Nacen y mueren los días

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Nacen los días y saludan en las mañanas, antes de que el sol asome y se mire reflejado en el océano y en los lagos; crecen y se desarrollan con libertad durante los mediodías y las tardes; y envejecen y declinan en las noches, en compañía de la luna y de las estrellas, hasta que, instantes previos a la madrugada, dan el último suspiro y se van definitivamente. Solo quedan registrados en la memoria, en los almanaques y en la historia, si acaso hubo algo prodigioso entre algunos individuos o acontecimientos importantes para la humanidad. Surgen las primeras horas de la mañana, ajenas e indiferente a lo que acontezca en el mundo, tal vez porque saben, desde el principio, que no existen apegos entre caminantes y forasteros que, finalmente, al irse, dejan espacios vacíos. Los momentos, al sumarse, dan por resultado horas, días, meses y años que, a pesar de su temporalidad y de ser una medida, se relacionan con la caducidad de la existencia. Aparecen los amaneceres, en el horizonte, y mueren los atardeceres en sentido opuesto. Llegan las noches y les suceden las madrugadas. Las manecillas giran incesantes. Están contratadas por el tiempo para dar vueltas al mismo ritmo y en un sentido, en la ruta de siempre, sin importar las estaciones, y uno, atrapado en la forma y en la vestimenta de hombre o de mujer, debe encontrar los motivos, las entradas y las salidas, los susurros y los silencios, los puentes y las sendas, la esencia y la arcilla, antes de que, en la vida presente, el corazón pare sus latidos y solo quede la voz de las manecillas. Hay que vivir.

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Los colores y las fragancias de las noches

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Me pregunto, cuando, en las noches, admiro los luceros que decoran la bóveda celeste, ¿quién los hizo plateados, a la distancia y ante mi mirada, aunque sus colores, en la proximidad, sean otros? Aparecen, como las letras de un verso, en las páginas del firmamento, libres y hermosos, cautivantes y magistrales, como para que uno no se sienta desolado. Los astros, las estrellas y los elementos del universo parecen sustituir, en las horas nocturnas, los matices de la naturaleza, aquí, en el mundo. Tan exquisita es la creación que, en las noches, cambian los perfumes, son diferentes a las fragancias matutinas y de la tarde, especiales para atraer y embelesar a los artistas, a los enamorados, a la gente buena, a aquellos que sienten dentro de sí la inmensidad que pulsa en todas partes. Cuando, en las noches, percibo los aromas que exhalan los árboles, las plantas, las flores, la tierra y la lluvia, me doy cuenta de que forman parte de una fórmula prodigiosa, de una receta que milagrosamente se repite. Al caminar descalzo sobre el césped, a una hora de la noche, adivino los colores que, al amanecer, regala la naturaleza a los sentidos; también siento, al andar, el palpitar incesante de la vida, con sus voces y sus sigilos. La gente duerme. Algunos trasnochadores están reunidos y atienden sus asuntos, sus motivos, sus sentidos. Yo deambulo, en la noche, en busca de colores y perfumes para, inspirado, plasmar mis letras en las páginas que esperan mi retorno, con pedazos de fragancias y de matices que recolecto.

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Los sabores, cuando encantan…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Los sabores regalan esencias, aromas, purezas o mezclas; pero también, cuando encantan, ofrecen armonía, equilibrio, amor, laboriosidad y tiempo. Los sabores que prepara la naturaleza o los que elaboran los seres humanos, son irrenunciables al paladar, a los sentidos, y deleitan, como si, al arrancar pedazos de instantes, minutos y horas, los impregnaran con sus fórmulas para invitar a la naturaleza, al mundo, al universo a hacer bellas pausas dentro de su incansable palpitar. Los sabores tienen perfumes y también, no lo niego, colores y formas, matices y rasgos que enamoran y se añaden al encanto de comer. He notado, igualmente, que los sabores, al probarlos, traen recuerdos, sentimientos e ideas, imágenes familiares o de otros días, personas y momentos. Son un poema, un concierto sinfónico, el trazo y la conclusión de un proyecto y una encomienda de la naturaleza o de la gente que se aplica en sus recetas gastronómicas. Los sabores me recuerdan los días soleados y nublados de mi existencia, las convivencias familiares y la suma de los instantes que he vivido, solo o al lado de la gente, durante mi paso por esta estación que llamamos mundo. Y me pregunto, siempre con asombro, si los sabores, en la Tierra, deleitan los sentidos y provocan tanto gozo, ¿cómo serán en el infinito, en el hogar, en la morada sin final?

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De eso, creo, estamos hechos

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Soy de tantos aromas y matices, vengo de innumerables auroras y ocasos, tengo demasiados linajes e historias, con pasados y presentes, con mañanas certeros e inciertos que ya se sienten, que, en verdad, no podría, en una guerra, apoyar a unos y despreciar a otros, porque significaría romperme, traicionar mis códigos y mis significados, y quedar yerto, aquí y allá, en un lugar y en otro. Me resulta imposible, acaso por mi esencia, probablemente por mi textura, quizá por la sustancia etérea y la materia que me componen, tal vez por eso y más, dividirme y crear rivalidades entre mis trozos. No me atrevo a pelear dentro ni fuera de mí. Al agredir a otros, atentaría contra mí. Me forjé con la herencia que traigo en mi memoria, con los capítulos que he protagonizado, con todo lo que uno trae, con lo que siembra y con lo que cosecha; en consecuencia, soy incapaz de empujar a otros al precipicio o de tenderles acertijos y trampas. Estoy hecho de pedazos e hilvanado con orígenes de tantos parajes y rincones, con una corriente etérea que me impide causar daño. Es preferible, en una guerra, amar que odiar, dar que arrebatar, compartir que acaparar, sonreír que mostrar un rostro arrogante y despiadado. Quiero el amor, el bien, el progreso y la paz en el mundo. De eso, creo, estamos hechos.

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Llegó marzo, en su versión anual

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Llegó marzo, en su versión anual, probablemente como recordatorio de que la vida continúa, a pesar de que otros queden atrás o mueran. Anuncia, entre sus horas y sus días, el inicio de la primavera, en el Hemisferio Norte, y del otoño, en el Hemisferio Sur, como dos rostros que, aunque diferentes, se complementan y esculpen sus formas y pintan sus colores en el planeta. Llegó marzo, con sus 31 días completos, quizá para que la gente, en el mundo, no olvide que recientemente inició el año y que, por lo mismo, es preciso despertar y mirar los signos de la creación, percibir las fragancias y los sabores de la naturaleza, en una invitación a experimentar la vida con armonía, en equilibrio y plenamente, antes de que caiga la tarde y llegue la noche. Llegó marzo y en otra fecha se marchará, ajeno e indiferente a las alegrías y a las tristezas, a los triunfos y a los fracasos, a lo bueno y a lo malo del ser humano. Marzo, el tercer hijo del año, enseña tanto al matizar las flores en un lugar y pintar, en otro sitio, las hojas que caen al suelo. Y es que la vida es eso, nacer y morir, retornar y marcharse, reír y llorar. Solo quien abraza la vida desde su interior, entiende la dualidad del mundo y conoce la razón por la que, en ciertas regiones, la primavera decora el planeta con flores perfumadas y de hermosos colores y texturas, y adorna el paisaje, en otras zonas, con las hojas que el otoño arranca y deposita en el suelo, hasta formar alfombras de tonalidades nostálgicas. ¿Será, tal vez, que hay un aliento prodigioso desde la aurora hasta el ocaso? Simplemente, cierro los ojos y escucho las voces y los silencios que vienen de mi interior, los murmullos y los sigilos que llegan del exterior, y que, juntos y en armonía, me invitan a vivir cada instante y hacer de mi existencia una biografía inolvidable, una historia magistral y sublime. No cabe duda, llegó marzo.

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Y mientras unos se ocupan de la guerra, la vida regala colores, formas y sabores

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La humanidad está rota. Mutila la naturaleza y trata de enmendar los guiones de la vida. A pesar de todo, la mirada del sol, desde el amanecer hasta antes del ocaso, alumbra las flores que regalan sus matices y sus perfumes a quienes se deleitan con sus formas y sus texturas. La gente se odia. Pelea y se mata cruelmente; pero la lluvia y los ríos apagan la sed, palpitan al ritmo de la creación infinita y limpian la escoria que queda sobre el planeta y que cubre los poros y asfixia la intimidad de la naturaleza. Tantas personas se aglomeran, consumen y no aportan ni compensan el bienestar que disfrutan, en contraste con la vida que abre sus puertas y ventanas a buenos y malos. Hombres y mujeres contaminan la tierra, la envenenan y la intoxican, y sigue obsequiando frutos con sabores deliciosos y nutrientes invaluables. El ser humano atentó, recientemente, contra sí mismo al incendiar una selva, asesinar innumerables animales y crear, en laboratorios, una enfermedad que dispersó estratégicamente, una y otra vez, en distintas regiones del mundo, con la idea de eliminar ancianos, enfermos y mucha gente, y ahora, aún sin reponerse, se encuentra inmerso en una guerra; no obstante, hay quienes escriben y leen poesía y novelas, pintan y admiran lienzos con paisajes bellos, interpretan y escuchan melodías verdaderamente magistrales, aman, hacen el bien, defienden la paz, practican virtudes, promueven la libertad y luchan por la dignidad, la justicia y la igualdad, en alianza con la vida incesante que palpita en todas las expresiones. La humanidad está en guerra, pero el mundo y la naturaleza siguen en armonía y en equilibrio con la vida, a pesar de tantas alteraciones y mutilaciones, con una sonrisa y un abrazo infinito a quienes decidan asomar y descubrir su reflejo en los espejos más bellos y sublimes.

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El talento de quien siente admiración, respeto y asombro ante la vida

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Conozco una mujer que experimentó los horrores de la Segunda Guerra Mundial y que, no obstante, ama la vida y recorre sus caminos con alegría, rectitud y sabiduría. Ha viajado por el mundo. Lo conoce muy bien porque no se conforma con el paseo superficial que le ofrece cada lugar. Es una buscadora de historias, detalles, rostros, formas, costumbres, motivos y tradiciones. Siente deleite al conocer gente, al recorrer vestigios de otras horas y al descubrir estilos de vida que, generalmente, pasan desapercibidos por los turistas comunes. Entra a los mercados, a las ruinas, a los barrios, a los escondrijos del mundo. Toma fotografías con sensibilidad y talento, capta imágenes con la pasión de quien siente asombro, respeto y admiración ante los detalles y el milagro de la vida. Es una mujer inagotable que sabe que el tiempo y la vida son para experimentarlos plenamente, dejar huellas y trascender. Vive en Alemania, al lado de su familia, con el deleite de compartir sus letras y sus colores, sus palabras y sus fotos, con lo que ha encontrado al caminar por el mundo. Ella, Rosemarie Schade, es una dama, una de esas personas que, al conocerlas y tratarlas, no se olvidan por su amabilidad, su educación, sus valores y su experiencia. Hoy, simplemente, le dedico este espacio con el arte de mis letras.

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Sombras pasajeras

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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No buscaría la esencia del árbol ni el sabor de sus frutos en la sombra pasajera. Las sombras son útiles en las mañanas, al mediodía, en los atardeceres soleados, porque ofrecen frescura, en medio del camino; pero parecen tan efímeras, que se van a cierta hora y no regresan. Se van con sus claroscuros, susurrantes o calladas, con la resignación que carga sobre sí quien se marcha. En las noches ya no se necesitan. No son fantasmas ni locuras; simplemente, se trata de efectos, en este mundo y en otros más, que sirven por ratos y transitan con los instantes. Quien basa, definitivamente, sus proyectos existenciales en algo que se marcha y no vuelve, en manchas difusas dentro del colorido de la vida, en las sombras que ofrecen momentos de reposo, se condena a andar en caminos inseguros, en seguir rutas inciertas, en permanecer siempre en la banca de espera y no realizar el viaje. Muchas personas, aquí y allá, en horas pretéritas, en momentos presentes, se distraen tanto en las superficialidades que decoran sus ambientes, que olvidan cimentar el terreno que pisan y, en consecuencia, resbalan, se hunden o se desbarrancan con el canasto de sus proyectos. La sabiduría dicta que el amor, el bien, los sentimientos, las ideas, las acciones y las palabras -nuestro verdadero ropaje-. deben ser tangibles, auténticos, resplandecientes; de lo contrario, se desmoronarán y resultarán tan efímeros e ilusos como las sombras que se desvanecen conforme se agota el día. La vida es un milagro bello y maravilloso; sin embargo, hay que aprender a disfrutarla antes de que se consuma, y eso es tarea de cada minuto, de todos los días.

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Somos artistas, escritores, poetas

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Somos de papel y de tinta, de letras y de palabras; pero también, no lo olvidemos, de sentimientos y de ideas, de sueños y de realidades. Traemos el lenguaje del paraíso y del infierno, de la temporalidad y del infinito, para describirlos en una novela, en un cuento, en un poema, en un texto, que nuestros lectores recolectan con sus sentires y sus pensamientos, con sus motivos y sus razones, en la búsqueda de sí mismos y de las cosas que no podrían explicarse de otra manera. Hablamos con Dios, con el bien y con el mal, con la sonrisa y con el enojo, con la alegría y con la tristeza, con los seres humanos -los de antes, los de entonces, los de hoy y los de mañana-, con personajes reales y ficticios, con las luces y con las sombras, con todas las criaturas, para deleite de nuestro público, dentro de lo que la gente llama tiempo y espacio. Bebemos agua del manantial; a veces, al contemplar el mundo, padecemos sed. Vivimos y morimos para enseñar a otros el prodigio de existir. Relatamos. Somos coleccionistas y relatores de historias. Artistas, escritores, poetas, eso somos felizmente. Entramos a la morada de Dios, a la fuente de luz infinita, a los recintos más desolados y sombríos, a los hogares de la gente, a las casas de todos los seres de la creación, con el respeto que nosotros, los artistas, recibimos. Somos monarcas y pueblo, libres y esclavos, aire y tierra. Experimentamos todo con la intención de sentirlo y transmitirlo a la gente, a los lectores, con vibración intensa. Miramos, al caminar por el mundo y al final de la jornada, a la gente que parte con sus cargas y sus liviandades, con lo bueno y con lo malo, mientras nosotros, los artistas, los escritores, los poetas, comprobamos, por añadidura, el cumplimiento de nuestra encomienda. Y es que, sin nuestros delirios, parece, no habría estrellas. Somos de papel y de tinta, de esencia que fluye y de textura arcillosa, de agua y de arena, de cristal y de piedra. Somos eso, artistas, escritores, poetas.

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Incapaz de restaurar un mundo que ha roto, el ser humano ambiciona conquistar el universo

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Incapaz de restaurar el mundo que ha roto, el ser humano ambiciona conquistar otros planetas, no con la idea de extender la vida y transformar el universo en hogar apacible y en paraíso colectivo; su anhelo e interés consisten, principalmente, en dominar, someter y explotar a la gente, a los pueblos de la Tierra, saquear riquezas y controlar todo, en una guerra sin tregua, simplemente para endiosarse por un rato. Ha olvidado, parece, que su estancia en el mundo es temporal y que la verdadera dicha, antes de proseguir la caminata a otras fronteras, se basa en el bien que pueda derramar para sí y en beneficio de los demás. Resulta incongruente desgarrar, arrebatar y aniquilar la vida en un entorno que le es natural y propio y, a la vez, buscarla en otros planetas. Ni siquiera ha explorado su ruta interior ni ha logrado coexistir en armonía, con equilibrio y plenamente, y ya planea apoderarse del pulso de esta galaxia y de otras tantas. El universo es espectacular y maravilloso, con sus luces y sombras, sus encantos y desencantos, sus honduras y superficialidades; sin embargo, su destino no es convertirse en predio de criaturas depredadoras que se sienten centro y eje de la vida. Se trata de algo superior a la ambición de conquistar, pelear, dominar y matar. Es parte de la fórmula magistral e infinita.

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