Ahora que tengo vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Las musas inspiran a los artistas, los aconsejan, los acompañan en sus buhardillas, se deleitan con sus ocurrencias y locuras; sin embargo, me enamoré de la mía y es a ella a quien escribo mis cartas, textos y poemas de amor. Las musas son reales y me sentí cautivado al mirar a la mía

Ahora que tengo vida, uno las palabras, las tejo cada noche como quien cuidadosamente borda una mantilla para su amada, mientras el perfume de las flores y las plantas es disuelto por las gotas de la lluvia.

No lo niego, cada día, a cierta hora, admiro el firmamento, contemplo las estrellas, los mundos lejanos donde imagino historias como la nuestra, y a alguien que escribe, igual que yo a ti, los poemas que surgen del alma.

Guardo en mis sentimientos y mi memoria el aroma de tu piel, el brillo de tu cabello, el color de tu mirada, el encanto de tu sonrisa y tu sabor, como si al coleccionar tus rasgos y detalles reservara algo de ti, una parte de tu esencia, un tanto de lo que hay en mí, para trazarte en el cuaderno de dibujo, pintarte en el lienzo, plasmar las notas de tu voz en el pentagrama, deslizar el bolígrafo sobre la hoja de papel que doblo e introduzco en un sobre que el aire de la mañana lleva hasta el dintel de tu ventana.

Inspirado en ti, te convierto en mi musa y te escribo las cartas, los textos y los poemas que coloco en burbujas que flotan y revientas feliz e ilusionada, como si anticipadamente supieras que cada esfera de cristal contiene un regalo, una declaración de amor, la promesa de una historia bella e inolvidable, el pacto de una eternidad compartida.

Escribiré para ti, ahora que tengo vida, en la hoja del árbol, en el pétalo de la flor, en la arena de la playa y del desierto, en la servilleta de papel, en el cuaderno de apuntes, en la nieve y en el firmamento. Así sabrás que todos los días me enamoro de ti y siento asombro al descubrirte en mí.

Ordeno las letras, acomodo las palabras, ahora que tengo vida, para que al leerlas una mañana, una tarde o una noche, sepas que te amo en primavera con los colores y las fragancias de las rosas, con los pliegues del mar y los rizos de las nubes, con la alegría de un niño; en verano, con las tonalidades nebulosas, con las gotas de cristal que regala la lluvia, con el ímpetu de un corazón enamorado; en otoño, con las ráfagas que mecen las ramas, desprenden las hojas de los árboles y soplan las alfombras quebradizas y amarillentas, moradas, naranjas y rojizas; en invierno, con los dibujos que Dios inserta en los copos de nieve y la blancura que promete a quienes tienen el encanto de enamorarse y sentirse en paz.

Mientras leas los poemas y los textos que te dedico, sabrás que estoy vivo, y me percibirás como me sientes cuando acaricio tu cutis lozano o al tomar tus manos y fundir mis labios en los tuyos en un intento de compartir nuestro sabor, la esencia de un amor que expresa su sencillez y grandeza en una sonrisa, en un guiño, en una palabra, en un detalle.

Ahora que tengo vida, deseo confesarte que siempre te escribiré y dedicaré mis textos de amor y que si una mañana, al despertar, te enteras de que por alguna causa ya no me encuentro en el mundo, será porque la existencia aquí, en este plano, sólo es el paso entre una estación y otra, y yo estaré en casa, feliz e ilusionado, esperándote, con un poemario para ti.

En el lapso de espera, sentirás mi presencia y escucharás en las caricias del viento, en el lenguaje de la lluvia, en las voces del océano, en los murmullos de la naturaleza, en los susurros de la vida, en los gritos del universo y en los rumores de tu alma y de la creación, la lectura de los poemas que te enviaré desde la morada donde prepararé un espacio para ti.

Ten la certeza de que ahora que tengo vida en el mundo y posteriormente, en el prodigio de un plano superior, no me cansaré de escribirte un poema y otro más porque el amor renace cada instante y es luz inextinguible. Ahora que tengo vida, te abrazo prolongadamente con la intención de que me sientas y escuches, al hablarte, el texto que he compuesto para ti.

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TROZOS DE VIDA… Armo las palabras

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, en quien descubrí que soy capaz de amar

Cuando armo las palabras y los textos que plasmo en confesiones de amor, en poemas que contienen letras manufacturadas con el polvo de las estrellas y la policromía de las flores, me convierto en niño porque me cautiva la inocencia con que los pequeños expresan sus sentimientos. Pienso que si retorno a los otros años, los de mi infancia dorada, escribiré con mayor ternura las cartas que cada día te entrego con la idea de que nunca olvides que estoy enamorado de ti y así dejar constancia al mundo de una historia de amor bella, irrepetible, especial, mágica e inolvidable. Me sumerjo en el océano del abecedario y ya en la profundidad, recolecto corales y piedras en forma de consonantes y vocales, con las que juego para armar sobre nubes blancas y rizadas el corolario de mi amor por ti. Tejo las palabras con que anuncio que tú te encuentras en mí y yo en ti porque al pensar uno en el otro o sentirlo en su interior, somos ambos proyectados en la vida, el universo y la eternidad. Al enlazar las letras y palabras, soy el niño juguetón y travieso que te invita a caminar juntos por el sendero, subir las cuestas y rodar divertidos, sumergirnos en los manantiales con la risa de dos pequeños ocurrentes, girar hasta caer al pasto, empaparnos con las gotas de la lluvia, salpicarnos en los charcos en los que asoman las frondas de los árboles y el cielo azulado, correr a la orilla del mar y sortear las olas, brincar cercas, contar dientes de león y estrellas, sorprendernos con las auroras y los ocasos, escuchar los murmullos de la mañana, percibir los rumores de la noche, atrevernos a protagonizar una historia intensa y ser muy felices, porque de otra manera, me pregunto, ¿qué te escribiría y propondría si no fuéramos un par de chiquillos amorosos? Prefiero volver a ser niño contigo para jugar y protagonizar una historia maravillosa e inocente de amor que nos envuelva y conduzca a las estrellas, que traslade nuestras almas a la morada del día y la noche sin final. Esa es la razón por la que, al escribirte, soy el niño enamorado que a hurtadillas deposita en tu buzón una carta con la esperanza y la ilusión de recibir a cambio un guiño, una sonrisa, un beso, una promesa de amor eterno. Eres una de las mujeres, en el mundo, que mayor cantidad de palabras escritas recibe, textos que un día se materializarán en gotas de cristal, en un libro que hombres y mujeres leerán una y otra vez hasta comprender que hay amores que dejan huellas indelebles y transportan al cielo. ¿Sabes por qué armo palabras para ti? Porque tú y yo somos dos niños felices y sonrientes que un día, al jugar, descubrimos nuestras almas unidas en una historia de amor sublime y de ensueño.