Es momento de contagiar a la gente

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Es momento de contagiar a la gente, a millones de hombres y mujeres, en todo el mundo, que apenas hace rato, quizá ayer, cantaban y reían felices e ilusionados, alrededor de la vida, y hoy, irreconocibles, temen a las sombras de la muerte que amenazan entintar los días de sus existencias con matices luctuosos. Es perentorio escapar de los barrotes y las celdas que hemos creado egoístamente, salir del estado de comodidad aparente que equivale más a irresponsabilidad que a razón, y transmitir a otros -familia, amistades, vecinos- auténticas dosis de alegría, fe y optimismo. No hay que esperar a que alguien enferme para llorar, mortificarse y contabilizar uno más dentro de la lista de ausencias. Es momento de formar una cadena humana con innumerables eslabones, todos unidos entre sí, atentos y solidarios, no con la intención de encadenarnos, sino con la idea de fortalecernos y ser auténticos, libres y plenos. Desde hoy, es aconsejable llamar por teléfono a los familiares, a los amigos, a los vecinos, a los contactos más próximos, con la intención de animarlos, preguntar por su salud, recomendarles se cuiden, recordar historias y días felices, planear futuros encuentros, alegres y sanos, para celebrar el milagro de la vida. Es urgente que ellos, a la vez, marquen a otras personas y las saluden igual. Las emotividades presenciales deben reservarse para otras fechas. En ocasiones, las apariencias y las superficialidades, emparentadas con la ansiedad, el consumismo, la soberbia, la necedad y la ignorancia, provocan que la gente no entienda y cometa imprudencias que propician mayores problemas y complicaciones. Es indispensable contagiar a los demás, aquí y allá, ahora y siempre, con sentimientos, ideales, deseos y pensamientos nobles, evidentemente con amabilidad, entrega, sinceridad y sonrisas. El aislamiento y las mascarillas, confinan, aprisionan, a pesar de las recomendaciones en su uso; mas no son excusa para transformarse en criaturas burdas, groseras y malvadas. Es tiempo de demostrar que tú, yo, ellos, nosotros, ustedes, somos mejores y superiores a grupúsculos perversos que causan tanto daño a la humanidad en su afán de reprimirla y dominarla para apoderarse de las riquezas del mundo. Si una élite poderosa, en complicidad con gobiernos serviles y corruptos, militares irracionales, científicos mercenarios y medios de comunicación sin escrúpulos, entre otros, diseñó, formó y dispersó un virus criminal que ha enfermado y asesinado a incontables hombres y mujeres, en el planeta, no olvidemos que Dios colocó un alma en cada uno, sentimientos e ideales, pensamientos y sueños, que se demuestran con la mano generosa que da a otros lo mejor de sí, con palabras de aliento, con una sonrisa, con una mirada comprensiva. Es hora de contagiar a la humanidad.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Hoy, las flores amanecieron más contentas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hoy, las flores amanecieron más contentas y sus colores parecen menos tristes que ayer. Platiqué con las orquídeas, los tulipanes, las gerberas y las rosas, en el jardín, con la idea de compartirles un secreto que mis letras, cuando en las noches las acaricio y convierto en arte, conocen desde hace tiempo. Entienden que un día y muchos más, a cierta hora, he prometido cubrir tu existencia con sus pétalos fragantes y de intensa policromía. Ya saben, a partir de esta mañana, que deseo que su textura fina sea alfombra en los caminos que recorras. También invité a los claveles, dalias, lirios, margaritas, narcisos, hortensias y crisantemos, y lo mejor de todo es que aceptaron destilar sus aromas, plasmar sus matices y dispersar sus pétalos en alegrías y detalles, en pedazos de cielo e ilusiones, en realidades y sueños, en un día feliz y tantos más plenos e inolvidables. Hoy, las flores del jardín y de los bosques, forman parte de la historia que tú y yo protagonizamos cada día. Prometieron, y sé que cumplirán, perfumar tus días, maquillarlos con los colores que traen en su memoria y recuerdan paraísos bellos y prodigiosos. Y a las flores se sumaron, también, las gotas de lluvia, las ráfagas de aire y las hojas de los árboles. Hoy, con ayuda de la naturaleza, he firmado un pacto y ya tengo, por lo mismo, el poema más cautivante y hermoso, el lienzo sublime, el concierto magistral, el cielo y el mundo, las nubes y el mar, mis letras y tu mirada. Hoy, mis letras ya no permanecerán solitarias en las páginas desiertas de mi libreta. Tendrán la compañía de la lluvia que desliza en tu rostro, en tus manos, en tu piel; del viento que juega, incesante, con tu cabello; del sol que alumbra tu mirada de niña bonita; de la luna, con su sonrisa de columpio, que te invita a mecerte conmigo todas las noches; de las estrellas que se cuentan por millones y quieren alumbrar tu camino al paraíso; de los copos de nieve que se extienden en el bosque, en los parques, con el objetivo de que patines y cumplas tu anhelo de la infancia; de las flores que desprenderán sus pétalos con la intención de regalarte cada día la belleza e inocencia de sus colores, el deleite de sus perfumes y la delicadeza de su textura, hasta unirse a los rumores y silencios de nuestras almas al abrazarnos, en detalles, en sueños que ilusionan y realidades que emocionan. Hoy, simplemente, es lo que te ofrezco.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

El arte… el arte abre las otras puertas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El bolígrafo que desliza suavemente sobre las hojas de papel, es el pincel que traza y pinta colores y formas en el lienzo, el arco que acaricia las cuerdas del violín, el martillo y el cincel que esculpen la piedra yerta. En cada movimiento percibo rasgos similares, algo que es tan propio de los artistas y sus obras. Existe, parece, una correspondencia sutil en el arte, como si cada expresión -las letras, la pintura, la música y otras- perteneciera al mismo linaje, a una casa solariega, a una hermandad luminosa e infinita que emula los amores y las pasiones de Dios. Entiendo que el arte no es del mundo, pero lo envuelve al provenir de cielos inmortales que están en uno y en todo. Es para los humanos, a quienes presenta, sintetiza y asimila la creación, la vida, las ilusiones, los sueños y las realidades. Son burbujas que exploran y regalan lo que los sentidos materiales no captan. Enseñan a la humanidad lo que a veces, por sus distracciones, no mira ni escucha. Al dibujar letras y palabras con el lápiz o el bolígrafo, o al oprimir teclas para registrarlas en una pantalla, en un aparato, el escritor es el pintor que crea algún cuadro y el músico que cubre el ambiente con los rumores y silencios de un paraíso mágico. El arte es un mundo infinito, rico e inacabable. Creo que al formar el mundo, Dios hizo incontables paréntesis y dejó espacios, trozos ausentes de sonidos y matices, listas con faltantes, para que sus discípulos, los artistas, los completemos con los materiales que cargamos desde tierras lejanas y tiempos distantes. Dejó palabras incompletas, paisajes a medios tonos, silencios y piedras informes con el objetivo de que los escritores y poetas, inspirados, regalemos las historias y los versos más cautivantes, los pintores obsequien colores, los músicos repartan conciertos supremos y los escultores ofrezcan formas cautivantes. Nadie debe apagar las voces de los escritores y poetas, borrar la policromía y los trazos de los pintores, callar el lenguaje de los instrumentos musicales y destruir las formas cinceladas y fundidas, porque equivaldría, en consecuencia, a derrumbar la entrada a otros recintos, a profundidades hasta ahora insondables, donde se encuentran vetas, tesoros grandiosos, secretos y la fórmula de la inmortalidad. Hay quienes denigran, escupen y encadenan al arte porque saben que tiene alas y luz, y transporta, por lo mismo, a la libertad, a la plenitud. Otros, en tanto, con capacidad y talento de artistas, se transforman y solo aparecen cuando hay butacas ocupadas, reflectores y cámaras, como si las obras fueran mercancía fabricada en serie. El arte es superior porque viene del alma, del ser, y emula el poder de la creación, retrata el sí y el no de la vida, explica lo que casi nadie entendería de otra manera, y acerca, definitivamente, a paraísos, mundos e infiernos, como para que todos conozcan cada sitio y elijan la esencia y las flores o los cardos. El arte es clave, signo, llave. Abre las puertas del alma, del cielo, del mundo.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Tengo un sueño

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y ese sueño tan real, eres tú

Tengo un sueño que me acompaña desde que estaba en otro plano, antes de nacer aquí, en el mundo. Es una quimera, el delirio de una ilusión. Olvido, a veces, que estoy despierto por unos instantes dentro de la eternidad, que me encuentro en un paraje terreno y que mi estancia es temporal, quizá por sentirte tan cerca de mí y saberte el amor de mi historia y el color de mi cielo. Mi desvarío eres tú, con  el anhelo y la idea de compartir nuestros sueños y la vida, hasta que ambas expresiones se fundan en el engranaje del tiempo y en la fórmula de la inmortalidad. Ahora que te sé ángel y humano, dama y mujer, poema y música, me reconozco en ti, seguramente por ser caballero y hombre, cuaderno de apuntes y violín. Ambos somos tú y yo, nosotros. Es así como reconstruyo los antiguos recuerdos que se diluyeron en mi memoria, cuando tú y yo éramos los niños de un paraíso y alguien decretó colocarnos en el mundo para probar la fidelidad y la pureza de nuestro amor. Tengo un sueño , y eres tú, es nuestra historia, es mi poemario y es mi locura de artista enamorado. Eres mi sueño y el encanto de un amor que pulsa en mí, en ti, en nosotros, y en la servilleta de papel que te entrego a hurtadillas -tú lo sabes-, en la que escribo mis confesiones y expreso mis sentimientos cuando me miras y sonríes. Respiro tu perfume, siento tu presencia en mi rostro y en mi alma, llevo tu sabor y me sé tú cuando eres yo, y es así que compruebo que los sueños no son intangibles, que se cumplen si uno cree. Guardo en ti una parte de mí y conservo en mi interior un fragmento tuyo, no para coexistir los dos encadenados en una celda, sino con la intención de ser tú y yo en una caminata libre e inolvidable. Eres mi sueño y mi vida, mi temporalidad y mi eternidad, mi yo y mi tú. No me he quedado con residuos de mis sueños porque todos, te lo aseguro, se han cumplido, y ahora que moras en mí y habito en ti, entiendo que alguien muy especial que pulsa en las frondas, en las cortezas musgosas, en el océano y en las estrellas, los cumple al percibirlos auténticos y nobles. Comparto a tu lado, siempre contigo, un sueño de amor, el encanto de un romance, la dulzura de un idilio que coloca a uno y a otro, a ti y a mí, en la realidad de un mundo de sensaciones y en un cielo de sentimientos. Hacemos vida de nuestra más dulce entelequia y sueños de la realidad. Al mirarte en mí y sentirme en ti, descubro lo mucho que tenemos de nosotros y compruebo que la vida es tan sueño como uno lo desea y que las ilusiones se vuelven reales en la medida que se les construye. Veo en tu mirada la mía y así es como entiendo tu vida y tu naturaleza, y hago de las coincidencias nuestra fortaleza y de las diferencias el complemento que nos enriquece. Eres tú mi sueño, mi realidad, mi estancia temporal y mi condición inmortal. Somos ambos el sueño que tuvimos durante una infancia azul y dorada, cuando te sabías una niña patinadora y me sentía conquistador de incontables hazañas para ti. Todo, en una historia de amor, es sueño como vida. Intento aclarar que tengo un sueño que data de otros tiempos y que consiste en fundirnos en un crisol para ser tú y yo, nosotros, uno más otro, y de este modo hacer de la vida un concierto sin final, una obra inmortal, un mundo y un cielo.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

El encanto de las ilusiones

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…de pronto notamos que a nuestro alrededor flotaban burbujas y rodaban esferas de colores. Estábamos tan contentos que, acaso sin percibirlo, se multiplicaban conforme mayores eran nuestros sueños e ilusiones. Mayor alegría experimentamos al descubrir que se trataba de los dibujos de Dios, los colores del cielo, para hacer realidad y vivir intensamente el encanto de nuestros sentimientos

Los sueños, fantasías e ilusiones son burbujas que flotan alrededor de nosotros, cuando somos tan felices y hasta la constelación, el agua que brota de las fuentes, la banca cubierta de hojarasca y la lluvia son motivo de alegría, juegos y risa. Son imágenes que se repiten en todo y contribuyen a hacer del amor una locura, un encanto, una aventura inagotable, un delirio. Las lleva uno a otros planos, mientras duerme, y las vive con intensidad aquí, en el mundo, con la esperanza de prolongarlas mañana, al siguiente día y siempre, allende las fronteras del tiempo y el espacio. Son los dibujos con los que Dios deleita a los seres humanos que consiente, a aquellos que se atreven a retirar máscaras y atuendos para descubrirse a sí mismos y amar plenamente y ser, en consecuencia, muy dichosos. Son oasis, pausa, inciso y paréntesis de los seres que intentan apartarse de lo burdo para elegir un estilo de vida prodigioso y superior. Acompañan a la realidad. Los sueños, fantasías e ilusiones caminan de la mano de la realidad y la equilibran, le dan un sentido bello. Los días de la existencia conducirían a los extravíos de la razón sin esos globos de colores que marcan el equilibrio, arrancan sonrisas y dan esperanza y descanso. Se trata, parece, de esferas de colores que devuelven las imágenes sonrientes a través de sus reflejos hechizantes. Uno las debe cuidar y limpiar todos los días para evitar que se rayen o se fracturen y transformen en trozos inservibles. Tienen similitud con los detalles. Los sueños y las ilusiones deberían de ser inquebrantables, plataforma para vivir la historia más bella, intensa, sublime, maravillosa e inolvidable porque tienen el encanto y la magia de transformar las figuras en realidades. Lamentablemente, no pocos seres humanos -hombres y mujeres- opacan y rompen las esferas de sus sueños e ilusiones ante la ausencia de amor, proyectos de vida, entusiasmo, alegría y deseos de enfrentar las adversidades y luchar por conquistarlos. Las paladas de egoísmo, discordia, celos, rutina, infidelidad, falta de respeto, discusiones, problemas y superficialidades, sepultan el esplendor de ese regalo del cielo. Dentro de la realidad cotidiana, uno debería de andar entre burbujas y reventarlas aquí y allá, en todas partes, para vivir su exquisitez. Al andar contigo por las rutas de la vida, miro con emoción incontables burbujas que flotan a nuestro alrededor e innumerables esferas que ruedan mientras caminamos, quizá como obsequio de Dios para recordarnos que cada instante tenemos oportunidad de ser felices y materializar nuestros sueños, amor e ilusiones y convertirlos en puente para cruzar el mundo, el universo, y llegar al palacio que alguna vez trazamos sobre la arena de la playa, cuando imaginamos los jardines del cielo.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

 

 

Mis sueños y mi vida…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…es que tras mucho andar, aprendimos que la hojarasca es una alfombra de matices amarillos, dorados, naranjas y rojizos que cautivan los sentidos y sólo son paisaje ante la ausencia de un camino

En todo detecto un sentido, una verdad, un camino. La belleza de una flor, el encanto de un texto en alguna servilleta o la alegría y emoción de una declaración de amor, se desvanecen cuando se les atrapa en los planos de la bodega y el sótano y no se les contempla e incluye en los jardines y las terrazas. No niego que la vida es sueño, pero las quimeras e ilusiones son para experimentarse durante los minutos y los años de la existencia. El amor no se almacena entre archiveros y cosas olvidadas e inútiles, en un ático, porque se empolva y humedece. El amor, insisto, se vive cada instante. Ahora sé que lo más importante no es la belleza del poema que me inspiras, es la palabra transformada en realidad; no es el encanto de las burbujas de cristal que flotan aquí y allá, son los detalles, la traducción de su significado, el valor de experimentar un amor especial e irrepetible. No son la alegría de los sueños e ilusiones -ornatos hermosos e imprescindibles de los sentimientos-, sino las huellas que dejamos al transformarlos en realidad. No son los dibujos que trazo, las pinturas que plasmo en el lienzo, la música que compongo y anoto en el pentagrama y los textos que escribo, de por sí sublimes por tratarse de arte e impulsos que vienen de lo alto y del interior, es la historia que compartimos con sus formas, matices y rumores. Al escribirte poemas y textos, doy idea de que eres mi destino, la ruta que disfrutamos inseparables, y que vivimos la locura de un amor, que volvemos a ser niños y permanecemos envueltos en la esencia etérea que da expresión a las flores, al oleaje, a la nieve, a los crepúsculos y al cielo; sin embargo, lo mejor de todo, tú lo sabes, es que más allá de este delirio, hemos convertido nuestros sueños, ideales, promesas y sentimientos en estilo de vida, en realidad. Al componer los poemas y textos que me inspiras, no es que desee hilvanar adornos y fachadas, es porque poseemos la fórmula para que sueños e ilusionen signifiquen lo mismo que realidad, rumbo y vida. Hoy entiendo que eres mi sueño y mi vida y que tan importantes son la magia de las palabras, el deleite de las promesas y el arrullo de las ilusiones, como el encanto de la realidad. Lo repito: eres mi sueño y mi vida.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

 

Te amo tanto…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Somos fragmento y recuerdo de algo maravilloso. Venimos de un mundo mágico y de ensueño. Quiero compartirlo eternamente contigo. Te amo tanto…

Uno no olvida a quien ama, dije alguna ocasión, cuando te reencontré y me descubrí junto a ti en tu mirada de espejo, acaso porque un día distante jugamos en los jardines del paraíso, quizá por ser parte de una esencia que se siente en el interior, tal vez por compartir una historia sublime, hermosa e interminable de amor, o probablemente por todo. Ya nos conocíamos, y no recuerdo bien si fue en los recintos del cielo, en un tramo de sueño o en otras vidas. Debe ser eso, no lo dudo, con la fortuna de que siempre, en el círculo prodigioso de la creación, hemos sido parte uno del otro, con identidades complementarias, pero en la unidad, fundidos en el proyecto llamado amor. ¿El proyecto llamado amor? Sí. Se trata de protagonizar la historia más bella, inolvidable, excelsa e irrepetible de amor para que otros, en el mundo y el universo, la emulen, experimenten la suya y así se armonicen con el pulso de la creación. Somos uno en la medida que nos amamos con el encanto de los sentimientos más sublimes, los que surgen del interior, no los que inventan para satisfacer apetitos. Por eso, cuando vi tu resplandor, te reconocí y tomé la decisión de volver a ti en esta vida, continuar con nuestra locura de amor y volar hacia una dicha perenne. Es uno de los motivos por el que insisto en experimentar juntos la alquimia de nuestro amor y así transformar las quimeras e ilusiones en realidad y la vida en sueño. Quiero continuar la risa, los juegos y los sueños pendientes que ahora brillan en cada estrella, refleja la luna con sonrisa de trapecio, devuelve el océano en sus olas y sentimos tú y yo en cada latido al mirarnos, al besar nuestros labios, al abrazarnos, al tomarnos las manos. Somos sueños y realidad. La verdaderas historias no se escriben para olvidarlas en algún rincón empolvado del espacio y el tiempo. Se recuperan en cada ciclo y se viven plenamente. Si nos presentimos y reconocimos a la hora de nuestro reencuentro, fue porque una y otra vez estuvimos tú y yo en este y otros mundos, en el pulso de la vida, en las mansiones del cielo. Venimos de un mundo mágico y de ensueño, lo sé, y deseo, por lo mismo, compartirlo nuevamente, ahora y durante la eternidad, contigo. Te amo tanto…

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

El minuto que se va

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los instantes suelen transformarse en el grito adolorido de la existencia, en la angustia y el drama de algo que se fuga y no vuelve más, quizá porque al diluirse se llevan algo de uno, parte de la lozanía distante, la historia de una vida.

Con el paso de los minutos y las horas, se clausuran unas puertas y ventanas y se abren otras, tal vez porque el momento actual se convierte en pasado con celeridad, en ayer, en otros días, mientras el futuro llega cual forastero a una estación solitaria y se marcha presuroso hasta perderse en el horizonte.

El tiempo esculpe jeroglíficos en los rostros. La caminata, en el mundo, concluye con una despedida, de tal manera que entre el cunero y el sepulcro existe un hilo sutil, igual que la hoja que el viento desprende y mece suavemente hasta colocarla en una alfombra que barre y dispersa al soplar con mayor fuerza. Entre el alba y el anochecer se teje un puente tan endeble que en cualquier momento se desprende.

La vida es breve. Sería una locura desarticular la maquinaria del reloj, impedir que el péndulo se balancee o distraer la atención de las manecillas para que sean infieles y no cumplan el contrato que firmaron con el tiempo.

Es innegable que la idea de la finitud resquebraja todos los esquemas, sin embargo, incontables personas, aquí y allá, en todo el mundo, optan por no atormentarse con temas ontológicos y lejos de encontrarse a sí mismos para descubrir sus insondables secretos y diseñar y protagonizar una vida auténtica y plena, prefieren que sus días transcurran en asuntos baladíes, entre reflectores y ruido, hasta que los guiones de sus existencias se convierten en una serie de páginas vacías e insípidas.

La mayoría teme al silencio y a la soledad porque significan el verdadero reencuentro consigo, el descubrimiento y conocimiento de sí, asomar al espejo de la verdad y coincidir no con los antifaces ni con los rostros maquillados ante los demás, sino con los semblantes de quien realmente es uno. Allí encuentra uno su belleza y fealdad, no en los rostros y cuerpos que finalmente se marchitan.

Por eso es que millones de personas justifican su estancia en el mundo con asuntos cotidianos, con la somnolencia de la rutina, con el encanto de las apariencias y las superficialidades, siempre con el argumento de que la vida es corta y, por lo mismo, hay que disfrutarla lo mejor que se pueda.

No obstante, confunden los gritos de júbilo con la alegría auténtica y permanente. Gozar la vida no equivale a dedicar un día, una noche y muchas horas a apetitos pasajeros y trivialidades. Definitivamente no es el camino de la evolución humana, y quien no lo crea, que recorra su entorno y el mundo para que se percate de los niveles tan ínfimos de vibración en que late la humanidad.

Como hijastros y nietos de la radio, televisión e internet, nodrizas responsables de “normalizar” las debilidades, estupideces y pasiones humanas, innumerables hombres y mujeres creen que vivir se justifica con su devoción a los apetitos, a la acumulación de riquezas materiales y a la consagración de vicios. ¿Eso es la vida?

Vayan a los cementerios y escuchen las voces del silencio, los rumores de la muerte, o acudan a los hospitales, a las camas donde agonizan hombres y mujeres que enfrentan padecimientos indecibles, o a los asilos, al lado de ancianos enfermos y abandonados que cargan el peso de los años e historias similares y aburridas, y pregunten cómo vivirían si tuvieran oportunidad de nacer o retornar al ayer, a sus años juveniles. ¿Qué respondería el canceroso si le preguntaran a que dedicaría su vida si tuviera oportunidad de retroceder a los muchos días del ayer?

Cada instante que se consume es irrepetible y resta momentos y capítulos a la gente. Casi nadie se atreve a ser grandioso y singular porque las cadenas del temor, los prejuicios, las creencias que les han impuesto, las costumbres, las apariencias, la seguridad relativa, el conformismo, la pasividad, las modas de la época y la ausencia de convicciones y valor, los condenan a permanecer atrapados en las mazmorras de la mediocridad, y así, al paso de los años, cerca del término de sus existencias, lamentan los segundos que partieron indiferentes. Pocos, en verdad, se atreven a protagonizar una epopeya.

La vida y el tiempo parecen adversarios irreconciliables, muy ajenos e indiferentes a las necesidades humanas; sin embargo, se trata de un lapso de conciencia terrena y de momentos que contabilizados, plantean a hombres y mujeres experimentar sus días con la dicha del amor, la alegría, la libertad y un proyecto integral que conduzca a horizontes plenos.

Escuchen los gritos de la vida en las flores minúsculas que decoran la campiña, en las gotas de lluvia que se transforman en fragmentos de cristal y espejo al acumularse en charcos, en el concierto de las aves, en el oleaje que baña los granos de arena de las playas, en las nubes que transitan pasajeras, en la luna con su maquillaje de plata o su sonrisa de columpio, en el musgo que crece en las cortezas de los árboles, en el río que corre.

Los días de la existencia transcurren raudos e indiferentes, se fugan entre un suspiro y otro, y cómo se lamentan los instantes perdidos, la vida que se dedicó a nada. La noticia para quienes creyeron que vivir significa consagrarse a brincar de una experiencia sexual a otra, acumular riquezas materiales y entretenerse en estulticia y trivialidades, es que compraron el boleto equivocado y asistieron, en consecuencia, al espectáculo más grotesco del planeta.

Dentro de una escala de valores, permanecen encarcelados en las mismas tendencias que llevan a cabo los animales y las plantas, con la diferencia de que cumplen y justifican su misión, mientras hombres y mujeres no transitan a la evolución. Igual que otras manifestaciones, comer, beber, aparearse y pelear por el poder se han convertido en prioridades de millones de personas. Cuán burdo es permanecer atorados en situaciones tan primarias y en base a esa estrechez mental y espiritual, incluso hasta física, consumir la vida.

No he condenado esas necesidades primarias en todo ser viviente, pero sí que los esquemas se hayan tergiversado y que las prácticas que hasta las moscas y cucarachas llevan a cabo por instinto, sean primordiales en las historias de la humanidad.

Cuando uno mira a los bufones de la televisión, escucha las estupideces de no pocos locutores en la radio, oye los contenidos de innumerables canciones, analiza amplio porcentaje de páginas de internet y escudriña los guiones de algunas películas y la trama existencial de no poca gente, concluye que todo responde a un proyecto maestro, dentro del poder, para idiotizar, masificar y ejercer control.

Quienes dedicamos la vida al arte, sabemos que la consecución de una obra equivale a haber dedicado muchos años a perfeccionarla, y eso implica disciplina, esfuerzo, dedicación, sacrificio, trabajo. Se inicia temprano para concluir en la noche de la existencia y ofrecer así una obra magistral.

¿Dónde están quienes sostendrán y guiarán al mundo durante las próximas décadas? ¿En los bares, en los moteles, frente al televisor, entre los gritos de las multitudes y en las redes sociales? ¿O serán los profesionistas que pretenden enriquecerse a través de las actividades que desarrollan, al pisotear la salud de la gente, prostituir la justicia y las leyes, manipular los datos y mentir?

Busquemos en nosotros, en nuestro entorno, en el país, entre la humanidad, a quienes verdaderamente están haciendo algo por mejorar el mundo. ¿Se encuentran entre los políticos, ministros, profesionistas, jueces, empresarios o trabajadores? ¿Dónde están?

Ser grande no es sinónimo de poseer mayor número de conquistas sexuales, comer en los mejores restaurantes, tener los mejores automóviles y la residencia más ostentosa, trasladarse a cualquier región del mundo o hablar estupideces.

La grandeza inicia en uno, en la humildad de espíritu, en el proyecto de vida que se diseña y en las huellas que se dejan. Pregunten a los moribundos de qué sirvieron sus locuras. ¿Qué se llevarán? ¿La añoranza de sus locuras repetidas durante tantos años?

Independientemente del estilo de vida de cada uno, es innegable que el minuto presente huye para ceder su espacio a otro que tendrá similar destino. La vida es, parece, una serie de números con una cuenta regresiva en la que cada segundo es el aliento que escapa, la lozanía que se fuga, la salud que se diluye.

La vida es breve. En latín, por si no se comprende: vita brevis. Así de leve y pesado. No se pueden atrapar los días felices ni desechar los momentos tristes e inciertos. Vienen y se van con el mismo compás. Son luces y sombras, auroras y ocasos. La existencia está matizada de claroscuros. La sabiduría consiste en evolucionar y probarse a sí mismo.

Quien no se acepta como es físicamente, verbigracia, se condena a ser infeliz toda la vida porque sus rasgos, su perfil, le acompañarán hasta el instante postrero. Hay quienes parte de sus existencias reniegan por su aspecto, su nombre, su familia, sus condiciones, y lo más sorprendente de todo es que se trata de personas con salud y seguramente capacidad para superar la mayoría de las pruebas y trascender.

Lamentablemente, las tendencias del mundo de la hora contemporánea son la estupidez y la superficialidad. Millones de seres humanos vibran a una frecuencia tan baja que se impresionan por la apariencia física de hombres y mujeres, rinden culto a sus apetitos sexuales y a las cosas materiales. Su trama existencial carece de valores e interés. Es un modelo muy generalizado que se repite entre una generación y otra, hasta que desciende el telón de la comedia.

El minuto presente se fuga como lo hizo el que lo antecedió y lo llevará a cabo el que lo sucederá. Con cada instante, la vida se reduce junto con las posibilidades de ser dichosos, libres, plenos y diferentes.

Tal vez por dedicarme al arte de las letras, relaciono la historia de la vida con un cuaderno con las páginas en blanco, un pentagrama o una piedra de mármol preparada para esculpirse.

Uno, ante una libreta de apuntes, tiene oportunidad de escribir y protagonizar una historia épica, un guión irrepetible, bello, excelso e inolvidable, como dibujar, en el pentagrama, los signos de una sinfonía magistral o una serie de notas discordantes.

Hay que atreverse a romper los barrotes de las apariencias, el miedo, las costumbres, los prejuicios y las creencias impuestas. No importa enfrentarse a la opinión generalizada si a cambio se descubre el vuelo pleno y libre que conduce a la luz.

Quien no se atreve a materializar sus ideales, por absurdos y ridículos que parezcan o por resultar contrarios a las creencias y convicciones de las mayorías, se condena a sacrificar la oportunidad de vivir una historia maravillosa.

La vida es bella, es cierto. Merece experimentarse en armonía, con equilibrio y plenamente, siempre acompañada de un proyecto auténtico, de valores y de decisión de ser libre y conseguir que los sueños e ilusiones se transformen en realidad, en vida, a pesar de que parezcan imposibles u opuestos a los intereses colectivos.

Uno es maestro de su existencia, con capacidad de hacer de los sueños e ilusiones un encanto, un estilo de vida. Sólo hay que atreverse a lograrlo con decisión y sin temor. Al final de los días existenciales, la mayoría de las personas se arrepienten de no haber luchado por lo que soñaron, y hasta admiten que no hubiera importado romper esquemas y enfrentarse a los prejuicios sociales. Temieron y no se atrevieron a protagonizar el encanto de una historia de ensueño.

El minuto presente se va y no vuelve. Atrévanse a soñar, a dar vida a sus anhelos, ilusiones y sueños. No se condenen por miedo o prejuicios a la oscuridad de las celdas. La vida es algo más y eso corresponde experimentarlo a cada ser.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

TROZOS DE VIDA… Sueños y realidad

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Si estás en mi vida, también en mis sueños; si te percibo en las profundidades de mi ensoñación, es porque formas parte de los días de mi existencia. ¿No es lo mismo, entonces, creer y pensar que si permanecemos juntos en el mundo, lo estaremos en la inmortalidad?

Quiero abrazarte cada noche, mientras las estrellas trazan su ruta a la eternidad, para acariciar tu cabeza y besarte con ternura cuando duermes, acaso sumergida en la profundidad del sueño, quizá envuelta en gotas de cristal, tal vez conmigo, entre fantasías y juegos, para que al amanecer, al despertar y la luminosidad del sol penetre por las rendijas de las persianas y el ventanal, descubras en tu almohada una rosa blanca, como las que tanto te gustan, o una servilleta con la inscripción “me encantas”, o una carta escrita durante la madrugada con mis confesiones y declaración de amor. También deseo que al dormir, lleves a tus sueños los fragmentos de nuestras vidas, la historia que protagonizamos, los sentimientos que compartimos, y que al permanecer despierta y te entregues a tus tareas, al ritmo de la existencia, te sientas envuelta por las fantasías e ilusiones de la ensoñación. Así, nuestra realidad en el mundo estará presente en tus sueños, y los detalles de cada día de la existencia tendrán relación con las imágenes y sensaciones de la ensoñación. ¿Qué diferencia existe entre los sueños y la vida cotidiana, musa mía? Solamente hay que vivir sin olvidar las fantasías e ilusiones, y entregarse a los sueños con algunos trozos de la existencia para sentirnos y tener oportunidad de jugar, reír, ser felices y amarnos en ambos mundos, hasta que crucemos juntos la frontera del universo y percibamos las fragancias y los sabores de la creación. Esta noche, mientras llueve, quiero abrazarte, mirar la intensidad de tus ojos, dormir y trasladar a nuestros sueños lo mejor de la historia y los sentimientos que compartimos cada día. Prometo que cuando amanezca y despiertes, percibirás la esencia de la rosa blanca que dejaré en tu almohada como símbolo del amor que me inspiras y un detalle, una hoja seca con nuestros nombres, algún papel con la inscripción “me cautivas” o una declaración especial y romántica, con la promesa de regalarte el cielo.

Anna Grechishkina

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Conoce la soledad del desierto, con sus días ardientes y sus noches heladas, bajo una bóveda estrellada y cerca de una fogata que apenas alumbra y disipa las ansiedades y los temores que provocan los animales y que solamente experimentan quienes se han aventurado a andar por los caminos y rincones más recónditos del mundo; también ha transitado por los sitios con maleza, las ciudades cosmopolitas, los pueblos pintorescos, las carreteras, los caminos y las aldeas. Es trotamundos. Recorre el mundo en motocicleta.

Ha percibido los signos del hambre y el dolor de la humanidad, ha probado el cáliz de la desolación y muerte que dejan las guerras, ha sentido el pulso del odio entre los pueblos, que contrastan, afortunadamente, con la misericordia de una mano hermana que alivia el sufrimiento, la mirada amiga que comprende la tristeza y las palabras que alientan y dan esperanza. Sabe, por sus experiencias de viajera, que la vida es multiforme y presenta claroscuros.

Nació en Ucrania, país que se localiza al este de Europa y que colinda con Rusia, Bielorrusia, Polonia, Eslovaquia, Hungría, Rumania, Moldavia y los mares Negro y de Azov; no obstante, para ella, Anna Grechishkina, las fronteras sólo existen en los mapas y en las mentes de las personas, porque la humanidad es una mezcla de razas y creencias, una gran hermandad que no conoce límites.

Hace un paréntesis dentro de su incansable travesía por el planeta. Es de noche. Refiere que la mayoría de los seres humanos tienen sentimientos nobles y que cuando determinadas personas actúan mal, definitivamente se debe a la falta de educación. Está convencida de que los problemas de la humanidad se resolverán conforme hombres y mujeres accedan a la escuela y reciban formación integral. Reconoce que el amor y la educación son fundamentales para que la gente ascienda los peldaños de la gran escalera que es la vida.

Desde su concepción, las razas y creencias no son impedimento para que prevalezcan el amor, la paz y el respeto entre las personas. Ella cree en una hermandad universal. Los colores, las fronteras y los límites son impuestos por los prejuicios, la ambición y el odio. Ella lo sabe muy bien.

Es una soñadora que desde la infancia ha andado aquí y allá, en un lugar y en otro, porque al viajar, al recorrer un pueblo, una ciudad y tantos sitios, da un sentido pleno a su vida. Y es que las experiencias ajenas a lo cotidiano, a la rutina, son las que enriquecen los días de la existencia.

Un reducido número de seres humanos cumplen sus sueños, materializan sus aspiraciones y se dedican a lo que les agrada, como ella, Anna Grechishkina, quien no sólo realiza desde hace año y medio su proyecto de viajar por el mundo, en motocicleta, sino comporte experiencias con la gente, conoce la realidad de los pueblos y se involucra en su cultura.

Aún dispone de año y medio para recorrer el mundo en su motocicleta, su fiel e inseparable compañera de incontables andanzas. Sus contactos, en cada país, son los miembros de los clubes de motociclismo, quienes algunas veces le ofrecen alojamiento en sus casas y otras ocasiones, en tanto, la acompañan en determinados caminos.

Hasta el momento lleva 70 mil kilómetros recorridos y aún le faltan otros 70 mil para cumplir la meta de 140 mil. Lo mismo ha transitado por Australia que por Siria, las naciones islámicas, Europa, Singapur, Estados Unidos de Norteamérica y México.

Al concluir su jornada, pretende escribir un libro sobre sus experiencias y ofrecer conferencias con el objetivo de que la gente -hombres y mujeres- comprenda que los sueños, cuando se trazan correctamente y se lucha por conseguirlos, se transforman en realidad.

Tiene interés en dirigir pláticas a mujeres para que sepan que no están solas, e inculcarles un espíritu de lucha. Su idea es recalcar a los auditorios femeninos que no sean conformistas, que luchen con dignidad y cumplan sus sueños y aspiraciones.

Ucraniana de nacimiento, es trotamundos y rompe fronteras con su mensaje de amor. Inició el motociclismo a los 10 años de edad. Siempre creyó que la mejor fórmula para conocer el mundo es a través de los viajes, y hoy, en sus años juveniles, está cristalizando su sueño. Es su momento y lo mejor, bien lo sabe, está por llegar porque lo ha propiciado.

Sonriente, afable y sin dejar de acariciar al poodle french del matrimonio de médicos que le brindó hospedaje, Anna Grechishkina admite que de México le atraen la hospitalidad de la gente, la biodiversidad, la gastronomía, la historia y las manifestaciones culturales.

Muy temprano, cuando la neblina aún envuelva los árboles y las casas somnolientas de la ciudad, Anna Grechishkina aparecerá sencilla, con botas, pantalón de mezclilla, playera, chamarra de piel y casco. Subirá a su motocicleta, tapizada de calcomanías y etiquetas de diversos rincones del mundo, prenderá el motor y arrancará hacia rutas insospechadas, donde protagonizará, sin duda, historias que un día platicará ante un auditorio ansioso de cumplir sus aspiraciones. Anna Grechishkina, quien constantemente repite “yo tengo un sueño”, pretende romper barreras para demostrar a otros que es posible vivir plenamente y convertir en realidad los anhelos y proyectos. Si cada día presenciamos el milagro del amanecer, del anochecer, de la vida, ¿acaso no será posible transformar los ideales e ilusiones en realidad?