¿Estamos preparados?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

He mirado a aquellos que una mañana, una tarde o una noche lloran tristes y desconsolados ante un ataúd, acaso por el amor y la nostalgia que experimentan al reconocer y sentir la ausencia de quienes han partido a otras fronteras; pero también he observado, a hurtadillas y con pesar, a los que derraman lágrimas y se sienten rasgados por el dolor que proviene del arrepentimiento, la indiferencia, el rencor, el olvido y los remordimientos, con un “te amo”, “perdóname”, “gracias por todo”, que no fue pronunciado con oportunidad por la ceguera de la altivez, los sentimientos negativos, el descuido y la superficialidad. Los primeros, alivian su dolor y tristeza porque se sienten libres de los barrotes y las celdas que imponen el odio, el rechazo y el remordimiento. Los segundos, en tanto, aunque lo rehúsen, permanecen encadenados a su incapacidad de no haber demostrado amor, interés, respeto y atención a los que transitaron a otros planos. Me pregunto, ¿estamos preparados, espiritual y mentalmente, para despedir a quienes de improviso pasan por la transición, con el dulce recuerdo de las luces y sombras compartidas, o seremos iguales a aquellos que, al morir alguien, miran con congoja que forman parte de grilletes que los encadenarán y martirizarán toda la vida? ¿Somos de los que regalamos detalles a la gente, cuando vive, o de aquellos que movidos por el desconsuelo y el arrepentimiento llevan flores que se marchitan en el olvido y la frialdad de un sepulcro?

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Paseo por un jardín de verano

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Esta mañana veraniega, envuelta en nubes plomadas y neblina espesa, caminaré descalzo sobre la tierra mojada y dejaré huellas de mi ruta y mi jornada. Agradecido con la vida que palpita en mí, en los árboles que abrazo, en las gotas de lluvia que deslizan en mi piel y empapan mi rostro, en las caricias del viento que juegan con mi cabello, en la corriente que serpentea la llanura cubierta de flores y hojarasca, en los colores de las flores perfumadas y en los sabores de la fruta y las verduras dispersas aquí y allá, cerraré los ojos con la idea de escuchar los rumores y silencios que provienen de mi interior y están conectados con el mundo, la naturaleza, el universo y la creación. Llegaré hasta el valle que descubrí una noche, al soñar el paraíso, y a cada árbol y flor le asignaré un nombre, un apellido, un atributo, en agradecimiento con la vida que me ha regalado, desde mi infancia hasta la hora presente de mi existencia, minutos, horas, días y años de alegría, aprendizaje y crecimiento, al lado de rostros tan amados, con quienes he compartido el sí el no, la aurora y el ocaso, la aventura de excursionar por este terruño y la preparación a fronteras insospechadas, bellas e infinitas. Nombraré cada árbol, flor y hierba. En mi lista ya se encuentran preparados los nombres. Abrazaré las cortezas musgosas de los árboles, acariciaré la textura de las hojas y percibiré la fragancia y la policromía de las flores, y habrá algunas especies que llamaré amor, pureza y fidelidad, mientras a otras nombraré fe, esperanza, sueño, ilusión, fantasía, imaginación, alegría y sonrisa. Al mirar las frondas balancearse y los tallos de las hierbas y flores silvestres agitarse ante el soplo del aire, les llamaré libertad, juego e inocencia, y no omitiré, desde luego, identificar otras especies como respeto, trabajo, paz, valores, estudio, aprendizaje, dignidad, lección, nobleza, sentimientos, caridad, equilibrio, plenitud y armonía. Y no se encontrarán ausentes las especies que denominaré salud, éxito, productividad e inspiración. Otras se llamarán bien, gratitud, verdad, sentimiento. Una vez que plantas, flores, hierbas, árboles, fruta y verdura reciban un nombre, un apellido -abrazo, perdón, honestidad, familia, amistad, hombre, mujer, niño, adolescente, joven, madurez, anciano, cariño, justicia, lealtad, detalle, experiencia, sabiduría, honor, sencillez, humildad-, retornaré al hogar, agradecido y feliz, y en todas las expresiones de la vida, atrás, a mis lados, adelante, en mí, en ti, en ellos, en ustedes, sentiré e identificaré la presencia de su artífice, la sonrisa de Dios y su lenguaje infinito. Dichoso, habré visitado un pedazo de vergel, un fragmento de paraíso, con la convicción de que tras la apariencia prodigiosa del jardín, hay significados bellos y sublimes que uno, al sumergirse en la ruta interior, lleva consigo.

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Agradecimiento

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El agradecimiento es la flor que embellece el jardín, la estrella que resplandece en el firmamento, la actitud y el estilo de vida que engrandecen a los seres humanos. Es la diferencia entre lo burdo e ingrato de aquellos que sólo ambicionan aplausos y reflectores, y la modestia y sencillez de quienes se entregan a los demás a través de lo que hacen. No me gustaría resbalar a lo primero. Es la razón por la que hoy deseo agradecer a mis lectores la atención que tienen con mis textos, los cuales trato de escribir con calidad. Por respeto a mí, a mi obra, a la plataforma de wordpress.com y a mis lectores y seguidores, todos los textos que publico en este espacio, breves o extensos, son originales y se encuentran registrados en la oficina de derechos de autor, lo que garantiza de mi parte que las publicaciones que les comparto son auténticas y legalmente protegidas. Respeto a mis lectores y a mis colegas escritores y blogueros. Hoy sólo pretendo agradecer a todos la lectura de mis textos y el respeto a los mismos, e invitarlos a que continuemos juntos por esta senda. Gracias.

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Familia de un enamorado

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Al identificarte aquella vez, cuando te ofrecí y declaré mi amor para los días temporales y la inmortalidad, descubrí que tus tesoros son similares a los míos. Tus latidos son idénticos a los que siento en mi interior. Tu familia se parece a la mía. Entonces comprendí que se trataba de ti, la otra parte de mi alma. Entendí que Dios daba la señal y que, por lo mismo, mi amor por ti sería fiel y puro

Si tuviera que dar sólo un consejo a algún enamorado -hombre o mujer-, le sugeriría que se fijara muy bien en la familia de la persona con quien pretende compartir el amor y la vida, no con mirada de critica ni de superioridad o inferioridad, sino de análisis y reflexión, con prudencia y respeto.

Y es que la familia es parámetro de los valores que existen en cada uno de sus miembros. Alguien podrá mentir, distorsionar su identidad o colocarse un antifaz; sin embargo, en las costumbres, la decencia o vulgaridad, el hogar o la simple vivienda de inevitable coexistencia, los valores o la ausencia de los mismos, uno distingue mucho de lo que podría esperarle al fundir los días de su vida con los de la persona que ama.

A nadie agradaría unirse a alguien que ante la caminata de los días y los meses, no podrá sostener la máscara que porta, como tantas veces ocurre en la historia de la humanidad, simplemente por no tener capacidad y valor de observación, análisis y decisión en el momento oportuno.

No me refiero, precisamente, a criticar el aspecto físico de las personas ni la modestia de los muebles o sus carencias económicas y falta de preparación académica, definitivamente no, porque los títulos universitarios y la opulencia pueden brillar y esconder tras su reflejo las manifestaciones más deleznables del ser humano.

Evidentemente, se trata de las personas con las que uno y sus descendientes emparentarán, la gente con quien convivirá frecuentemente. Resultaría insano un ambiente de agresividad, bajeza, discordia, faltas de respeto y vicios.

Generalmente, los enamorados se distraen en sus alegrías e ilusiones momentáneas, en sus diversiones y rutina, en sus debilidades, en sus encuentros y desencuentros, al grado de olvidar aspectos tan esenciales como su proyecto de vida, si volarán libres y plenos en un amor fiel y real, el respeto a la realización de cada uno como ser humano, la intención de crecer y envejecer juntos, la formación de una familia y un hogar ejemplares con rumbo y valores, el interés de no transformar la unión en un contrato forzoso ni en grilletes sujetos a los barrotes de una celda, la disposición de compartir los días y las noches de la existencia con sus claroscuros.

Realmente olvidan conocerse. Permanecen en la inmediatez porque es más cómodo o quizá por ser moda y tendencia el estilo de vida de la hora contemporánea, con mayor parentesco a las apariencias y superficialidades, a lo burdo y pasajero, a la ausencia de compromiso e itinerario.

En cierto modo, sus padres tampoco se interesan en guiarlos, en formar seres humanos dignos e íntegros, acaso por sentirse perdidos en la locura de su realidad, quizá por no conocer otras alternativas de educación, seguramente por acudir a citas en un bar, un café o un hotel, o tal vez por todo y nada, por ese vacío existencial que prevalece en millones de personas en el mundo, estilo promovido y hasta aplaudido por la televisión, la radio y no pocas de las páginas y redes sociales en internet.

Terminan atrapados en realidades muy distantes a los sueños absurdos que fomentan no pocos de los medios de radio, televisión e internet. La realidad es muy diferente a las estupideces y obscenidades que ahora hablan muchos locutores de radio, al contenido de canciones, anuncios y programas de televisión, e incluso a la hipocresía que suele darse entre las “amistades” entrañables y los “consejos” de las páginas sociales de internet. La realidad es cruda y dolorosa cuando la gente llega a la orilla del abismo y resbala. Una cara feliz, en un mensaje, no restaurará lo putrefacto de las vigas que han caído y desmoronado la casa. Los problemas pueden anticiparse e incluso evitarse con oportunidad.

Es importante, por lo mismo, conocer a la familia de la persona a quien uno ama, a los padres, a los hermanos, a los hijos, a los nietos, a los abuelos, a los tíos, porque seguramente, por más distante que uno permanezca en el futuro, no dejarán de ser consanguíneos de su pareja y de sus descendientes; además, se trata, en la mayoría de los casos, de relaciones irrenunciables y de cuestiones que se llevan en las costumbres, en la forma de sentir y pensar, en la sangre.

Alguien podrá argumentar que al unirse uno a otra persona, lo más sano es formar un hogar independiente, lo cual es cierto; no obstante, hay que recordar que a los hijos se les educa muchos años antes de su nacimiento, de manera que la herencia de conductas, hábitos y convicciones es muy poderosa. Son, en consecuencia, rasgos que se llevan consigo y que difícilmente se superan cuando están tan arraigados de forma negativa.

Más que condenar a la pareja, en caso de que el ambiente familiar sea tan negativo, habría que dialogar mucho y llegar a acuerdos permanentes y reales para establecer pilares de dignidad y respeto, tolerancia y convicciones basadas en principios trascendentales. Todos merecemos una oportunidad. La luz puede surgir, incluso, de lo más oscuro, y eso vale mucho.

Ahora, en el ciclo presente, amplio porcentaje de valores humanos se han perdido en el mundo y la familia. El respeto, la dignidad, los principios, la nobleza y los sentimientos se pulverizan, son aplastados por la publicidad, los contenidos de no pocas canciones y programas televisivos, las redes sociales, la ambición desmedida, los apetitos fugaces y todas las tendencias negativas, evidentemente con la complacencia de los dueños del poder y el dinero porque así resulta más sencillo manipular y controlar a las masas. Era necesario, para sus fines perversos, asesinar a Dios y a la familia. Eres educado, tienes valores, y te conviertes en la mofa de los demás; te comportas bestialmente y recibes la admiración y los reflectores de la popularidad. Así se ha distorsionado todo.

No es tarea sencilla analizar a la familia de la persona amada y posteriormente, si se detecta falsedad o que definitivamente será igual al diluirse su máscara, renunciar al amor que se le tiene y al proyecto de compartir sus días y su historia.

Sería prudente aclarar que no se trata de ser tan selectivo que al final, tras la búsqueda de una perfección que no existe, las personas se queden solas y renuncien al amor y a ser felices. Se trata de diagnosticar con honestidad y corregir, si es posible, las malas costumbres y tendencias que podrían existir en la pareja.

Es importante no equivocarse porque se trata de una decisión que redundará en la felicidad de uno y de su descendencia. Es un tema muy complejo porque parecería deshonesto e inmoral juzgar a las personas, a la familia de quien uno ama; sin embargo, si en esa casa prevalecen gritos, desorden, engaños, chismes, faltas de respeto, infidelidades, amenazas, golpes y vicios, seguramente los ejemplos no serán positivos. Es imposible conocer lo que se encuentra sobre la mesa cuando hay quienes se arrastran en el suelo. Una dama y un caballero no se construyen en ambientes malsanos. Su arcilla es superior. A pesar de todo, es posible que alguien que surja de un entorno negativo, elija otro sendero, el de la luz.

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