Juntos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Vi que abrazaste a alguien, lo miraste a los ojos y le confesaste que lo amarías eternamente. Me acerqué y descubrí que se trataba de mí. Toqué tu rostro y me sentí. Escuché tu voz y me oí. Me volví estrella y te percibí en el firmamento. Leí tu historia y me encontré a tu lado en sus páginas. Asomé a tus ojos, entré a tu alma, y de pronto me encontré contigo en un paraíso insospechado

En las huellas que dejas, encuentro la ruta de tu destino, el itinerario que sigo; en las palabras que pronuncias cuando confiesas que me amas, escucho las voces del silencio, el lenguaje del paraíso, los rumores de la vida, los murmullos del oleaje y los latidos de nuestros corazones al enamorarnos; en tu fragancia descubro el aroma de las flores que la naturaleza pinta y yo te regalo una mañana, el perfume que me identifica en versión tuya; en tus besos percibo tu sabor tan parecido al mío. En tus ojos, cuando los miro, detecto el brillo de las estrellas, observo el universo y me veo retratado contigo, y al fondo, en las alturas, las cumbres nevadas y la inmensidad del cielo. En tus juegos coincido una y otra vez contigo porque ambos disfrutamos la infancia de quienes anhelan la belleza e inocencia del amor y la vida. En tus rasgos de dama, en tu silueta femenina, distingo mi perfil de caballero. En tu nombre y tus apellidos, leo los míos. En tus códigos, descifro la filosofía y los principios que me rigen. En tu alma, cuando entro, identifico el santuario de mi ser. En tus capítulos reconozco nuestras vivencias e historia. En tu risa y la mía detecto nuestra alegría. En tus detalles e ilusiones, admiro las burbujas que el viento revienta para convertirlas en regalos, las gotas de lluvia que se transforman en cristales y te entrego al ordenarlas en aretes y collares, la constelación que incluye nuestra presencia luminosa. En tu rostro ausente de maquillaje, compruebo que en la sencillez y pureza se manifiestan la autenticidad y la belleza. Al tocar tus manos, admito que eres la medida de mi existencia. Al volar y sentir el aire de la libertad, me percato de que seguimos la misma dirección. Al expresar yo, pronuncio tú. Al decir tú, declaro yo. Siento las caricias del aire, los ósculos del sol, la mirada de los luceros y la luna, la fragancia de las rosas y los tulipanes, el susurro de la vida y los secretos del amor, y eres tú, yo soy, ambos en un palpitar sutil e inagotable que repite nuestros nombres y los funde en esencia, en fulgor mágico, en sueño y vida.

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