recorrido varias ocasiones. Tiene amigos entrañables en determinadas naciones. Participa, además, en un proyecto de ayuda a orfanatos. Tales acciones las lleva a cabo en Myanmar.

Reconoce que lo que más le agrada de los viajes son las obras de arte, la naturaleza con su flora y fauna y, principalmente, la gente. Le interesa mucho el estilo de vida de las personas sencillas y cómo influyen en ellas la religión, las tradiciones y el sistema político. Igualmente, le atraen temas relacionados con las condiciones en que viven las personas y las alternativas que existen para ayudarles a superar su crisis.

Dueña de sí misma, Rosemarie explica: “yo sé que mi vida no siempre resultó fácil. Ahora tengo mucha suerte porque puedo vivir sin padecer hambre y asisto al médico cuando estoy enferma. Los viajes me han dejado la enseñanza de que muchas personas viven en malas condiciones y que yo tengo la posibilidad de ayudarlas por lo menos un poco. De hecho, pertenezco a Myanmar Kinderhilfe, que apoya orfanatos, y también a Talita Kumi de Ecuador, que ayuda a chicas que viven en malas condiciones. Respaldo, paralelamente, un hospital para niños en Kambodscha, e integro diversas organizaciones”.

Rosemarie es creadora de la página “Personas mayores alrededor del mundo”, donde publica artículos referentes a sus experiencias de viaje. Aclara: “mi página sólo tiene ese nombre porque mi idea es expresar que su autora no es joven. Su contenido se dirige a hombres y mujeres de todas las edades. La persona más joven que lee mis artículos, tiene 15 años de edad y vive en Inglaterra”.

“Los viajes significan mucho en mi vida. Me encanta admirar las bellezas naturales, arquitectónicas y artísticas que existen en el mundo; pero también me interesa conocer los problemas que hay en cada región del planeta y no concretarme exclusivamente a lo que presentan y ofrecen los diarios y la televisión. Es muy importante para mí hablar con la gente, conocer lo que sienten”, revela Rosemarie con el encanto de quien siente la pasión de vivir, dar de sí y tratar de mejorar el mundo y las condiciones de las personas que menos oportunidades de desarrollo tienen.

Confiesa que no pretende escribir un libro acerca de sus viajes porque cada uno es diferente; pero planea redactar artículos sobre ciertos países y temas. “He empezado a escribir un libro acerca de mi vida”, anuncia con la sencillez de quien verdaderamente es auténtico, libre, pleno y magistral, y confirma que la obra tratará de manera especial el tema de lo que fue durante su infancia, “una niña de guerra”, porque los jóvenes de la hora presente “no pueden imaginar cómo eran los días en esa época”.

El tiempo es una embarcación que, finalmente, llega a un puerto y a otro, donde la tripulación se queda con sus vivencias y recuerdos, con sus soles, lunas y estrellas, con su esencia, con lo que fue y con lo que es, cada uno con una historia, con pasos que dejaron huellas y rutas con diferentes significados, y ella, Rosemarie Schade, es un ser extraordinario, dedicada a lo que le encanta -los viajes-, y también al conocimiento y al bien. Como mujer de siempre, deja trozos de sí a los demás, fragmentos que germinan en los corazones y se reproducen para multiplicar el bien y dibujar alegría y esperanza en otros rostros.

Habla pausadamente: “el mensaje que pretendo dar a las mujeres es que se atrevan a ser auténticas, a desarrollarse plenamente y a convertir en realidad todos sus sueños. Es importante que se fijen metas y luchen, a pesar de las adversidades y obstáculos, para conseguirlas. En mi paso por el mundo he conocido mujeres con posibilidades de ser grandiosas, singulares, extraordinarias; pero no se atrevieron a luchar y así transcurrieron sus años, entre aspiraciones incumplidas y suspiros tristes, hasta que se les hizo tarde ante la brevedad de la existencia… Otro mensaje que me gustaría transmitirles es que no se subordinen a personas que no son positivas para su desarrollo. No sean pasivas. Nunca sepulten sus anhelos y sueños. Les aconsejo luchar incansablemente por sus metas y, si es necesario, solicitar ayuda a personas e instituciones buenas y confiables. Recuerden que la grandeza se compone de la suma y multiplicación de pequeños detalles cotidianos. No desmayen. En mi opinión, también ayuda mucho a una vida feliz y plena, preocuparse siempre por personas que coexisten en condiciones difíciles…”

Se despide como es, grandiosa, sencilla, extraordinaria, con sus recuerdos y vivencias. Tiene proyecto existencial. Valora cada instante de su vida. Es la otrora “niña de guerra” que superó las adversidades, la pobreza, el hambre, y se preparó, trabajó y cumplió sus aspiraciones. Es y será mujer de siempre.

Derechos reservados conforme a la ley

 

Enlace de la página “Personas mayores alrededor del mundo”, de Rosemarie Schade:

Mujeres de siempre: Blanca Pascual Forcada, el arte como estilo de vida y los colores en la belleza y la moda

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Sé que es necesario el progreso y que estas herramientas nos ayudan en muchos aspectos de la vida actual, pero una infancia sin internet ni móviles ni consolas permite desarrollar muchísimo más el ingenio, la imaginación y la creatividad. Blanca Pascual Forcada

Si tuviera que enviar un mensaje a las mujeres, les aconsejaría que sean dueñas de sus propias vidas. Que estudien y se formen, que tengan sed de conocimiento, que se cuestionen las cosas y vean más allá de lo convencional y establecido. Esto les dará visión, libertad, conocimiento, criterio y autonomía para poder alcanzar sus sueños. Blanca Pascual Forcada

La apariencia física es, parece, retrato del alma y reflejo de la inteligencia y de los sentimientos. Una mirada que transmite una historia noble, un rostro que sonríe, una boca hermosa que aconseja y pronuncia palabras bellas, unas manos hermosas que dan, renuncian a la temporalidad de los maniquíes y trascienden por ser superiores y derrotar a la temporalidad.

Cuando la arcilla es maquillada con esmero y se le viste con equilibrio, armonía y estilo, luce preciosa; sin embargo, si adicionalmente se le aplican los matices del bien y la verdad, envueltos en la sencillez de una vida de detalles, se transforma en lucero, en modelo auténtico de belleza.

Definitivamente, no resulta sencillo hablar acerca de belleza y modas, principalmente cuando uno, al andar en un lugar y en otro, descubre la frecuencia con la que el tema atrapa y es capaz de llevar a la gente a sentimientos, raciocinio, palabras y actos superficiales.

No obstante, uno queda sorprendido al conocer a Blanca Pascual Forcada o al leer sus publicaciones en el blog que fundó con el título Beauty and More, espacio que cada día registra mayor número de visitantes, acaso por su estilo de exponer los temas relacionados con la belleza física y las modas, probablemente por su forma tan especial de vivir, quizá por la maestría y sencillez con que trata conceptos y tendencias que en ocasiones muchos consideran superfluos, tal vez por esa magia de darles un sentido real a las cosas.

Hay que aclarar, por ser necesario y para evitar interpretaciones erróneas, que la belleza y las modas son temas apasionantes, bellos e interesantes cuando las personas los complementan y enriquecen con los tesoros del interior.

En su blog, el lector se entera de que Beauty and More “es un proyecto creativo en el que se integran mis estudios de Periodismo y Publicidad, mi pasión por el diseño, la fotografía y el arte y mi afición, desde muy joven, a la moda y la belleza. En Beauty and More, encontrarás reseñas, tendencias e inspiración sobre belleza y accesorios de moda. Mis reseñas son honestas y sólo sobre productos que he probado y me han dado buen resultado. Los posts de Beauty and More no están financiados por ninguna marca y ninguno de los enlaces de este blog están patrocinados”.

Aparece una fotografía suya y posteriormente la continuación del texto: “Los siete años que estuve viviendo en Londres fueron una continua fuente de inspiración. Una ciudad donde conviven los estilos más novedosos, arriesgados y eclécticos con los más clásicos y tradicionales, donde las tendencias están en constante renovación, donde la moda y la belleza tienen un magnífico escaparate”.

Y concluye con una historia prodigiosa, digna de un relato o de un filme que se presiente bello, interesante y enriquecedor: “en Londres me subí a unos tacones y ya no hubo vuelta atrás. Allí encontré mi propio estilo y descubrí las prendas que verdaderamente me sientan bien y van con mi personalidad. Aprendí que la moda no es una norma, sino un modo de expresión. No se trata de dejarse llevar por las tendencias, sino de apropiarnos de las que realmente nos inspiran y reflejan nuestra forma de ser”.

Escribe, en consecuencia, que “cuidarse y verse con buen aspecto, tiene un efecto positivo en la mayoría de nosotros, y sentirse bien es parte integrante del conjunto de nuestra felicidad”.

Al concluir su texto introductorio, anota tres citas: “Conoce primero quién eres y después adórnate en consecuencia”, de Epicteto; “Encuentra bello todo lo que puedas; la mayoría no encuentra nada suficiente bello”, de Vicent Van Gogh; “El mejor cosmético para la belleza es la felicidad”, de la Condesa de Blessington.

Los rasgos de Beauty and More, descubren a alguien más que una mujer dedicada a hablar de belleza y modas, y desmiente a quienes sustentan que el tema de la apariencia física es superficial e irrelevante, y hasta inversamente proporcional a la razón. Blanca demuestra que se trata de algo que vale y tiene un sentido real.

Blanca Pascual Forcada, quien nació en Barcelona, España, el 10 de abril de 1973, es una mujer excepcional, un ser humano que sabe ser dama y demuestra cotidianamente que los temas, conceptos e ideas sobre belleza física y las modas no son rivales del conocimiento, el arte y la educación, y que cuando se combinan armoniosamente y con equilibrio, provocan el más profundo de los suspiros y la más grande admiración.

Hay días que no se olvidan. Existen momentos que permanecen en la memoria, en los recuerdos, en los sentimientos. Y es que una infancia completa y feliz, al lado de un padre y una madre que dan amor, educan y disfrutan la convivencia y la historia cotidiana de la familia que fundaron, innegablemente traslada a estaciones posteriores de dicha y plenitud humana.

Blanca, al definirse, acepta que creció “en un hogar feliz y tranquilo, con mis padres Joaquín y María Antonia, y mi hermano David, año y medio más pequeño que yo. Jugábamos mucho juntos. Era una niña con mucha imaginación. Me encantaba dibujar pintar, hacer manualidades y escribir historias, incluso crear mis propios juguetes y decorarlos, como cometas, peonzas o casitas de muñecas”.

Al abrir las páginas de su biografía, recuerda con entusiasmo: “también me gustaba muchísimo ir a la escuela. Me apasionaban todas las asignaturas de letras, es decir, la gramática, la literatura, la historia, la música y los idiomas. Me entretenía muchísimo sola; nunca me aburría. De hecho, me siento afortunada de haber crecido en una época en la que todavía no existían las nuevas tecnologías. Sé que es necesario el progreso y que estas herramientas nos ayudan en muchos aspectos de la vida actual, pero una infancia sin internet ni móviles ni consolas permite desarrollar muchísimo más el ingenio, la imaginación y la creatividad”.

Y así transcurrieron las horas y los días de su niñez, en aquel rincón de Barcelona, con una madre que a ella y a su hermana les dedicaba su amor y los cuidaba, y un padre cariñoso e inolvidable que participaba con alegría y emoción en juegos de mesa como dominó, parchís y ajedrez.

No olvida Blanca las tardes dominicales de juego y convivencia familiar. De pronto, hace un paréntesis con la idea de aclarar que no soportaba perder durante las partidas y los juegos de mesa. Era ganadora. Se preparaba, desde entonces, para ser una mujer triunfadora, siempre con respeto, honestidad y en base a sus principios y convicciones.

Reflexiona. Habla despacio, como si pretendiera resaltar los valores familiares, y es que “mis padres han sido ejemplo para mí y de ellos he aprendido la importancia de la familia, de cuidarnos y de querernos, y los valores de bondad, respeto, empatía, espíritu de superación y esfuerzo que siempre me han acompañado y ahora transmito a mi hijo”.

Otra pregunta más surge. Como escritor y periodista, escudriño, busco y descubro al ser humano. Disfruto la entrevista. Blanca es directa, educada, amable, formal. Su gentileza me recuerda a mi madre, fragmentada y hecha, igual que yo, de distintos orígenes, quien solía platicar que la gente de entonces, en Cataluña, era amable y respetuosa.

Blanca reconoce que siempre llevó consigo el gusto por la belleza y la moda, “pero es algo de lo que me he dado cuenta de mayor. Desde muy pequeña, con cinco o seis años de edad, me apasionaba llevar bolso y me ponía los de mi madre. También me gustaba elegir la ropa que me compraban. Me encantaba disfrazarme y maquillarme”.

Oh, la vida es una historia que se hojea un día y otro, y uno recuerda, al mirar las páginas, los momentos que se han protagonizado. Y se ríe y se llora porque eso son los días de la existencia, instantes, cuadros, escenas, rostros, acontecimientos, ilusiones, sueños, realidades.

Es Blanca quien refiere que ya de mayor edad, “empecé a personalizar prendas de ropa. Les añadía detalles e incluso las elaboraba yo misma. Las joyas y la bisutería también despertaron mi interés en la adolescencia, y me encantaba combinarlas con la ropa. Siempre han formado parte de mí”.

Creció con especial interés y pasión por el arte, el diseño y la fotografía. Prevalecía su vocación por todas las asignaturas relacionadas con las letras, motivo por el que consideró que el Periodismo y la Publicidad representaban una formación académica que le permitiría adquirir, ampliar y profundizar conocimientos en ámbitos como gramática, literatura, ciencias políticas y sociales, diseño gráfico y fotografía. De esa manera, agrega, “podría estudiar lo que me apasionaba y tener a la vez una buena salida profesional”.

Fue así como estudió Ciencias de la Información con especialidad en Publicidad, en la Universidad Autónoma de Barcelona, profesión que ejerció, inicialmente, en el Departamento de Marketing de una empresa que se dedicaba al diseño gráfico y a la digitalización visual.

Los recuerdos son la oportunidad de volver a experimentar la vida. Ella, Blanca, Blanca Pascual Forcada, declara: “mi padre, desde pequeña, me enseñó a apreciar el arte. Recuerdo que íbamos de paseo por las calles de Barcelona y me preguntaba: ¿has visto el trabajo que hay en este edificio modernista? Y como este ejemplo, en muchísimas ocasiones resaltó el trabajo en los relieves y las decoraciones de los techos, el tapizado de una silla, el realismo pictórico de un bodegón, el diseño de una preciosa vajilla antigua”.

De hecho, agrega Blanca, “mi familia paterna siempre ha sido muy artística y creativa. Mi padre ese ebanista de profesión; aunque luego cambiaron los tiempos y se dedicó a otras actividades. Mi tía cantaba en el coro del Gran Teatro del Liceo, gracias a quien aprendí a amar la ópera. Mi tío era joyero. Mi abuelo era fotógrafo. Eran, por cierto, una familia muy humilde; pero él, mi abuelo, tenía su pequeño estudio de fotografía en casa y revelaba sus propias imágenes de paisajes y retratos preciosos, en blanco y negro e incluso en color cuando todavía no era práctica habitual. Tenía mucho talento”.

Prosigue con el relato de su vida: “una prima de mi padre tenía un taller de esmaltes y daba clases. En el instituto, durante el bachillerato, tuve una profesora de arte, Gloria Mata -aún recuerdo su nombre-. quien supo contagiarme su pasión por el arte. Después vinieron los viajes a ciudades maravillosas y pueblos encantadores, con visitas a museos y exposiciones, que siempre me resultaron muy gratificantes y llenaron de momentos inolvidables mi juventud. Me interesan todas las formas de expresión del arte. Por supuesto, me fascinan los tres pilares del arte: la pintura, la escultura y la arquitectura. Y lo que realmente me apasiona es que el arte se encuentra en tantísimos aspectos de la vida. Uno puede distinguir el arte en la creación del vestuario de una película, en el diseño de la portada de un disco, en las páginas de un libro, en una fotografía, en una joya, en un vestido de alta costura, en la letra de una canción… El arte embellece al mundo y hace más rica nuestra existencia”.

Calcula que su inclinación al arte comenzó en su adolescencia. “La fotografía es afición familiar. Tanto mi padre como mi abuelo han amado la fotografía. Empecé con la fotografía clásica y después llegó la digital. Me encanta la edición de fotos. La mayor parte de las fotografías que publico en mi blog son hechas y editadas por mí, mientras en las que aparezco, las toma mi marido. Me resulta más gratificante crear una publicación con fotografías propias que con imágenes de archivo”.

Uno aprende a conocer a Blanca y a interpretar sus palabras y sus silencios. Tiene historia. Es mujer de ayer, de hoy y de siempre. Manifiesta que el diseño es algo que aprendió a apreciar y descubrir por sí misma. Incluso, en la adolescencia orientaba su atención en el diseño gráfico de revistas, discos, carteles, documentos publicitarios y etiquetas de productos. El diseño mobiliario y de interiores le fascina y le interesa. Asistió y participó en un curso de interiorismo.

Complementariamente, Blanca se siente atraída por la fotografía artística y periodística, y en especial la publicitaria. Experimenta pasión por el color, le fascinan la infinidad de tonalidades que puede capturar una cámara y los efectos que se obtienen con la luz y el contraste. El color, en general, le apasiona, la embelesa… “en la naturaleza, en la pintura, en la decoración, en la moda, en los accesorios y hasta en los esmaltes de las uñas”.

Fiel a su proyecto de vida, a su destino, a su historia, Blanca se sabe conocedora del diseño gráfico y de interiores, pero indica que no se dedica al referente a la moda. “De momento, el blog Beauty and More está creciendo y me centro en que gane solidez”.

Relata que desde hace 12 años trabaja en el sector de Recursos Humanos de una entidad bancaria, empleo que obtuvo gracias al nivel de inglés que adquirió en Londres. “Este trabajo me ha brindado la oportunidad de adquirir muchos conocimientos sobre capital humano, excelencia profesional, diversidad, conciliación, igualdad y muchos temas que le eran totalmente ajenos.

En Londres, laboró en el área administrativa de una empresa consultora de ingeniería, y se sintió afortunada de trabajar en el Departamento de Educación del Museo Tate Britain, por cierto una de sus experiencias profesionales más enriquecedoras y gratificantes en su vida.

Une las remembranzas y se traslada hasta los otros días, a los del ayer, cuando en su adolescencia trabajó ocasionalmente en el Gran Teatro del Liceo, donde apareció en algunas óperas como figurante y bailarina, gracias a su tía, quien le consiguió el acceso a los castings. Evidentemente, le favoreció el Ballet Clásico, que estudió hasta los 16 años de edad.

Beauty and More es su espacio, su página oficial, el recinto digital donde se encuentra a sí misma. Surgió por su inquietud de poner en práctica su formación académica en Periodismo y Publicidad, aunado a su interés y pasión por el diseño, la fotografía, la moda y la belleza. Tiene la característica de escribir y publicar con claridad sus textos en español e inglés.

Confiesa que, profesionalmente, le hubiera encantado ser editora de una revista de moda, belleza o decoración; sin embargo, al crear su propio blog, exploró y obtuvo esa posibilidad. Construyó su propia oportunidad. Se atrevió a hacerlo. Y es que “para que un proyecto funcione y no se abandone, tiene que estar relacionado con algo por lo que se sienta pasión y se posean conocimientos”, reflexiona.

Un día de su vida, decidió trasladarse a Londres con la intención de aprender inglés. Siempre fue una mujer con proyectos. Anhelaba adquirir un excelente nivel de inglés para tener opción a un empleo óptimo en todo sentido. La idea era permanecer en esa ciudad unos meses, pero le apasionó tanto, que determinó quedarse mayor cantidad de tiempo.

Por cierto, cuando comenta que en Londres subió a unos tacones y ya no hubo vuelta atrás, “se trata, sin duda, de una frase que tiene sentido literal y también figurado. Cuando llegué a Londres, la mayor parte de las mujeres llevaban tacones altos. Era normal llevarlos. Los vendían en todas partes. En España no era habitual. Me encantó esa tendencia. Desde entonces, los utilizo casi a diario”.

En sentido figurado, añade, “lo que quiero decir con subirme a unos tacones, es que mi perspectiva de la realidad cambió, vi el mundo desde una posición más alta que me permitió descubrir y mirar nuevos horizontes y abrir mi mente a infinidad de culturas, estilos, formas de pensar y de vivir que hasta la fecha desconocía. Londres es una ciudad muy cosmopolita. Me impactó profundamente”.

Observadora, reflexiva, profunda, Blanca reconoce que en Londres apreció “una libertad de expresión a la hora de vestir y maquillarse, que estaban a años luz del tradicionalismo que había en Barcelona. Esa forma de entender la moda y la belleza me enseñó que no hay que regirse por cánones, sino ponerse lo que te hace sentir bien y expresa quién eres como persona. Como anécdota puedo contar que lo de llevar tacones, forma tanta parte de mí y de mi personalidad, que hasta el día que fui a dar a luz a mi hijo, los llevaba puestos. Mi marido no podía creerlo y siempre comparte la historia con amigos y familiares”.

Explica que tiene un truco sencillo que, además, no cuesta dinero, el cual consiste en suscribirse a las newsletter de revistas de moda y de marcas de belleza que destacan por ser trendsetters. “Estar al tanto de las tendencias en color marcadas por Pantone es también de ayuda. Otra forma sencilla de estar al corriente de las tendencias es visitar la sección de novedades en moda y accesorios de páginas web, como net-a.porter, matchesfasion, mytheresa”.

Blanca tomó la decisión de aportar y dejar huella. Se preparó y tuvo valor de hacer algo que marcara los días de su existencia. Hace una pausa y recomienda a las mujeres que no se apresuren ni autopresionen, que llegará el momento en que se sentirán preparadas para llevar a cabo sus proyectos. Entonces, todo fluirá.

Opina: “creo que es fundamental el hecho de que yo misma considero la moda y la belleza una forma de expresión, algo que junto con el cuidado personal nos hace sentir bien, a gusto con nosotros, y es un reflejo de nuestra personalidad, es decir una proyección de nuestro interior para mostrar la mejor versión de nosotros, pero sin caer en la superficialidad. La belleza física es efímera, pero si hay belleza interior y se cultiva con conocimientos, también hay espacio para mostrarte al mundo con buen aspecto. Intento que esto se transmita en mis publicaciones y también pretendo que se proyecte la necesidad de una belleza sin tóxicos que respete nuestra salud y una moda más consciente que consiste en comprar menos, pero con más calidad, con piezas que sean atemporales y tengan mayor durabilidad en el tiempo”.

El tiempo camina implacable, mientras los conceptos y las palabras de Blanca dan forma y sentido a la entrevista. Con emoción, explica: “todo me inspira. Soy una persona muy observadora y cualquier imagen, frase u objeto me pueden dar la clave para mi nueva publicación. También me inspira sentarme en la calle y mirar a la gente pasar. Eso siempre da ideas”.

Cita una anécdota sobre los anuncios publicitarios de televisión: “no me gusta el contenido actual que dan en televisión, pero desde siempre me han gustado los anuncios. Mi padre los quitaba enseguida y mi marido igual, y yo le insisto no, no, no los quites, déjamelos ver. Me gusta mirar el trabajo visual y creativo que hay en un anuncio, el mensaje que se intenta transmitir y a quién va dirigido, qué promesa subjetiva está vendiendo…”

Si Blanca tuviera que enviar un último mensaje a las mujeres, las exhortaría a “que sean dueñas de sus propias vidas. Que estudien y se forman, que tengan sed de conocimiento, que se cuestionen las cosas y vean más allá de lo convencional y establecido. Esto les dará visión, libertad, conocimiento, criterio y autonomía para poder alcanzar sus propios sueños”.

Creativa e inagotable, Blanca destaca que aparte de su familia, su empleo y su blog Beauty and More, “en el poco tiempo libre que me queda, tengo un pasatiempo que consiste en elaborar collares y pulseras. Crear me relaja muchísimo. Quizá en un futuro crearé una tienda online para promocionarlos”.

“Nunca me he planteado la opción de escribir un libro, pero sí, en cambio, seguir publicando en mi blog Beauty and More, porque me enriquece muchísimo, y quizá probar suerte con la promoción de mis collares y pulseras. En un futuro no descarto volver a pintar. Hubo una época en la que pintaba, pero al empezar a trabajar, lo dejé. Nunca es tarde para retomar la pintura”, concluye Blanca Pascual Forcada, mujer de siempre, extraordinaria, quien acepta que tiene otras aficiones como la lectura, el cine, la música y los paseos. De cierta manera, “podría estar el día entero paseando. Es mi actividad física favorita”.

Y así, en estos días inolvidables e irrepetibles de nuestras vidas, Blanca sigue la ruta que eligió para llegar al destino que anhela y le ilusiona, quizá con la convicción y el ejemplo de que hay que atreverse a protagonizar la historia que se sueña.

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Blog Beauty and More, propiedad de Blanca Pascual Forcada:

https://beautyandmore.blog/

Fotografía de la colección de Blanca Pascual Forcada/ Beauty and More

 

Cuando la humanidad se quede sola

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cuando la humanidad se quede sola, no habrá estrellas que admirar ni flores que regalar.  Los sentimientos y las ilusiones estarán muertos. Entonces habrá una mancha entre el mundo y el firmamento que ensombrecerá cada rincón; tampoco existirán fragancias, policromía y texturas que deleiten los sentidos y estimulen el romanticismo y los detalles ya extintos. Los sonidos discordantes sustituirán el canto de las aves, el concierto de la naturaleza, el ritmo y la belleza de las melodías. Cuando hombres y mujeres se queden solos, el amor, la amistad, los sentimientos y los valores serán ayer, vestigio, náufragos desconocidos que pertenecieron a otra generación. Cuando el ser humano se quede solo, el marfil y las pieles no devolverán la vida, ni el plástico sustituirá los bosques, las selvas y los ríos. Cuando se extienda la llanura estéril ante las miradas, masculino y femenino entenderán que alguna vez, irresponsablemente, se convirtieron en negación de la naturaleza, en criaturas de petróleo, en antítesis de la vida. Las tardes calurosas parecerán interminables y las noches heladas causarán temor porque ya no habrá alegría e ilusiones. Cuando la humanidad se quede sola, comprenderá que fue capaz de asesinar, mentir, robar y causar dolor en su afán de poseer y gozar sin sentido. Cuando hombres y mujeres se encuentren frente a su desolación y sus ruinas, recordarán que su mediocridad provocó que entregaran las decisiones y el poder a criaturas ambiciosas y perversas, y que, en consecuencia, fueron cómplices de sus detractores. Cuando la humanidad se quede sola, se percatará de que los artistas y los seres luminosos se marcharon. Cuando el hombre y la mujer enfrenten su soledad, añorarán el hogar, la familia, la casa. Las mansiones serán tumbas gélidas y las pocilgas hacinamiento de seres crueles e indiferentes. Cuando los seres humanos se queden solos, no recordarán la belleza de los aguaceros y las nevadas, el color del océano y las caricias del aire. Una llovizna o el hálito débil del viento serán un milagro. Un mendrugo, si lo hay, resultará una bendición. Cuando la humanidad se dé cuenta de que no es ni será centro de la vida ni eje del universo, entenderá que todo su materialismo y soberbia fueron espejismo, fantasía y engaño y que su verdadera riqueza quedó enlodada con sus ideas, creencias, hábitos, modas, intereses y prejuicios. Cuando los hombres y mujeres se queden solos, la ruta interior y el camino al amor, la alegría y los valores se habrán olvidado. Cuando la humanidad se quede sola, la infancia carecerá de rasgos inocentes porque estará contagiada con la amargura, el dolor, la tristeza y la ambición material que heredó de sus padres. Todos serán hijos, en esa época, de su estupidez, su ambición desmedida, su mediocridad, su vacío, sus excesos y su superficialidad. Mira que confundir el amor con los placeres fugaces, la felicidad con la opulencia, la nobleza y los valores con actitudes anticuadas, la sabiduría con títulos académicos y la realización con los bienes materiales. Cuando ellos, hombres y mujeres, se queden solos, la cadena de la naturaleza se habrá quebrantado y vendrá el caos. Cuando los seres humanos se queden solos, habrá quienes sigan asesinando, mintiendo y robando para satisfacer sus apetitos. Cuando la humanidad enfrente su soledad, no habrá luceros para alumbrar su noche ni el sol asomará a los lagos, al mar y a los charcos. Nadie regalará una flor porque no habrá en la campiña desolada, pero lo peor de todo es que ninguno tendrá capacidad de imaginarla y dibujarla para alegrar e ilusionar a alguien más.

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Si no existieras

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Olvidé decir, al dedicarte mis poemas, que si no existieras e intentara dibujar tu rostro e inventar tu silueta, definitivamente no coincidiría contigo porque eres irrepetible, el modelo que Dios, al crearte, atesoró con cerrojo en uno de los arcones del cielo.

Estoy seguro de que mis palabras, tejidas en el poemario igual que la constelación que uno mira arrobado una noche de ensueño y romance, resultarían insuficientes para definirte si no existieras.

Mis lienzos, arrumbados en el desván, iniciados en la buhardilla o expuestos en alguna sala de arte, tal vez cautivarían, pero ninguno, en su belleza y resplandor, se aproximaría a ti por ser única e insuperable.

Tal vez, no lo dudo, los pinceles trazarían rasgos similares a los tuyos y hasta confundido por la emoción, creería vanamente que se trataría de tu esbozo, de ti plasmada en el lienzo; pero al cabo de los minutos, tras observar tu retrato una y otra vez, entristecería por no poder reproducirte. Algo faltaría.

Al esculpirte, sin duda renunciaría al martillo y al cincel por no poder darle tu forma a la piedra yerta o quizá por tenerte en una reproducción fría y sufrir la impotencia de no escuchar los latidos de tu corazón y el concierto de tu voz, ni disfrutar tu sonrisa y contemplar el resplandor de tu mirada.

Estoy seguro de que Dios, al crearte, solamente te reprodujo una vez y te hizo muy especial, porque entonces cómo explicar que mi búsqueda por el mundo fue fútil mientras no coincidí contigo. Encontré, al andar por caminos y parajes, incontables rostros de mujeres, unos encantadores y otros no tanto, con sus historias y realidades; pero ninguno comparado a ti, probablemente por ser tú uno de los ángeles consentidos del cielo y por contener una fórmula de especial y mágica esencia.

Inspirado por el amor y cautivado por tu naturaleza, te convertí en mi musa, en mi vida y mi cielo, en mi ángel tierno, y no para alivio de mis pasiones, como lo hace el mundo, porque entonces enlodaría tu esencia y atentaría contra la inteligencia superior que te inventó, sino con la intención de fusionarnos en el más sublime de los sentimientos, escribir una historia prodigiosa y juntos llegar a la morada.

Gracias a que Dios, al crearte, impregnó su perfume en tu interior, no tengo necesidad de inventarte en mis obras literarias ni de reproducir tu voz en un concierto. Mientras la humanidad, confundida en su mayoría ante el destello de los aparadores y los reflectores de la superficialidad, los apetitos pasajeros, la ambición y la estulticia, deambula en la noche oscura, cerca de precipicios y abrojos, tú alumbras mi mirada y mi ser con tu amor tan especial, tus códigos y el encanto de tu alma.

No me sorprende que seas diferente, lo confieso, porque un ser a quien Dios creó bajo una fórmula especial e irrepetible para posteriormente guardarla en uno de los cofres del cielo, actúa con el alma y no con la apetencia carnal, con la inteligencia y no con la brutalidad, con el amor del corazón y no con el odio del vulgo, con los sentimientos y no con los instintos. Esa es la diferencia entre tú y el mundo.

Al no existir, aspiraría inventarte, reproducir tu belleza y perfil en mis relatos, en el poema, en mis lienzos, en la escultura y en los conciertos, y quizá me aproximaría, por mi natural empecinamiento, a presentarte ante el mundo como obra de arte; pero admito que por más excelsa y cautivante que fuera, experimentaría un hondo vacío porque faltaría tu esencia, la fragancia que Dios, al crearte, impregnó en ti para marcar la diferencia entre tú, mi musa, y quienes masificadas se han convertido en juguetes de historias carentes de huella y sentido. Hoy, tras mi búsqueda por el mundo, celebro el regalo que el cielo me ha concedido al recibir tu amor y tus manos que estrechan las mías para juntos regresar al jardín más bello, y qué bueno que formas parte de mi vida y palpitas en mi ser, porque de lo contrario, si no existieras, tendría que reproducirte en el arte e inventar una mujer como tú, distinta y especial, con la idea de pedir a Dios el perfume que aplicó en tu esencia antes de unirte a mi corazón.

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