TROZOS DE VIDA… Se comparte la vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, por amarte tanto y con quien deseo compartir los años de mi existencia y nuestra estancia en el cielo

Uno comparte la vida no con la persona que espera afuera, en la esquina, incapaz de mirar de frente y dar de sí, sino con quien hace de cada segundo inexorable la oportunidad de cultivar amor y detalles. Los días de la existencia se convidan no a aquellos que coleccionan pasiones; se entregan a quien sonríe y desea ternura. La historia se escribe y comparte no con maniquíes, bufones o clientes de cantina, sino con quien se distingue de los demás por su código de vida y el resplandor de su alma. Uno se compromete no con las manos que pretenden acariciar frenéticamente por unos minutos, arrebatar y cerrar puertas, sino con las que tienen capacidad de ofrecer una caricia, dar, acompañarse siempre y retirar las piedras del camino. La brevedad de los años se disfruta con quien juega honestamente y no traiciona, no con aquel que se burla y obtiene ventaja. Las horas, los árboles y las estrellas se cuentan al lado de quien se ama, jamás con la persona que prefiere contabilizar bienes materiales y amoríos eventuales. Se es feliz con quien ama de verdad, sonríe, juega, consiente y hace de cada instante un capítulo bello e inolvidable. Se abren las puertas del alma, el corazón, la memoria y la casa a quien colocará una decoración basada en sentimientos nobles, en actos puros, no a aquellos que intentan mancillar o saquear. Se da un beso no a quien busca el sabor de la lascivia, sino la dulzura del amor, y yo, enamorado de ti, pretendo compartir mi vida contigo en este mundo para cobijarte con mis sentimientos, reír, consentirnos, jugar, divertirnos y ser muy felices; aunque también, no lo  olvido por ser lo más importante, con la intención de sumergirnos en el silencio interior y dedicarnos a construir el puente y la obra que conducirá las almas de ambos al cielo, donde indudablemente el arrullo de Dios nos mecerá en la inmortalidad.