Confesión

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Le compuse un poema, la describí en mis conciertos incansables, la pinté en el lienzo, y decidí, al sentir su aliento de musa, llevarla de paseo al cielo y quedarnos en alguno de sus parajes

Dicen que los artistas no somos de este mundo, que venimos un rato de otras fronteras, quizá de los sueños, de las quimeras o de planos inimaginables, porque transformamos las estrellas y los cometas en poemas, el oleaje del océano y las tormentas en conciertos y sinfonías, el trinar de las aves y los rumores del viento en canciones, las fragancias y la policromía de las flores en cuadros y murales, y la dureza del mármol yerto en formas cautivantes. Piensan algunos que nosotros, los artistas, somos bohemios incorregibles, seres que hablamos con las musas, soñadores que volamos libremente con la imaginación allende las nubes de colores tenues, para traer textos, poemas, relatos, pinturas, sonidos, formas, belleza; sin embargo, pocos saben, en verdad, que si traspasamos las murallas del cielo o nos sumergimos en nuestras propias profundidades, es para alumbrar y colocar luceros en la pinacoteca celeste, faroles en las calzadas empedradas y pletóricas de árboles, bancas y fuentes. Hacemos vibrar a los seres humanos y les ofrecemos, a través de nuestras creaciones, los regalos de Dios. Desconocen que nuestras obras son las piedras y el herraje tejido que forman el puente hacia la altura, donde termina el mundo y concluye el firmamento porque inicia la inmortalidad, principian el día y la noche interminables. Ignoran que Dios presta a los artistas su bolígrafo, su libreta de anotaciones, sus pinceles y su lienzo, sus instrumentos musicales, su marro y su cincel, con sus fórmulas inmortales y secretas, y como regalo una musa, para crear obras sublimes. Somos sus aprendices, sus discípulos, sus artistas. Si no fuera así, ¿quién haría del amor un canto, una pintura, un concierto o un poema? ¿Quién convertiría el amor y la vida en letra, en música, en color, en forma? ¿Alguien más podría transformar la realidad en sueños, fantasías, juegos e ilusiones? Si tú, color de mi vida, eres mi musa, entiendo que al inspirarme, al salpicar la tinta de mis letras y las pinturas de mi paleta en ti, al rozarte con los detalles de mi marro y cincel, al escuchar los fragmentos de mi violín, notarás que parte de mi creación es tuya porque tu esencia, tu perfume y tu aliento están impregnados en mí, en mis obras, en mi palpitar. Somos tú y yo en los textos que escribo, en el arte y las ideas que concibo, en la inspiración que recibo. Nadie entiende que los artistas, cuando amamos, poseemos capacidad de hacer de nuestros sentimientos un verso, un texto poético, una partitura, un lienzo… Sí, trozo de ángel, los artistas podemos entrar al cielo libremente, en compañía, si lo deseamos, de nuestras musas.

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¿Qué me falta?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Noté que se sentía orgullosa de ser mujer, y siempre lo demostró con su naturaleza de dama , sus detalles y su sencillez femenina, incluso sin importarle el desprecio de quienes han olvidado la belleza de las flores que resisten el embate de las tormentas y asoman a pesar de los cardos y la hiedra. Emocioné al identificarla y me acerqué a ella para reconocerme y volar a su lado. Feliz el hombre que tiene el amor de una dama

¿Qué me falta? De tu nombre, mirada y perfume he hecho un poema, un relato con las mejores letras; de tu rostro, perfil y silueta he pintado un lienzo, una obra magistral; de tu voz y lenguaje he traducido y plasmado signos que forman parte de un concierto, de una sinfonía cautivante que se funde con los rumores de la vida y el universo; de tus manos he tallado una escultura en mármol de Carrara. Al verme en el espejo, en los charcos que forman las gotas de lluvia, en los lagos, en la nieve y en las estrellas, te he descubierto a mi lado. Al diseñar mi itinerario e inventar mi historia, te he encontrado en los capítulos más bellos e intensos, en las páginas de mi existencia, en el ayer, el hoy y el mañana. Al sumergirme en mis profundidades, te he descubierto en mi morada, en el recinto de mi alma. Ante la caminata de los minutos y las horas, he buscado la manera de entregarte detalles, ofrecerte sorpresas, causar tu alegría y darte el amor más fiel. He prometido construir puentes para unir nuestros sueños e ilusiones con las realidades, el pleno terreno con la eternidad. He dicho, igualmente, que trazaré una escalera hasta los portones del cielo para llevarte a sus jardines y salones, y allí, entre nubes de tonalidades insospechadas, jugar como al principio. He confesado que te amaré siempre, que conquistaré fronteras y escalaré cumbres para ambos, y que emprenderé la odisea más grande para que nuestra historia quede inscrita en la inmortalidad. Eres la musa de mis obras y mi vida. Repaso la lista. ¿Falta algo? Quizá asentar con letras de polvo de luceros, que siempre busqué una dama para materializar mi caballerosidad, alguien irrepetible para compartir la más subyugante historia de amor, un ente femenino, un ser que en su interior tuviera una flama inextinguible y se sintiera orgullosa de ser eso, una mujer auténtica, plena y libre, no una negación de su naturaleza, con un código existencial para su vida terrena y los otros planos. Eres tú. En ti descubrí la otra parte de mí. ¿Falta algo en la lista?

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Secreto de un amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

De nadie podría ser amante de la pluma porque sólo tengo una musa, y eres tú. Compartimos un gran secreto

El secreto de este amor consiste en despertar y dormir enamorado de ti, como si cada día fuera el primero y el único para abrazarte y sentir los latidos de nuestros corazones, besar tus labios y llevar conmigo tu sabor, mirar tus ojos y descubrirnos juntos, tomar tus manos, impregnar tu fragancia y percibirte a mi lado. Es sentirte conmigo, ser fiel y pensar en ti, aunque en ese momento cada uno permanezca ocupado en sus tareas. Es llegar a tu encuentro con la misma emoción, alegría e ilusión del día en que te declaré mi amor. Es cerrar la puerta a la rutina, el enojo, la infidelidad, el resentimiento y las dudas. Es decorar tu existencia con detalles, procurar tu alegría, reír contigo y limpiar tus lágrimas y retirar las piedras del camino si es preciso. Es admirarte y respetarte. Es convertir tu felicidad en la mía. Es construir escalones, caminos y puentes con la intención de conectar al mundo con el cielo para así compartir una historia sin final. Es diseñar esferas con sueños e ilusiones, pero también liberarlos con el objetivo de transformarlos en vivencias, realidades, anécdotas. Es acompañarnos siempre. Es hacer de nuestros días jornadas maravillosas e inolvidables, y del destino que anhelamos un sueño conquistable. Es nacer cada instante. Es darse cuenta de que aunque mi vida podría continuar sin ti, siempre te dibujaría e inventaría porque ya formas parte del pulso de mi ser. El secreto de este amor consiste en que eres mi musa y yo, en tanto, tu amante de la pluma, fórmula que sólo tú y yo entendemos y sentimos.

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Un poema para ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

… en cuanto tracé las primeras letras en la libreta de apuntes, descubrí tu presencia y comprendí que una musa y su amante de la pluma fueron creados por Dios con una arcilla especial, sin duda para regalar al mundo el brillo de las estrellas y el resplandor del cielo. Al percibirte en mí e inspirarme en ti, supe que un escritor entrega su amor fiel a su musa 

Quiero construir poemas no con las letras de la cotidianidad, sino con las palabras de mis sentimientos, porque la dedicatoria tendrá tu nombre. Deseo escribir a tu lado para que las páginas en blanco ofrezcan capítulos mutuos, una historia maravillosa e inolvidable, nuestros sueños y realidades. Pretendo arrancar el susurro del oleaje, los rumores del aire, los murmullos de la vida, el lenguaje del universo, las voces del silencio y los cantos del cielo para embellecer mi vocabulario y cuando te hable al oído y cada día te declare mi amor, me reconozcas e identifiques en las profundidades de tu alma. Anhelo que cada momento seas mi musa para así tomar tu mano y juntos redactar el guión de un romance de ensueño, plasmar las palabras de un enamoramiento sin caducidad, trazar la locura de un amor. Confieso que al escribirte, busco en el abecedario las letras más bellas y consigo en el diccionario palabras elegantes y suaves, dignas de ti, precisamente para que sepas que soy yo, tu escritor, quien las funde en un crisol especial. Inspirado en ti, escribo el poema más dulce, hermoso y subyugante, quizá para dejar constancia de que la relación entre una musa y su amante de la pluma es mágica porque Dios, al crearlos, les concedió la promesa y el regalo de palpitar en una sola alma, y quien no lo crea, que guarde silencio para que escuche nuestras voces en el lenguaje de la vida, el universo y la creación.

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Al abrir la puerta

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Al abrir la puerta, te miré e invité a pasar. Entendí que nunca serías forastera ni visita de un día, y que colocarías listones y moños en donde se sintiera ausencia de sonrisas, detalles y ternura 

Cuando abrí la puerta, reconocí en tus ojos de espejo que se trataba de ti. Te miré e invité a pasar. Entendí que nunca serías forastera ni visita de un día, y que colocarías listones, moños y flores en los muros y en los rincones donde se sintiera ausencia de sonrisas, detalles y ternura. Cuando tocaste, me apresuré a buscar la llave y dar vuelta al cerrojo. Supe que al abrir el portón, entrarías no por un instante porque no eres adicta a encuentros casuales ni a citas superficiales; te convertirías, ahora lo sé, en decoradora de nuestra historia, en pintora de detalles. Llegaste puntual. Juntos descorrimos las cortinas y observamos, tras los cristales del ventanal, el azul del cielo y la policromía del horizonte, como si cada tonalidad invitara a emularla y volar libremente. Más tarde, me acompañaste al taller, a la forja, donde fundimos y cincelamos metales para transformarlos en estrellas plateadas que colgamos en el tendedero de la noche. Trazamos, igualmente, el sol, y templamos oro para insertarlo en el firmamento. Colocamos faroles para alumbrar la banca que ocupamos, la calzada empedrada que recorremos, los puentes de cristal que tejemos y nuestra caminata de ensueño y magia. Adornamos la noche y el día, como para recordar que ni uno ni otro concluirán mientras no se extinga la luz que los ilumina. Cuando golpeaste la aldaba contra el herraje del portón de madera, comprendí que se trataba de ti, que por fin habías llegado, y que ya no esperaría a alguien más. Al entrar a casa, supe que eras tú y que nadie más ocuparía tu lugar porque el amor y el título de musa sólo se otorgan a alguien muy especial, a quien resplandece y vibra igual que uno.

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La flor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

De las flores que te entrego, hay una que impregnará tu perfume y el mío en sus pétalos y desafiará los años entre las páginas de un libro, quizá para dejar constancia de nuestra historia y la ruta hacia las estrellas y el cielo

Flor de existencia breve, ¿qué historia conservas en tu memoria? ¿Quién te guardó entre las páginas amarillentas de un libro, acaso cual confidente de un amor secreto, quizá como testimonio de un sueño transformado en realidad, tal vez en un intento de invitarte a ser estampa de álbum? ¿En qué momento alguien te raptó del jardín con alegría, esperanza e ilusión? ¿A qué hora robaste un suspiro? ¿En qué minuto provocaste embeleso? ¿Quién escribió iniciales y frases de ensueño en tus pétalos? ¿Quién te recibió con el encanto del enamoramiento e impregnó la fragancia de su perfume? ¿Alguien descifrará las iniciales de dos enamorados y revelará el significado: “con la emoción, alegría e ilusión de la primera vez, confieso que me encantas y te amo”? ¿Quiénes fueron “tu amante de la pluma” y “mi musa bella”? ¿Quién fue “mirada de cielo” y “nombre de ángel”? Y el poema escrito en la servilleta quebradiza que envuelve tu tallo, flor marchita de añejos recuerdos, ¿quién lo compuso? ¿Quién inspiró la idea de reventar burbujas para descubrir regalos y sonrisas, soplar a los dientes de león con la intención de volar en sus filamentos hacia una infancia dorada y al paraíso, y guardar promesas en las estrellas con el objetivo de contabilizarlas una noche, otra y muchas más, y convertir los sueños e ilusiones en realidades? No te desintegres, flor de apellidos elegantes, porque el hombre que te entregó con dulzura, esperanza e ilusión, y la mujer que te recibió enamorada y feliz, seguramente coincidieron en algún rincón del mundo y partieron juntos a rutas insospechadas para protagonizar la historia escrita en el firmamento que exhala el recuerdo de un romance que se antoja de ensueño, mágico y subyugante. Quédate aquí, en medio del mundo, como testimonio de la locura de un amor.

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Cuando te escribo…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

… porque si no existieras, tendría que hurgar en los arcones del cielo con la intención de descubrirte o diseñar tu fórmula e inventarte, para así columpiarte cada noche en la luna y entregarte un poema…

Te escribo porque intento componer el poema más bello y cautivante. Deseo suscribirlo en tu corazón para que lo replique en cada latido. Quiero enlazar letras y palabras con la intención de fundirlas en la forja hasta convertirlas en metales preciosos y diamantes que brillen en el cielo, tan hermosos como las estrellas que contabilizamos una noche romántica a la orilla del lago, y parecidos a la luna donde te columpio. Mis textos aspiran ser recuento de los sentimientos que me inspiras, retratos de la magia que compartimos, música que expresamos al pronunciar las palabras que tú y yo conocemos. Canto a la locura de este amor, es cierto, pero también registro nuestra historia. El menú que el abecedario ofrece a los caminantes de la literatura, basta para escribirte la obra más romántica y subyugante, o simplemente para confesar, con la alegría e ilusión de siempre, que me cautivas y te amo. Cuando te escribo, te siento en mí y lejos de construir rejas y encarcelarte en las letras, vuelo libremente contigo, entre la profundidad del océano y la inmensidad del cielo, para juntos descubrir la grandeza del regalo que recibimos desde aquella noche de nuestro reencuentro. Hundo el anzuelo y la red para atrapar, entre la a y la z, una multiplicidad de letras que cincelo para entregártelas en una obra de arte. Escribo inspirado en ti porque si no existieras, ¿quién sería mi musa? Tendría que descubrirte entre los tesoros del cielo o inventarte. Cuando trazo letras y plasmo palabras, entrego lo que soy para que me sientas en ti. Si acompaño en mis obras la fragancia de mi perfume, es con el objetivo de que me percibas siempre. Si suelo llamarte nombre de ángel, mirada de cielo o detalle de mujer, lo hago porque se trata de calificativos que corresponden a tu definición y deseo eternizarte para así amarte siempre, hasta los parajes donde el principio y el final se funden en un sol inextinguible. Cuando escribo para ti, estoy contigo y te beso tiernamente con la idea de que lleves mi sabor. Si escribo para ti, ojos de espejo, es porque eres mi musa. Dejar de amarte equivaldría a desmantelar el universo, arruinar los jardines, arrancar las estrellas, hurtar su encanto y atraparlas en el desván. Si tejo palabras es porque el arte y tú palpitan en mi ser. Tan fácil resultaría expresar “te amo”, pero cuando escribo para ti me convierto en artífice que crea el arreglo floral más poético y hermoso.

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Eres mi musa, lo confieso

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

De pronto descubro, mientras escribo, que la maravilla de una musa supera la inspiración que derrama sobre un creador de obras, quizá porque su mayor encanto consiste en ser real y compartir una historia mágica de amor. Esa musa, lo confieso, eres tú

Tuve la sensación, alguna vez, de necesitar una musa que iluminara mi buhardilla de escritor e inspirara mi ser con el objetivo de transformar las letras en ideas y sentimientos bellos y sublimes, que jugara y sonriera conmigo y ambos descubriéramos cada día el encanto de nuestro amor en un acto, un detalle, una palabra, un lapso de silencio.

Establecí el compromiso, si la encontraba, de escribir los poemas más románticos, textos conmovedores para la humanidad, capaces de vibrar con la misma frecuencia del universo. Prometí añadir cada noche una estrella para mi musa, un sueño que le emocione, una realidad que le alegre y acentúe sus ilusiones, un sendero floreado con puentes de cristal y faroles celestes, gotas de lluvia convertidas en diamantes para elegir el más hermoso y cautivante, insertarlo en un anillo y colocarlo en su dedo una hora romántica, entre música y velas.

Anhelé siempre una musa que perciba en los pequeños detalles, en la sonrisa, en un acto de consentimiento, la riqueza del ser, el sentido de la vida, la excelsitud del amor que sólo se entrega una vez con tanta pureza.

Musa es aquella que inspira, pero también a la que uno ama, la que al mirar a los ojos retrata a ambos eternamente unidos. Sí, afirmé que requería una musa que confíe en mí, entable comunicación con la certeza de que siempre la escucharé y me tenga tanta confianza que logremos fundir nuestros corazones hasta que palpiten al unísono de la creación.

Ocupo, en mi estudio de escritor, en los rincones de mi alma y de mi corazón, en mi mente y en los días de mi existencia, una musa que sin perder identidad, vuele libremente conmigo hacia las rutas del cielo, desde donde miraremos los pliegues de las olas, en el mar, que forman nuestros nombres, las siluetas de ambos sobre el manto turquesa, siempre enamorados y dispuestos a construir la más cautivante e intensa historia de amor.

Ahora entiendo que una musa, en la obra y la vida de un escritor, escapa de las letras y las páginas, hasta materializarse en una historia real, en capítulos mágicos e inolvidables, quizá por estar más próximos al taller de Dios o tal vez por eso, por añorar un cielo eterno para entregar el más dulce y encantador de los sentimientos.

No todos los seres humanos experimentan la dicha de tener una musa, un ser que inspira al escritor y le entrega cada instante su más puro amor. Tal fortuna conlleva a que tan inspiradora musa escuche una mañana, una tarde o una noche silenciosa, la promesa más bella y conmovedora de amor, el juramento de consentirla y darle toda la atención para que sea muy feliz.

Guardo mis notas en el morral de artista y camino reflexivo por las callejuelas y plazas, entre árboles, bancas y fuentes que reflejan la profundidad del cielo y las nubes pasajeras de formas cambiantes, hasta que entiendo que una musa no solamente inspira obras literarias, sino capítulos reales, una historia de amor, magia, ensueño, alegría y encanto.

Imagino, entonces, que si una musa es capaz de acompañar al escritor a mundos mágicos de la imaginación, también puede permanecer al lado del creador para compartir las horas de la existencia, reír, soñar, experimentar cada minuto con intensidad y protagonizar juntos una historia irrepetible.

Eres tú, rostro, mirada y nombre de ángel, quien me inspira cada segundo, y no solamente con la finalidad de escribir obras; también lo eres en mi vida porque en ti y en mí hay una historia de amor insuperable, una unión que sólo el cielo puede concebir una mañana o una noche, mientras Dios crea y salpica en nuestras almas el resplandor de su grandeza.

Lo que he querido para ti…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

He querido ser el hombre que llene los años de tu existencia con detalles, palabras bellas, capítulos diferentes e historias intensas, no tu rutina ni nota discordante; he deseado dar lo mejor de mí y cada día sorprenderte, no quedar atrapado en las celdas de la costumbre; he anhelado formar parte de tu vida e incluirte en la mía, no pasar frente a ti como forastero de una noche o pasajero de algún furgón anónimo y fugaz; he pretendido jugar contigo, reír mucho a tu lado y compartir la brevedad del mundo con sus auroras y ocasos, la excelsitud del cielo con su inmortalidad, no transformarme en motivo de tu desaliento y tus tristezas. He aspirado consentirte, tomar tus manos, besarte con dulzura y juntos caminar por el sendero más esplendoroso, no conducirte a terrenos desolados y yertos. He intentado abrazarte para que percibas mis sentimientos y sepas que te consolaré cuando lo necesites; besarte, con la intención de que nunca olvides que quienes se aman, comparten una bendición mágica y sublime que los transportará a la eternidad; mirar tus ojos, para reflejarnos y entender que tú y yo somos uno, y que siempre estaré contigo. He querido tomar tus manos con la finalidad de que sientas mis caricias y la firmeza que te sostendrá en los momentos cruentos de tu existencia. Si he tratado de estar contigo, es para unir mi alma a la tuya, consentirte y alegrar tu vida. He tratado de convertirte en mi musa para transformarme en tu amante de las letras y así destilar las notas y palabras más bellas de la creación, como si fueran murmullos arrancados del universo, susurros pronunciados por Dios. Si te he entregado mi amor, es porque así lo siento y para que sepas que en el universo existe tu otra parte y que no estás sola, que Dios se acordó de ti al colocarme en tu corazón.

¿Por qué eres mi musa?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

¿Qué puedo decirte si cualquier expresión resulta minúscula comparada con la luminosidad de tu alma? El amor es superior a las palabras porque viene de lo alto. Si eres mi musa es porque te amo y prometí hacerte muy feliz, y también por compartir una historia y un sendero

Quien elige ser artista, prefiere contemplar las estrellas y reproducir e inspirarse en su lenguaje, su música y sus formas, no desprenderlas del cielo para dejar ausencias dolorosas. El arte es un ministerio, un estilo de vida especial que también acerca, si existe el deseo, a los jardines de la eternidad, quizá porque uno, como autor, cuando busca inspiración, se zambulle en las profundidades del universo para descubrir la unión de letras, signos musicales y formas que al plasmar en obras, llegan a las mentes y a los corazones humanos para deleitarlos y recordarles que la vida es algo más que codiciar bienes materiales y coleccionar pasiones y capítulos baladíes, que existen tesoros en el interior, que cada día es irrepetible y se suma a la fugacidad de la historia, que las horas son un sí y un no con la oportunidad de crecer y probarse. El arte es la dulzura de la vida, el encanto de los días, el adorno en la historia de hombres y mujeres, la emulación, en miniatura, de la creación. Es sensibilidad, acaso porque viene de lo alto. Sin el arte, el firmamento de la existencia permanecería apagado, ausente de luceros. En el arte, las musas no faltan porque son la inspiración, y si para algunos representan, de acuerdo con la Mitología, las nueve deidades que habitaban en el Parnaso o en el Helicón con el objetivo de proteger las ciencias y las artes liberales, presididas por Apolo, o para otros son la sensibilidad creativa de los autores, como escritor afirmo que tengo una muy especial que aparece cuando bordo letras y palabras en las libretas de apuntes u oprimo una tecla y otra: tú. Hay quienes preguntarán, no dudo, la razón por la que tengo una musa real, si el proceso creativo posee una ruta etérea y mágica, y uno, como autor, conoce el itinerario a la grieta del arte y la inspiración. Mi respuesta es que tienen razón al pensar que yo solo podría escribir mis obras literarias; pero este día quiero aclarar, tomado de tus manos, que si te elegí como musa es porque nuestras almas, al reencontrarse, decidieron compartir el amor y la alegría de la vida, de modo que al explorar mi interior, donde yacen inconmensurables riquezas, siento tu compañía y juntos buceamos en busca de letras y palabras hermosas y subyugantes. Alumbras mi nado en las profundidades. Y vamos más allá, lo confieso al mundo, porque anhelamos cruzar fronteras que nos conduzcan al paraíso alguna vez prometido. No podría ser mi musa una mujer que no me inspirara amor ni me cautivara; tampoco aquella que permaneciera distante de las riquezas y las virtudes celestes. Tu rostro femenino, siempre alegre y sonriente, embelesa porque en tus ojos asoma la mirada de Dios; en tu voz, en tanto, se reproducen los murmullos del cielo; tus manos transmiten el apoyo y la calidez de los ángeles; tu corazón, unido al mío, palpita al ritmo de los sentimientos más bellos y sublimes de la creación. Por lo mismo, cuando navego en los océanos interminables de la imaginación, tú, musa mía, me acompañas e inspiras y es así como al lanzar la red, pesco letras de diamantes que enlazo para que brillen y perduren siempre en la memoria y los corazones de la humanidad. Alguien burdo, materialista, proclive a los apetitos e impulsos pasajeros, definitivamente no podría inspirar a quien escribe, pinta o compone música porque el arte, ya lo dije, proviene de las alturas, y lo elevado se relaciona con los ángeles, con los luceros, con Dios. Quien ama como tú, con un estilo diferente y especial, y derrama a su alrededor alegría y vive con principios sólidos, inspira y estimula la creación de obras cautivantes e inmortales. Eres mi musa porque te amo. También lo eres por el resplandor de tu alma, por tus principios, por los detalles de cada día, por el tiempo que me dedicas, por tu estilo irrepetible, por traer la fragancia del cielo, por derramar en mí los sentimientos más sublimes, por jugar y reír conmigo, por compartir una historia y por ser tú mi amor eterno.