Vacantes y espacios ausentes: abuelas que relataban cuentos e historias

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Apenas ayer, en mi infancia, las abuelas, amorosas, relataban cuentos e historias a sus nietos. En las tardes y en las noches de lluvia, cuando las tempestades parecían incesantes y los relámpagos incendiaban y rasgaban las nubes ennegrecidas que ocultaban la luna y las estrellas con nuestros juegos e ilusiones, ellas abrían los roperos y los baúles de sus remembranzas y extraían alguna historia, un acontecimiento registrado, quizá, en sus horas juveniles y lejanas, para narrar, pacientemente, cada detalle. Y uno, en minúscula, escuchaba atento y con mucho cariño y respeto, e imaginaba todas las escenas. Eran tan dulces que, a pesar de los años acumulados y su agotamiento, preparaban café, té o chocolate, que acompañaban con bizcochos, mientras hablaban y, orgullosas, miraban a sus descendientes saborear y disfrutar la merienda. Eran mujeres buenas y sensibles que trataban de introducir algunos mensajes positivos en sus relatos. Y si acaso en alguna fecha la ausencia de ellas, las abuelas, se sentía con profunda nostalgia en uno, las otras, las tías, ocupaban tan honroso sitio y platicaban amenamente, como quien hojea un libro decorado con el arte de las letras y las imágenes. La televisión permanecía apagada. No estaba invitada a nuestras tertulias. Era la familia, en un hogar, lo que más valía, y así, las abuelas y las tías mayores eran bien amadas, siempre con admiración y respeto. Hace tiempo partieron y muchos espacios quedaron vacantes u ocupados, en innumerables casos, no por lo mejor y selecto, sino por la más burdo y grotesco que ofrecen radio, televisión e internet. Sustituyeron a las abuelas, a las tías mayores, con la diferencia de que el amor y la sensibilidad se han perdido y abundan la grosería, el antagonismo, la falta de respeto, la violencia. Hoy, al recordarlas, rindo un especial homenaje a esas mujeres -abuelas y tías mayores- que acompañaron nuestros años infantiles y hasta juveniles con su amor incondicional y sus historias maravillosas, y qué importaba si las repetían. Se les añora.

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Cuando no estás a mi lado

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Eres tanto de mí y yo mucho de ti, que te sueño y te siento cuando por alguna causa te encuentras lejos 

Un “te extraño” cuando no estás a mi lado, es un alivio porque libera la nostalgia que siento por tu ausencia momentánea y te transmite la idea de que tengo tanto de ti que al saberte lejos, me consuela que seas una parte de mí. Un “te soy fiel”, si te encuentras o no conmigo, es prueba de que te amo y no espero a alguien más en mi morada. Un “te necesito” las horas y los días que no estás junto a mí, no es porque pretenda utilizarte, sino por extrañar ese rostro tan tuyo y mío, to voz canora y tu mirada de espejo. Un “espero nuestro reencuentro”, me enseña a no contar los días con ansiedad, me estimula a vivirlos plenamente, con alegría e ilusión, con la esperanza de la unión en este mundo temporal y en un plano eterno, Un “te añoro estos días que no estás aquí, en la ciudad”, no equivale al dolor que se siente en una despedida porque se trata de una ausencia temporal, de una espera y del deseo de abrazarte desde el silencio y la profundidad de nuestras almas, con asombro y emoción, y besarte para llenarme de tu sabor. Un “te extraño” me enseña a amarte más, entender los signos de tu existencia, comprender tu naturaleza, admirarte cuando eres tan femenina, palpar tus lágrimas al reír y secarlas y consolarte al llorar,  interpretar el lenguaje de tu alma y la mía, cuidarte siempre, cubrir los días de tu existencia con detalles, excursionar por los parajes del mundo y explorar las mansiones eternas, saberte yo y sentirme tú,  ser caballero para resaltar tus rasgos de dama y compartir una historia de ensueño. Cuando admito que te extraño, es porque te amo.

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