¿Quién eres?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cuando ando por las calles, los jardines y las plazas, la gente pregunta la causa por la que mi aspecto de artista y hombre reflexivo cambió su matiz por el de escritor alegre y enamorado; otros, en cambio, confiesan sonrientes que mi mirada, al voltear al cielo, a los paisajes floreados y al horizonte, releja el rostro de alguien que destella belleza resplandeciente. Al caminar por las rutas de mi existencia, hay quienes al saludarme estrechan mi mano, me abrazan y besan mis mejillas, para de inmediato admitir que emano una fragancia diferente y especial, exclusiva de quienes se enamoran y aman. Si me siento en una banca solitaria o bebo café en determinado sitio, algunos amigos se aproximan a mí con la intención de preguntar si es verdad, como dicen, que ahora late el corazón de una mujer en el mío, que a mis ojos se añadió otra mirada y que al caminar ya no son mis huellas solitarias las que quedan impregnadas en la arena, sino otras más, las tuyas, las de un ser que me acompaña aunque en ocasiones no me encuentre físicamente contigo. Al caminar y pasear solitario con el objetivo de meditar e inspirarme, aseguran que tanto pienso en ti y te siento en mí, que hasta te descubren a mi lado. Todos, al coincidir en mi sendero, preguntan por ti, por la identidad de mi musa, con la sospecha de que eres tan real que ya te dibujas en mi sonrisa. Tras publicar los textos que me inspiras y te dedico, la gente interroga si en verdad existes o si te inventé alguna noche helada y oscura de mi existencia, cuando más próximo me sentí a los abismos y desfiladeros de la soledad. Unos argumentan que eres diseño de mi imaginación de artista, que un día ocioso te definí en un cuaderno con mis letras y dibujos para darte vida, quizá porque me sentía solo, tal vez por necesitarte a mi lado para amarte en secreto e inspirarme; otros aseguran que eres real, que te descubren en mi mirada, te sienten en mis brazos y manos, y te escuchan en mis palabras. No recuerdan que el amor es compartir y no trasladar la sombra de uno al otro. Confundidos, los que preguntan por ti creen que eres obra de mi locura de artista, invención de mi soledad o ilusión momentánea. Probablemente esa es la razón por la que preguntan por ti. Al leer mis textos, la curiosidad los motiva hasta opinar que si existes, debes ser una mujer irrepetible, especial y sublime, porque nadie llamaría a alguien musa, ángel tierno y vida y cielo a otra persona si no ejerciera magia en las horas de su existencia. Consideran unos que eres mujer especial para inspirarme en mis escritos sobre el amor. Si supieran que lo eres porque Dios, al crearte, lo hizo con una fórmula secreta e irrepetible que posteriormente guardó, como lo he dicho, en uno de los arcones del paraíso, y que así, durante tu jornada terrena irradias el resplandor de los ángeles y, por añadidura, actúas diferente a los apetitos del mundo. Me encantan la armonía y belleza de tus ojos, tu semblante y tu perfil; pero me cautivan los tesoros de tu alma, el código de tu vida y la forma en que me amas. Andas en el mundo y sabes que la vida es breve; mas no la derrochas en apetitos ajenos a tu esquema ni en superficialidades, porque eres mujer de verdad y conoces las riquezas del alma y del verdadero amor. Y si hay quienes creen que eres capricho, entretenimiento, paréntesis o locura, también existen aquellos que opinan, basados en la esencia de mis textos, que tú y yo debemos ser intensamente dichosos por buscar en el camino que ahora compartimos, el amor y la puerta al cielo prometido. No saben que eres real, que no tuve necesidad de inventarte una noche de locura y desolación, porque nuestras almas se atrajeron al grado de hoy andar juntas en el sendero y los peldaños del amor y la luz. Desconocen que un amor como el nuestro no se extingue ni conoce traiciones porque sus pilares luminosos son su fortaleza. Si la gente considera que te define en mi mirada, mi voz y mi semblante, no es por permanecer atados uno al otro, como erróneamente actúan quienes creen que el amor es encadenarse y así se condenan a la esclavitud voluntaria, a la desconfianza, al acoso, a la rutina, a la monotonía y a la soledad irremediable; es porque en un amor como el nuestro, las almas se fusionan con la intención de compartir los sentimientos más sublimes y ser muy dichosas aquí, en el mundo, y allá, en la eternidad. No revelaré tu identidad ni el lugar donde moras porque eso, como la receta de nuestro amor, es el secreto que tú y yo compartimos y disfrutamos. Quienes preguntan por ti, desconocen que al amarnos con nuestra fórmula, ya somos felices en el mundo y preparamos el espacio que anhelamos en uno de los jardines del cielo.