Los mismos nombres y rostros en la política mexicana

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En la política mexicana, quienes se han aferrado a los intereses del poder y causado tanto daño al país, ostentan los mismos nombres, apellidos, linaje y rostros. Cínicamente saltan de un partido a otro, se definen independientes o maquillan sus expresiones y sonrisas, como si la falsedad, la apariencia y la simulación fueran factor de cambio. Tratan de confundir a las masas y que éstas, aturdidas, crean en sus engaños, en su proyecto de desmantelar a la nación y empeñarla. Quien causa daño una vez, no merece una segunda oportunidad. El asunto es que millones de mexicanos, con grados académicos o sin formación escolar, con riqueza o desprovistos de todo, deambulan entre una distracción y otra, y hasta parecen más interesados en los resultados de un marcador, en la belleza física de un cantante o de un actor, en las tramas de las telenovelas y en las ocurrencias de los bufones de la televisión. Una sociedad que tiene a la televisión como nodriza, está perdida y cree, aunque experimente lo contrario, que la realidad es una telenovela, el escenario de un bufón que habla estupideces y promueve modas o el estudio que marca las cámaras y los reflectores a la pepena de vidas ajenas. Un pueblo con tales rasgos, no está preparado para defender a su nación y exigir gobernantes honestos.

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México

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

México no son sus políticos ni sus televisoras; tampoco aquellos que lo han herido con sus actos rapaces. Eso es basura. México es superior a las circunstancias y lo forman todos sus habitantes, hombres y mujeres que hoy sienten luto y dolor al contemplar las ruinas, muerte y desolación que provocó el temblor del 19 de septiembre de 2017. Mexicanos son aquellos que hoy sienten el dolor de las muertes, aunque no tengan familiares bajo los escombros, por el simple hecho de solidarizarse y ser hermanos de una raza. Mexicanos no son los funcionarios, políticos y líderes que se han enriquecido con el patrimonio nacional y que nuevamente, como el 19 de septiembre de 1985, significan vergüenza, causan asco y se encuentran rebasados por la sociedad. Mexicanos son los que sienten tristeza por el luto nacional, los que participan en la recolección de víveres, los que sacrifican su tiempo y exponen su integridad física al tratar de rescatar por lo menos una vida que agoniza bajo toneladas de escombros. Mexicanos no son los que se toman selfies ante escenarios de desgracia ni los que envían memes estúpidos y grotescos ante las horas presentes de angustia. Mexicanos son los que unen sus manos, sus brazos, para rescatar vidas y su nación, su país devastado por temblores, pero también por quienes ostentan el poder económico, político y social y se han beneficiado sin que les importe el destino de millones de familias. Mexicanos son los que hoy lloran, trabajan y estudian para restaurar un proyecto de país que puede ser esplendoroso. Mexicanos no son los gobernantes y políticos que iniciaron su gestión con una historia irrisoria de telenovela ni televisoras que generan psicosis y hacen de una desgracia nacional un negocio redituable y un reality show. Mexicanos no son los que inventan y lucran con personajes ficticios que remueven desconsuelo colectivo y generan enojo y frustración. Mexicano no es aquel que abusa, roba y causa daño. México eres tú. Mexicano es aquel que ante las adversidades y desastres de su nación, se levanta y con sus actos cotidianos hace patria. Es quien bendice el nombre de México y se enorgullece de llevar su sangre.

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Pedrito, el mentiroso

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Pedrito, el pastorcillo, disfrutaba mucho cuando engañaba a los aldeanos con la supuesta presencia de un lobo que pretendía devorar su rebaño. Cómo reía cuando los hombres acudían a su auxilio y lo descubrían burlón. Volvía a gritar y los vecinos del pueblo, convencidos de que verdaderamente se encontraba la fiera ante el muchacho, regresaban en su búsqueda para salvarlo y nuevamente lo descubrían mofándose de ellos.

Tras repetir sus mentiras, a la siguiente mañana apareció el lobo ante Pedro, quien gritó despavorido sin lograr la ayuda de los aldeanos, que coincidieron en que se trataba de una nueva mentira. El animal devoró varias de las ovejas y hurtó otras para la cena, según el relato infantil. El pastor aprendió que la mentira trae, al final, consecuencias negativas.

Cuando los niños escuchan la narración, aprenden que las mentiras son negativas y que igual que aconteció con Pedro y su rebaño, pueden representar problemas muy serios en la vida; sin embargo, en México parece que a algunas personas, cuando eran menores, sus padres les leyeron “El príncipe”, de Nicolás Maquiavelo, “El arte de la guerra”, de Sun Tzu, las lecciones del poder y otras obras que enseñan a ejercer control y dominio sobre los demás sin importar los medios.

Lamentablemente, esos niños crecen con la ambición de conquistar el poder para manipular a la sociedad y enriquecerse a niveles escandalosos, sin que les importe que millones de familias carezcan de alimentos y medios para subsistir o enfrentar enfermedades.

El síndrome de Pedrito es común en muchos funcionarios públicos y políticos mexicanos, quienes mienten a la sociedad con cinismo y descaro, como ya es costumbre, verbigracia, con la promesa de no incrementar las tarifas eléctricas y los precios del gas, diesel y gasolina, y al poco tiempo realizar ajustes que definitivamente lesionan la economía nacional.

La corrupción, el desinterés y la incapacidad de autoridades y políticos han provocado desorden en las variables económicas que tanto lastiman y denigran a los más de 120 millones de mexicanos que coexisten en un país resquebrajado por innumerables problemas.

En medio de inseguridad, burocracia, corrupción, impunidad, rezagos, miseria, injusticias e ilegalidad, las autoridades siguen con su táctica de mentir a los mexicanos. Sólo hay que lanzar el anzuelo al océano gubernamental para extraer algunas piezas que bien pueden examinarse, como es el caso de la llamada reforma energética, de la cual, al defenderla el mandatario nacional y sus colaboradores, prometieron que beneficiaría a los mexicanos, que las acciones redundarían en ahorros significativos, que incrementarían la productividad, que habría ahorro significativo, versus la dolorosa realidad que periódicamente entrega a la población un paquete con el aumento doloroso y perverso en los precios de los combustibles y el gas o en las tarifas eléctricas.

¿Por qué mentir a los mexicanos y prometer desarrollo, cuando las políticas gubernamentales tienden a destruir a las empresas generadoras de empleos y riqueza, a las familias y al país? ¿Cuál es el afán de declarar a favor de la población y en los hechos actuar en su contra?

Resulta que poco antes del cambio de horario -esquema, por cierto, que definitivamente no contribuye al ahorro de energía-, y  después de sus celebraciones tradicionales de noche de muertos, los mexicanos regresan al mundo de los vivos, al país de los que padecen las consecuencias de la sumisión ante un gobierno ambicioso, autoritario e insensible, y en lo sucesivo, aunque les hayan prometido lo contrario, tendrán que ser más austeros porque la Comisión Federal de Electricidad aumentó sus tarifas, medida que afectará a hogares con niveles de alto consumo y comercios e industrias, es decir a quienes invierten sus capitales, generan empleos y contribuyen, a traves de sus impuestos, al engrandecimiento de la nación, y claro, también a acrecentar las fortunas de aquellos que pellizcan recursos al presupuesto público.

De acuerdo con el comunicado de la Comisión Federal de Electricidad, con relación a octubre pasado, este mes de noviembre las tarifas para el sector industrial presentarán aumentos del 5.6 al 7.2 por ciento.

En el caso del sector comercial, las tarifas registran aumentos del 3.3 al 5 por ciento de octubre pasado al actual mes de noviembre. En tanto, la tarifa de uso doméstico de alto consumo, presenta un ajuste al alza de 3.3 por ciento, también de octubre a noviembre de 2016.

Si se relacionan los incrementos de noviembre de 2016 con las que se encontraban vigentes en el mismo mes de 2015, se notará que se trata de porcentajes del 25 al 30 por ciento para el sector industrial, del 17 al 23 por ciento en el caso de los comercios y del 17 por ciento para el uso doméstico de alto consumo.

La Comisión Federal de Electricidad justificó los incrementos al argumentar que los insumos que utiliza en la generación de energía han presentado aumentos sustanciales en sus precios, ante lo cual habría que preguntar cuáles son los beneficios que la clase política mexicana ofreció a la sociedad.

Con bastante orgullo y presunción, la paraestatal asegura que no se registrarán cambios en las tarifas domésticas de bajo consumo, pues “cerca del 99 por ciento de los hogares en México se encuentran” en ese rango, lo que equivale a 35.5 millones de clientes.

En realidad, si alguien se atreve a afirmar que millones de hogares mexicanos estarán exentos de tan lastimoso aumento, hablará con ambigüedad y cierta perversidad porque si bien es cierto que no se encuentran incluidos en las nuevas tarifas, es innegable que tendrán que pagar mayor cantidad de dinero al comprar alimentos y toda clase de mercancía debudi a que industriales y comerciantes aumentarán los precios de sus productos si no desean perder utilidades y quebrar.

Pedrito volvió a mentir a un pueblo distraído, totalmente enajenado con el teatro que les ofrecen la televisión y las redes sociales, sólo que el peligro que se proyecta sobre la nación mexicana será peor que las travesuras del pastorcillo o la devastación que provocó el lobo que devoró las ovejas.

Los hombres del bastón

Con dedicatoria

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los tullidos, enfermos, ancianos e invidentes utilizan bastones y hasta andaderas para sostenerse de pie y caminar lentamente, y se comprende porque de no hacerlo podrían resbalar y accidentarse con consecuencias fatales para sus vidas; sin embargo, aquellos políticos que usan muletas, en el sentido figurado, para descalificar y hacer a un lado a sus adversarios, ganar la simpatía y el respaldo de las mayorías y obtener, finalmente, el triunfo electoral, despiertan sospechas porque al parecer son incapaces de presentar propuestas inteligentes a la ciudadanía harta de abusos, corrupción, impunidad e injusticias, y muy proclives, en cambio, a los discursos incendiarios, a la demagogia.

Ahora que ya iniciaron campañas electorales en México y algunas entidades, como Michoacán, verbigracia, para gobernador, alcaldes y legisladores, no es raro que diversos sectores de la sociedad escuchen, al micrófono o en declaraciones mediáticas, a los principales candidatos atacándose, criticando lo que no hicieron sus adversarios políticos, recalcando las torpezas y errores de otras gestiones, cuando en todos los casos se han registrado actos de corrupción e ineptitud. Por algo México se encuentra en ruinas, en una situación alarmante que los hombres del poder intentan sofocar para confundir y engañar a la comunidad internacional.

Resulta lamentable que los espacios públicos y los medios de comunicación se intoxiquen tan rápido de palabras apasionadas por el arrebato, la crítica destructiva y el odio, cuando los mexicanos desean escuchar compromisos reales, propuestas razonables, promesas responsables. Lo demás -las fallas, la corrupción, el nepotismo, la impunidad, el cinismo, las injusticias, los rezagos, el engaño- ya lo conoce la sociedad mexicana, quien desea otra clase de gobernantes. Es estéril que los políticos resalten los errores y la corrupción de sus contrincantes, cuando es del conocimiento general la clase de gobernantes y funcionarios públicos que tiene el país en sus diferentes niveles.

Es oportuno recordarles a los candidatos políticos de los diferentes partidos que el pueblo mexicano ya está harto de tantas palabras y nulos resultados. El país necesita hombres y mujeres auténticos, comprometidos con sus funciones públicas, responsables en el cumplimiento de sus propuestas, interesados en los problemas nacionales y en su solución, gente que ofrezca verdaderas alternativas de desarrollo integral, más que arlequines que se monten en zancos o utilicen bastones para apoyarse y obtener el respaldo mayoritario en las urnas. Habrá que estar preparados para soportar la avalancha de ataques, críticas y descalificaciones por parte de los aspirantes políticos, claro, ausentes de propuestas y compromiso en muchos de los casos; pero por alguien habrá que votar para exigir resultados, y esa tarea es responsabilidad de todos.