Mi poema más delicado

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Mi poema más delicado es el que tomo de las nubes rizadas que incendia el sol una mañana de primavera o verano, mientras tú y yo paseamos y recolectamos, en una canasta, flores silvestres y multicolores de deliciosa fragancia y textura fina que acompañan y decoran el mantel de nuestro desayuno campestre. Mi poesía eres tú, una tarde de verano, cuando hago de las gotas de lluvia un lenguaje, un código, una lectura de amor. Mi arte lo sustraigo de los trozos de cielo que, a veces, en los momentos de inspiración, uno siente que flotan aquí y allá, alrededor, afuera y en el interior, como regalo del artista de la vida. Mis letras son las hojas amarillas, doradas, naranjas y rojizas que el viento otoñal, en sus mañanas traviesas y airosas y en sus tardes y noches bohemias, seca y dispersa en alfombras cautivantes y mágicas. Mi poemario lo completo con las estrellas que todas las noches contabilizo para entregarte un collar de perlas sidéreas. Mi texto idílico, cuando te lo entrego con un tanto de mí y mucho de ti, ya contiene los granos de arena de la playa de nuestro recreo. Mis versos y mi prosa los obtengo del mar jade y turquesa, de las burbujas que brotan de la intimidad de la tierra y revientan en los manantiales, de los copos que dejan las noches nevadas en los abetos, en el paisaje y en los tejados. Mi poema más delicado es, simplemente, una mirada, un suspiro, una sonrisa, un beso, un abrazo que te doy desde la profundidad y el silencio de nuestras almas. Sí. Mi poemario se compone de rumores y silencios, de luces y sombras, de la esencia y de la arcilla, del cielo y del mundo, de ti y de mí, y eso, musa mía, le da un brillo especial que solamente se descubre y siente en un paraíso sin final.

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