El beso de una dama

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Disculpe que la interrumpa. Es que al descubrirla a usted, frente a mi mirada, me resulta imposible resistir el impulso de preguntarle cómo es el beso de una dama. Es, quizá, simple curiosidad, o tal vez, creo, el deseo de recibir un ósculo de usted, con algo del mundo y del cielo, mezcla digna de la fórmula del amor. El beso de una dama es, parece, fragmento y sabor del paraíso, trozo de dos -hay un caballero para ella-, eco celeste. Una dama, pienso, besa con ternura, simplemente como la flor blanca y enamorada que comparte la pureza de su esencia; aunque en ocasiones sea igual a la hierba silvestre que el viento agita al soplar desde algún rincón secreto. El beso de una dama -intuyo- trae consigo los sabores del paraíso, los condimentos del infinito, la sazón de la arcilla y de la esencia. El beso de una dama no traiciona ni se malbarata en fracturas para uno y otro; es, sencillamente, un acto fiel, algo que ella obsequia a alguien especial, a un caballero que dispersa pétalos de flores a su paso. Es un suspiro que se da, un poema aún no escrito, una nota musical. El beso de una dama es la corriente diáfana en un remanso apacible y el mar impetuoso una mañana, una tarde o una noche de tormenta. El beso de una dama es, supongo, la receta de Dios que ella trae al mundo, con sabor a corriente etérea y a barro, con el encanto del amor.

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Al repasar mi biografía

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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A mi padre y a mi madre

Al repasar mi biografía, mi historia, los otros días de mi existencia -los del ayer-, descubro en mi camino a mi padre, a mi madre, a los hombres y a las mujeres que coincidieron en mi ruta existencial y se distinguieron, sin presumirlo, por la luz que irradiaban, por el bien que hacían a los demás, por la enseñanza que trasmitían, por los consejos que daban, por saber escuchar, por sus gestos y sus sonrisas amables. por no dejar a la gente con hambre y con frío, por consolar a los más desfavorecidos, por su sencillez que contrastaba con su grandeza humana y algo más. Cierro mis ojos, sonrío y agradezco infinitamente la dicha de haber convivido con ángeles, con seres maravillosos y superiores, con esas criaturas que, por algún motivo infinito, Dios coloca entre millones de personas con el objetivo de que alumbren sus senderos y coadyuven a su evolución. Son ángeles, en un sentido muy especial de la palabra. Tuve la dicha de conocerlos y tratarlos, aprender de ellos e intentar, de alguna manera, emular su ejemplo. Aún existen tales seres humanos, quizá en menor cantidad, en un mundo cada día más materialista e indiferente, pero los hay. Es una bendición coincidir con ellos. Sus señales son inconfundibles: hacen el bien, entregan lo mejor de sí a los demás, enseñan, dan ejemplo con sus actos, aconsejan, escuchan, no abandonan ni traicionan, comprenden y no se mofan, muestran su amabilidad y a nadie dejan sin comer o sanar. Hay que buscarlos. Yo tuve la fortuna de vivir con dos.

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Al elegir el camino, se definen el rumbo y el destino

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Cuando se apaga una vida, en el mundo, se agrega de nuevo un alma y se enciende una luz en el infinito. Lloramos, con frecuncia, por la ausencia de las presencias físicas, por la gente que de pronto se retiró del sendero, sin recordar, acaso, que solo se trataba de una caminata y de un ensayo, de una prueba dentro de la finutud, una excursión terrena muy breve y temporal. Nos acostumbramos tanto a los encantos de la vida humana, que olvidamos la otra parte de nosotros, la que se encuentra en nuestro interior y tiene, por lo mismo, conexión con paraísos mágicos, con planos inmortales, con la Fuente Infinita. Es maravilloso experimentar los instantes, las horas y los años de la existencia en el mundo, dentro de una textura de arcilla que iremediablemente envejece y se transforma al pasar por una transición, prrincipalmente cuando la vida se experimenta en armonía, con equilibrio y plenamente, rumbo a la evolución; no obstante, es tan temido el final terreno, la llamada muerte, que, consciente o involuntariamente, desde los primeros minutos de la infancia, colocamos diques y capas de tierra a los recintos del alma para no encontrarnos con nosotros, con lo grandiosos que somos, y seguimos, entonces, cual náufragos en el destierro, una y otra vez, en ciclos que parecen interminables. Somos tan anbiciosos, egoístas e ignorantes, que hasta el concepto y la imagen de Dios es procesada y asimilada por nosotros de acuerdo con nuestros intereses, cuando se trata de algo superior que, incluso, es posible experimentar. La invitación toca a la puerta de cada ser y asoma a sus ventanas con insistencia. Nadie está peleado con las cosas materiales. Es legítimo, por ejemplo, aspirar a verdaderos niveles de bienestar y disfrutar al máximo lo que la vida ofrece en la Tierra. Al elegir el camino, cada hombre y mujer define su rumbo y su destino. Una vida que se experimenta en el mundo y, por añadidura, se dedica al bien, la verdad, la justicia, la dignidad humana, el respeto, la libertad y los valores, innegablemente trascenderá y, al apagarse en el mundo, será luz.

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Desde mi buhardilla y mi destierro voluntario

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Desde mi silencio interior y mi destierro voluntario, aquí, en mi buhardilla de artista, entre papeles y retratos, asomo a mi alma, veo mi mirada, volteo a los otros días, siempre con la nostalgia de los rostros, los nombres y los apellidos que tanto he amado. ¿Dónde están quienes eran adultos durante mi infancia y mi pubertad doradas, en mi juventud azul, en mi días y en mis años alegres y tristes? ¿En qué ruta se perdieron esas caras con identidad, señales e historia? ¿En qué lugar quedaron sus biografías? ¿Por qué las sillas están marcadas con ausencias? La lista de faltantes es extensa. Camino nostálgico, mientras el viento sopla y balancea las frondas de los árboles y toca las plantas y las flores, entre gotas de cristal que las nubes plomadas arrancan del cielo como un regalo que Dios envía para reír y no llorar tanto. Busco aquí y allá, horado en un sitio y en otro, acaso en busca de la gente de otras épocas, probablemente con la idea de abrazar a las generaciones que se marcharon, quizá con la intención de detener las manecillas del reloj y de alguna manera regresar el tiempo que se fugó, tal vez por las ausencias que duelen y pesan tanto y por las presencias que se van sumando y uno ya no reconoce. “Sal a vivir” -grita la creación-, “aunque la otra gente ya no esté contigo. Experimenta los momentos antes de que se conviertan en pasado, en ayer, en historia, en imágenes difusas e irrecuperables. Quienes tanto te abrazaron y amaste, se encuentran en ti, en tu alma, adentro y afuera, en la corriente etérea que pulsa en todo, en planos superiores. Su esencia no morirá, ni tampoco la tuya; no obstante, asómate a la vida, al mundo, para que lo adornes y lo pintes con tu estilo. No permitas que alguien o algo más le den un sentido que no deseas. Sal a vivir”.

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¿Eres el poema que escribo?

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Si eres el poema que te escribo, ¿qué son tus ojos?, ¿qué tu rostro?, ¿qué tus manos? ¿Acaso letras y acentos?, ¿quizá palabras, signos y puntuación?, ¿tal vez polvo de estrellas e inspiración? Si eres las flores que te regalo, ¿qué es tu textura?, ¿qué tu rubor?, ¿qué tus suspiros? ¿Se trata de pétalos cautivantes que presumen los matices de los jardines del paraíso?, ¿perfumes del cielo? Si eres los sentimientos de mis textos, ¿qué significado tienen en las páginas donde los escribo? ¿Es delirio de un amor sin final?, ¿alegría y locura?, ¿realidades y sueños? Si eres lo que siento y lo que pienso, lo que vivo y lo que sueño, ¿de qué materiales estás hecha? ¿Eres arcilla y cristal?, ¿piel y esencia?, ¿temporalidad e infinito? ¿Quien eres? ¿Mi poema?, ¿mi musa?, ¿tu yo y mi tú?, ¿mirada de ángel y de mujer?, ¿pedazo de tierra y eco y fragmento de cielo?, ¿tu rostro y el mío?, ¿tu nombre y el de ambos?, ¿tú, conmigo?, ¿yo, contigo? ¿Nosotros, en la banca del jardín terreno y en el columpio del infinito?

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Septiembre de 2021

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Apenas ayer -hace cierto número de días-, el año 2021 era tan infantil y joven, que uno miraba, entonces, el encanto y los matices de las flores que exhalaban perfumes deliciosos, mientras los amaneceres, los atardeceres y los anocheceres, en sus respectivas estaciones, giraban inagotables, y se fugaban como escapa la vida casi sin darnos cuenta. No hace tantos días, admirábamos la infancia de 2021, en enero y febrero, con un trozo de su pasado diciembre y parte de marzo, en su cunero invernal -en el hemisferio norte- y en su caluroso verano -en el hemisferio sur-, con esperanzas y proyectos, con planes e ilusiones, como es costumbre en los seres humanos, al iniciar cada año, aunque luego, ante lo cotidiano y la rutina, que pesan tanto, se diluyan en el olvido, naufraguen en la desmemoria y queden atrapados en las agendas y en las libretas de los compromisos y las intenciones. En su adolescencia y juventud -marzo, abril, mayo y un trozo de junio-, con su primavera en el hemisferio norte y su otoño en el hemisferio sur, 2021 caminaba indiferente, como cada año y estación, ante la vida humana y el ritmo de la naturaleza en el planeta. Reíamos y llorábamos, caíamos y nos levantábamos, enfermábamos y sanábamos, amábamos y odiábamos, nacíamos y moríamos, mientras la existencia se acortaba imperceptiblemente. En su madurez -julio, agosto y septiembre, con una parte de junio-, presenciamos, en el hemiferio norte, el verano insaciable y tempestuoso, como lo es, en el hemisferio sur, su invierno, con la noticia y la sorpresa de que se aproxima el ciclo de ancianidad de 2021. Y así, en los días postreros de 2021 -octubre, noviembre y diciembre, con su fragmento de septiembre-, cuando en el hemisferio norte aparezca el otoño y en el hemisferio sur se exprese la primavera -oh, contrastes de la vida-, el año esperará hasta el último día para cargar su equipaje y marcharse. Quizá, 2021 cruzará, silncioso, con 2022, en el camino -oh, 2022-, cada uno con la indiferencia del tiempo dentro de la temporalidad y con el registro que la humanidad apunta cotidianamente con la idea de agregar a su historia, a pesar de sus descuidos y sus olvidos. Septiembre se rompe, como nosotros, conforme las manecillas del reloj giran y las hojas del calendario se desprenden igual que aquellas que arranca el viento de los árboles y dispersa en alfombras amarillas, doradas, marrón, naranja y rojizas. Renunciará a nosotros, como lo hicieron sus antecesores y lo llevarán a cabo sus sucesores, e irreconocible o no, en muletas o andando, partirá completo. No faltará un día. Octubre llegará con la certeza de que el espacio es suyo por 31 días consecutivos. El de hoy es septiembre de 2021. No sabemos si mañana, inmersos en una realidad irreconocible, la gente lo añorará o lo despreciará; sin embargo, se encuentra entre nosotros y se irá con nuestros trozos de vida. Septiembre de 2021 está aquí, completo, para experimentarlo y vivir sus instantes, sus detalles, sus momentos.

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Entrevista en EducarT y en Tenencias, la otra Voz de Morelia

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Este día, jueves 2 de septiembre de 2021, me es grato anunciarles que las periodistas Cynthia Ayala Jiménez y Leticia Florián Arriaga, fundadoras y directoras, respectivamente, de las páginas EducarT y Tenencias, la otra Voz de Morelia. harán favor de entrevistarme, a las seis de la tarde, hora de México centro.

No sin antes invitar a mis amables lectores a seguir el desenlace de la entrevista en las páginas ya citadas, agradezco a ambas comunicadoras la atención de entrevistarme. Esta vez será con motivo de la publicación de mi séptimo libro, Tenencias de Morelia, sus colores, sus rostros, sus sabores, impreso en Editorial Resistencia y respaldado totalmente por el H. Ayuntamiento de Morelia, a través de su Secretaría de Turismo, como reconocimiento a los habitantes de esas zonas dentro de tan extraordinario y hermoso municipio de Michoacán, localizado al centro-occidente de la República Mexicana.

Este libro no sería realidad sin el apoyo irrestricto de mi amigo Roberto Monroy García, quien con su experiencia, conocimiento y visión turística, el año pasado, entre julio y agosto de 2020, habló con el entonces alcalde de Morelia, Raúl Morón Orozco, al que planteó la importancia de que la administración municipal, en la capital michoacana, dejara un legado cultural de las 14 tenencias de Morelia, regiones que merecen el reconocimiento oficial por todo lo que significan.

Y así fue como el entonces secretario de Turismo en Morelia, confió me confió la elaboración de la obra Tenencias de Moreia, sus colores, sus rostros, sus sabores. Mi gratitud a este hombre que desde hace muchos años se ha especializado en la materia turística, como también agradezco a la exencargada del Despacho de la Secretaría de Turismo, en la capital de Michoacán, Ada Elena Guevara Chávez; a mi amigo Gabriel Chávez Villa, exdirector de Desarrollo Turístico y Capacitación, en la misma dependencia municipal, quien, además, cuenta con amplia trayectoria dentro del sector de los guías turísticos, de los cuales, por cierto, fue líder estatal y nacional.

También agradezco el apoyo y el respaldo por parte de la extesorera municipal de Morelia, María de los Remedios López Moreno, y de los funcionarios y colaboradores de la administración, como lo hago con los jefes de Tenencia, los moradores de la zona rural que hicieron favor de recibirme y transmitir parte de su tradición oral, y a los fotógrafos y amigos que tan amablemente participaron con imágenes: Jorge Érick Sánchez Vázquez, Leticia Florián Arriaga, Lázaro Alejandre Gutiérrez, Luis Vílchez Pella, Araceli López Valdez, Damaris Cortés Bedolla, José Arturo González Acuña y César Barrera Ceja. Igualmente, valoro el apoyo de Josefina Larragoiti Oliver, directora de Editorial Resistencia, y de su diseñador profesional, Jaime Espinosa García.. Como lo mencioné en una de mis publicaciones anteriores, mi gratitud a ellos y a los que no aparecen en la lista.

A veces, cuando me siento tan ausente y roto…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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A veces, cuando me siento tan ausente y roto, cautivo tras los barrotes de las remembranzas, en estos atardeceres lluviosos y melancólicos, me refugio en las profundidades de mi ser, me encuentro conmigo en mi interior -en algún remanso de mi alma-, hasta que me restauro por completo y retorno con nuevas fórmulas existenciales, con las ocurrencias que me ayudan a vivir y con lo que están mío. A veces, cuando me descubro tan solo, en medio del mundo y de la vida, noto que todo ha cambiado y que en mis listas existen muchos faltantes, rostros y nombres que ya no están, voces y risas que no se escuchan desde hace días o meses, proyectos e ilusiones que quedaron abandonados e inconclusos al lado del camino, perfumes que apagaron sus encantos. A veces, cuando despierto en la noche y me siento tan solo, experimento el dolor de los hombres y las mujeres que se retiraron de la senda y, por lo mismo, dejaron la memoria de sus historias. A veces, cuando siento que me deshilvano irremediablemente, evoco mis otros días, los del ayer; los repaso y sonrío al pensar que, al menos, se justifica mi existencia, acaso por las huellas que he dejado -nunca son suficientes-, probablemente por los abrazos y el bien que compartí -aún necesito dar lo mejor de mí-, quizá porque todos somos compañeros de viaje y llegaremos al mismo destino, tal vez por tantas causas que aún no entiendo. A veces, cuando me sé atrapado en mis propias murallas y escucho la tempestad nocturna, duermo con la certeza de que habrá otros amaneceres y, en cada uno, por cierto, un detalle, un motivo, un deleite, un encanto, un despertar. A veces, al no reconocerme en las imágenes del espejo, hago un recuento de mi historia y recolecto los vestigios de mi existencia para así sentirme y, paralelamente, saberme yo. A veces, al dormir entre mis murmullos e inquietudes y mis pausas y silencios, en la soledad, en mi propio destierro voluntario, me tranquilizo al entender que algún día, a cierta hora, despertaré en la alborada de la inmortalidad, al lado de ellos, de ustedes, de los que fueron, de los que son y de los que serán, en una magistral y prodigiosa unidad.

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Cada letra

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Cada letra escrita, al transformarse en palabra, oculta y exhibe sentimientos que brotan del alma, suspiros que el viento arrastra a rutas insospechadas, pensamientos que vuelan a otros destinos, motivos y detalles que cautivan, secretos y verdades que quedan o se van. Un texto, al escribirlo el artsta, es poema, es historia, es sueño, es realidad. Al hurgar en el baúl del abecedario, en el desván de las letras y las palabras, el artista, inagotable, deja algo de su vida en cada página, en las hojas que exhalan su perfume cuando uno las lee, aunque él, su creador, ya no esté. Detrás de las obras de los escritores y los poetas, quedan historias con sus rumores y sus silencios, pedazos de biografías, alegrías y tristezas, placeres y dolores. Cada autor lleva consigo lo liviano y lo pesado de su carga, y no lo dice, no lo expresa, simplemente por no desconocer que la vida de artista es así, intensa y plena, y que si unas veces navega por mares impetuosos, entre naufragios y tempestades deesgarradoras, otras ocasiones, en cambio, pernocta en alguna cabaña apacible y romántica, El escritor y el poeta son creadores, artistas, una parte seres humanos y otra porción, en tanto, seres consentidos de Dios. Cada letra y toda palabra, en el arte, es un pedazo de cielo que se mezcla con un trozo de barro, y ese es, tal vez, uno de sus encantos y la fórmula secreta para llegar a la cumbre.

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Me reconozco en usted

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Me reconozco al mirarla a usted, acaso porque tantos días se han acumulado desde que coincidimos, por primera vez, en algún rincón del mundo; probablemente, por saberla mi musa y percibirla en mí, en el ambiente de la creación artística, en las páginas de la libreta de apuntes, entre el perfume del papel y de la tinta, al escribirle mis poemas y mis textos que se convierten en la locura de un amor; quizá por llevar ambos una porción de cada uno y caminar sobre alfombras de pétalos, acompañados de burbujas de cristal y momentos irrepetibles; tal vez por más de lo que creemos, pensamos y sentimos. Me reconozco cuando usted habla o calla. Sus murmullos y sus silencios me expresan tanto de usted, que me descubro en sus palabras, en sus cavilaciones, en sus pausas. Me reconozco en usted cuando está conmigo, enojada o contenta, feliz o triste, juguetona y ocurrente o formal y solemne, o al encontrarse lejos, tan distante como la lluvia, el viento y las nubes al partir a otras rutas en sus habituales paseos. Algo lleva de mí y yo, igual, tengo cierta porción de usted, al grado de que, sin perder nuestros rasgos e identidad, somos los dos y uno a la vez, como las gotas de lluvia al formar charcos y represas capaces de reflejar el cielo o las estrellas al alumbrar mientras el mundo duerme. Me reconozco en usted, con mis aciertos y mis fracasos, con mi esencia y con mi arcilla, como quien sabe que no existen vacíos ni espacios que ocupe alguien más. Me reconozco en usted, simplemente, desde aquella fecha, a cierta hora, en que coincidimos en nuestros sendero e hicimos de nosotros un destino, una historia, un detalle, un motivo.

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