Propuesta

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, a quien prometí amor y alegría

Hoy te invito a abrir las ventanas de tu habitación para recibir, al amanecer, las caricias del viento húmedo y fresco; también te propongo descalzarte, tomar mi mano y salir al jardín a correr, sentir la aspereza del césped, hundir los pies en el barro o abrazar el tronco de un árbol con la intención de percibir el pulso de la naturaleza, los gritos de la vida, el diálogo del universo y la creación. Te sugiero, además, recolectar flores de incontables fragancias y policromía con el objetivo de deleitarnos y recordar que en la vida siempre hay un color o una forma para cada situación. Este día, sin saber si mañana habrá otro, te extiendo una invitación con la finalidad de esperar, al anochecer, el surgimiento de la primera estrella que jalará, cual cadena de diamantes, a las que le siguen en los escondrijos del firmamento, y no tanto para contabilizarlas y esconder la inmensidad de su riqueza en una caja fuerte, sino con el objetivo de aprender que el camino al cielo exige una ruta. Mi llamado contempla, igualmente, diluir las horas de este día en jugar, reír, hacer locuras y platicar, hasta que al atardecer, el horizonte y las nubes pierdan su rubor y lo sustituyan por un maquillaje plomado, incapaz de contener la lluvia que nos empapará mientras invertimos los minutos en girar, cantar, bailar y divertirnos. Así, las gotas serán no el malestar de una tarde nebulosa, sino testimonio de la convivencia de dos seres humanos, un hombre y una mujer enamorados, dispuestos a ser felices y abrazar la vida con sabiduría. Mi convocatoria también consiste en abrazarte, unir tu corazón al mío, para que el universo registre sus pautas y ambos, al transitar de este mundo a planos superiores, gocemos el amor dentro de la inmortalidad. Mi exhortación abarca unir nuestras manos para arrojar la red al mar impetuoso y extraer las bellezas atesoradas en el fondo. La mía es una propuesta de amor integral, un plan de vida en el mundo y el cielo, los bocetos de una pintura maestra, los apuntes de una historia subyugante, la oportunidad de romper cadenas, transformarnos en las criaturas extrañas del vecindario y probar el vuelo de nuestras alas, experimentar las ocurrencias que ideamos, materializar los sueños que compartirnos. Es imposible aprehender al tiempo y recluirlo en una mazmorra oscura, ya lo sabemos; en consecuencia, te convoco a navegar en sus aguas, sentir el arrullo de su oleaje y no arrepentirnos, al envejecer o morir, del sentido pleno que pudo tener nuestra historia. Mi propuesta abarca, como bien supones, que te pruebes en tu lapso de vida y yo en el mío, con la dicha y fortuna de dar un sentido real a nuestras existencias por medio del amor que hoy compartimos. Estoy seguro de que así resultará menos complicada la jornada y más sencillo subir los peldaños a la eternidad. Mi insinuación es, finalmente, entregarnos en el amor, ser muy felices y eternizar nuestros seres. Planteo para ambos no una “historia de amor”, sino un “amor con historia”.