Se sentían tan hermosos…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Él y ella se sentían tan hermosos, que tras asomar un día, otro y muchos más al espejo, a los cristales y a los charcos, enamoraron de sí, sintieron embeleso al definir sus imágenes y rindieron culto a su apariencia. Evitaban hablar de la caminata del tiempo porque temían descubrir en sus rostros, en sus miradas, en su piel y en su cabello, alguna mañana, al despertar, o una noche, al dormir, las huellas de los días y los años. Anhelaban la cáscara y la inmediatez de su existencia porque aprendieron, y así les enseñaron, a ser maniquíes de aparador, muñecos de boutique, huéspedes de posadas transitorias. Demostraron, al interesarles más el calzado que las huellas y preferir los reflectores a la fuente de luz, que la belleza física no siempre es compatible con la inteligencia y las virtudes. Atendieron tanto la forma y descuidaron en exceso la esencia, que se transformaron en antítesis de la razón y los valores. Estaban enamorados de un sueño llamado belleza cuya sanación, parece, es el tiempo. Deslumbraron con la belleza temporal y sepultaron la hermosura de su interior.

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¿Qué me falta?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Noté que se sentía orgullosa de ser mujer, y siempre lo demostró con su naturaleza de dama , sus detalles y su sencillez femenina, incluso sin importarle el desprecio de quienes han olvidado la belleza de las flores que resisten el embate de las tormentas y asoman a pesar de los cardos y la hiedra. Emocioné al identificarla y me acerqué a ella para reconocerme y volar a su lado. Feliz el hombre que tiene el amor de una dama

¿Qué me falta? De tu nombre, mirada y perfume he hecho un poema, un relato con las mejores letras; de tu rostro, perfil y silueta he pintado un lienzo, una obra magistral; de tu voz y lenguaje he traducido y plasmado signos que forman parte de un concierto, de una sinfonía cautivante que se funde con los rumores de la vida y el universo; de tus manos he tallado una escultura en mármol de Carrara. Al verme en el espejo, en los charcos que forman las gotas de lluvia, en los lagos, en la nieve y en las estrellas, te he descubierto a mi lado. Al diseñar mi itinerario e inventar mi historia, te he encontrado en los capítulos más bellos e intensos, en las páginas de mi existencia, en el ayer, el hoy y el mañana. Al sumergirme en mis profundidades, te he descubierto en mi morada, en el recinto de mi alma. Ante la caminata de los minutos y las horas, he buscado la manera de entregarte detalles, ofrecerte sorpresas, causar tu alegría y darte el amor más fiel. He prometido construir puentes para unir nuestros sueños e ilusiones con las realidades, el pleno terreno con la eternidad. He dicho, igualmente, que trazaré una escalera hasta los portones del cielo para llevarte a sus jardines y salones, y allí, entre nubes de tonalidades insospechadas, jugar como al principio. He confesado que te amaré siempre, que conquistaré fronteras y escalaré cumbres para ambos, y que emprenderé la odisea más grande para que nuestra historia quede inscrita en la inmortalidad. Eres la musa de mis obras y mi vida. Repaso la lista. ¿Falta algo? Quizá asentar con letras de polvo de luceros, que siempre busqué una dama para materializar mi caballerosidad, alguien irrepetible para compartir la más subyugante historia de amor, un ente femenino, un ser que en su interior tuviera una flama inextinguible y se sintiera orgullosa de ser eso, una mujer auténtica, plena y libre, no una negación de su naturaleza, con un código existencial para su vida terrena y los otros planos. Eres tú. En ti descubrí la otra parte de mí. ¿Falta algo en la lista?

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Contagio

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

… Desde aquel instante, al regresar a casa, miré mi rostro en el espejo y descubrí con asombro, en el reflejo, que ya no se trataba de mí, que no estaba solo, que siempre seríamos tú y yo

¿Dónde me contagié de ti? ¿Cuándo sucedió? ¿Acaso durante aquellos días, cuando éramos tan felices y tú entrabas a mi alma y yo visitaba la tuya? ¿Fue, quizá, en nuestros encuentros y citas interminables en aquel jardín donde jugábamos y sonreíamos? ¿O tal vez durante nuestra travesía, entre nubes celestes y corriente etérea, al regresar al mundo? ¿Fue en nuestra banca, una noche, al admirar las estrellas y escuchar el rumor de la fuente? No recuerdo si fue ayer, al mirarme en tus ojos de espejo, al besar tus labios o al tomar tus manos. Ahora los síntomas me conducen a un delirio, a un éxtasis, a un destino, a una locura. Algo acontece conmigo. Miro mi silueta en los espejos, en los charcos, en los cristales de los aparadores, y no me reconozco desde aquel día de nuestro primer encuentro. Busco aquí y allá, en un espejo y muchos más, hasta que defino mi figura desarraigada de los rostros colectivos y los rasgos del mundo, como si me encontrara separado, seguramente en un camino floreado, en un lago tranquilo o en la inmensidad del océano, contigo, siempre a tu lado. Siento mi esencia, sé que soy yo; pero en la medida que me observo para desentrañar mi apariencia, de repente te veo en mí. Sí, me defino en ti. Somos los dos, tú y yo, al descubrir mi reflejo. Me pregunto si el amor es un contagio que se adquiere al venir al mundo, o si, tal vez, en un acto de misericordia, Dios colocó una señal en uno y en otro para coincidir e identificarnos a una hora y en un lugar, y así acompañarnos en la aventura existencial, con los síntomas del amor, para jugar a la vida con sus encantos y desencantos, entre luces y sombras. Entiendo que tú y yo fuimos contagiados desde que las manos que funden los luceros y pintan el paraíso y el mundo, esculpieron nuestros rostros y colocaron la esencia que hoy nos une y compartimos. Me gustan las manifestaciones de este síndrome, Me contagié de ti. Eso significa que siempre te miraré y sentiré en mí, y tú, a la vez, me descubrirás y percibirás en ti. Se trata, parece, de los indicios de un amor fiel e inquebrantable que es vigente en la temporalidad del mundo y en la inmortalidad. Me siento contagiado de ti. Mi alivio eres tú.

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Trozos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…quiero raptar al pasado las horas de tu infancia para jugar y sonreír contigo, los años de tu juventud para vivir ilusiones a tu lado, y del presente y mañana pretendo sustraer tiempo con el propósito de fundirnos y dedicarlo a ti

Hoy arranco un trozo de sol para iluminar tus días nublados, volver dorados tus amaneceres y atardeceres, mirar el horizonte con la luz de la esperanza y regalarte los colores de las ilusiones. Desprendo estrellas del firmamento con el objetivo de compartirte sueños e instalar faroles en nuestro sendero. Espero las horas nocturnas con la intención de sentarme a tu lado en una banca y pedir a la luna me preste su sonrisa de columpio para mecerte con suavidad y así conducirte a dulces fronteras. Tomo las fragancias y la policromía de las flores para llevar siempre conmigo tu perfume y las tonalidades de tu cabello, tus ojos y tu piel. Recolecto copos de nieve y cristales de hielo para que descubras, al verlos, la belleza de tu resplandor. Tomo gotas de lluvia con la idea de transformarlas en detalles, quimeras, ilusiones y realidades porque deseo que cada momento, en este y otros planos, seas intensamente feliz a mi lado y sientas el pulso del amor y la alegría. Sí, quiero raptar al pasado las horas de tu infancia para jugar y sonreír contigo, los años de tu juventud para vivir ilusiones a tu lado, y del presente y mañana pretendo sustraer tiempo con el propósito de fundirnos y dedicarlo a ti. ¿Adivinas el motivo de mis anhelos y suspiros? Bien lo sabes porque lo mismo puedo armar tu nombre con letras de hielo y trazarlo en la playa para que las olas mojen la arena y lo lleven a la profundidad del océano, que definirlo en la geometría de la constelación y escribirlo en una servilleta de papel.

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Reflejos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Esa ocasión, cuando la miré por primera vez a los ojos, descubrí mi rostro junto al de ella; entonces comprendí que mi destino ya estaba definido y que era la misma alma con quien había jugado en un paraíso casi olvidado y pactado un amor eterno. Así inició nuestra historia

Busco una estrella, la más hermosa del firmamento, para que cada noche sea romántica y siempre alumbre nuestra caminata a las rutas donde el amor es alegría, detalle, ilusión, juego y risa. Quiero un farol, como los que alumbraban la fachada de la casa solariega durante mi niñez, para no perdernos jamás en las sombras de la discordia, el enojo, la cotidianidad, el aburrimiento y la rutina. Deseo conquistar la luna plateada para que unas veces sea espejo que refleje nuestro enamoramiento y felicidad, y otras, en cambio, sonría y se transforme en columpio de los sueños y realidades que compartimos. Tras la lluvia, anhelo descubrir un charco pequeño entre las baldosas de una callejuela o en algún paraje insospechado, para que asomes y veas nuestros rostros sonrientes y detrás el azul de un cielo hermoso, inagotable y profundo. Pretendo mostrarte nuestras siluetas en el cristal de un aparador, quizá en una boutique o en una joyería, para que aprendamos que si las alhajas son cautivantes y los reflectores atraen, son eso, antifaces, momentos, vanidades, porque el valor lo da uno en la medida que aprende a amar, vivir y ser feliz. Me gustaría contemplar a tu lado las manecillas y el péndulo del reloj, protegidos por un cristal que retrate nuestras imágenes con el objetivo de que nos recuerde que el tiempo es fugaz aquí, en el mundo, y que si aspiramos la eternidad, tendremos que aprender a vivir en armonía, con equilibrio y plenamente cada momento. Planeo llevarte a la playa, una mañana, para sentarnos en la arena a observar juntos los pliegues jade y turquesa del océano y de pronto abrazarte y acostarnos al mismo tiempo con la intención de descubrir el encanto e intensidad del cielo. En la misma playa, a la hora postrera de la tarde, te mostraré la fusión, en el horizonte, del cielo y el mar en el más puro acto de amor. Quiero enseñarte, en la nieve, el brillo solar sobre los copos inmaculados, tal vez como símbolo de la pureza de dos almas que se fusionan; pero también tomar tus manos y unir nuestras miradas para descubrirnos reflejados y comprender, en consecuencia, que se trata de ti y de mí, fundidos en el más bello, fiel y puro amor.

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Trozos de vida… Tus ojos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

 Y cuando miré tus ojos, descubrí los míos retratados. Desde entonces supe que siempre serías parte de mi historia de amor…

No busqué, al amarte, jade ni turquesa en tu mirada. No lo necesitaba. Para reflejarme en tus ojos, bastó asomarme en ti y descubrir en tu interior la ventana del cielo. Desde que te vi la primera vez, hace años, tus ojos me cautivaron por su encanto de cristal. Ojos, los tuyos, de niña bonita, de muñeca de colección, de ángel consentido de Dios. Con tu mirada podría escribir un poema de amor, componer un concierto magistral o pintar un lienzo subyugante porque traen el embeleso de la creación, la magia del arte; aunque también, ahora lo entiendo, alumbran mi camino por la constelación, por las rutas del silencio, por el sendero hacia la inmortalidad. Confieso que una y otra vez me he introducido a tu mirada, igual que quien se zambulle en la profundidad del océano en busca de tesoros, y he encontrado en ti la veta más hermosa de amor, el conducto entre el alma y el pulso de la creación. Tu mirada me ha llevado a conocer las tonalidades de la vida, los arcoíris y los colores del paraíso. Contigo, en tus ojos, he aprendido a distinguir la verdadera belleza y la riqueza que engrandece. Me han conducido al cofre donde Dios guarda los colores con que pintó la creación. Nuestra historia ha sido tan intensa, que en tus ojos he disfrutado el amor que me compartes cada día, tu alegría y tu risa. Tu mirada me ha dicho cuando te sientes intensamente dichosa, acaso porque refleja tu sonrisa; también me ha informado, en su momento, acerca de tus horas de silencio y soledad, dedicadas a la comunión con quien te regaló, al crearte, dos ventanas para asomar desde el cielo. Tus ojos me avisan cuando estás ilusionada o triste. Lo mismo los he visto derramar lágrimas de felicidad que de dolor y tristeza. En tus ojos, musa mía, descubro la historia de tu vida, desde que eras niña, la pequeña consentida de tus padres y hermanos, hasta la mujer bella que hoy me entrega su corazón y a quien amo tanto. Viajo en tus ojos porque te amo y deseo conocer el itinerario de una vida especial, sublime y plena. Al esculpirte en algún rincón celeste, Dios definió tu rostro de ángel bonito y consentido, y como se percató del encanto de tus cejas y pestañas, de la dulzura de tus rasgos, colocó dos joyas preciosas que sustrajo de su morral de artista. Eran, parece, las dos únicas piedras preciosas que por alguna razón reservó para ti. Te diseñó con tal maestría, que me atraen los dos luceros que alumbran mi corazón. Al enamorarme de tus ojos, los convertí en embarcación para pasear por el mundo y llegar al cielo. La mirada expresa sabiamente los sentimientos, la identidad, los secretos de una vida. Quien la sabe interpretar, reconoce a quien tiene enfrente, como yo te identifiqué en cuanto definí mi reflejo en ti. ¿Podría comparar tus ojos con las estrellas que resplandecen en la constelación?, ¿con las flores que adornan la campiña?, ¿con los rayos solares que iluminan el fondo del océano? Entre millones de miradas, la tuya me atrajo un día y hoy me cautiva porque tiene los rasgos de las caras angelicales, por su dulce fondo y por conservar algo de la dicha de un creador bueno e ingenioso que guardó tu fórmula en un arcón celeste. Beso tu ojo derecho y luego el izquierdo para raptarlos por un instante, mirar con tus cristales y crear un mundo mágico, una canción hermosa, un destello que alumbra el universo. Tus ojos son cascada, bosque, arroyuelo, nube, tronco, lluvia, flor. Confieso al mundo, al universo, que tus ojos saben a ángel, huelen a rasgos femeninos; como que traen consigo las fragancias de donde nacen la luz y el viento. Me envuelve tu mirada cuando me amas y me enseña, igualmente, a conocer las expresiones y los sentimientos. Se han convertido en mis instructores, en los luceros que cotidianamente me enseñan los secretos de la vida. ¿Sabes por qué tus ojos son diferentes? Porque son dos cristales por los que constantemente asoman Dios y sus ángeles. Eres uno de ellos y hoy, como mañana y siempre, tengo la dicha, al mirarte, de verme reflejado en los espejos del cielo.

TROZOS DE VIDA… El reflejo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Lo mejor de todo es que nuestro amor es real

Tras la lluvia de la tarde veraniega, tomamos nuestras manos y caminamos por las baldosas húmedas del parque, entre bancas, calzadas, árboles, plantas y flores. Traviesos y ocurrentes, reímos y asomamos a los charcos y a las fuentes con la intención de mirar nuestros reflejos trémulos e imprecisos y detrás, en las alturas, la belleza y el resplandor del cielo, como si existiera un mensaje oculto que pretendiera revelarnos que si tú y yo permanecemos envueltos en el amor, la felicidad y los sentimientos sublimes, ante tu alma y la mía se tenderá un puente de cristal para sortear la temporalidad y llegar a los jardines de la morada eterna.