Dicen…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Dicen que, por usted, despierto a las letras y desvelo las ideas y los sentimientos que cada noche y madrugada plasmo en hojas de papel, con el objetivo de que, al otro día, al amanecer, aparezcan en las páginas de mi poemario, al lado de las flores que, desde temprano, recolecto en el jardín y coloco en su almohada, mientras duerme y sueña no sé qué historias. Dicen que lo mío es un tanto de usted mezclado conmigo, con dos nombres y un par de rostros inconfundibles, en un vuelo libre y maravilloso hacia rutas insospechadas, horizontes infinitos, rumbos cautivantes y prodigiosos. Dicen que permanezco atrapado en los extravíos de la razón, pero desconocen que mi delirio es por usted, y tiene nombre porque le llamo la locura de este amor. Dicen que el arte es mi cómplice, un viejo amigo y compañero de incontables alegrías e inspiraciones silenciosas y estridentes, y que usted es mi musa y la responsable de mis desvaríos y ocurrencias. Dicen, en privado y en público, que usted ordenó mi armario y mi vida, mi alacena y mis horarios, mi cordura y mi demencia, mis amaneceres y mis anocheceres. Dicen que, ahora, mi arte y mis letras huelen a usted, a usted y a mí, a los dos y a cada uno, con el encanto que tienen los perfumes cuando revelan la identidad de la gente y de quienes se enamoran. Dicen que cuando la miré por primera vez, con asombro me vi reflejado; pero no saben que, simplemente, al descubrirme en sus ojos, definí pedazos de cielo y paraísos, una historia inagotable a su lado. Dicen que mi itinerario cambió desde el minuto en que usted y yo coincidimos, y no es así, lo confieso, porque solo enriquecí mi caminata y le di un sentido más bello, como aquel jardinero que cultiva flores y planta árboles. Dicen tanto y nada de nosotros, que saben y desconocen lo mucho y lo poco de nuestra historia, repiten y olvidan el idilio que vivimos y soñamos, prolongan y resumen lo que imaginan hablamos y jugamos, y, quizá, hasta cuentan, emocionados o intrigados, los encuentros y los desencuentros que suponen enfrentamos. Dicen, eso sí, que usted y yo ya poseemos una historia, un recuerdo, un ayer, un porvenir, la locura de un amor.

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Usted

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Disculpe que la distraiga e interrumpa sus labores. Desde hace tiempo, al pasar por aquí, la observo con alegría e interés, en silencio, acosado por una pregunta y mil interrogantes que, por su repetición, ya son permanentes en mí, igual que la sangre que fluye por mis arterias, mientras usted, inmersa en sus actividades, indica, también calladamente, que es una dama. La he mirado durante la mañana, cuando las flores, recién acariciadas por el viento, las gotas del rocío y el sol, destilan perfumes que cautivan los sentidos y se mezclan, parece, con su fragancia de mujer; pero, igualmente, la he visto en las tardes, con ese semblante que irradia la gente encantadora. Quisiera verla en la noche y en la madrugada, siempre, a toda hora. Perdone usted si la molesto con mi insistencia, pero tengo deseos de invitarle un café en el balcón de la casa o en uno de esos restaurantes que se encuentran en alguna calle empedrada, al aire libre, entre macetas con flores bonitas, simplemente con la idea de expresarle que me parece mujer y dama, ser humano y ángel, y, quizá, si me lo permite, musa e inspiración. No pretendo interrumpir sus minutos y sus horas de concentración en las tareas que desempeña con tanto esmero; pero sí, en cambio, anhelo involucrarme en sus años, en sus décadas, en un proyecto existencial entre usted y yo. ¿Entiende usted lo que pretendo decirle? Precisamente he buscado una dama. Entiendo que es usted a quien he tratado de localizar, dentro del mapa, en aldeas y ciudades. Me gustan sus ojos, sus pestañas, sus manos y todo lo que la hace mujer y dama. No pretendo abrumarla con mis palabras y mis historias; aunque confieso que, desde hace tiempo, planeo incluirla en mi viaje, en el itinerario de mi existencia, y si usted hace favor de colocar sus manos, junto a las mías, en el timón, creo que navegaremos por rutas esplendorosas e interminables.

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Te escribo en otoño

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Te escribo en otoño, cuando hay tanta hoja acumulada y dispersa en el bosque, el jardín y el parque, cual alfombra amarilla, dorada, naranja, rosada y rojiza que invita a correr, jugar, reír, saltar y rodar contigo en el suelo, hasta descubrir nuestros cuerpos y rostros cubiertos de la textura de los árboles. Te escribo en otoño, antes de los días invernales, con la idea de que prepares tu equipaje y permanezcas conmigo, al lado de la chimenea, con una taza de café o de té, cada uno, y un canasto pletórico de recuerdos y otro vacío, a la espera de la siguiente primavera y el próximo verano, con nuestros planes, sueños e ilusiones. Te escribo en otoño, cuando agoniza el año y hemos dejado la infancia y aprendido, olvidado, ganado y perdido tanto. Te escribo en otoño, estación en la que muchos lloran al creer que sus romances quedaron desolados, como los pasajeros que empequeñecen y se desvanecen al alejarse los furgones. Te escribo en otoño, fiel a ti y a mí, en el minuto en que coloco el amor del primer día en la hora presente y en los años que están por venir, para continuar con la misma emoción y tender un puente a la inmortalidad. Te escribo en otoño, una mañana, una tarde o una noche -qué importa, después de todo, la hora-, para que sepas que eres mi musa, a pesar de que el ferrocarril en que viajamos casi ha descarrilado por la historia y la realidad de nuestro tiempo. Te escribo en otoño una carta, un poema, un texto, las letras que dibujo y pinto con mis sentimientos e ideas, con este amor tan mío que por ti se convierte en un delirio, en una pasión, en un ministerio. Te escribo en otoño y mis palabras quedan cual testimonio de que también te amo entre las ráfagas de aire que arrancan hojas y flores y rasgan nubes. Te escribo en otoño, cuando por la ventana de mi buhardilla me visitan las fragancias de tu perfume que el viento dispersa. Te escribo en otoño, cuando poseemos tanta historia y aún faltan los capítulos más bellos y prodigiosos. Te escribo en otoño, cuando mis poemas y textos retratan la locura de este amor.

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Tanto parecido

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Ese día y otros más de la vida, la descubrí tan parecida a mí y me sentí similar a ella, que supe, entonces, que somos nosotros, los niños de una morada sublime, y que sólo venimos a pasear a este mundo

Ahora entiendo tanta similitud entre tú y yo. Noto tu parecido con las gotas de la lluvia al descender una mañana como perlas, cuando tus detalles de mujer te hacen dama y me recuerdan que soy hombre y caballero. Eres tan similar a los susurros del viento cuando hablas, que la dulzura y el encanto de tus palabras son rumores que llegan a mis sentimientos. Grabo en mi memoria tu similitud con el sol cuando asoma cada aurora e incendia la campiña y el trigal dorado, acaso porque cuando me miras, tu sonrisa me contagia tu alegría e ilusión. Recibo en cada beso tuyo el sabor de la vida y del cielo, quizá porque traes sus ingredientes, tal vez por eso y por ser quien eres. Encuentro en ti mucha similitud conmigo, probablemente por ser tú y yo uno y otro. Te percibo tan semejante al océano turquesa cuando descubro en ti el color del amor y la profundidad de tus sentimientos y del código que atesoras, que navego contigo a rutas esplendorosas e insospechadas. Eres tan parecida al arcoíris, a los pétalos de suave policromía y a las estrellas que asoman una noche romántica e inolvidable, que me defino en un paraíso a tu lado. Tienes tanta similitud con el encanto de una aurora y un ocaso cuando despiertas y al dormir, que te siento en mí durante el día y la noche. Eres tan yo, que me siento tú. Oigo, a una hora y otra, el lenguaje de la vida, los murmullos del universo y la creación, cuando hablas, que me parece eres musa y dama, ángel y mujer. Me pareces tanto cielo e inmortalidad cuando, al abrazarnos, lo hacemos desde la profundidad y el silencio de nuestras almas, que ya me siento en el portal de la inmortalidad. Amo tu reflejo en el agua, en los cristales, en nuestros ojos, y te miro hasta que en ti detecto un tanto de mí, que no dudo, como la primera vez, en expresarte con alegría e ilusión que me cautivas y te amo.

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El amor de un poeta

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En cada poema y texto que me inspiras, detecto un encuentro, un paseo al mundo y una excursión al cielo, una cita entre tu alma y la mía, un juego llamado amor y vida, una sonrisa y otra más…

El amor de un poeta no se extingue porque si alguna vez se apagaran sus latidos, su canto y su voz naufragarían en la memoria y los sentimientos de quien lo inspiró. Los poemas de un artista no mueren mientras exista quien los lea. Las ocurrencias y la locura de un escritor -artista al fin-, quedan como constancia de que el amor se hace poema, se sueña y se vive cada instante. El delirio de un autor convierte a su amada en voz del cielo, en susurro del océano, en rumor del viento, en murmullo del lenguaje universal. La obra de un poeta descubre que atrás de sí hay una musa, un amor inmortal, un alma paralela. Los poemas y los textos de un escritor, quedan inscritos en el libro, en la servilleta, en los pétalos de las flores, en la arena de la playa, en el papel, en las hojas doradas y quebradizas que alguna vez , en su frenesí, arrancó el viento otoñal a la arboleda; pero también permanecen en los latidos del corazón, en los recuerdos, en las páginas de la historia que uno protagoniza. El amor de un poeta no se diluye porque verdaderamente lo siente por su musa y lo vive con la locura de un artista enamorado y ocurrente, feliz e intenso, que  por alguna razón, entre papeles, tinta, colores, música y silencio, pactó con ella la historia de un idilio inmortal. El amor que hoy te expreso, es el de un poeta enamorado, un escritor que cotidianamente experimenta asombro hasta por la admiración que siente por ti, un artista que te hizo su musa. Mis poemas que son tan tuyos, tienen en sus acentos, comas, puntos y letras el sabor de un romance que sabemos nuestro; no obstante, tú y yo hacemos de cada palabra un sueño, una ilusión, un fragmento de vida, instantes en el mundo y destellos en la inmortalidad. El amor de un poeta no te traiciona porque su tinta es esencia, sabor, perfume y forma de su estilo de expresarte sus sentimientos.

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Se escribe un poema…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Eres mi poema

Un poema es inspirado por un amor grandioso e inolvidable, por una mirada dulce y profunda, por unos labios que transmiten el sabor del paraíso, por unas manos femeninas que acarician igual que la brisa, el viento y la lluvia y dejan su perfume impregnado como encanto y recuerdo de una vida compartida. Un poema se escribe a la musa que lo inspira, a la mujer que se ama, al yo en que se vuelve la otra persona, al tú que se percibe en el alma, a ti y a mí cuando somos uno. Un poema, insisto, es la cuenta de un collar interminable que alguien, desde un espacio secreto, dicta a quien lo escribe para deleite de un amor que no se olvida y es eterno por ya latir en uno y estar inscrito en las frecuencias y el pentagrama del universo. Un poema lo escribo sólo para ti cuando ríes y estás conmigo o te encuentras lejos, al enamorarme de tus ojos y de tu alma, al caminar juntos, al abrazarte desde el silencio interior, al correr contigo, al beber café, al cantar, al vivir y al soñar, en algún momento si estás triste, durante el encuentro y la despedida, al asombrarme del amor que te tengo y renuevo cada instante, al leerte en mi historia y descubrirme en tu senda mágica.

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Un poema

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La musa inspira al artista, pero si éste la busca en el éter, en el cielo, en el mar, en el mundo, en los sueños, en la vida, en el todo y la nada, para enamorarse de ella y entregarle sus obras, innegablemente descubre y siente el amor que trasciende las fronteras del espacio y las murallas del tiempo, detiene las manecillas del reloj y se abren las compuertas del infinito con la alegría e ilusión que sólo conocen aquellos que atraen la mirada de Dios 

Un poema, cuando es de amor, se escribe con los sentimientos, con los teclados y las octavas del universo, con la pasión del arte que desmorona fronteras y abre caminos. Un poema, cuando es de amor, se diseña y construye una noche estrellada y silenciosa, entre papeles, retratos y velas consumidas por las flamas de las horas, o una madrugada desolada y de tempestad, cuando la gente duerme arrullada. Un poema, cuando es de amor, se compone una mañana, cerca de las gotas del rocío que deslizan suavemente en los pétalos de exquisita fragancia y textura, o una tarde en alguna banca, junto a los rumores de la fuente y las frondas acariciadas por el viento otoñal, en un paisaje alfombrado de hojas amarillas, doradas, naranjas y rojizas que crujen ante los pasos del caminante y los enamorados. Un poema, cuando es de amor, se plasma en cualquier parte porque es una joya que brota del alma, que viene del cielo y que va a los sentimientos. Un poema, cuando es de amor, no se dedica a cualquiera porque tiene destinatario, y no importa que un día quede atrapado entre las hojas de un libro o en el baúl de recuerdos, porque siempre será constancia de una historia mutua, de una unión inolvidable, de un encuentro, un rumbo y un destino. Un poema, cuando es de amor, poda las tristezas, tala las sombras y sesga cualquier dolor, porque presenta, por sencillo que sea, un jardín de belleza incomparable. Un poema, cuando es de amor, es inspirado por alguien, por una musa, y no tiene precio por tratarse de una perla que forma parte del collar que lleva a fronteras y parajes inagotables. Un poema, cuando es de amor, no se entrega a cambio de una noche cualquiera, en una posada, para más tarde seguir la caminata en busca de otra estación, porque se escribe inspirado por los sentimientos más excelsos, por el palpitar que sólo experimentan aquellos que tienen la dicha de enamorarse fielmente. Un poema, cuando es de amor, lo escribo para ti con la idea de abrazarnos prolongadamente y en silencio, leerlo suavemente y sentir la brisa del cielo, escuchar las voces del universo, percibir el palpitar de la vida y sabernos felices. Un poema, cuando es de amor, lo escribo para ti con el enamoramiento, la alegría y la ilusión de cada instante. Un poema, cuando es de amor, está dedicado e inspirado en ti.

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Mi secreto

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me prometí, al mirarla por primera vez, que todos los días renovaría mi amor y me enamoraría de ella, sentiría asombro, experimentaría alegría y emoción al sentirla, al verla, al escucharla, al percibir su fragancia, al descubrir sus movimientos femeninos y sutiles, al saberla dama, al ser su caballero, al llevar el sabor de sus besos. Le llamé musa porque inspira mis obras, cuando escribo, y mi vida al soñar. Un amor así no se traiciona ni macula. Un amor como este se enaltece con sentimientos fieles y puros, con detalles, con actos extraordinarios, con los sueños y la vida, con el mundo y el cielo

Mi secreto se basa en soñarte cuando estoy despierto y en sentirte conmigo al permanecer dormido, porque mi existencia tiene un tanto de ti y se convirtió, sin darme cuenta, en medida de los dos, en destino tan tuyo y mío. La fórmula consiste en enamorarme de ti todos los días, en sentir admiración cuando estoy contigo, en ser tú sin aprisionar mi libertad, en que te conviertas en mí con tu propia identidad. Mi plan es fabricar detalles e ilusiones para ti, diseñar y elaborar burbujas para reventarlas juntos y agregar a los sueños trozos de vida y a la existencia, en tanto, obsequiarle fragmentos de fantasías e ilusiones. Mi proyecto es caminar contigo, volar a tu lado, sumergirnos juntos en las profundidades silenciosas del océano, en nuestro interior, en el mapa de un mundo prodigioso. Mi idea, en el amor,es enamorarme de ti cada instante, anticiparme a las horas pasajeras, adelantarme al reloj, a su péndulo y a sus manecillas imperturbables, con la intención de ofrecerte mis sentimientos y detalles, mi vida y mi obra, ingredientes para armar puentes y escaleras y fundir nuestras almas. Mi confesión es, simplemente, enamorarme de ti, sentir asombro contigo, decirte en cierto instante y en determinado lugar que te amo. Te pregunto a una hora y otra, en un sitio y en muchos más, si ya te expresé mi amor, quizá sin percatarme de que así construyo un sendero, una ruta, un destino, nuestra historia, o tal vez por tratarse de mi estrategia, mi secreto, mi táctica, en esta locura que ya es tan nuestra.

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Algunas palabras, cuando escribo…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Una vez que la sentí a mi lado y supe que en mi morada no esperaba a alguien más, la invité a pasar y cerré la puerta a otras posibilidades; entonces abrí las ventanas y saltamos hasta un jardín soleado donde los colores y perfumes de las flores son de amor y alegría. Así descubrimos, aquel día, la fórmula de la inmortalidad

Algunas palabras, cuando escribo, abrazan a otras en las hojas de papel, en el cuaderno de apuntes, como si supieran que una noche estrellada, en una banca y al lado de una fuente, entre árboles corpulentos y flores fragantes, o en el rincón de mi taller de artista, tejo poemas para ti. No serían poéticas mis palabras sin ti ni arte mis obras ante tu ausencia. Guardaría en un relicario las letras, los acentos y la puntuación, en caso de que no existieras, para definirte y utilizarlas al descubrirte conmigo y sentirme contigo. Inventaría tu nombre, tu rostro de niña consentida, tu mirada de espejo, tu estilo. Ensayaría, una y otra vez, al escribir, tu identidad, tu silueta, tus manos, tu risa y hasta tus travesuras y nuestra historia. También agregaría, si sólo te presintiera, un texto que me condujera hasta otras moradas para sustraer el polvo que te hace diferente, la esencia que te mueve, la luz que te ilumina, y trazaría, para besarte y llevar eternamente tu sabor y tu fragancia, la ruta a tu interior, hasta mirarte a mi lado y sentir el hálito de la vida, la sensación de volar plenos y la emoción de amar. Escribo feliz porque no tengo que buscar más tu presencia al ser mi musa, la dama de mi espíritu de caballero, el amor de un artista. Amo de ti tu esencia, tus ojos, los latidos de tu corazón, tu belleza, tus ocurrencias. Miro en mi interior y te percibo en mí; escudriño en lo más insondable de ti y me encuentro. Oigo, al caminar en mi senda y escribir las letras que se abrazan en la libreta de anotaciones, los murmullos del universo, la sinfonía de la vida, el encanto de tu voz al amarme  y los rumores de una historia inolvidable que solamente espera que tú y yo, inspirados, la bordemos con el enamoramiento de dos niños juguetones.

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A una mujer, a una dama…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Siempre supe que eres mujer y dama, musa y ángel, mundo y cielo, tú y yo

A una mujer se le trata con ternura, se le entregan los sentimientos más bellos, se le consiente toda la vida y se le regalan flores; a una dama, por añadidura, se le admira, se le ama fielmente, se le hace feliz y se cubren los días de su existencia con arcoíris, alfombras de pétalos, estrellas y sonrisas. No son los poemas para desperdiciarlos en quien no los entiende; se escriben una noche y muchas más en la soledad de una buhardilla de artista, inspirado en una musa, para la más femenina de las mujeres. Grandioso es, durante la jornada terrena, enamorarse de una mujer bella y dulce; pero más sublime es amarla, ser el caballero de una dama y acompañarla a las rutas que conducen al más prodigioso de los cielos. Inspira obras excelsas, actos extraordinarios y hazañas aquella mujer superior a las banalidades, la superficialidad y el encuentro de unas horas. Es maravilloso amar a una mujer, pero si es musa y dama, resulta un honor, una bendición y un privilegio ser su poeta, su artista y la otra parte de ella. Tú eres, para mi dicha, mujer y dama, ángel y musa, poema y música, pintura y lluvia, aurora y ocaso. Es la razón, quizá, por la que te amo al amanecer y al anochecer, al nevar y soplar el viento, cuando aparece el sol y asoman la luna y las estrellas. Amar a una mujer es un deleite; a una dama, en tanto, es abrir la puerta del cielo y sentir el aliento de Dios. Mi amor, cuando te lo entrego, está dedicado a ti por ser yo, a mí por ser tú, a nosotros, a la dama que eres y al caballero que soy. Observo en tu mirada, en tus manos y en tus movimientos la esencia femenina que te distingue y propicia que sea el hombre de una mujer, el caballero de una dama, el escritor de una musa, el amor inextinguible que se transforma en destino, en historia, en locura.

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