El mundo necesita algo más

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

No necesitamos personajes mesiánicos que adivinen el futuro, anticipen hechos destructivos a nivel global y ofrezcan recomendaciones y fórmulas a la humanidad, ni tampoco gobernantes, científicos, líderes, académicos, medios de comunicación, instituciones, políticos, artistas, rezanderos e intelectuales que les aplaudan tanto como si fueran cómplices, mercenarios o títeres. El mundo requiere líderes genuinos, personas auténticas que más que declarar, aconsejar y recomendar lo que no hacen sobre temas preocupantes, que son del conocimiento público, sepan convocar a millones de hombres y mujeres, en cada nación, con el objetivo de enfrentar los retos y problemas con acciones y estrategias reales y honestas, en beneficio colectivo y no de su grupo influyente y poderoso. A la humanidad le urge despertar, sacudirse, reaccionar y emprender acciones orientadas a su rescate y salvación, antes de resbalar al precipicio, a los abismos, y naufragar, hasta ser salvada por grupos depravados que le cobrarán el favor de lanzarle cuerdas podridas para que no se ahogue en las turbulencias provocadas con cierta intencionalidad. Esa élite ya tiene el poder económico, militar y político, en todo el planeta, lo que evidentemente no la hace invulnerable. ¿Cuál es el afán de manipular, jugar tramposamente, mentir y controlar a millones de seres humanos? ¿Contra quién ejercerán su poder una vez que sometan al mundo entero? Resulta estúpido creer que serán eternos y que un sistema absoluto y oscurantista reinará siempre. Y los incontables hombres y mujeres que habitan el planeta, ¿a qué hora interrumpirán sus sueños de consumismo, sus estupideces, sus apetitos pasajeros y sus superficialidades? El mundo no necesita un teatro macabro con espectadores asustados y pasivos, actores hipócritas y titiriteros, guionistas, directores y productores mañosos e impíos. La gente, en el mundo, requiere amor, honestidad, valores, justicia, dignidad, respeto, paz, educación, libertad, progreso, salud.

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Felices e inolvidables fiestas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A mis familiares, amigos, lectores y seguidores, les deseo felices e inolvidables fiestas decembrinas. Agradezco y valoro mucho su atención e interés en mis publicaciones, las cuales escribo con pasión de artista y les comparto con gusto. Gracias por estar presentes y ser parte de mi historia. Les deseo lo mejor de la vida. Merecemos ser felices. Es justo hacer un paréntesis en nuestras actividades cotidianas con la intención de convivir en familia, enriquecer nuestros capítulos existenciales y compartir momentos irrepetibles y bellos. Los invito a hacer el milagro del amor, la paz, el respeto, la armonía y los sentimientos nobles. De nosotros depende, en gran porcentaje, matizar el planeta con los colores de la vida. Traigamos un pedazo de cielo a este mundo Reciban un abrazo y un saludo con todo mi afecto, gratitud y amistad.

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Sonrían, sean felices, pinten sus rostros de alegría…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Sonrían. Sean felices. Pinten sus rostros de alegría. Desborden amor. No carguen los desazones que provocan las superficialidades, la crueldad, el miedo, la envidia, el odio, la ambición desmedida, el enojo, las apariencias, la deshumanización. Eso es incómodo y provoca caídas. Hiere demasiado. No es bueno ni grato desgarrarse por lo que es baladí. Rompan las cadenas Desháganse de los grilletes que impiden sus movimientos, destruyan los barrotes de las celdas que los mantienen encarcelados y brinquen las cercas de las prisiones. Corran hasta llegar a parajes donde la verdad, el bien y la justicia son parte de la dicha y la libertad. Desmaquillen de su cutis la arrogancia, los apetitos que pisotean a los demás, el mal y la ignorancia, y eliminarán una carga pesada que entorpece su caminata y nubla sus miradas. Eviten convertirse en trozos de miseria humana. Si han de dejar pedazos de sí, que sea por el bien que hacen a los demás y no por el daño que puedan causar. Dejen huellas indelebles a su paso. Retiren las enramadas y las piedras del camino. Derrumben murallas y tiendan puentes. Liberen a otros. La vida es irrepetible. Cada instante es único. Se va entre un suspiro y otro y no vuelve más. El bien y el mal esculpen líneas en los rostros, dibujan siluetas y pintan los colores de la luz o las tonalidades de la oscuridad. Rechacen los antifaces, las máscaras, y defiendan los principios genuinos de la vida. Así, si un día, por alguna causa, tengo que partir a otras fronteras, me encantará regresar o asomar desde alguna ventana, y descubrir en sus rostros signos de amor, bien, armonía, paz y felicidad. Entonces serán libres y plenos.

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Y un día, al amanecer de nuevo…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

-Y un día, cuando amanezca otra vez, regalaré sonrisas y flores, abrazaré a la gente y le expresaré mi amor -dijo alguien con la promesa de salir a las calles, a los espacios públicos, a los jardines con calzadas y árboles, a cierta hora de una fecha indefinida, con la idea de repartir alegría y sentimientos, transformarse en fuente de amor y dulzura, dispersar palabras amables.

Alguien más, reflexivo, le obsequió una flor silvestre, minúscula y humilde, y le preguntó, al mismo tiempo, la razón por la que postergaba la oportunidad de irradiar luz y entregarla a la gente a partir de la fecha en que la humanidad saliera a las calles con el objetivo de celebrar la libertad mundial, tras permanecer amordazada ante el riesgo y la amenaza de una enfermedad creada y manipulada por una élite ambiciosa y perversa.

Aquella persona soñadora que prometía tanto para un día incierto, sintió que las palabras de su amiga le hicieron titubear, mirarse empequeñecida, dudar de la autenticidad de sus promesas y sentimientos. Permaneció en silencio.

La amiga la abrazó y explicó:

-Es ahora, no mañana, cuando hombres y mujeres -niños, adolescentes, jóvenes, personas de edad madura y ancianos- necesitan sonrisas, detalles, consejos y palabras dulces, sentimientos genuinos, fe, esperanza, alegría, actos, amor, compañía.

Incómoda y quizá un tanto molesta por la intromisión de su amiga, la mujer contestó esquiva e indiferente, con deseo de marcharse:

-Abriré mis sentimientos, igual que una flor asoma una mañana al sentir las caricias de las gotas del rocío, para regalar al mundo, a la humanidad, mi amor, mis sentimientos, lo mejor de mí; no lo haré antes, definitivamente no.

Su amiga la miró tristemente y dijo:

-Es hora de demostrarnos de qué arcilla estamos hechos. No seamos como los artistas, científicos y tantos personajes que se han ocultado ante la falta de público que les aplauda, pague y engrandezca su soberbia. Seamos como la flor que acabo de regalarte, resplandeciente y de humilde belleza que la hace grandiosa, con matices y perfumes auténticos que no necesitan antifaces.

Ambas fueron interrumpidas por un mozalbete desharrapado, apenas cubierto con un pantalón corto y una playera de mayor talla, con los brazos y las piernas cubiertos de mugre y granos, quien imposibilitado de hablar, emitió sonidos guturales y estiró la mano, ansioso de obtener comida o algunas monedas.

La mujer lo vio con asco, sintió repugnancia e hizo señales con las manos para ahuyentar a la criatura hambrienta. Volteó, altiva, a otra dirección y hasta soltó la flor sencilla al piso de concreto, mientras la amiga sustrajo de su bolsa una manzana, una botella con agua y una naranja, y las entregó al menor atrapado en la miseria y la pubertad de sus años, cubierto de granos y manchas, a quien recomendó lavar sus manos antes de probar los alimentos. El muchacho, enmudecido, escudriñó a la dama, le sonrió agradecido y se marchó de prisa.

Enojada, la mujer que prometía tanto para otros amaneceres -abrazos, besos, felicitaciones, sonrisas, regalos, alegría-, habló en cuanto el adolescente corrió feliz con los regalos que le entregó la dama:

-¡Cuanta escoria hay en el mundo! ¡Esta basura debería extinguirse! Por esa clase de personas, la humanidad padece contagios y escasez de alimentos, espacio, oportunidades y equilibrio natural. Le diste agua y comida sin conocerlo. Es un muchacho rapaz. ¿Cómo es que alimentas basura, amiga? A esa gente hay que abandonarla a su suerte para que enferme y muera. No la necesitamos. Estorba. Es inmundicia.

La amiga escuchó incrédula a quien anunciaba regalos para otros amaneceres, burbujas, después de todo, que reventarían ilusas ante la realidad. Movió la cabeza en señal de desaprobación y pensó en la hipocresía de tanta gente. La verdadera grandeza, reflexionó, se mide ante las pruebas cotidianas y no por medio del ornato de palabras y ofrecimientos que jamás serán cumplidos.

La mujer interrumpió las cavilaciones de la dama:

-Habrá otros amaneceres y oportunidades para alegrar al mundo. Un día lo haré, te lo aseguro. Ya es tarde. Debo acudir a una cita con unas amigas, con quienes beberemos café e iremos a recorrer algunas boutiques, en la plaza comercial, para después comer en un restaurante de buena clase. La vida es breve, ya lo sabes, y hay que aprovecharla como sea antes de que llegue la noche. ¡Adiós!

Así, la dama permaneció en silencio. Distinguió, a unos metros, a la amiga que abordó un automóvil en el que viajaban otras mujeres, con quienes indudablemente iría a la cafetería y a las tiendas de la plaza comercial; en el otro extremo, más retirados y en sigilo total, descubrió la figura del adolescente enfermo y pobre, sentado en el césped de un jardín público, que compartía la botella con agua, la manzana y la naranja con su madre y una niña muy pequeña, descalza y de piel quemada por los días soleados tan repetidos en su existencia. Inmersos en su pobreza e ignorancia, disfrutaban aquellos tres pequeños regalos que sabían a cielo y manjar.

-Y un día, cuando amanezca otra vez, regalaré abrazos y sonrisas… -recordó la dama las palabras de la mujer que creyó su amiga, y pensó -: Para curar las heridas de quienes más sufren, devolver la alegría y la esperanza a los desprotegidos, tender puentes que salven abismos, provocar una sonrisa amigable, aconsejar y dar la mano, no se necesita esperar otros amaneceres; es preciso hacerlo ahora, en el minuto presente que rápido se convertirá en ayer y en oportunidad desperdiciada y perdida o aprovechada con sentimientos, palabras, actos, detalles y pensamientos nobles.

Las risotadas burlonas de su amiga y de las otras mujeres, mezcladas con la estridencia del motor al arrancar el automóvil, alteraron las reflexiones de la dama, quien sonrió al experimentar alivio y paz tras distinguir a la familia pobre -la madre, la niña pequeña y el adolescente- que lucían contentos al probar el agua, la manzana y la naranja que compartían en el césped. La dama caminó feliz y plena a otras rutas ausentes de un porvenir remoto e impreciso. Se sintió agradecida y bendecida.

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Un idioma

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Deseo un idioma dulce y hermoso al pronunciarlo, que refleje sentimientos profundos e ideas elevadas. Quiero una lengua que delate, al hablar, amor, respeto, tolerancia, responsabilidad y valores. Anhelo un lenguaje delicado y suave, hermoso, sutil y poético; pero firme y enérgico cuando se requiera. Sueño un idioma que construya puentes y escalones, que no humille ni insulte, que se exprese correctamente y no recurra, por pobre y estático, a muñecos y signos grotescos. Necesito una lengua que inspire grandes obras y reciba nuevos términos y palabras, conforme transcurran el tiempo y evolucione la humanidad. Me interesa un idioma auténtico y vivo, que realmente comunique, ausente de bajezas y rico en las palabras y los conceptos Dios, familia, amor, paz, respeto, dignidad, bien, honestidad, principios, alegría y verdad. Insisto, pretendo una lengua que comunique a pobres y ricos, ignorantes y sabios, enfermos y sanos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Sí, un idioma que no mienta ni se aproveche de las necesidades humanas o de los sentimientos, y que si pretende criticar, no separe, no haga diferencias y no descalifique ni arruine a otros, sino busque el crecimiento. Igual que la música que cautiva y ennoblece, los rumores del viento y la lluvia que invitan a vivir o los susurros del mar y la creación que proyectan algo superior, el idioma al que aspiro debe ser universal y unir a todas las criaturas en un concierto sin final. Es el idioma de Dios, del amor, de la dicha, de la armonía, del respeto, de la eternidad. Cuando este idioma sea pronunciado por ti, por mí, por ellos, por ustedes, por todos, tú, yo y los demás seremos otros, más cercanos a la luz de un amanecer pleno e infinito que a las sombras de un anochecer incierto.

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Televisoras mexicanas, ¿nodrizas de millones de hogares?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Sí, me refiero a México

En la medida que una sociedad se masifica, es más cómodo y sencillo manipularla, aplicar la estrategia del engaño, dividirla o unirla con algún objetivo, jugar con sus intereses nacionales, acecharla, hostigarla, ejercer el poder aplastante y gobernar con corrupción, terror e injusticia.

Obviamente, para desnudar a los habitantes de un país, es preciso diseñar un plan maestro e implementar estrategias y la ley de la gradualidad, con la que los dueños del poder y las “oportunidades históricas”, un día, otro y muchos más desmantelan instituciones, estructuras sociales, costumbres, tradiciones, educación, riqueza y soberanía nacional.

En esa partida tramposa, no importan las consecuencias. Si hay que sacrificar niños, mujeres, ancianos, jóvenes, hombres, simplemente se deben considerar víctimas, número, estadística. Qué importa, entonces, que mueran o sufran tantas personas si es a cambio del bienestar de la clase política mexicana y sus cómplices los empresarios que hacen negocios sucios.

En este juego perverso, la clase política, respaldada por un grupo reducido de familias que en conjunto poseen fortunas superiores a las reservas del país, establece alianza con las televisoras nacionales -nodrizas de incontables generaciones-, las cuales “normalizan” las situaciones negativas e insanas, ridiculizan a la familia y a las instituciones -véanse los bufones, los cortes comerciales y las telenovelas, verbigracia-, promueven superficialidades y promiscuidad, disfrazan la realidad mexicana con maniquíes de aparador, establecen e imponen conceptos y modelos de vida artificiales y estúpidos, aplastan los valores y hasta fomentan la discordia, la vulgaridad, la estulticia, la confusión y la violencia.

Quien se altere y se sienta ofendido, solamente debe sacrificar algunas horas de su existencia, como diariamente lo hacen millones de mexicanos, para comprobar que la televisión, con el internet mal empleado, contribuyen al atraso y desmantelamiento de México.

La gente, multiplicada por millones, está fascinada con tales modelos de vida que llenan su terrible vacío e insignificancia existencial a través de la idea de que vale si posee un automóvil, una residencia con piscina, vacaciones constantes, perfumes y ropa de marcas prestigiosas, calzado que provoca envidia y no deja huellas y consumismo irracional. Todo se paga a crédito, se empeña la vida o se obtiene una posición socioeconómica aparente. Todos ambicionan la corona y desean la tajada de pastel, y en eso trabajan las camarillas de sinvergüenzas que han saqueado al país y pisoteado leyes, reglas, dignidad humana y vidas.

Es legítimo formar un patrimonio y hasta poseer riqueza; sin embargo, es reprobable construirla a partir de los beneficios tramposos del poder, la corrupción, el engaño y el abuso.

La tragedia de innumerables mexicanos de la hora contemporánea es que se encuentran inmersos en el miedo, la hipocresía, el conformismo, la traición y la pepena de vidas ajenas. Millones de ellos, atrapados en las mazmorras de la pobreza material, y otros tantos ya con formación académica y ciertos niveles de bienestar económico, sienten, piensan, actúan y hablan igual. Sólo cambian los estilos, pero en el fondo son los mismos.

Ni las instituciones universitarias, con sus maestros y doctores, han asumido su responsabilidad histórica y social. Están aletargados. Resulta más cómodo refugiarse en las aulas para criticar frente a los alumnos o en las tertulias de café los crecientes y alarmantes niveles de corrupción, impunidad, subdesarrollo e inseguridad que cotidianamente derrumban los pilares de México. Algunas instituciones se salvan, pero no todas. Igual acontece con los académicos, sobre todo con aquellos que emulan a los grandes corruptos de la política y los negocios turbios, al hostigar a los alumnos por medio de los exámenes “difíciles de aprobar”, los trabajos casi para intelectuales que ni ellos elaborarían a la altura de sus exigencias  y las calificaciones reprobatorias porque “el 10 es para el maestro y conmigo es muy difícil pasar, a menos que…”

En México, amplio porcentaje de familias están distraídas en marcadores deportivos, bromas en doble sentido por parte de los bufones consentidos de las televisoras, memes, telenovelas fuera de la realidad, chismes y boberías.

Una sociedad que en la última década del siglo XX creyó en el “chupacabras” y que hoy, en 2018, padece las consecuencias brutales de un voto hormonal e irracional por una supuesta belleza física y la fascinación de un matrimonio de telenovela, casi imperial, que únicamente dejó entrever la miseria humana de las multitudes, no despertará mientras no reaccione y siga concediendo su amor y confianza a la madrastra que la amamanta -la televisión- y a su padrastro ambivalente, lascivo y bipolar -internet-, pareja que se filtró con astucia a los hogares mexicanos.

Resulta preocupante que no existan puntos de referencia y que quienes sienten, piensan, hablan, escriben y actúan distinto, enfrenten el riesgo de ser asesinados brutalmente, sometidos por el poder y hasta juzgados por la propia sociedad a la que defienden.

Afortunadamente, el otro rostro de México es que también coexisten hombres y mujeres interesados en rescatar los valores de la nación. molestos con la irracionalidad de las mayorías que solapan gobernantes sucios, televisoras corruptas y perversas, desórdenes, injusticias, burocracia, crímenes, desempleo, miseria, enfermedades, subdesarrollo, inseguridad y falta de oportunidades.

Esas minorías, desde niños, adolescentes y jóvenes, hasta personas de edad madura y ancianos, sienten mortificación, vergüenza, coraje, asco e impotencia ante lo que la clase política mexicana, en complicidad con televisoras mercenarias, grupos de empresarios deshonestos y toda clase de delincuentes, están haciendo en contra y perjuicio de México; no obstante, en la balanza nacional, un grupo mayúsculo que habla diferentes lenguajes dentro de un mismo idioma, se encuentra entretenido en la trama interminable de las telenovelas, en el doble sentido de los bufones, en la falsedad de los noticieros, en los rostros y cuerpos de aparador que exhiben los programas televisivos, en las estupideces y vulgaridades de locutores y conductores, en expectativas y marcadores deportivos, en memes y claro, en la realidad impuesta por los poderosos -asaltos, crímenes, abusos, injusticias, inflación, desempleo, burocracia, injusticias y caos, entre otros-, para distraerlos, perturbar la tranquilidad social y desmantelar la riqueza y soberanía nacional. Con todo esto, ¿seguiremos consintiendo que la televisión siga amamantando los hogares mexicanos?

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Ahora que tengo vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Las musas inspiran a los artistas, los aconsejan, los acompañan en sus buhardillas, se deleitan con sus ocurrencias y locuras; sin embargo, me enamoré de la mía y es a ella a quien escribo mis cartas, textos y poemas de amor. Las musas son reales y me sentí cautivado al mirar a la mía

Ahora que tengo vida, uno las palabras, las tejo cada noche como quien cuidadosamente borda una mantilla para su amada, mientras el perfume de las flores y las plantas es disuelto por las gotas de la lluvia.

No lo niego, cada día, a cierta hora, admiro el firmamento, contemplo las estrellas, los mundos lejanos donde imagino historias como la nuestra, y a alguien que escribe, igual que yo a ti, los poemas que surgen del alma.

Guardo en mis sentimientos y mi memoria el aroma de tu piel, el brillo de tu cabello, el color de tu mirada, el encanto de tu sonrisa y tu sabor, como si al coleccionar tus rasgos y detalles reservara algo de ti, una parte de tu esencia, un tanto de lo que hay en mí, para trazarte en el cuaderno de dibujo, pintarte en el lienzo, plasmar las notas de tu voz en el pentagrama, deslizar el bolígrafo sobre la hoja de papel que doblo e introduzco en un sobre que el aire de la mañana lleva hasta el dintel de tu ventana.

Inspirado en ti, te convierto en mi musa y te escribo las cartas, los textos y los poemas que coloco en burbujas que flotan y revientas feliz e ilusionada, como si anticipadamente supieras que cada esfera de cristal contiene un regalo, una declaración de amor, la promesa de una historia bella e inolvidable, el pacto de una eternidad compartida.

Escribiré para ti, ahora que tengo vida, en la hoja del árbol, en el pétalo de la flor, en la arena de la playa y del desierto, en la servilleta de papel, en el cuaderno de apuntes, en la nieve y en el firmamento. Así sabrás que todos los días me enamoro de ti y siento asombro al descubrirte en mí.

Ordeno las letras, acomodo las palabras, ahora que tengo vida, para que al leerlas una mañana, una tarde o una noche, sepas que te amo en primavera con los colores y las fragancias de las rosas, con los pliegues del mar y los rizos de las nubes, con la alegría de un niño; en verano, con las tonalidades nebulosas, con las gotas de cristal que regala la lluvia, con el ímpetu de un corazón enamorado; en otoño, con las ráfagas que mecen las ramas, desprenden las hojas de los árboles y soplan las alfombras quebradizas y amarillentas, moradas, naranjas y rojizas; en invierno, con los dibujos que Dios inserta en los copos de nieve y la blancura que promete a quienes tienen el encanto de enamorarse y sentirse en paz.

Mientras leas los poemas y los textos que te dedico, sabrás que estoy vivo, y me percibirás como me sientes cuando acaricio tu cutis lozano o al tomar tus manos y fundir mis labios en los tuyos en un intento de compartir nuestro sabor, la esencia de un amor que expresa su sencillez y grandeza en una sonrisa, en un guiño, en una palabra, en un detalle.

Ahora que tengo vida, deseo confesarte que siempre te escribiré y dedicaré mis textos de amor y que si una mañana, al despertar, te enteras de que por alguna causa ya no me encuentro en el mundo, será porque la existencia aquí, en este plano, sólo es el paso entre una estación y otra, y yo estaré en casa, feliz e ilusionado, esperándote, con un poemario para ti.

En el lapso de espera, sentirás mi presencia y escucharás en las caricias del viento, en el lenguaje de la lluvia, en las voces del océano, en los murmullos de la naturaleza, en los susurros de la vida, en los gritos del universo y en los rumores de tu alma y de la creación, la lectura de los poemas que te enviaré desde la morada donde prepararé un espacio para ti.

Ten la certeza de que ahora que tengo vida en el mundo y posteriormente, en el prodigio de un plano superior, no me cansaré de escribirte un poema y otro más porque el amor renace cada instante y es luz inextinguible. Ahora que tengo vida, te abrazo prolongadamente con la intención de que me sientas y escuches, al hablarte, el texto que he compuesto para ti.

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El último día

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El último día es inesperado. Llega sorpresivamente. No toca a la puerta ni hace visitas de cortesía. Simplemente, llega en el minuto de la noche, en el instante de la madrugada, una mañana o una tarde, cuando uno se acostumbra a la vida.

La hora postrera de la existencia puede llegar en cualquier momento, cuando uno duerme profundamente o durante los momentos de la jornada. Llega el segundo en que la gente se queda en alguna estación y ya no prosigue en el viaje.

Los furgones del tren se llenan y se vacían porque los pasajeros, hombres y mujeres, ascienden y descienden constantemente. Las vías parecen unirse en el horizonte, pero no se tocan porque son paralelas que conducen a un destino y otro, forman parte de una ruta.

El último día es inevitable. Los días de la vida son tan frágiles, que no hay oportunidad de preparar el equipaje. Las maletas se quedan como prueba de lo que uno hizo en el mundo. Conservan los aromas y recuerdos de cada ser humano, sus obras buenas y malas, los sentimientos que dibujaron su sonrisa o marcaron su amargura; evocan sus actos y palabras, guardan las huellas de los caminantes y son constancia de una vida y otra.

A la gente, mientras vive, se le insiste en que los días son breves y hay que aprovecharlos; sin embargo, los confunden y la mayoría se dedica a talar su verdadero amor, su alegría, su evolución, en vez de plantar y crear un edén en el sendero que recorre.

Vivir no significa dedicar los días a hablar estupideces, embrutecerse con el alcohol y las drogas o coleccionar apetitos pasajeros. Eso lo hace cualquiera. No tiene mérito. Ni siquiera contribuye a disfrutar la estancia en el mundo. No se confundan.

La vida se disfruta cuando uno entiende que cualquier instante puede ser el último y trata, en consecuencia, de experimentar los días y los años en armonía, con equilibrio, plenamente, con la dicha de dar de sí, dejar huellas indelebles, amar fielmente y descubrir lo bello en cada detalle.

Cada instante puede marcar el minuto final. Nadie se atemorice. Sólo se tata de cambiar la vestidura, hacer un paréntesis dentro de la eternidad, preparar el viaje interminable. Hay que vivir felices y en paz, con una ruta definida, dispuestos a entregar lo mejor de sí, con un amor tan grande que ilumine el universo.

Nadie debe esperar a poseer una fortuna o una historia encantadora porque sus sueños podrían no cumplirse. El momento de vivir es ahora. Cada instante es para vivir con sentido. Nadie debería de retirarse del mundo sin antes darse oportunidad de ser dichosos, cumplir sus sueños y purificar sus seres con sentimientos, ideas, palabras y actos nobles. Eviten esos ceños fruncidos. La arrogancia es basura.

Por favor, sonrían, sean amables, den de sí a los demás, no arrebaten, jamás sean la sombra de alguien ni actúen con crueldad o ventaja. Alguien muy inteligente pronosticó que este mundo apenas durará una centuria y que habrá que anticiparse y buscar, por lo mismo, un sitio para vivir; sin embargo, quiero aclarar que no es necesario escudriñar el universo para descubrir otros parajes, ya que uno, a través del amor, las virtudes y los sentimientos, tiene capacidad para hacer de este plano un paraíso bello y por añadidura encontrar la senda hacia moradas sublimes.

Recuerden que el último día podría ser hoy, mañana o dentro de unas semanas, algunos meses o varios años; no obstante, la fecha es impostergable para cada ser humano, motivo, creo, para hacer a un lado los pretextos, las horas ruines, el ocio, los vicios y la ausencia de sentimientos y valores.

No partan sin antes haber sonreído y expresar a los demás lo tanto que los aman. No se vayan sin cumplir sus sueños limpiamente. Nunca se retiren de la vida sin darse oportunidad de hacer el bien, limpiar el camino y entregar de sí lo mejor porque el amor y las cosas no solamente son para uno, sino para bien de los demás. No lo olviden.

Sean ustedes quienes eviten el sufrimiento de los niños que deambulan en las calles o que son maltratados. Devuélvanles la alegría y recuérdenles que siempre habrá quienes los aconsejen, cuiden y acompañen. No engañen ni se aprovechen de la debilidad, confianza e ingenuidad de los demás. Ámense y protéjanse unos a otros.

Me gustaría que cada uno, en su minuto final, pudiera cerrar los ojos y dar el último suspiro con la satisfacción de haber protagonizado una historia ejemplar, bella e inolvidable. La fortuna material, los lujos, la superficialidad y los placeres fugaces no son ingredientes que aseguren la felicidad.

Busquen el vuelo libre y pleno, la justicia, el amor a los demás, la tolerancia, el bien, la honestidad, los valores, la verdad. Traten de sumar y multiplicar lo bueno y eviten restarlo y dividirlo. Los pequeños detalles hacen la grandeza.

Dediquen sus días a sus familias, a ustedes, a la gente que les rodea, a la humanidad, al servicio de la creación. Construyan puentes para no resbalar a los abismos y armen escaleras con la intención de llegar a la cima, pero no dejen heridos en el camino ni provoquen llanto, tristeza y luto en los demás.

Sean dichosos, vivan en armonía y en paz, construyan, generen vida. El último día es inevitable. Desconocemos la fecha en que llegará. Vivamos con la misión de ser luz para alumbrar el mundo y el universo.

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