Trozos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…quiero raptar al pasado las horas de tu infancia para jugar y sonreír contigo, los años de tu juventud para vivir ilusiones a tu lado, y del presente y mañana pretendo sustraer tiempo con el propósito de fundirnos y dedicarlo a ti

Hoy arranco un trozo de sol para iluminar tus días nublados, volver dorados tus amaneceres y atardeceres, mirar el horizonte con la luz de la esperanza y regalarte los colores de las ilusiones. Desprendo estrellas del firmamento con el objetivo de compartirte sueños e instalar faroles en nuestro sendero. Espero las horas nocturnas con la intención de sentarme a tu lado en una banca y pedir a la luna me preste su sonrisa de columpio para mecerte con suavidad y así conducirte a dulces fronteras. Tomo las fragancias y la policromía de las flores para llevar siempre conmigo tu perfume y las tonalidades de tu cabello, tus ojos y tu piel. Recolecto copos de nieve y cristales de hielo para que descubras, al verlos, la belleza de tu resplandor. Tomo gotas de lluvia con la idea de transformarlas en detalles, quimeras, ilusiones y realidades porque deseo que cada momento, en este y otros planos, seas intensamente feliz a mi lado y sientas el pulso del amor y la alegría. Sí, quiero raptar al pasado las horas de tu infancia para jugar y sonreír contigo, los años de tu juventud para vivir ilusiones a tu lado, y del presente y mañana pretendo sustraer tiempo con el propósito de fundirnos y dedicarlo a ti. ¿Adivinas el motivo de mis anhelos y suspiros? Bien lo sabes porque lo mismo puedo armar tu nombre con letras de hielo y trazarlo en la playa para que las olas mojen la arena y lo lleven a la profundidad del océano, que definirlo en la geometría de la constelación y escribirlo en una servilleta de papel.

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La fórmula

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

… mi fórmula consiste en amarla con alegría y emoción, como si cada día fuera el primero y último de nuestra historia. La amo tanto…

Dicen, en el mundo, que el amor es temporal y algún día se extingue. Hay quienes piensan que es un estado de ánimo propio de la juventud, los artistas y los ilusos, acaso por estar confundidos y suponer que el romanticismo es un atuendo que difícilmente se consigue en las tiendas donde los maniquíes aparecen asomados en aparadores, entre reflectores y tonalidades, o quizá porque resulta complicado mantener un estilo de vida auténtico y fiel, con detalles y sonrisas todos los días, promesas y fantasías, sueños y realidades, vivencias e ilusiones. No todos están dispuestos a enamorarse de alguien por su esencia, por la brillantez de su interior, y menos llegar juntos hasta la hora postrera, cuando las arrugas, el agotamiento, las canas y las enfermedades desvanecen los otrora rasgos de belleza pasajera. Prefieren naufragar y que las olas los conduzcan a parajes lejanos, a otras siluetas, a caras lozanas, a cuerpos juveniles. Muchos se sienten atraídos por los rostros y las formas, y huyen cuando asoman el cabello plateado y la rugosidad, el cansancio y la amnesia, o al necesitar la otra persona un abrazo consolador, una mano que la sostenga y un pañuelo que seque sus lágrimas en los instantes cruentos. Algunos detienen mi caminata con el objetivo de preguntar cuál es la fórmula para que el amor no muera. Sonrío, pienso en ti y respondo: “es primordial vivir enamorado. En mi caso, todos los días expreso a mi musa que con la emoción, alegría e ilusión de la primera vez, me siento cautivado por ella, que estoy profundamente enamorado y que la amo. Al identificar su nombre con el de un ángel o llamarle trozo de cielo, principio de eternidad y color de mi vida, la incluyo en los días de mi existencia terrena y en la eternidad. Le soy fiel y se lo reitero cuando le recuerdo que al mirarla por primera ocasión, comprendí que no habría cita para alguien más. Constantemente le repito que siempre tendrá mi amor, admiración, consentimiento y respeto. Trato de cubrir su camino de detalles y me transformo en el caballero capaz de inventar, diseñar y fabricar la silla más hermosa para una dama. Destaco mi asombro ante sus cualidades femeninas, su código de vida, sus principios. La admiro. Muchas veces me he preguntado cómo arrancar un suspiro a la eternidad para regalarlo a nuestros corazones y que comprueben que el amor nunca muere cuando es auténtico y fiel. Tal es mi amor por ella. Trato de ser aurora en sus ocasos y noche en sus días para así complementarnos y enriquecer nuestras existencias. Sonreímos y jugamos mucho. Volamos libres y plenos, envueltos en el amor y ausentes de contratos y grilletes. Evitamos los disfraces y buscamos las horas de alegría y los instantes de silencio. Queremos ser felices aquí, durante nuestra estancia mundana, y allá, donde el silencio son los rumores del alma y de Dios, y los susurros del cielo provienen de las mansiones del ser. ¿Un consejo más? Claro, la amo con tal alegría e ilusión como si cada día fuera el primero y último de nuestra historia”. Por cierto, ¿recuerdas mi emoción cuando te declaré mi amor? Parecía un niño feliz y emocionado, seguramente porque el amor auténtico y puro conserva los matices del alma y el cielo. Y sí, con aquella exaltación confieso nuevamente que estoy enamorado de ti, me embelesas y te amo.

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Una dama…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Una dama, lo presumo, eres tú, el ente femenino que me ama y por quien soy caballero. Una dama, insisto, es la sonrisa que aparece en el cielo, es la blancura de la nieve, es la flor ufana, eres tú

Una dama es la flor que sonríe cada mañana, el perfume que brota de los jardines, la blancura de la nieve, la libertad del viento y la sonrisa que aparece en el cielo, quizá porque Dios, al trazarla y aplicar su esencia en ella, pretende que uno se transforme en caballero y descubra la belleza y el resplandor que atesora quien hace de la vida un encanto, un detalle, un milagro.

Al definirte en la ruta que seguía, descubrí tu brillantez, la mirada de quien trae el refinamiento de las alturas, y comprendí de inmediato que se trataba de ti, una dama por quien yo construiré una silla de madera fina para que la ocupes en caso de que no exista alguna disponible en el teatro, el restaurante o la plaza pública.

Tras entender que una dama es quien entrega la pureza de su amor y deja huellas femeninas, aprendí a ser el caballero que te cede el asiento y dispersa pétalos y hojas para que tus pies transiten sobre una alfombra tersa.

Quiero ser el caballero que cubra tus días de amor y alegría, confianza y detalles, promesas y regalos, sueños y realidades. Armaré una escalera para que subas al cielo, un puente de cristal que una nuestro mundo con el paraíso, una embarcación segura para pasear contigo cada instante.

Una dama es eso, un ser femenino y sutil, alguien que siente, piensa y actúa con rectitud, siempre justa y benevolente. A una dama como tú, color de mi vida, se le entregan el amor, la confianza, los detalles, la admiración, el consentimiento y el respeto, perlas que forman parte de un collar que sólo se compara con el brillo del océano cuando lo besa el sol o con los luceros que aparecen cada noche romántica en el firmamento.

Hace años, al coincidir en algún paraje de este mundo, me percaté de que se trataba de ti, la mujer que pinté en mis lienzos y que pedí a Dios me concediera el milagro de compartirle mi alma y lo mejor de mí.

Por una dama, uno se vuelve caballero y emprende la hazaña más prodigiosa. Feliz el hombre que recibe el amor de una dama, de un ser puramente femenino, porque tiene el anticipo del cielo, la dicha de conocer y vivir una de las bendiciones más hermosas.

Es cierto, la fortuna de ser amado por una dama, es la bendición de Dios que concede la oportunidad de experimentar anticipadamente su reino sin fin. Es tratar con una mujer buena y sabia que muestra sentimientos puros y se comporta con energía cuando es necesario.

Una dama, como tú, es casi un ser extinto, absolutamente femenino, que ama con autenticidad y fielmente, una mujer en quien se confía plenamente, un ángel que lleva a la morada edénica, a la felicidad y a un plano sublime. Una dama, repito, eres tú, por quien soy caballero y conozco el amor más excelso.

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Mientras dormía

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

¿Sueño de amor? ¿Realidad? ¿Mundo? ¿Cielo? Eres tú, simplemente tú

Anoche, mientras dormía, te descubrí en mis sueños, entre filamentos de agua y nubes de colores mágicos, como sustraídos de un cielo que uno presiente en el interior, en el universo, en la flor perfumada, en la hoja ufana, en el concierto de las aves, en la cascada y en el rocío de la mañana.

No era un sueño común porque entonces, pregunto, ¿cómo definiría mis citas contigo? Si durante las mañanas y las tardes hablo contigo y compartimos el sí y el no de la vida, los claroscuros de la existencia y la intensidad de una historia especial e inolvidable, en las noches acudo puntual a nuestro encuentro.

Cuando duermo, sé que me traslado a otras fronteras, a horizontes y planos insospechados, donde tú y yo volamos y experimentamos con asombro y emoción la capacidad de volar libres y plenos y, a la vez, fundidos en un amor que late al ritmo de la vida, de las estrellas, de la creación y de nuestros corazones.

No es demencia ni imaginación, ni tampoco sueño; es, pienso, la locura de un amor que rompe fronteras con la intención de que tú y yo, los de siempre, comprobemos que somos compás de una mano prodigiosa que funde nuestras almas en polvo similar al que se desprende de las estrellas en el firmamento para dar belleza a su esencia y sus formas.

Estoy convencido de que nuestros encuentros, cada noche, son resultado de los anhelos de un romance que no cabe en el tiempo, que definitivamente no encaja en la maquinaria del reloj, y busca, por lo mismo, expandirse en los confines del sueño.

Hoy creo que alguna vez, cuando los sueños resulten insuficientes, tomaremos nuestras manos, cargaremos nuestras mochilas de excursionistas y viajaremos aquí y allá, a un lugar y otro, hasta descubrir un cielo inconmensurable, donde el tiempo sea ayer, ahora y mañana, la eternidad que anhelamos.

Gozamos, en la realidad terrena y en los sueños, el delirio de un amor que parece inextinguible, que brota de nuestras almas o de algún rincón secreto, igual que las burbujas de un manantial que surgen de las entrañas de la tierra y revientan al recibir las caricias del aire y la mirada de la luz solar, con regalos, promesas, ilusiones y vivencias.

Gracias al diseño y la arquitectura de nuestros sentimientos, aquí, en el mundo, construimos una historia que trasladamos a la línea de los sueños y que después protagonizaremos allá, en las fronteras donde la aurora es ocaso y la noche es mañana.

Anoche, al caer en las profundidades del sueño mientras llovía, regresé a nuestra cita y te miré de frente, emocionado. Observé tus ojos para descubrir mi reflejo. Besé tus labios para sentir tu sabor y escuché tu voz con el objetivo de identificarla con el rumor del mar, el susurro del viento y los murmullos de la eternidad.

Intuyo que existe una ruta interior, un camino secreto que conduce a las almas que se aman a un encuentro sublime, donde el encanto y la magia existen, hasta que un día, sorpresivamente, la vida se transforma en sueño y las quimeras e ilusiones en realidad.

Recuerdo que durante nuestras citas, en el paraje de los sueños, la alegría, el amor y las ilusiones adquieren una dimensión tan grande, que parece que uno se encuentra, dentro de su historia, en el prólogo de un cielo para los dos, en el anticipo de la inmortalidad.

Vi colores de ensueño a tu lado, resplandores, y supe, entonces, que estaba contigo en algún sitio de nuestras ilusiones. Volamos juntos y contemplamos la maravilla del amor fiel y puro, el prodigio de convertir los sueños, fantasías e ilusiones en realidad. Sólo es desearlo y luchar por conseguirlo, dijimos al unísono del canto de la lluvia y la sinfonía del océano.

Este amor es una locura, es la medida de nuestros sentimientos, la dimensión de los aciertos y desaciertos que tenemos, el delirio de coexistir felices, un estilo de vida, la demencia de reír y jugar incansables, el milagro de fundir tu alma y la mía  en el palpitar de la creación, la maravilla de mirarnos reflejados uno en el otro y la sensación de volar libres e inseparables.

Es verdad, cada día conseguimos que los sueños sean realidad y las fantasías e ilusiones, en tanto, vida cotidiana con sus alegrías y emociones, con su romancero, con las estrellas que tocamos, el oleaje que sentimos y las visitas a paraísos insospechados, solamente presentidos en las honduras inconmensurables del ser.

El sueño ya es tu vida. Tu existencia ya es sueño. Así lo deseo para ambos, dedicar los días de nuestras existencias a una excursión llamada vida y sueño. ¿No es eso el amor? ¿No es un paso al cielo?

Te dedico mis poemas, mis textos, mis obras, acaso porque ya te di alguna vez la llave de mi ser, el código de mi amor, junto con mis días, precisamente por ser quien eres, por sentirte en mí, por mi idea de inventarte en caso de que no existieras, por pretender eternizar nuestra unión.

Sólo tú y yo sabemos lo que significa hundirnos en el silencio, en la profundidad de nuestras almas, durante las noches de sueño, hasta reencontrarnos en un paraíso que sugiere que el amor y los sentimientos son reales y vienen de lo alto, de esa sensación de que hay algo grandioso que da color y sentido al universo, a la vida, a la creación, a ti y a mí.

Es cada sueño reflejo de nuestros anhelos, resultado de los sentimientos que nos envuelven, extensión de la historia que compartimos. Escapamos, quizá a hurtadillas, una noche, otra y muchas más para reunirnos en la antesala de la eternidad, entre el cielo y el mundo, donde es factible materializar las ilusiones más bellas.

Te defino en mis sueños como aquí, en la realidad, con la brillantez de tu ser, tus ojos de espejo, tu nombre de cielo, tu deleite de impregnar lo que haces y tocas con tu encanto femenino y ese estilo de vida diferente que indica que atesoras las joyas más preciadas del alma y la creación.

Imagino que nuestros encuentros son la fusión de un amor especial e inagotable, la dulzura de un beso, el encanto de una mirada, la magia de una palabra, la emoción de una sorpresa, la expresión de saber que uno no está solo, que siempre habrá alguien paralelo, con su propia identidad, que latirá al mismo ritmo y le entregará lo mejor de sí porque se trata, parece, de un sentimiento que proviene de lo más elevado.

Tan dichosos somos aquí, durante la estancia en el paraje llamado vida, que buscamos que las noches y madrugadas columpien tu alma y la mía en las cimas y los precipicios de la ensoñación. Queremos que la medida de nuestro amor e historia no sea el tiempo, el reloj que marca segundos, minutos y horas sin piedad; deseamos que la pauta de los sentimientos que compartimos se vuelva el arrullo de la eternidad.

Así son nuestras horas de sueño, encuentros felices, escapes a otros reinos, caminata y juegos, excursiones y risa, regalos y sorpresas, colores y luces, promesas e ilusiones que se vuelven encanto y realidad.

¿Es que este amor es una locura? Sí, tal vez se trata de una demencia, un delirio que envuelve nuestros corazones y que al revisar la historia que protagonizamos, le da el resplandor de uno de los luceros que cada noche alumbra el firmamento.

Más que quimeras que se desvanecen al entrar la luz por el dintel de la ventana y abrir los ojos, son jornadas, las nuestras, de espacios ajenos a las horas que arrenda el reloj, seguramente porque el tiempo no ha descubierto el portón ni mancillado y pisado la comarca que antecede al cielo.

Oh, imagino que si es una delicia estar contigo en el mundo y durante los paseos que emprendemos al terruño de los sueños, compartir nuestro amor en el jardín de la inmortalidad debe ser un privilegio, un encanto, un milagro. Y el cielo, parece, inicia en el alma y se percibe en el amor, en la felicidad, en los códigos de vida. Es un placer y un regalo escribir en la arena “tú y yo”, mirar arriba el reflejo de nuestros sentimientos y susurrar a alguien “me cautivas desde el primer instante que te descubrí. Te amo”.

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Algunos sueños…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Una noche te soñé y al otro día te descubrí en mi alma, en mi vida y en mi historia

Algunos sueños se quedan en la almohada, en cierto rincón inexplorado del ser, cual náufragos en la inmensidad del océano; pero las promesas e ilusiones es posible convertirlas en realidades cuando uno las coloca en globos de colores, burbujas de fantasía y estrellas plateadas una mañana de enamoramiento y locura o una noche apacible y romántica. Los sueños se trazan desde profundidades insospechadas, donde uno flota y descubre siluetas, ecuaciones, fragancias, tonalidades e historias, y se vuelven reales al despertar y buscarlas aquí y allá. Es preciso conseguir que sus fórmulas y magia los transformen en perlas preciosas. Tal vez si una noche soñaste que las flores, al sentir deslizar las gotas del rocío, mostraban palabras enternecedoras, yo pueda saltar la cerca de tu jardín con la idea de componer poemas que hagan vibrar tu corazón y al universo, o escribir tu nombre y el mío en todas las hojas de los árboles y en los pétalos de fina textura, con las palabras que nos identifican y la historia que compartimos. Me he propuesto correr a tu lado las mañanas, tardes y noches de lluvia para hacer de cada gota un motivo de alegría, un encuentro de amor, una sucesión de detalles, un paseo inolvidable, un sumario de ilusiones y realidades, un regalo y muchos más, miradas dulces y una colección de abrazos y besos que transporten nuestras almas hasta fronteras de encanto y parajes de ensueño. Si algunos sueños se quedan en la almohada, yo colocaré a tu lado una flor antes de que despiertes como magia y cumplimiento de mis promesas.

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Al reconocerte

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Por ti escribo un poema, pinto diamantes en el firmamento y reproduzco la música que proviene del silencio; pero también, ya te lo prometí, construyo una escalera para pintar en el cielo una puerta que se abra cuando te invite a pasear por moradas sutiles e insospechadas

Admito que no tenía la costumbre de raptar servilletas de los restaurantes para dejar constancia de nuestros encuentros mágicos y de ensueño. No me paraba tampoco frente a los árboles frondosos con la intención de escribir en sus hojas nuestros nombres, fechas y palabras que sólo identifican a los enamorados, a quienes ríen, toman sus manos, se miran, corren y juegan. Generalmente admiraba las flores por su belleza, perfume y elegancia; pero ahora pido al artífice que se inspire para que cada arreglo sea un poema de colores, fragancias y texturas cual símbolo del amor y embeleso que siento por ti. Imaginaba la dulzura de una mirada especial, un beso y un abrazo, hasta que contigo transformé mis sueños en realidades. Escribía porque soy artista y es mi pasión, y forma parte de mi esencia; pero al enamorarme de ti y declararte mi amor, descubrí a la musa que me inspira. Y si me encantaba soñar, contigo tránsito de los capítulos fantásticos a la historia completa y plena, de la imaginación a la vida y de la realidad a moradas sutiles. Si antes, al anochecer, contemplaba el firmamento, ahora le doy lectura para descubrir nuestros nombres e historia entre los luceros de diamantes que alguien pintó y fundió en el lienzo. Al abrir la puerta, un día me di cuenta de que es para albergarte hoy y siempre. No tenía la costumbre de mirar a alguien a mi lado, hasta que una vez te descubrí y entendí que ante nosotros se extienden un sendero cubierto de flores y un horizonte excelso y pleno. Te describí en mi cuaderno de notas, te pinté, te esculpí y te convertí en música, hasta que un día surgiste de un mundo extraordinario y subyugante. Intuí tus ojos de cielo y espejo, tu nombre de ángel, tu cabello de noche, tu sonrisa de niña y tu rostro bello e inolvidable; por eso, al coincidir contigo, te reconoció mi alma y me vi retratado en ti. Todos los días te esperé y una noche, sin sospecharlo, los caminos que seguíamos se cruzaron y coincidimos, de tal manera que ahora compartimos los sueños y la vida. Eres tú quien durante la niñez imaginé al soplar los filamentos de un diente león, la pequeña que descubrí en el reflejo de una fuente, la mujer que ya moraba en mi mente y corazón, la dama que un caballero buscaba a pesar de que el mundo crea que son cosas del pasado. Ahora me doy cuenta de que sólo es necesario hacer a un lado las ataduras, los disfraces y las máscaras que estorban para tocar a la puerta y pedir que los sueños se cristalicen y se transformen en perlas, en mares de piel turquesa, en cielo. Mi sueño se hizo realidad cuando el poema, la pintura y la música que plasmé para interpretarte, se convirtieron en tu nombre, en tu imagen, en tu voz. Otros días de antaño te imaginé y plasmé en mis obras; hoy eres mi musa y confieso que por ti escribo nuestros nombres en los pétalos que seguramente atesorarás entre las páginas de un libro, pero también soy capaz, ya te lo prometí, de pintar la puerta más cautivante en el cielo para entrar contigo y regalarte una historia de amor feliz e interminable.

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Sueños y realidades

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Tu amor y tu nombre de ángel me envuelven en un sueño llamado realidad

Entre un sueño y una realidad, detecto un suspiro, un destello que sustituye los espejismos por prismas. Es la magia de transformar las fantasías en colores. Hoy, como siempre, quiero convertir los sueños en realidades, los colores en arcoíris y flores, las ilusiones en detalles, las palabras en acontecimientos y relatos vivos e intensos, las promesas en regalos y sonrisas, las estrellas en diamantes, los abrazos en motivos de consentimiento, los besos en sabores de una historia bella e inagotable, el cielo en morada y el amor en tu proyecto y el mío. Tejo un puente con los hilos dorados del sol, con los faroles de la noche, con la mirada turquesa del mar, con las gotas diáfanas de la lluvia, con las burbujas que brotan de los manantiales y con la plata de la luna brillante que asoma cada noche en forma de columpio para que tú y yo, felices, experimentemos la dicha de estar juntos. Cada noche anhelo correr contigo al mundo de los sueños, empujarte y resbalar a tu lado a las profundidades de las ilusiones, para al siguiente día, al amanecer, colocar, mientras duermes, una flor en tu almohada, ofrecerte un capítulo esplendoroso, abrazarte con ternura, besar tus labios con dulzura, mirar tus ojos de cielo y pronunciar tu nombre de ángel. Así, al sentir los latidos de tu corazón, volaremos libres y plenos, muy felices los dos, en busca de horizontes grandiosos. La vida es ilusión y sueño. Los sueños forman parte de la existencia. Historias como la tuya y la mía se componen de eso, de instantes, sueños y realidades, ilusiones, felicidad, silencio, juegos, capítulos enriquecedores y un amor tan resplandeciente que alumbre el universo al dispersarse en estrellas mágicas y sutiles. Mi sueño y realidad, lo confieso, eres tú, ojos de espejo.

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Un regalo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Para ti, con amor, porque eres nombre de ángel

Los días de la existencia son tan fugaces y la estancia en el mundo de tal brevedad, que pretendo convertir nuestros sueños en realidades, dibujar en tu rostro sonrisas e ilusiones y caminar a tu lado por senderos mágicos. Me he propuesto, también, atrapar las gotas de lluvia para reventarlas contigo y descubrir con emoción los regalos que bajan del cielo, sin olvidar encerrar en cada burbuja una sorpresa, algo hermoso y sublime, con la intención de compartir ilusiones al mirarlas estallar. En las estrellas que Dios fundió al crear la galería celeste, guardaré un saludo cotidiano, una palabra tierna, un beso dulce, un poemario inspirado en ti, un abrazo que te transmita mis sentimientos, la promesa de nuestra historia excelsa e inolvidable. En todos los luceros que brillan al anochecer, descubrirás nuestros rostros, mis palabras de amor, los detalles que se convertirán en alegría para tu corazón. La permanencia en el mundo es tan efímera, parece, que lo que hoy te ofrezco es mezclar nuestros sueños y realidades, las auroras y los ocasos, para que tu alma y la mía se fundan en el pulso de la inmortalidad y así, al renunciar al plano en que hoy nos encontramos, reunirnos en un amor que no tendrá fin. Hoy quiero hacer de tus ojos y los míos espejos para regalarnos imágenes reales con el amor más esplendoroso. La vida es tan breve que en este momento confieso, una vez más, que te amo.

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