Ahora que hay tiempo…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

¿Y si volamos entre el mundo y el cielo para hacer de la vida un sueño y convertir las quimeras e ilusiones en realidad permanente? ¿Y si al planear en el aire, libres y plenos, descubrimos que la temporalidad sólo es fragmento de la eternidad? ¿Y si recordamos, entonces, que alguna vez jugamos en la estancia de Dios y que el enamoramiento entre tú y yo es parte de una ecuación prodigiosa?

Ahora que hay tiempo, descorro la cortina de mis sentimientos con la idea de que sepas que anoche, mientras dormías, diseñé y elaboré unas sandalias de hojas de textura fina y pétalos fragantes, que esta mañana, al despertar, coloco en tus pies con el objetivo de que me acompañes a caminar por el mundo para reír, jugar, vivir y soñar el cielo.

No reservo los detalles para otro momento porque entiendo que cada instante es una réplica irrepetible e impaciente del tiempo, y que las palabras y los hechos que archive para más tarde entregarlos, podrían quedar atrapados en las mazmorras del olvido o del silencio si el próximo minuto y suspiro se apagaran y no llegaran a mí.

Guardo, eso sí, los capítulos, encuentros y recuerdos más bellos de nuestra historia, y no porque tenga necesidad de conservarlos para un día justificar lo que viví ni por creer que alguna vez me sentiré solo y será alivio de mis dolores, sino por la belleza y luminosidad de cada uno. Son vida que se acumula y define el futuro que es ayer y hoy porque en el círculo del infinito no hay principio ni final que condicionen la alegría, el amor y los sentimientos más sublimes.

Identifico los sentimientos que me mueven y los separo para colocarlos en un sobre y enviártelo con el hálito del viento, el encanto de la nieve y la magia de la lluvia. Quiero que al abrirlo, descubras las burbujas de detalles, promesas y regalos que contiene. Y rectifico, haré dos copias del sobre encantado para que uno llegue a tu domicilio en el mundo y otro a tu morada en el cielo. No olvido que permanecemos en la temporalidad y que tienes nombre de ángel.

Es hora de abrir un paréntesis, distraer la mirada del reloj, con la intención de entregarte la locura de mi amor, la demencia de mis sentimientos, el delirio de mis sueños y realidades. Deseo girar contigo en una espiral para que sientas que ambos somos la fórmula prodigiosa e inextinguible del tu y yo en el mundo y el palpitar de la inmortalidad.

Nunca antes, como hoy, había roto los barrotes para escapar de la celda y descubrir el palacio, sentir el aire de la libertad y explorar la alegría de la vida, escuchar los rumores de la creación y reconocer el encanto de tu mirada, el sabor de tus labios y la voz de tu corazón.

Escombro las habitaciones de mi morada y barnizo los pisos con los colores del paraíso para que tu paso sea airoso y feliz, y te quedes a mi lado, en la geometría y las profundidades de mi alma, donde sólo cabes tú por ser ambos la medida de un amor que se experimenta en la vida y los sueños.

Guío mis sentimientos, los ordeno y conservo para ti. Hoy, que es temprano, me anticipo a las horas de la tarde y la noche, antes de que el frío y la oscuridad pretendan entumir mis anhelos, para confesarte que la puerta de mi enamoramiento está clausurada porque tú eres no forastera ni huésped temporal, sino la compañera y el complemento de mi alma. Mis días son los tuyos. Tu dimensión es la mía.

Refrendo, ahora que hay tiempo, la promesa de un amor fiel e inagotable, excelso y con horas y capítulos subyugantes. Atraigo, por lo mismo, las burbujas de cristal y gotas de lluvia que contienen los detalles, regalos y sorpresas que reservo para ti, mi admiración creciente y el consentimiento a una niña que es dama, tesoro femenino y relicario del cielo.

Es hora de suprimir cerrojos. Aún no anochece. Hay que dar alojamiento al amor perenne, la alegría, los juegos, la risa, los detalles, la confianza, el consentimiento, la comunicación, las ilusiones, los sueños y las realidades de nuestra historia, con sus claroscuros inherentes.

Todavía hay tiempo de mirarnos con dulzura a los ojos para reconocernos y protagonizar en el mundo el guión de una historia esplendorosa e inolvidable, sin importar los abismos, barreras y fronteras de los juicios y prejuicios humanos. Es hora de emprender el vuelo juntos y sentir el viento de la libertad.

Es momento de acercarme a ti, mirarte a los ojos e invitarte, como cada día lo hacemos, a renovar la locura de este amor, enamorarnos cotidianamente hasta traspasar los límites de la finitud y así llegar, unidos, a las mansiones de la eternidad.

Confieso mi anhelo de declararte mi amor cada amanecer y anochecer, e incluso llamarte una madrugada para hablar, con la advertencia de que soy un caballero que desea una dama, capaz, si es preciso, de conquistar el mundo y escalar las cumbres y llegar al cielo o fabricar una silla para cedértela, diseñar un sendero hermoso y floreado o construir un puente para alcanzar las estrellas y el infinito.

Hoy es oportuno hablar y vivir, conjugar las palabras en hechos. Este minuto y las horas, los días y los años que siguen son para fundirnos en el amor más fiel y puro, reír sin límite, hacer locuras e idear travesuras, jugar como dos chiquillos ingenuos, correr, andar aquí y allá, beber café, comer postres, brincar, asistir al cine y al teatro, bailar durante la lluvia, pasear, envolver promesas y sueños en globos de colores, oler el perfume de las flores.

Ahora que hay tiempo, te convierto en musa de mi poesía, inspiración de mis obras, letra de mis textos, nota de mi música, talla de mi figura y matiz de mi lienzo. Eres amanecer y anochecer de mi existencia porque contigo descubro el principio y el fin, el círculo de la inmortalidad.

Venimos temporalmente a ser felices, experimentar la vida, reconocernos en el amor, crecer y retornar a la morada. Es el sueño de la vida, el lapso entre la casa temporal y la morada celeste.

Es momento, ahora que hay tiempo, de desmantelar las cosas inservibles, demoler los paredones inútiles y derruir los prejuicios, creencias y juicios del mundo que suelen transformarse en abismos que distraen y consumen los mejores instantes de la vida.

Somos resultado de la ecuación de Dios, medida de un encanto llamado amor, consecuencia de un decreto que fundió tu alma y la mía en un crisol, producto de una unión que gira en la espiral de la inmortalidad.

Tenemos oportunidad, a pesar del tiempo y los días, cautivos en relojes y calendarios, de darnos el más dulce de los besos, mirarnos a los ojos una noche romántica e inolvidable de lluvia y estrellas o fundirnos en el silencio de nuestro interior.

Insisto en que las mejores historias son como la nuestra. Somos criaturas infinitas. Los capítulos que compartimos en la hora actual, partieron de un reencuentro porque créeme, tú y yo venimos de la estancia de Dios, donde jugábamos y reíamos como dos criaturas enamoradas.

Te invito, ahora que hay tiempo, a volar entre el mundo y el cielo para que al contemplar los pliegues marinos y las cuentas plateadas del firmamento, entendamos que son parte de lo mismo, como tú y yo, y que si deseamos experimentar las realidades y vivencias terrenas o disfrutar los sueños del paraíso, sólo es cuestión de darle sentido al camino, a la ruta, acaso porque somos viajeros incansables, probablemente por venir de la misma fuente, quizá por el amor que identifica a nuestras almas, tal vez por todo.

Es hoy y cada instante la fecha y la hora de amarnos. Incontables seres humanos esperan otro minuto, algún segundo impreciso, para darse la oportunidad de amar, y con frecuencia nunca llega la embarcación de sus sueños o es demasiado tarde para hundir los pies en el barro y sentir el pulso de la vida, el palpitar del universo, los latidos de la creación.

Ahora que hay tiempo, evito los áticos y los sótanos porque no quiero archivar las palabras que te escribo, ocultar los sentimientos que me inspiras y negarme la libertad y el permiso de experimentar y vivir un gran amor.

Mi amor, con el delirio y la intensidad que le acompañan, no quedará expuesto en mazmorras desoladas porque el polvo, el tiempo y el olvido lo despedazarían y nuestra relación sería como tantas que deambulan mutiladas y tristes porque un día perdieron la dicha y el encanto de la emoción, la confianza,la  comunicación y las ilusiones.

Otro instante y muchos más se han acumulado desde que decidí repetir a tu oído que te amo e invitarte, ahora que hay tiempo, a vivir plenamente la historia de un romance irrepetible, mágico e inolvidable que no tiene fecha de caducidad porque se trata de las páginas que Dios arrancó de su libro para darnos oportunidad de escribir el secreto de un enamoramiento tal que convierte el mar en cielo y la brevedad de nuestra estancia en eternidad.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Páginas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

 A ti, que te descubro en el libro de mi vida y te siento en los latidos de mi corazón

             Quiero impregnar las páginas de nuestra historia con el perfume, sabor y sonrisa de ambos para dejar constancia en el mundo, al marcharnos, de que el amor es real y nunca muere. Deseo plasmar en cada hoja la conversación que entablamos una mañana primaveral o una tarde de verano, el juego de los dos chiquillos traviesos que somos en el césped o en la alfombra de la casa, la emoción de enamorarnos cotidianamente, la sensación de abrazarnos y empaparnos con las gotas de la lluvia, los instantes con el día y la noche de la vida, para recordar, donde estemos, que un amor como el nuestro perdura en el mundo y en el cielo porque es regalo del mismo Dios que insertó las estrellas en el firmamento, roció agua a las flores y plantas e inventó el encuentro dorado entre el cielo y el mar durante las horas vespertinas. Anhelo escribir en el papel nuestra historia, el guión que compartimos, con lo que somos y tenemos, para no olvidar que en el amor la entrega va más allá de dos cuerpos, porque se trata de permanecer unidos, crecer, sentir el pulso del universo en ambos, estrechar tu mano y la mía con la intención de manejar el timón, fortalecerse ante el menú que ofrece la vida para ganar la eternidad. Pretendo dibujar nuestros capítulos en el cuaderno de anotaciones con el objetivo de recordar siempre, al dejar esta vida, que si hubo alegrías, también se presentaron tristezas, y que aprendimos a distinguir unas de otras porque los instantes terrenos ofrecen dualidades y la opción de elegir el mejor sendero. Simplemente, intento tornear letras en el yunque de tu corazón y el mío, fundirlas con nuestra calidez, transformarlas en palabras de cristal, darles sentido, con todos los detalles que compartimos, con sus mayúsculas y minúsculas, con sus luces y sombras, con la ilusión de que la nuestra sea la historia más bella y esplendorosa de amor. Quiero escribir nuestra historia completa de amor en un libro que conserve tu fragancia, mi perfume, para percibirlos todos los días y al cerrar, por fin, los ojos, tú o yo, alguno de los dos bese la frente del otro en un acto de despedida terrena y como pacto de la espera en la inmortalidad. Deseo que el inicio de la obra relate el encuentro de nuestras almas, la experiencia de descubrirnos reflejados al mirarnos y mis expresiones: “me cautivas”, “me encantas” y “te amo”. Quiero, igualmente, que el final del volumen sea grandioso, como el sentimiento que enlaza tu corazón y el mío, y que las palabras escritas por ti y por mí en la hoja postrera, sellen la más bella de las promesas: “gracias por compartir tu amor y tu vida conmigo. Fue un honor protagonizar la mejor historia de amor a tu lado. Te espero en la eternidad. Te amo”.