Correspondencia entre el arte y la naturaleza

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Y cuando escuché que los rumores y los silencios del mar se transformaban en letras y en palabras y los susurros del viento ya eran relato, poema, narración, me di cuenta de que el arte se expresa en cada detalle y rincón. Y cuando miré los colores que los pinceles dejaban en el lienzo, descubrí que se trataba de la policromía de la naturaleza, de los matices de la creación, que la mano y la inspiración del artista reproducían en pedazos de sublime belleza y encanto. Y cuando presencié el espectáculo de los bosques y de las montañas, con sus formas y sus trazos, y oí con atención los conciertos de las cascadas y de los ríos, supe que mucho había de su presencia en las esculturas y en la música. Así aprendí que entre el arte y la naturaleza, existe cierta familiaridad, hay una correspondencia implícita, una comunión que les da una razón y un sentido. El artista se sumerge en las profundidades de su ser, en las honduras infinitas que pulsan en todo y en nada, y trae consigo asombrosos e invaluables tesoros. Veo y escucho rasgos muy similares entre las obras artísticas y las expresiones de la creación. El artista es creativo y original. Como que algo trae en su esencia de quien se encarga de la decoración del mundo y del universo. Es maravilloso sentir, al leer una novela, un relato, un poema, o al admirar un cuadro o un mural, al contemplar una y otra forma o al escuchar un concierto, la presencia del mundo y del paraíso, la cercanía de las estrellas y su polvo mágico, la brisa del mar, las caricias del aire y las realidades y los sueños. Algo prodigioso hay en el arte que ofrece una correspondencia con la vida y la muerte, con la textura y la esencia, con lo que a veces no es posible descifrar de otra manera. Existe una correspondencia, más la inspiración del artista.

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Más allá de barrotes y ataduras, el arte es libre

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La inspiración, en el arte, vuela y navega una noche o alguna mañana, en la tarde o en la madrugada, mientras es otoño o es primavera, durante un invierno o cierto verano, libre y plena, en armonía y con equilibrio, sin que alguien la mancille y someta, a veces solemne y en ocasiones, en cambio, desbordante. El arte sigue su ruta. No admite cadenas, barrotes y candados, simplemente por su rebeldía a la producción en serie, a las reglas estrictas e indiferentes, a la crueldad y al juicio sin sentido. Es un pájaro que vuela lejos o cerca, una hoja que juega con el viento o que deja pasar las corrientes de aire por preferir las gotas de lluvia o los copor de nieve, una embarcación que sortea el oleaje impetuoso, las tormentas incesantes y las tranquilidades profundas o superficiales. Es, parece, una palabra o alguna melodía de Dios, ciertos matices del cielo y determinadas formas del paraíso. El arte es una locura, un motivo, un delirio que va más allá de una época, una tendencia o una moda. El arte -igual que la ciencia- es universal y no puede fragmentarse en ideologías e intereses económicos y políticos. No está a la venta ni es una oferta. Es algo superior a la mercancía, a los discursos políticos, a las costumbres y a los fanatismos; aunque con frecuencia se le pretenda atrapar y etiquetar igual que un esclavo, un sirviente o un objeto. El arte visita las realidades cotidianas, lo extraño y lo conocido, y hasta explora los sueños, los parajes recónditos, la arcilla y la esencia, las luces y las oscuridades. Es tan auténtico y libre, que cada artista lo expresa con su estilo. El arte es la letra, el color, la nota y la forma de Dios, concepto que definitivamente no cabe en las mentalidades cuadriculadas y obstinadas en medirlo, alabar o condenar sus expresiones. El arte es la conexión a la inmortalidad, a las realidades y a los sueños, al alma y a la textura, al cielo y a la tierra. Es la corriente etérea que, en algún momento, plantea y explica lo incomprensible y le da sentido con las palabras, con las notas, con la policromía, con las formas. Es un puente de cristal prodigioso que conecta el mundo con reinos infinitos.

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Detalle especial

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los detalles parecen insignificantes en un mundo fascinado por el espejismo de las apariencias; no obstante, las estrellas que decoran el firmamento, la arena de la playa, las gotas de la lluvia, los copos de nieve, el polvo de la creación y la dulzura de un amor cotidiano y eterno, son particularidades que al atraerse, forman la hermosura y grandeza de un resplendor inmortal. Eres detalle y motivo de mi alma y mis días

Acaso por la emoción diaria de sentirte en mí y definirte en los trozos de mi alma que tienen un tanto de ti, en mis ojos que ya miran con tu estilo y el mío, o quizá por el anhelo de dispersar pétalos y burbujas en tu sendero y cubrir tu sueño con abrazos en el silencio de nuestras almas y besarte con la dulzura de un amor inmortal, hoy te entrego una flor, otra y muchas más que recolecté en el camino, mientras pensaba en ti, cada una con un detalle y una sorpresa especial que deposité en su perfume, en su textura, en sus colores. Cuando sientas embeleso por su aroma, percibe las fragancias de la vida, mi perfume y la esencia de un paraíso que late en ti, en mí, en el universo. Al tocar su textura, siente mis caricias y las manos de Dios, quien todos los días moldea la belleza de tu rostro y lo ilumina con la luz de tu ser. En cuanto observes su policromía, disfruta las tonalidades del amor, la vida y la alegría. Te regalo el bouquet que formé esta mañana, cuando andaba en la campiña, entre árboles y sentimientos, suspiros y flores, sueños y cascadas, ríos diáfanos e ilusiones. Eres mi motivo. En cada flor reuní el encanto de dos vidas y sueños compartidos, la sorpresa de una estancia maravillosa y un destino prodigioso, la delicia de un viaje entre una estación y otra, los detalles y regalos que se entregan cotidianamente con una sonrisa, un poema, un beso y una caricia de amor.

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